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4 razones que obligan a la Oposición a ir unida a las #EleccionesParlamentarias; por Eugenio Martínez

Por Eugenio G. Martínez | 16 de enero, 2015

¿Por qué la oposición está obligada a unirse para las parlamentarias; por Eugenio Martínez 640

0. El contexto y el sistema electoral. Las elecciones parlamentarias que corresponden en 2015 (todavía sin convocatoria oficial por parte del Consejo Nacional Electoral para el momento en que se publica este post) representan el nuevo reto unitario de la Oposición en Venezuela.

A pesar de los números negativos de evaluación de gestión que tiene el gobierno de Nicolás Maduro, la ausencia de alianzas perfectas entre los distintos sectores de la oposición podría provocarles una derrota histórica y acrecentar la desesperanza aprendida de los ciudadanos (hoy mayoría) que se definen como no chavistas.

Maduro cerró el 2014 con apenas 22% de aprobación, mientras el chavismo exhibió durante los últimos 12 meses los peores números de auto-definición política de los últimos 15 años. Pero más allá del valor agregado que significa para los votantes no chavistas la marca “unidad”, existen razones técnicas y legales que obligan a los adversarios de la revolución a permanecer unidos en el contexto electoral de este año.

La Ley Orgánica de Procesos Electorales (Lopre) aprobada en el año 2009[1] incluyó a Venezuela en la lista de países en los que se observa el fenómeno electoral de las “mayorías manufacturadas”[2], un efecto que tiene lugar cuando en los resultados de una elección a cuerpos colegiados (como la Asamblea Nacional, los Consejos Legislativos estatales y los Concejos Municipales) una fuerza política que no obtiene la mayoría absoluta de los votos logra capitalizar la mayoría absoluta de los escaños.

Es probable que no exista una verdadera motivación de los distintos factores de oposición para unirse (la disputa por el primer puesto de la lista de candidatos en el Distrito Capital entre los partidos AD, Primero Justicia y Voluntad Popular así lo demuestra), pero el sistema electoral los obliga a hacerlo. ¿La causa? El sistema electoral impuesto en Venezuela desde el año 2009 sobre-representa a los grupos mayoritarios y castiga a las minorías.

1. PRIMERA RAZÓN: Si el sistema privilegia al que es mayoría, ¿por qué no benefició a la Oposición en 2010, cuando obtuvo 52% de los votos?
Esta pregunta tiene varios niveles de respuesta. No obstante, el primero de ellos es simple: no es cierto que la Unidad obtuvo 52% de los votos. En sentido estricto, capitalizó 47,1% de los votos (5.334.309 sufragios), mientras que el PSUV logró capitalizar 48,5% de los votos (5.862.244 sufragios) y el resto de los partidos políticos disidentes del chavismo e incluso de la Oposición (entre ellos Patria Para Todos) obtuvieron 5% de los votos (523.414 sufragios).

Aunque la Constitución aprobada en 1999 establece que Venezuela tiene sistema electoral de representación proporcional, la aplicación de una nueva Ley Electoral en 2010 benefició al bloque político que (unido) obtuvo más votos.

Si los diputados del PSUV y del Partido Comunista no hubiesen modificado el sistema electoral, los partidos distintos al chavismo (que, sumados, obtienen 52% de los votos) han debido obtener aproximadamente el 52% de las curules. No obstante, entre todos estos partidos sólo pudieron capitalizar 40% de las curules.

2. SEGUNDA RAZÓN: ¿El sistema electoral impuesto desde 2009 puede jugar en contra del chavismo?
La respuesta más sencilla a esta interrogante también se encuentra en las elecciones parlamentarias de 2010 en los estados Anzoátegui y Zulia: de los 8 diputados que se eligieron en Anzoátegui, el chavismo apenas logró ganar 1; de los 15 diputados que se eligieron en Zulia, las fuerzas revolucionarias sólo capitalizaron 3. Y eso fue posible porque en esas dos entidades la Oposición resultó sobre-representada: obtuvo más cargos de los que le corresponderían por la votación obtenida.

No obstante, en el resto de las entidades el sistema benefició al chavismo. Delta Amacuro fue un caso emblemático: de 4 diputados el chavismo obtuvo todos los cargos.

Como se ha explicado en anteriores artículos[3], el sistema electoral puede constituirse en el elemento de más fácil y mejor manipulación para transformar el juego político. Académicamente —y los resultados así lo  han confirmado— el sistema que se usa desde hace cinco años en Venezuela se define como orientado a propiciar una mayoría parlamentaria casi absoluta de la fuerza que obtenga el mayor número de votos, sobre-representando a las fuerzas grandes y sub-representando (o incluso excluyendo) a las medianas y pequeñas.

Como dato curioso, Chile acaba de derogar el sistema electoral que se instauró durante la dictadura de Augusto Pinochet. Aquel sistema estaba concebido para propiciar que sólo existieran dos grandes bloques de partidos con representación política, excluyendo de los cuerpos colegiados a los independientes, los partidos minoritarios y los disidentes de los dos grandes bloques. El nuevo sistema chileno, que podría definirse como de representación proporcional moderada, comenzará a usarse en las próximas elecciones parlamentarias previstas para el año 2017.

3. TERCERA RAZÓN: ¿El chavismo puede perder la mayoría en la Asamblea Nacional?
Sí. Pero para que eso suceda la unidad opositora necesita mejorar cualquier desempeño electoral que hubiese tenido en el pasado. Esto significa que ningún resultado previo le serviría a la Oposición para obtener la mayoría en la Asamblea Nacional.

Pongamos de ejemplos las dos elecciones del año 2013. En los comicios municipales celebrados en diciembre de ese año, las candidatos del PSUV capitalizaron 5.277002 sufragios, mientras los candidatos de la oposición y disidentes lograron obtener 4.463.112 votos. Suponiendo que el CNE no modifique las circunscripciones de votación y asumiendo que todo el que votó por el chavismo en las municipales lo volverá hacer y que todo el que apoyó a la Oposición continuará haciéndolo, el oficialismo obtendría 122 diputados, reduciendo a sus adversarios a sólo 43 parlamentarios. Y si usamos los resultados de la elección presidencial de 2013, la Oposición tampoco obtendría el control del Parlamento: según el Acta de Resultados del CNE, 7.363.980 electores (49,12%) votaron por Henrique Capriles Radonski y 7.587.579 (50,62%) lo hicieron por Nicolás Maduro. A pesar de que la diferencia entre ambos es de apenas 223.599 votos (1,49%), el chavismo capitalizaría 99 diputados y la oposición sólo tendría 66.

4.CUARTA RAZÓN: ¿Dónde debe unirse la Oposición?
Básicamente en todo el país y en todas las circunscripciones.

Sin embargo, si se trata de establecer prioridades para definir candidaturas, la Oposición —y esto también aplica para el chavismo— debe lograr designar perentoriamente candidatos (por acuerdo o por primarias) en 55 de las 110 circunscripciones que se usaron en 2010.

El chavismo asegura que resolverá este problema mediante primarias. La Oposición, por ahora, discute cómo designar candidatos en estas zonas claves, al mismo tiempo que intentan compaginar las múltiples aspiraciones que hay de lograr postulaciones en puestos salidores para los nombres más “representativos” de los principales partidos de la Mesa de la Unidad Democrática.

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[1] En 2009 la Asamblea Nacional sin representación de la oposición derogó la Ley Orgánica del Sufragio y Participación Política para aprobar la Ley Orgánica de Procesos Electorales. Este cambio provocó que se adoptara un sistema electoral similar al empleado en México que permitiera lo que se ha llamado la dictadura del PRI
[2] El concepto de Mayorías Manufacturadas está ampliamente desarrollado en el estudio de Arend Lijphart (1994) “Electoral System and Party System. A Study of twenty seven democracias, 1945-1990”. Oxford University Press. New York.
[3] La bibliografía de Giovanni Sartori es abundante, pero para centrarse en el tema de cómo los cambios en la legislación electoral  pueden manipular los resultados el texto más cercano al caso venezolano se encuentra en la investigación titulada “Ingeniería Constitucional comparada. Una investigación de estructuras, incentivos y resultados”. Estudio auspiciado por el Fondo de Cultura de México.

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Eugenio G. Martínez 

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