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Al límite // Pateando el tablero; por Luis García Mora

Por Luis García Mora | 14 de febrero, 2016

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Con el intento de patear la Asamblea con sus magistrados del TSJ, el presidente Maduro le ha dado el último palo a la lámpara. Es decir, a lo que queda de nuestro frágil aparato institucional.

Al otorgar una vigencia cuestionada por el Parlamento al Decreto de Emergencia Económica de Maduro, el TSJ no solo viola el equilibro de poderes o lo queda de él, sino que, como sentencia Román Duque Corredor, ha manipulado y falseado la verdad constitucional, la Constitución, y solamente ha logrado acreditar a Maduro para terminar de acabar con las libertades económicas y ciudadanas.

Si se le permite.

La coartada política esgrimida por el presidente de que sin el decreto no puede manejar la catástrofe económica y social (que su incapacidad e inmovilismo ejecutivo ha profundizado hasta el hueso y el nervio nacional), es completamente írrita.

Hasta diciembre pasado, su habilitación por año y medio le permitió actuar, y no lo hizo. Al contrario, desmanteló cualquier esperanza de sosiego ciudadano con su agitación política constante, y cualquier mínima posibilidad de acuerdo con el resto de los estamentos del país para acometer las medidas económico financieras planteadas, que se requerían con urgencia. Las mismas que ahora, por su inercia e ignorancia administrativa supina, para Venezuela y para los venezolanos tendrán un costo muy duro de soportar.

Y al mismo tiempo, tras este innecesario golpe institucional, el Tribunal y sus magistrados se colocan al margen de la legalidad, legalidad de la que diera la mala impresión que ahora tiene como único custodio a las FANB.

Tanto, que como afirma el presidente del Parlamento, Henry Ramos Allup, tirando un cable a tierra, pareciera que en su franca huida hacia adelante, este Gobierno y particularmente Maduro, “hace todo lo posible para que le den un golpe de Estado”.

Por lo que simultáneamente, como es lógico, llama a que se adelanten los tiempos. Y a que de los inicialmente calculados seis meses de este año, se pase a los próximos dos o tres meses, para adelantar el proceso de cambio constitucional.

Un fast-track.

Y cierto. Nadie duda que seis meses es mucho tiempo para darle vía jurídica a una solución. Y huele que desde dentro del propio espacio político chavista se comienzan a mover fuerzas de llamado de atención ante lo inadmisible e inaguantable de la actual crisis.

Con el decreto o sin él, Maduro ha demostrado que no puede solventar esta crisis.

Ya está bueno de distraer con escaramuzas y efectos especiales. Ante la extrema fragilidad del momento, no solo está causando un inmenso daño social, sino que quema las últimas etapas del devenir de una catástrofe de magnitudes nunca antes vista (Hausmann y Santos dixit), si pronto no se toman medidas.

Y no se trata de habilitar al Presidente para reprimir o para enajenar lo que queda de aparato productivo privado con su decreto, para terminar de acabar con la comida.

O (digamos, ideológicamente) de intentar levantar a los muertos.

Se trata de gobernar. De comportarse como ese “hombre de Estado” que decía Ortega y Gasset debe tener “virtudes magnánimas” y carecer de las “pusilánimes”.

Maduro debe de abandonar su guerrita de micrófonos y encerrarse en su despacho a gobernar.

Tendríamos algo menos de 12 mil millones de dólares para importar el 25% de lo que importamos el año pasado, algo que apunta inexorablemente a una contracción económica de una magnitud nunca vista en Venezuela, equivalente según los expertos, a las experimentadas en grandes catástrofes naturales o en las guerras mundiales.

Y ya puede el Parlamento declarar una “crisis alimentaria nacional” por falta de suministros en el país, y clamar por una misión de la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y del Fondo Para la Infancia de la ONU (UNICEF), para que envíen expertos al país para que evalúen los riesgos que implica la situación.

El Legislativo no es el Ejecutivo –ni mucho menos el Poder Judicial– para hacerle el trabajo.

Es el presidente Maduro el que como jefe de Estado debe hacerse cargo de la catástrofe, cambiar completamente su gabinete y llamar a un gobierno de unidad nacional, o hacerse a un lado si no puede, para que Venezuela como un todo ante la crisis, proceda a tomar medidas de emergencia, como pedir ayuda a la comunidad internacional y reestructurar la deuda. Solicitar de urgencia un acuerdo con el FMI, como ya ocurrió con Grecia, Chipre y Uruguay, y a construir un frente amplio nacional ante la magnitud de las responsabilidades que reposan sobre la mesa, y así hilvanar esta estrategia que en las condiciones actuales luce como la única que, junto a un protocolo de ajuste estructural serio, podría evitar el recorte brutal de las importaciones antes de reactivar el aparato productivo, que se vislumbra en el horizonte inmediato y que nos llevaría a la tan advertida crisis humanitaria.

Con, por supuesto, una nueva e imprescindible administración, que como es el consenso aceptado, consiga restablecer la esperanza, la confianza y el optimismo en Venezuela.

Las expectativas.

Las probabilidades.

La perspectiva.

Factores elementales para avanzar en la solución de esta debacle, que de momento han desaparecido por completo, dentro de la inmensa monserga comunicacional de Maduro, por lo demás inmerso en un quietismo desconcertante, a la espera de que los problemas se pudran, en una gestual de tijeretazos al aire que no lo comunica políticamente ni con los suyos.

Maduro no cree ni en la capacidad para acordarse.

Y se han desatado hasta las urgencias más elementales.

Venezuela interrumpió su servicio eléctrico. No hay agua. Ni antibióticos ni emergencias. La gente hace cola para comer.

Los caminos se borran.

Aceleradamente se construye un vacío de poder.

Y todos solo atentos a la crisis en marcha.

Afortunadamente hay esperanzas: la presencia de tanto diputado joven en el Parlamento, dando la cara y renovando la atmósfera política con oxígeno puro, nos devuelve la confianza. Como esta muchacha que nos ha sorprendido y sacudido esta semana con su discurso disparado en las redes, Marialbert Barrios.

Y no está sola. La rodea una nueva camada política brotada de nuestra mejor educación superior. Y del mayor esfuerzo.

Voces nuevas de la política. Miguel Pizarro (cerebro y corazón), Juan Requesens “Goico” (imponente muchacho) y José Manuel Olivares (el joven médico oncólogo que pone en jaque a la ministra de sanidad) o Stalin González (confianza en su camino y en su marcha), Ángel Medina, Daniel Antequera, Juan Andrés Mejías, Elimar Díaz, Marialbert Barrios, Alberto Graffe, Herder Iglesias y Carmelo Zambrano, y Roberto Patiño y su emocionante “Caracas Convive”, y tantos otros que hoy sacuden con su aliento y aire nuevo, con su energía juvenil, este nuevo Parlamento y el escenario político venezolano.

Sí, hay vida después de la muerte, amigo lector.

Hay país.

Hay esperanza.

Sin distingo político pero con talento, inteligencia e imaginación.

Y si es cierto que todos los cimientos han cedido, también lo es que dentro y fuera de nosotros mismos, y más allá, donde nuestros caminos se cruzan, hay herramientas. Hay  respuesta.

Mientras, un pueblo aguarda soluciones concretas.

Y un montón de emprendedores a la expectativa para invertir en Venezuela.

Sólo a la espera de que cambien las cosas.

 

CRÁTERES

¿Con quién juega el llamado Grupo Omega? O también el grupo de gobernadores del ala militar del chavismo, Arias, el gobernador de Bolívar, Castro Soteldo, Mata Figueroa, García Carneiro? Mientras desde Cuba, dicen, (como es su costumbre desde hace medio siglo en el poder) los Castro aconsejan dar largas y largas al tenso hilo constitucional que se estira más y más.

Se tambalea el Estado omnímodo y paternalista que como un paquidermo aplasta la realidad (Arturo Peraza S.J.), y crece la necesidad del cambio en el que se tienen que establecer unas nuevas relaciones, para abrir un canal de apertura que rompa con este rentismo exhausto que ha reducido al ciudadano a la mendicidad, para convertirlo en un ciudadano “adulto”…

Completamente de acuerdo. Los cambios están cantados. Hay que buscar discursos políticos de apertura, cero regreso al pasado, esos códigos ya no dan, hay que re-interpretar el futuro y el hoy. Y cierto, la ventaja de la oposición (sobre todo la joven) es que al contrario del chavismo, no luce encadenada a una persona como aquel a un Chávez atado a un modelo de respuestas que estalló por el aire vuelto añicos.

Ni la oposición puede voltear la cara hacia el Pacto de Punto Fijo del siglo pasado, ni intentar alargar más el marco polarizante de actuación política. Es poco inteligente. La polarización ya no da más, ni el discurso ideológicamente vacío. La realidad está propiciando un camino que comenzó con el voto multitudinario del 6-D como movimiento estrictamente civil.

¿Quién va a ser el convocante del chavismo a un proceso de transformación civil? Dadas las circunstancias, Nicmer, si como tú dices, “el presidente Maduro y su gobierno, producto de la ruptura con las políticas esenciales de Chávez, y en un momento de extravío ante la necesidad de tomar decisiones eficientes y eficaces producto de la crisis económica que vive el país desde hace 3 años, ha llegado a una encrucijada definitiva: ni su propia gente cree que él pueda ya, producto de la falta de credibilidad y confianza, ser parte de la solución a los graves problemas del país, al menos que se haga a un lado, y permita la recomposición de las fuerzas políticas dentro y fuera del chavismo”, despierten. Pues el chavismo militar los puede arrollar. La polarización popular desapareció arrasada por la necesidad de una vida digna, y hoy es sólo un problema de los sectores políticos atrasados. La gente hace colas para comer.

La actual situación de vacío de poder, sumada a la incertidumbre económica a escala global y a la inestabilidad política e institucional a que se nos arrastra sin piedad, obligan a decirle a Maduro ¡Despierte, Presidente!… No crea en el arte de no actuar. Ni menos en la afirmación del maestro Lao-Zi de que “no hay nada mejor que no hacer nada”.

Algunas reflexiones. Venebarómetro se lanzó a hacer proyecciones para el 6D principalmente por las variables sociales que venía midiendo. En su última medición con salida de campo 31 de enero, los resultados sociales son devastadores. Los cortes de agua, electricidad, familias víctima de la inseguridad, ingreso familiar real, alimentación, medicinas, ropa, número de comidas al día… Número de personas sin empleo (20%); informalidad 58% (subió 5% desde noviembre). Un dato impactante: 53% de las familias tienen ingresos inferiores a 17.000 bolívares. En resumen, todo peor. Y la percepción de que las cosas están mal en el país volvió a subir a niveles de 88%, después de una recuperación natural durante la campaña electoral.

Como se sabe, lo anterior solo presenta una “oportunidad “ y esta no se ha visto reflejada en las variables políticas. Excepto que AD y Henry Ramos Allup han subido de forma importante, los bandos políticos han cambiado poco. La nuez del oficialismo (20% aprox.) se consolida y muchos de los “neutrales” se mantienen escépticos con la oposición. Esta conforma el otro 20%. La conclusión es que aunque las variables sociales se han deteriorado y continuarán deteriorándose en las próximas semanas, los cambios políticos no se están dando de forma espontánea. Hay que trabajarlos. Un reto es que muchos de los “neutrales” esperan que la nueva Asamblea solucione problemas.

Luis García Mora 

Comentarios (1)

Diógenes Decambrí.-
15 de febrero, 2016

Es obvio que Maduro se niega a reconocer la realidad, y dentro de ella su enorme responsabilidad en la elaboración de este gigantesco desastre actual (que es el genuino legado de Chávez, Maduro es el sucesor nombrado en La Habana, seguramente Raúl Castro no imaginó ni de lejos lo torpe y limitado que es su “tapado”, aunque lo instruyeran en uno de los Cursos ACME que dictan en Cuba). La estrategia es comportarse como si el 6D no hubiera ocurrido un cataclismo, mantener el discursito dirigido a sus audiencias cautivas, la paja loca de la guerra económica, la iguana comecables, el fenómeno de El Niño, y la confabulación internacional “para impedir que la Venezuela chavista consolide su condición de POTENCIA”, como afirman algunos orates (que seguramente tienen su siembra en el balconcito, respaldan la tesis indigente de que la Inflación no existe, y no se cepillan los dientes más de 6 veces al año). Sólo los más ignorantes o los más beneficiados por la corrupción apoyan esa parálisis.

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