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Señales particulares de un gacetillero feliz; por Alberto Salcedo Ramos

Por Alberto Salcedo Ramos | 18 de febrero, 2016

Señales particulares de un gacetillero feliz; por Alberto Salcedo Ramos

— La crónica es un género que se inventó para poner al periodismo a salvo del envejecimiento.

— Crónica: la oportunidad del periodismo y la belleza de la literatura.

— El yo que corrige es el mejor amigo del yo que escribe. Asegúrate de que él también acuda a tu estudio cada mañana, cuando te sientes frente al computador. El lector te lo agradecerá.

—La realidad es una dama esquiva que se resiste en los primeros encuentros. Por eso suele esconderse de los reporteros impacientes.

— No es un dogma sino solo una sospecha: quien no lee buena poesía jamás tendrá buena prosa.

— Si quieres contar historias, ten en cuenta este sabio consejo de Ryszard Kapuscinski: “dentro de una gota hay un universo entero. Lo particular nos dice más que lo general”.

— Piensa en tu texto, incluso, cuando no estás escribiendo. Seguro se te ocurrirán ideas que mejorarán tu enfoque y frases que serán de gran utilidad. Recuerda el sabio consejo de Mailer: una parte muy importante del trabajo de escribir se hace lejos del computador.

— Intenta llegar a ese punto en que el personaje te habla con tal grado de confianza que es como si simplemente estuviera a solas reflexionando en voz alta.

— Siempre habrá alguien que hablará horrores de ti a tus espaldas. Quizá hasta tenga razón, pero lo tuyo es la escritura: concéntrate en eso.

— La tía que lo ama a uno demora para leer lo que uno escribe. El envidioso madruga a leerlo a uno. El amor aplaza, la envidia es puntual.

— Un escritor borracho me dijo en un bar: “tú me caes muy mal y por eso no te leo. ¿Qué tal que te lea y resultes gustándome?”

—Sembrar un árbol, tener un hijo, escribir un libro. El árbol es para ahorcar al hijo cuando se ría del libro de uno.

— Echarle a la televisión la culpa de que muchos no lean es como culpar de la infidelidad a los moteles.

—Como has leído tanto y eres tan curioso, ya sabes cómo se hace. Pero recuerda: saber cómo se hace no es lo mismo que saber hacerlo

— A un primo vago en el colegio le decíamos Atila: era el rey de los “unos”. Y además sin hache porque tenía mala ortografía

— Si al escribir el texto te fluye sin tropiezos, lo más seguro es que estés haciendo algo mal

— Tengo una novela lista: nada más me falta escribirla.

— Me encanta ese momento en que termino un texto y empiezo a buscarle defectos como si lo hubiera escrito un enemigo. Me encanta encontrar problemas donde parecía que todo estaba bien. Me encanta el mapa de tachaduras que entonces va apareciendo ante mis ojos. Me encanta desbaratar, rehacer. Escribir es, sobre todo, reescribir.

— En los libros oigo voces que me ayudan a oír mejor mi propia voz

— El universo de la literatura nos ayuda a soportar el universo que cada mañana nos muestra el periodismo.

— Cuento historias porque quiero seguir vivo cuando ya esté muerto

Alberto Salcedo Ramos 

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