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Los libros prohibidos; por Héctor Abad Faciolince

Por Héctor Abad Faciolince | 11 de enero, 2016

Los libros prohibidos; por Héctor Abad Faciolince

Durante 70 años los derechos legales del libro eran del Estado de Baviera, que desde el final de la guerra se abstuvo de publicar el libro, el cual había sido explícitamente prohibido por los aliados al final de la guerra. Aunque hay neonazis alemanes que pueden encontrar fácilmente el manifiesto de Hitler en la red, el libro impreso no se conseguía en su país. Para alguien que en general está en contra de las prohibiciones (que lo vuelven todo más apetecible) resulta comprensible, por motivos históricos, que el libro en Alemania estuviera proscrito.

Cuando fui empleado de una librería (El Carnero) y después socio de otra (Palinuro), siempre nos preguntábamos qué hacer cuando en la compra de una biblioteca aparecían libros como ese de Hitler u otros de clara inclinación racista. Es más, a ambas librerías iba siempre el mismo cliente (apodado por nosotros Adolfo) que quería ver todo lo que hubiera sobre el nazismo, y compraba aquello que le pareciera vagamente favorable. Un día, incluso, quiso que ofreciéramos sus breves panfletos neonazis y negacionistas del Holocausto, pero no los recibimos. En general, salvo si el libro tenía algún interés histórico o bibliográfico (el encomio de un político local, por ejemplo, que diera luz sobre sus inclinaciones políticas), tratábamos los libros de Hitler como cualquier tipo de basura o material reciclable, al lado de las ediciones pirata, pseudocientíficas, de autoayuda barata, etc.

En la biblioteca de la Universidad Eafit, donde trabajo, hay varias ediciones de Mi lucha. Una biblioteca es el depósito de una historia de la cultura, incluso de la degradación de la cultura, o del asco. Si hubiera, por ejemplo, un Manual de tortura escrito por un militar argentino en los años 70, supongo que deberíamos tener el libro, no como manual, pero sí como testimonio de una época y de una infamia. El problema sería que alguien quisiera consultarlo para aprender a torturar (digamos un mafioso que quiera sacar información de un enemigo). ¿Pero cómo saber para qué se consulta un libro?

Un dilema parecido, para libreros y bibliotecarios, son algunos tratados que dan consejos prácticos para el suicidio. El libro podría tener un interés farmacológico, o médico, pero sería nefasto para un adolescente deprimido. El caso es que uno nunca sabe si alguien se acerca a Mein Kampf por curiosidad sociológica, como una manera de indagar en las fuentes de la locura ideológica que puede contagiarse a un pueblo culto, o para alimentar el antisemitismo.

A la conciencia liberal le repugna comportarse como nazi, y quemar libros. Pero así como un periódico puede negarse a publicar ciertos artículos por motivos ideológicos (yo no publicaría defensas de la homofobia o de la segregación racial), los libreros pueden también negarse a vender cierto tipo de libro. La pregunta es si el Estado debe prohibir la publicación de adefesios ideológicos, de mentiras, de teorías pseudocientíficas ridículas (“los géminis son propensos al cáncer de colon”), o si el valor de la libertad está por encima del valor de la verdad, sobre todo por el riesgo de que a un gobierno cualquiera le dé por definir lo que es verdad: la delCorán, la de la Biblia, la de un comité de sabios…

Si yo supiera alemán hojearía la edición crítica de Mein Kampf, sobre todo las notas, para enterarme de las fuentes de Hitler, para notar sus tergiversaciones biológicas y sus mentiras, sus delirios raciales, pero no creo que compraría el libro. Si fuera librero allá, tal vez lo vendería. Si fuera bibliotecario en Berlín, tendría el deber de adquirirlo. Creo que casi siempre es mejor criticar la impostura que prohibirla. La ideología liberal a la que me inclino (todos los fundamentalistas de la Verdad tienden a la prohibición) es la que más me convence, pero tiene tantos riesgos que es la que me deja también menos tranquilo.

Héctor Abad Faciolince 

Comentarios (6)

Diógenes Decambrí.-
12 de enero, 2016

Tengo entendido que autorizarán que se imprima y distribuya una edición del libro del orate Hitler, pero incluyendo un enfoque académico, un análisis político, y una relación compendiada de sus arrebatos, sus planes y los crímenes que fueron cometidos a escala genocida-, para orientar a los lectores que se aventuren a malgastar su tiempo en ese bodrio, habiendo tantas lecturas excelentes que esperan por nosotros.

Estelio Mario Pedreanez
12 de enero, 2016

No estoy de acuerdo con prohibir libros, asi los censores o inquisidores sean los del Tribunal del Santo Oficio, las carmelitas descalzas, el club de estalinistas democraticos o la liga de ladrones revolucionarios. Y un dato, es un mito, una mentira, que las sociedades austriaca y alemana, donde crecio y se formo el genocida Adofo Hitler eran cultas y civilizadas, al contrario, una generacion anterior a Hitler y sus criminales nazis el gobierno y el ejercito de Alemania cometieron el primer genocidio del siglo XX, en la actual Namibia, en 1904/1908, cuando mataron a mas de 160 mil hombres, mujeres y ninos, todos indefensos, de las etnias Namaqua y Herero, muertos a tiros, quemados vivos o por hambre y sed. El gobierno del genocida Kaiser Guillermo II inauguro los primeros campos de exterminio y esclavizo a miles de africanos en Namibia, torturados y usados en experimentos.Y decia el gobierno aleman que los Herero y Namaqua, por ser negros, no eran humanos sino subhumanos, animales.

Richard Monk
12 de enero, 2016

En Amazon tienen varias ediciones. Mi suegra (Alemana de 85 años que pertenecio a la Juventud Nazi), tiene uno original de la epoca.

http://www.amazon.com/Mein-Kampf-Adolf-Hitler/dp/0395951054/ref=sr_1_1?s=books&ie=UTF8&qid=1452648881&sr=1-1&keywords=mein+kampf+hitler+english+hardcover

hector escalona
15 de enero, 2016

se empieza a prohibir los libros claramente malevolos, pero se van acercando a la frontera difusa y luego la traspasan prohibiendose los que no les guste, ademas si alguien le gusta el nazismo lo consiguira de una forma u otra, solo quedara vedado para quienes quieran analizar las locuras que contenian, los que lo busquen para analizarlo, asi que prohibirlo a el o cualquiera desmojora la libertad sin aumentar la seguridad. Acaso hay de dejar correr la ideas, menos las que no nos gusten, entonces como demostraremos que son falsas, si no permitimos que se aireen?

Ramon
21 de enero, 2016

Ciertamente podemos temer muchas cosas… el punto es que cuando se comienza a filtrar que es bueno o malo, en algún momento lo que nace con buenas intensiones se transforma en un mal terrible. En consecuencia desde el punto de vista académico hay que dar las orientaciones necesaria de cómo debe abordarse este tipo de lectura desde el punto de vista de entender el entorno existente al momento de escribirse. Así como también, urgar en las características de los protagonistas, sobre todo conociendo la historia y sus significados.

Frank Wiese
25 de enero, 2016

El tema del nazismo siempre ha sido interesante para mí desde que supe que mi abuelo alemán negaba rotundamente esa filosofía, por lo cual dignamente perdió su cargo de gerente de Bayer y se distanció de su embajada en Rep. Dominicana. Siempre me intrigó el por qué no se dejó atrapar en el delirio de masas de Hitler. ¿Qué argumentos y convicciones manejaba mi abuelo? Ésos no lo podré saber con exactitud, pero si me gustaría que se publicará una especie de wiki-meinkamp donde por cada párrafo o idea hubiera pies de página refutándolo, escritos por las mentes más lúcidas y dotadas de verbo preciso, por ejemplo, una acotación de un Fernando Savater, entre tantos. Otra opción sería contrastar frases del libro con frases de Platón u otros filósofos, o de repente un comentario de Gloria Alvarez, para una pluralidad contemporánea que confronte al nazismo con los populismos contemporáneos.

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