Artes

[3/3] ‘Dune’ de Jodorowsky: la película que nunca fue; por Albinson Linares

Por Albinson Linares | 20 de noviembre, 2014

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Ésta es la tercera entrega: la primera definió algunos de los referentes de Dune, esa película de Alejandro Jodorowsky nunca acabada y basada en las novelas de Frank Herbert; la segunda mostró nueve de dieciocho joyas de la ciencia ficción que nunca se materializaron en la gran pantalla. Todo es una consecuencia del documental hecho en 2013 por Frank Pavich, comentado por Albinson Linares en tres post en exclusiva para Prodavinci que hoy terminan con la segunda parte de esas 18 cosas que los fanáticos del sci-fi nunca veremos.

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10. El genio del arte está enfermo. Cuando, finalmente, Salvador Dalí accedió a vincularse con el proyecto, mostró un catálogo de Giger y lo recomendó como una persona de talento. Jodorowsky alucinó con las criaturas humanoides y galácticas del suizo, así que partió de inmediato hacia las montañas donde vivía el artista:

“Vi lo que estaba buscando para los Harkonenn, los tipos malos. Quería un planeta oscuro de personajes góticos. Giger nunca había hecho películas. Le dije: ‘Te necesito como eres. Exploras lo más profundo de la oscuridad del alma. Eso es bueno, eso es tu arte: un arte enfermo, maravilloso y necesario para el barón Harkonnen”.

Luego de esto, el legendario Giger accedió a pintar una serie de óleos donde reflejaba el mundo maligno de los Harkonnen. Y Dune fue su entrada al mundo cinematográfico, algo que cambió toda su obra.

Fruto del ingenio de Giger es el castillo del barón, que era una gigantesca escultura obesa de sí mismo: un castillo que abre la boca, saca la lengua y las naves aterrizaban allí antes de ser “engullidas” para poder penetrar en la residencia real.

Giger y sus cuadros para Dune

Giger y sus cuadros para Dune

11. Un Rolling Stone perdido en Dune. Alejandro Jodorowsky quería que Mick Jagger encarnara el papel de Feyd Rautha, el cruel sucesor de la casa Harkonnen, pero era casi imposible contactarlo. Sin embargo, el azar volvió a jugar a su favor: invitaron a Jodorowsky a una reunión en París y, al otro extremo de un salón de 150 metros cuadrados, estaba Jagger: “Lo vi a lo lejos y empezó a avanzar entre la gente.Me di cuenta de que venía por mí. Le dije ‘Te quiero para mi película’ y sólo dijo ‘Sí’”.

Feyd Rautha personaje que iba a hacer Mick Jagger

Feyd Rautha, el personaje que iba a representar Mick Jagger.

12. Citizen Kane como el obeso barón Harkonnen. El gran villano de Dune es un barón monstruoso, una criatura adiposa que está todo el tiempo en el aire, gracias a sus implantes antigravitacionales, porque es muy pesado.

El director pensó de inmediato en Orson Welles para el papel, pero estaba consciente de su mala reputación. Ya por esos años vivía una esplendorosa decadencia dedicado a beber y comer. Tanto  era así que se decía que “se comía las películas” y luego no terminaba de hacerlas:

“Envié a un secretario para que preguntara en todos los restaurantes gastronómicos de París dónde comía Orson Welles. Encontramos el lugar y allí estaba, almorzando con seis botellas de vino. Le pregunté al chef cuál era el vino que más le gustaba y le mandé una botella. Cuando la tomó, quiso hablar conmigo. Me dijo ‘Ya no quiero hacerlo. No puedo más’. Y le propuse: ‘Si haces la película, pagándote lo que quieras como actor, contrataré al chef de este restaurante y comerás así todos los días’. Me respondió: ‘Lo haré’”.

Baron Harkonnen

El Baron Harkonnen

13. La muerte de Paul. Como decíamos en el primer ítem, el final de esta versión de Dune es una aportación original de Jodorowsky a la trama. Hacia el final es asesinado pero, como es el mesías de toda la Humanidad, dice “Es muy tarde. No puedo ser muerto, porque…” y cae. Y entonces Jessica dice, con la voz de Paul, “…porque para matar al mesías tendrías que matarme”. Chani, también como Paul, advierte “Y a mí. Puedo vivir en cualquier cuerpo”. Alia hace otro tanto y espeta: Ttendrías que matarme: yo soy Paul”. Y así hasta que Stilgar, Halek y todos dicen a coro: “Soy Paul”.

En la epopeya de Jodorowsky, si toda la Humanidad se ilumina la Tierra cambia:

“Finalmente, su mente es la mente de cada persona. Es un ser plural: yo soy el otro, los otros son yo. Se crea un anillo azul. La especia se agita en una vibración salvaje. En el planeta de arena empiezan a crecer plantas, animales, como un paraíso. Dune se cubre de vegetación, bosques, el mar. Una Dune verde. Dune es el mesías de los planetas, porque es un planeta con conciencia. La misma de Paul. Y el planeta va por el universo a iluminar otros planetas. Cambié el final del libro. Evidentemente, en el libro, continúa. El planeta nunca cambia. Es mi Dune. Cuando haces una peli no debes respetar a la novela. Es como estar casado, ¿no? Vas con la esposa, blanca, la mujer es blanca. Tú tomas a la mujer. Si la respetas, nunca tendrás un hijo. Debes abrir el traje para violar a la novia. Ahí tienes tu película: yo estaba violando a Frank Herbert, así. Pero con amor… con amor”.

Lo dice un sonriente Jodorowsky cuando habla de su final, el que nunca pudo filmar pero que está plasmado en los dibujos de Moebius.

14. La maldición de Hollywood. Cuando parecía que se había logrado lo imposible (es decir: reunir en un mismo film de sci-fi genios como los de Dalí, Giger, O’Bannon, Foss, Moebius, Jagger, Welles, Carradine, el mismo Jodorowsky y su hijo Brontis, todo musicalizado por Pink Floyd), empezaron a buscar los 5.000.000 de dólares que les faltaban para empezar el rodaje.

Nunca los consiguieron.

El filme estaba presupuestado en 15 millones de dólares. Es tan exquisito, ilógico y absurdo lo que pasó que es el anticlímax perfecto de todo el documental. Puede verse a los productores Michel Seydoux y Jean-Paul Gibon junto a críticos como DevinFaraci, DrewMcWeeny o Gary Kurtz (la mano derecha de George Lucas en Star Wars) lamentando que eso que pudo ser Dune nunca fue.

Hicieron un libro magnífico. Es una joya voluminosa donde hay fotografías del story board de Moebius y todos los diseños de Giger y Foss, junto al guión técnico de O’Bannon y el literario de Jodorowsky, donde se detallaba cada ángulo de cámara, cada toma o interacción entre los personajes y que fue repartido entre los grandes estudios californianos. Lo recuerda Seydoux, haciendo un doloroso mea culpa:

“Siempre nos decían lo mismo: ‘Está muy bien construido’; ‘Han resuelto los problemas técnicos de esos efectos especiales’; ‘Es económicamente razonable’; ‘Pero no nos gusta tu director’. No creo que haya otra película en la historia del cine que fuera llevada tan lejos para acabar sin hacerse, para convertirse en otro film… pues se hizo uno, pero que no tenía nada que ver con esos dos años y medio de trabajo. Quizá era demasiado larga”.

El director Richard Stanley asegura que los ejecutivos no estaban calificados para juzgar ese material. “No eran artistas o diseñadores, sino contadores, gente de dinero”, advierte mientras explica que todo el proyecto estaba adelantado a su tiempo:

“Estaban trayendo muchas ideas que tomó décadas procesar. Cuando quieres cambiar la conciencia de la audiencia, cambiar a los ejecutivos de Hollywood debes ser muy paciente, como Kajnsa, el planetologista de la novela. Estas cosas requieren miles de años. Lentamente, estas ideas permearán el sistema. Pero Jodo quería que pasaran en su vida. Las quería ahora. La verdad es que tomará generaciones para que los filmes lleguen al nivel que él quería”.

Mención aparte merece la intervención de Jodorowsky sobre este punto. Pierde toda la jovialidad de la que hace gala en el resto del documental y vuelve a tener 84 años. Mira a la cámara, con su cara de histrión viejo, y exclama:

“Este sistema nos convierte en esclavos, sin dignidad, sin profundidad, con un diablo en los bolsillos”.

Se saca un mazo de euros y los estruja frente a nosotros, con asco:

“Este increíble dinero en los bolsillos, esta mierda, esta nada, este papel que no tiene nada adentro. Las películas tienen corazón, tienen mente, tienen poder, ambición. Quería hacer algo así, ¿por qué no? Me dijeron que hiciera una película de hora y media para los cines y les dije que no. ¿Por qué el tiempo? Haré una película de 12 a 20 horas. Tienes que hacer como un poeta: tu película tal como la piensas, tal como la quieres y no aceptar notas que cambien. No. Tiene que ser tal y como yo la sueño. No cambies mi sueño”.

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Dan O’Bannon y Hans Ruedi Giger

15. El proyecto abortado y la herencia creativa. Que la cancelación del proyecto llegara cuando ya se estaban construyendo los sets fue catastrófico para Alejandro Jodorowsky, quien dejó de hacer cine durante un largo hiato temporal que duró 35 años. Sin embargo, el equipo conformado y “despertado” por este director dejó una larga estela en la industria cinematográfica de la ciencia ficción.

Una mueca agridulce surca el rostro del viejo cineasta:

“De este supuesto fracaso, salió un montón de creación. En la vida algo viene y tú dices ‘Sí, algo se va’. Y tú dices ‘Sí, ¿no haremos Dune?’ ‘Sí, sí. No la haremos’. ¿Y qué hay con eso? Dune está en el mundo como un sueño, pero los sueños también cambian a la gente. Giger hizo al monstruo de Alien, ¿pero por qué? Por Dan O’Bannon, quien escribió Alien. Además, tomaron a Moebius y Foss, como artistas conceptuales”.

Moebius y Foss en los créditos de Alien

Moebius y Foss en los créditos de Alien.

16. Y entonces Dune (1984)de David Lynch. Tuvo que pasar una década desde el inicio del proyecto Dune de Alejandro Jodorowsky para que otro cineasta intentara recrear el complejo universo de Frank Herbert en la gran pantalla. Fue el desafortunado caso de David Lynch, maestro del horror cotidiano, quien fue reclutado por Dino de Laurentiis para esta producción de 1984.

Aunque Michel Seydoux nunca vio el filme, rehusándose después de todo el sufrimiento de su propia producción malograda, Jodorowsky fue arrastrado al cine por sus hijos. Al recordar su reacción al ver el intento de Lynch, muestra una enorme sonrisa:

“Pensé que iba a llorar cuando empezó… pero, paso a paso, me volvía más feliz, porque la película era terrible. Es un fracaso y, bueno, tuve una reacción humana. No es algo bello, pero fue lo que sentí. Me dije que la culpa no era de Lynch, quien es un gran artista, sino del productor”.

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Michel Seydoux y Alejandro Jodorowsky

17. El único espectador de DuneAparte de ser el director de reconocidos filmes como Valhalla Rising (2009), Drive (2011) o Bronsony Only God Forgives (2012)Nicolas Winding Refn posee el extraño privilegio de ser el único espectador de Dune. Una noche, luego de cenar en casa de Alejandro Jodorowsky, éste le preguntó si quería ver el filme.

Nicolas Winding Refn pensó que iba a ver algún rollo de pruebas. Pero no. Jodorowsky abrió el libro y le fue narrando la epopeya entera:

“Y tengo que decir: la película era espectacular. ¿Qué hubiera pasado si el primer film de esa naturaleza hubiera sido Dune y no Star Wars? Hubiera cambiado toda la estructura de los blockbusters de gran presupuesto. Estaba construido para ser el mayor logro en ciencia ficción y, finalmente, se evaporó en un millón de pequeñas partes de espacio negro”.

18. Las influencias manifiestas. El documental de Pavich incluye, hacia el final, varias secuencias seleccionadas por críticos donde se muestran todas las escenas de filmes posteriores que llevan la impronta del proyecto de Jodorowsky. Acá recordamos algunas:

18.a. En Dune hay varios bocetos de largas secuencias de peleas con espadas que tienen un gran parecido a las usadas en Star Wars (1977) de George Lucas. Además, la pelota robótica con la que Luke Skywalker se entrenaba para mejorar en el manejo del sable láser también aparece en los dibujos de Moebius.

18.b. En Flash Gordon (1980), de Mike Hodges, hay dos elementos que parecen sacados de Dune. El primero es el set del escenario del Emperador y el segundo es cuando le quitan unos anteojos  a un músico y con éstas los ojos. Además, existen varios trajes que parecen calcados del proyecto de Jodorowsky.

18.c. La escena de En busca del arca perdida (1981), de Steven Spielberg, donde finalmente se invoca el poder del artefacto religioso, desatando una mortal reacción en cadena que muestra cómo se abre el cielo para recibir las almas de los nazis, aparece en el story board de Moebius.

18.d. En Dune aparece el uso de la tecnología HUB, una suerte de visión robótica que le permite a Paul analizar la situación, como se usó mucho después en el Terminator (1984), de James Cameron.

18.e. La malísima Masters of the Universe (1987), donde Dolph Lundgren hace de un sobreactuado He-Man, muestra la influencia del vestuario ideado por Jodorowsky y Moebius para varias criaturas del filme.

18.f. La toma larga inicial de Dune pareciera recreada en Contact, el filme de Robert Zemeckis de 1997.

18.g. La nave de Prometheus (2012) de Ridley Scott está, evidentemente, inspirada en los bocetos de Giger para el castillo Harkonnen.

Coda: la película que nunca fue. Al final los fanáticos de la ciencia ficción le debemos mucho a Jodorowsky por darnos a conocer el sueño de un film que es un huevo filosofal, una idea peligrosa, un artefacto subversivo que transformó a todos los que se vieron involucrados.

“Arrakis enseña la actitud del cuchillo… cortar lo que es incompleto y decir: ‘Ahora ya está completo porque acaba aquí’”, dice una frase recurrente de Dune. Y quizá fue eso lo que hizo el cineasta. Todo el material que no se usó en Dune se convirtió en cómics como El Incal y Los Metabarones, sin contar con toda la franquicia Alien, fruto de la colaboración temprana de Moebius/O’Bannon/Giger/Foss.

Aparte de los logros técnicos y testimoniales del documental de Pavich, hay que abonarle un milagro: al poner en contacto a esa gran dupla creativa que fue Jodorowsky/Seydoux, surgió la vieja magia y así Alejandro volvió al cine con su biopic La danza de la realidad, en 2013.

Si la vida es sueño, como decía Calderón, Jodorowsky se ganó el lugar del profeta, ese médium alucinado que en trance intentó recrear la saga de Dune:

“Yo creía en hacer una película que le daría una mutación a las mentes jóvenes. Era sagrado. Tenías que sacrificarte. Estaba preparado para morir por ello. En ese entonces era como un profeta: estaba iluminado. Les di la sensación de que no estaban haciendo solo una película, sino que estaban haciendo algo importante para la Humanidad. Tenían una misión: eran guerreros”.

Y así fue.

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Albinson Linares 

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