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Salidos de los chiros; por Piedad Bonnett

Por Piedad Bonnett | 7 de marzo, 2016
Salidos de los chiros; por Piedad Bonnett 640

Santiago Uribe. Fotografía de archivo del diario colombiano El Tiempo.

Por el tono incendiario de las declaraciones de sus miembros, por la vocinglería y la insensatez de las consignas gritadas a todo pulmón, las movilizaciones del Centro Democrático en contra de la detención de Santiago Uribe han tenido mucho de patético.

Dan pena ajena. Hacen pensar en un anticipo del Festival de teatro o en la revuelta de una pandilla de adolescentes. Lo que hemos visto es pasión sin control, desmesura, furia en estado puro. ¿Qué tal nuestra Sara Palin vociferando, con esa virulencia que la caracteriza, que “lo único que le falta al régimen del terror de Santos es asesinar a Álvaro Uribe Vélez”? ¿O Pacho Santos diciendo que “lo que quieren es lo que utilizaba la mafia en los 80 o 90, cuando le decían a un periodista o un político “quieren plomo o plata”? ¿O José Obdulio afirmando que “Santiago Uribe es un secuestrado de la Fiscalía”? ¿O el propio Álvaro Uribe, acusando a la Corte Suprema de Justicia de tenerlo chuzado –él, ¡qué descaro!– y diciendo esa cosa rarísima de que se pronunciará “luego de reflexionar sobre mi tristeza”? Si esas protestas fueran por una violación fragante a los Derechos Humanos se entendería. Pero es por una decisión judicial, resultado de una investigación con un ya largo expediente, sobre más de 150 asesinatos llamados de “limpieza social” que, según la Fiscalía, están impunes en un 99%.

¡Usted-no-sabe-quién-es-él-por-Santiago-Gamboa320X60Lo que olvida el Centro Democrático —que le da la vuelta a la torta diciendo que la detención de Uribe es un acto político, una cortina de humo para ocultar un mal momento del gobierno Santos y una retaliación del Gobierno contra ellos por no estar de acuerdo con el proceso de paz— es que estamos en un Estado de derecho que tiene un aparato de justicia que, aunque muchas veces falle, hay que respetar. (Por otra parte, ¿cuándo no ha estado Colombia en un mal momento? ¿Tal vez en los tiempos de Uribe, con un país polarizado, chuzadas, asesinatos del DAS, componendas políticas e impunidad a conveniencia?)

El argumento del Centro Democrático parece un chiste pero no lo es, como no lo es nada que ataña a Álvaro Uribe, que además es un hombre sin humor. Su decisión de declararse en rebeldía contra el Gobierno y de salir a gritar insensatamente “Santos, renuncié ya” es el verdadero acto político, que más que paranoia es oportunismo y deseo de manipular a los colombianos y de convocar a la derecha, siempre dispuesta a atacar todo gesto progresista, como el proceso de paz. Y eso lo confirma el hecho de que el procurador, nuestro inquisidor medieval, fue el primero en saltar a pedir la liberación de Santiago Uribe. Si el Centro Democrático no estuviera movido por su talante pendenciero y por el odio a Santos, tendría que declarar serenamente —en vez de optar por la histeria y el griterío— que respeta la ley y las instituciones y que espera confiado que la Fiscalía demuestre la inocencia del hermano del expresidente. La cosa es simple: así como Santiago Uribe le dijo públicamente a Olga Behar, a quien acusó de calumnia por su investigación sobre Los 12 apóstoles: “tranquila, que a usted no le va a pasar nada”, nosotros podríamos decirle a él en esta mala hora: “Tranquilo, señor Uribe, que a usted nada le va a pasar… si se prueba que es inocente”.

Piedad Bonnett 

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