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María Jimena Duzán: Una mirada de Venezuela desde Colombia; por Hugo Prieto

Por Hugo Prieto | 28 de febrero, 2016
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La periodista María Jimena Duzán, retratada por Roberto Mata.

En estos días en los que la angustia colectiva está en todo su esplendor, indagar en la mirada de una periodista que nos ve desde el otro lado de la frontera puede resultar un balde de agua fría.

¿Qué es lo que nos está pasando? ¿Acaso no podemos reconocer nuestras propias dificultades? La falta de liderazgo, el inmovilismo, la amenaza de una profunda inestabilidad política es algo que puede aumentar la intensidad de la crisis que marca la ya difícil relación entre Colombia y Venezuela.

Quien tiene la palaba es la periodista María Jimena Duzán, quien recientemente visitó Venezuela para asistir al encuentro “Periodismo y Literatura: las lecciones de Gabriel García Márquez”, el primer homenaje que se le hace al Nobel colombiano en Caracas después de su muerte. La periodista trabajó junto a Gabo en la redacción del diario bogotano El Espectador y, a la vuelta de unos años, se convirtió en ancla de Semana TV y en columnista de gran lectoría en la revista Semana, considerada por muchos como la publicación más influyente de Colombia.

La embajada de Caracas, después de la de Washington, era la segunda en importancia para la cancillería Colombiana. ¿Eso tuvo o tiene algún sentido?
Creo que sí. Entre otras cosas, porque las relaciones entre Colombia y Venezuela son muy particulares. Primero porque tenemos una frontera muy extensa, como muy pocas se ven entre países limítrofes. Es una frontera muy viva, donde se hacen cosas muy malas, pero cosas muy buenas también. La gente vive de un lado y trabaja en el otro sin ningún problema. ¿Es raro vivir en dos países, no? A mí esa cosa siempre me ha parecido sorprendente. Mi papá, por ejemplo, nació en Venezuela. No vivió aquí, pero era muy normal nacer en Venezuela y vivir en Cúcuta. Eso ha creado un tejido social impresionante. Por eso Venezuela es tan importante para Colombia. No por las razones que ustedes creen, sino por las razones de esta frontera que es tan connatural a la historia de un país ensimismado como Colombia. Segundo, porque Venezuela se ha vuelto importante para los intereses políticos y estratégicos de Colombia. En el fondo, el gran conflicto que hay en esta región no es el chavismo ni el declive de un régimen por cuenta del petróleo. En el centro de todo esto está el conflicto colombiano. Y eso impacta a la región. Al punto de que ustedes saben que las guerrillas colombianas terminaron ¿en dónde?… en Venezuela. Las FARC y el ELN, que en alguna medida encontraron guarecimiento por parte del régimen de Venezuela.

¿La retaguardia?
Como tú la quieras llamar. Pero el conflicto colombiano se volvió un problema venezolano; se volvió un problema panameño; se volvió un problema ecuatoriano. Yo creo que eso lo entendió muy bien un señor que se llama Juan Manuel Santos, a quien le hago reparos, críticas. Me parece que su forma de hacer política es muy parecida a la de Uribe, pero este problema él lo entendió y empezó a mirar a Venezuela de una manera diferente.

En algún momento la figura de Chávez despertó curiosidad entre los colombianos. No solamente entre los actores del conflicto. Chávez, por ejemplo, legalizó a los sin papeles…
…pero para que votaran por él.

También dinamizó las relaciones bilaterales, aunque con una tendencia zigzagueante. ¿Qué expectativa generó Nicolás Maduro?
Son muy distintos. Paradójicamente nadie se acuerda, pero en Colombia conocimos a Chávez por Uribe. Quien trajo a Chávez fue Álvaro Uribe. ¿Y por qué lo trajo? Porque de alguna manera era el mejor camino que Uribe había encontrado para abrir esa posibilidad de que las FARC entregaran a los secuestrados, muchos de ellos en Venezuela. Se abre este espacio para que Chávez ayude en la liberación de estas personas. Y la cosa es tan así, que los familiares de los secuestrados van donde Chávez, van al Palacio de Miraflores y ‘Mire, usted es el único que puede hacer esto’. Uribe accede. Y llega Chávez a Bogotá, que es distinto a que llegue a Cartagena. A Bogotá, que es el centro de estas élites poderosas del país y que son las mismas desde hace cien años.

¿Y ahí fue donde usted conoció a Chávez?
Hubo una reunión con periodistas en la cual yo estuve y a mí me impactó. El primer mito que se nos derrumbó era que Chávez era Caribe. Todos hablaban del dictador Caribe. Nada que ver: era llanero. Y conocía a Colombia de una manera impresionante. Y eso nos sorprendió. Cosa que siempre pasa con los presidentes venezolanos: en general los venezolanos nos conocen más a nosotros que nosotros a ustedes. Pero me sorprendió porque se sabía las batallas de la Guerra de los Mil Días, las contaba y las relataba. Y además conocía bien la frontera. Nos contó que él había aprendido a leer y a escribir con una emisora de radio fronteriza que se llamaba “Sutatenses”, que a las cinco de la mañana transmitía un programa para enseñar a leer y escribir. Él pertenecía a esa frontera donde te digo que da lo mismo. Hubo una periodista que hizo una pregunta más o menos así: ‘Presidente Chávez, ¿y usted por qué tiene una relación tan estrecha con las FARC? ¿Usted es de las FARC?’ Chávez nos miró a todos y dijo: ‘A ver, ¿quién de ustedes ha combatido a las FARC? No… ninguno. ‘Pues yo he combatido a las FARC y conozco esa frontera’, se fue desenvolviendo y nos dimos cuenta que era un personaje con un gran carisma. Muy parecido a Uribe, cada uno desde su rincón: uno de extrema derecha y otro, digamos, en el socialismo del siglo XXI. Los dos carismáticos y con proyectos políticos que giran alrededor de ellos.

¿Y Maduro?
Después de esta experiencia, que además fue fructífera porque Chávez entendió la importancia del proceso de paz y él mismo lo quiso hacer, fue él quien les dijo a las FARC: ‘Ustedes se tienen que montar en este carro de la paz y se van a La Habana ya’ y ellos aceptaron en medio de estas circunstancias tan complicadas, entre otras cosas, porque Chávez estaba allí y les decía ‘Éste es el momento, no más, se acabó, pueden ir a hacer política sin armas, métanse en este proceso’. Cambia toda esta película. Muere Chávez. Y llega Maduro. ¿Cuál es la percepción que tenemos? Te puedo hablar como periodista. Es como del cielo a la tierra. El liderazgo que uno le veía a Chávez, si bien uno le podía hacer reparos en sus maneras y en la forma en que concebía su proyecto político, no lo ve uno en Maduro. Pero, además, hay en Maduro y en Delcy Rodríguez algo que me sorprendió y que nunca vi con Chávez en el poder: esta cosa de odio nacionalista, de odio a los colombianos. Eso nunca lo vi en Chávez, nunca lo percibí como tal. Con el cierre de las fronteras, que fue violento, yo creo que Maduro recurrió a un discurso nacionalista contra los colombianos. Eso no se había escuchado, lo habíamos olvidado, no lo recuerdo con Chávez.

Me atrevería a decir que en Venezuela nunca se había escuchado ese discurso.
Nunca. Me impactó y de qué manera. Sobre todo porque le echó la culpa a las casas de cambio de Cúcuta por la situación económica que se vive acá. Llegó a un punto en que nos declaró como enemigos de la guerra económica de la cual habla. Y a Colombia como si fuera su objetivo mayor. Pero me sorprendió el odio y me preocupó porque esos elementos nuevos, digamos, nunca los había visto en la relación bilateral.

La agenda que marca las relaciones de ambos países abarca asuntos que van de aquí a la eternidad…
¿Qué más se hace?

Pero en esta etapa Colombia está concentrada en los acuerdos de paz y Venezuela en tratar de resolver su profunda crisis interna. ¿No sería más práctico abrir un paréntesis, meter los asuntos pendientes en el congelador?
Mira lo que ocurrió con el ELN. Hay una agenda común que ha ido marcando las relaciones con Venezuela, que es su colaboración con el proceso de paz, sobre la base de que ése es el foco, digamos, de la preocupación en la región. Esa agenda funciona a tal punto que tenemos al gobierno colombiano y a las FARC negociando en La Habana, con Cuba y Venezuela ayudando para que vayamos al fin del conflicto, cosa que va a pasar. Pero mira lo que pasó con Maduro y el ELN, para hablar de uno de los temas de esa agenda: esa agenda entró en crisis con Maduro. Y entró en crisis porque Maduro ni siquiera tiene el liderazgo para decirle al ELN: ‘Mire esto es importante’ y hacer lo mismo que hizo Chávez con las FARC. Y la prueba de eso es que el día en que Maduro ordena el cierre de la frontera se paralizan las negociaciones con el ELN, que estaban siendo impulsadas por Venezuela. Es curiosa esa simultaneidad. Las relaciones con Maduro entre Colombia y Venezuela están cada vez más difíciles, complicadas, aunque Santos no salga a vociferar como sí lo hace Maduro. Y esta agenda, en el sentido de que todo es para bien de la región, no está funcionando, como tampoco está funcionando la agenda económica. Colombia y Venezuela perdieron una cantidad de espacios, de momentos, de oportunidades, cuando se rompió la relación económica entre los dos países.

Pero eso ocurrió en la época de Chávez.
Sí, cuando decidimos que los empresarios colombianos no exportaban más y que Venezuela no les compraba más a Colombia. Las razones que fueran aducidas por el chavismo, las razones que fueran aducidas por los empresarios colombianos, las que fueran, podían tener razón unos, los otros, ¡pero todos perdimos! ¡Todos perdimos! Porque a Venezuela siempre le quedó mejor, y le quedará mejor, comprar la carne en Colombia que esperar a que Brasil se las mande, entre otras cosas porque como Venezuela no pagaba bien, los únicos que aguantaban eran los colombianos. Si a los cinco minutos a Brasil no les pagas… ¿no? Pero por estas relaciones que había, históricas, como de hermandad, pues era como una especie de ‘Hombre, yo espero’. Las cosas hubieran podido mejorarse.

Analistas venezolanos advierten que estamos al borde de una profunda inestabilidad política. ¿Esto causa inquietud, causa preocupación en Colombia?
Yo sí creo que lo que pase en Venezuela nos afecta. Nosotros vemos con mucha preocupación la falta de liderazgo de Maduro dentro del chavismo. Por ejemplo, esta reacción de no aceptar lo que pasó en las urnas el 6-D sí preocupa, porque ellos mismos planteaban siempre que esto era una revolución que se hacía a través de las urnas, a través de la democracia. Ése era su gran argumento. Habían aprobado una nueva Constitución, que siempre la sacaban, y decían que este régimen era constitucional. Sí preocupa que uno vea que lo que está afectando tremendamente es la caída del precio del petróleo. A nosotros también nos afecta, sin duda alguna, pero los efectos son distintos porque nosotros no somos una economía tan rentista como la venezolana. Pero, si te soy sincera, no veo todavía un liderazgo dentro del chavismo que pueda suplantar a Maduro. No lo veo ahí y tampoco lo veo en la oposición venezolana. Es curioso. Es como una situación sin liderazgos. Veo a una oposición dividida y no veo con claridad quién es esa persona que va a sacar a Venezuela para un gobierno de transición. Uno no ve que esto vaya a ser fácil. La explicación que me dieron en 2013, cuando Maduro resultó electo, fue eEste señor no dura’. ¿Por qué? ‘Porque no tiene liderazgo, porque no es Chávez’. Hombre, ha durado, ha durado. Y lo que he visto, puede que me equivoque, es que esto va a ser un proceso más lento de lo que nosotros nos imaginamos. Venezuela en eso es admirable, quiero decirte.

¿Ustedes no se calan eso?
¿Un proceso lento? ¿Con reflexiones y protestas? No. Nosotros no hacemos eso. No tenemos esa visión de la sociedad. Yo admiro mucho eso de Venezuela. Es un país capaz de asumir una gran cantidad de cambios sin necesidad de que se masacre a la población, como ha pasado en Colombia. A mí me sorprendió el resultado del 6-D, después de tantas disposiciones y reglamentos nuevos que se aprobaron, gana la oposición. Me sorprendió para bien. Eso habla de los resortes que todavía tiene una sociedad para hacer sus cambios a través de vías constitucionales. No creo que esto se vaya a ir de madre, como dicen ustedes, en el sentido de que vaya a haber violencia. Puede que me equivoque, pero siendo colombiana y habiendo sido víctima del conflicto, pues no veo que ustedes hayan llegado si siquiera a los extremos más complicados para decir: ¡Esa línea se cruzó! Venezuela no está cruzando esa línea todavía.

Aquí cerraron la frontera y la cotidianidad sigue su curso, sin mayores sobresaltos. A fin de cuentas, uno viene a verificar que la frontera ha sido abandonada, tanto por el Estado colombiano como por el Estado venezolano.
No, sí ha afectado y muchísimo. De lado y lado. A la población de un millón y medio de habitantes que viven allí. La economía de la región está en crisis. Y en el caso de La Guajira, donde hay desnutrición infantil, cuyas causas son otras, digamos que son estructurales, los ha afectado el hecho de que la frontera se haya cerrado. ¿Por qué? Porque es una frontera muy viva y la gente vive de la compra-venta. La gente lo sigue haciendo, pero a escondidas. Hay unas historias impresionantes. Este tema está en la agenda y los dos países tienen que asumirla. No vayan a decir que todo está bien manejado, porque no hay contrabando. Mentira. El contrabando sigue vivo. Ahora es más peligroso y las cosas se encarecen más. Hay mayor riesgo. Yo creo que esto es un tema que ni Santos ni Maduro han querido tocar porque puede romper las relaciones. Y Santos piensa que todavía necesita a Venezuela para el proceso de paz. Es un juego muy difícil, muy difícil, porque de por medio hay una gran cantidad de colombianos y venezolanos que están perjudicándose profundamente por esa bendita frontera. Diría que es un momento muy difícil de las relaciones.

Hugo Prieto 

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