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10 preguntas a Alberto Salcedo Ramos sobre el oficio del periodismo

Por Prodavinci | 21 de febrero, 2016
Fotografía de Roberto Mata

Fotografía de Roberto Mata

Poco antes de subir al avión que lo trajo a Caracas, donde participará en el evento “Periodismo y literatura: las lecciones de García Márquez”, que se llevará a cabo esta tarde (4:00 pm) en el Centro Cultural Chacao, el cronista y narrador Alberto Salcedo Ramos respondió 10 preguntas enviadas por Prodavinci a su buzón de correo electrónico. Ramos ha deleitado a los lectores de diversas publicaciones y sus trabajos son objeto de estudio en universidades de todo el continente americano.

Prodavinci. García Márquez dijo que “la crónica es la novela de la realidad”. ¿Una estratagema para hacer ver que la ficción supera a la realidad?

Alberto Salcedo Ramos. No creo que la ficción supere a la realidad. El periodismo narrativo en general – y no sólo la crónica – se vale de las herramientas formales de la ficción, pero se alimenta de la realidad.

P. ¿Le ha tocado hacer de sus emociones parte de la información que relata en sus crónicas? ¿Se ha sentido satisfecho o cree que lo ha traicionado la objetividad?

ASR. Si un cronista pone el foco en sus emociones, más le vale que sea por una causa que lo justifique. A mí el uso del “yo”, cuando es gratuito y petulante, me enerva.

P. Sus historias bordean el realismo mágico. ¿Cuándo y cómo se encontró Alberto Salcedo Ramos en Macondo?

ASR. No estoy de acuerdo. Gabo era un narrador de voz contagiosa, nacido en la misma región donde yo nací. Los lectores que son más allá de nuestras fronteras tienden a ver como realismo mágico todo lo que sale de Colombia.

P. ¿Qué le debe a García Márquez? ¿Se asume en su tradición? ¿Se considera su discípulo?

ASR. Yo he dicho que Gabriel García Márquez es el brujo mayor. Tiene una capacidad enorme de encoñar con la prosa, de hipnotizar. Yo le debo el ejemplo, las horas que me ha mantenido en vilo, le debo la eufonía.

P. García Márquez dice que el oficio del periodismo no logró evolucionar a la par de sus instrumentos. ¿Comparte esa opinión? ¿No es una reliquia hacer periodismo en tiempos de redes sociales? ¿O la cosa ya no consiste en atrapar a un lector, sino en dejar escapar la liebre?

ASR. La frase estaba en un contexto más amplio. Hace parte de un discurso antiguo. Gabo no era enemigo de la tecnología como creen muchos. Lo que pasa es que creía en un periodismo en el que la voz del reportero fuera más importante que todas las herramientas que la amplifican”.

P. ¿En qué estado se encuentra el periodismo en Colombia en esta etapa de crisis?

ASR. Siempre ha habido mal periodismo y buen periodismo. Eso no va a cambiar ni con redes sociales ni sin ellas.

P. Tres de sus crónicas más llamativas “La travesía de Wiki”, “El pueblo que sobrevivió a una masacre amenizada con gaitas” y “El testamento del viejo Mile”—por decirlo de algún modo— dejan ver a una Colombia que sucumbe en el pasado. Ya sea porque la guerra cambió para siempre al campo colombiano, ya sea porque la cultura de de las grandes ciudades devoró la cultura del campo. ¿Hay algo de cierto o sencillamente es una impresión equivocada?

ASR. Nunca he tenido la impresión de que Colombia haya sucumbido al pasado. Más bien me parece que lo desprecia, porque vive olvidándolo. En general me parece que nuestros medios se la pasan desatando escándalos que a los lectores se le olvidan casi en seguida. El escándalo de hace dos días ya no es parte del periodismo sino de la prehistoria.

P. El humor es característico de sus crónicas. ¿Le ha servido para construir la magia narrativa de sus retratos y perfiles? ¿Qué haría si le prohíben reírse?

ASR. Alguien decía que cuando un tipo te hace reír, es cómico, y cuando te hace reír y luego pensar, es humorista. Respeto a los humoristas verdaderos y por eso no creo que merezca estar en el Olimpo de ellos.

P. En su crónica “El pueblo que sobrevivió a una masacre amenizada con gaitas”, se advierte la parábola de unos campesinos expulsados por la violencias y olvidados por el Estado. No sólo es un mundo diferente por el simple avance de la cronología, sino de la imposición, del despojo y la impunidad. ¿Quedará un sustrato social de amargura y de melancolía?

ASR. Creo que sí. Fíjate en el detalle de que en este hecho trágico aparecen los tambores. En Colombia la cultura popular es una forma de resistencia.

P. También allí se adivina algunas claves del proyecto paramilitar, despoblar el campo para “modernizarlo”, ¿Hasta qué punto lograron su objetivo los paramilitares que hundieron a Colombia en la violencia durante los años 80, 90 y comienzos del siglo XXI?

ASR. La violencia en Colombia ha sido un capítulo de horror bastante prolongado. Pero tengo fe de que ya está llegando a su fin.

Prodavinci 

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