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[2/3] ‘Dune’ de Jodorowsky: 18 joyas de la sci-fi que nunca veremos; por Albinson Linares

Por Albinson Linares | 19 de noviembre, 2014

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Ya publicamos una primera entrega definiendo algunos de los referentes de Dune, esa película de Alejandro Jodorowsky nunca acabada y basada en las novelas de Frank Herbert que redefinieron la ciencia ficción y determinaron su futuro a partir de 1965. El proyecto ha sido revivido por Frank Pavich en un documental, así que Albinson Linares ha emprendido un recorrido por el imaginario y la historia que Dune esconde. En esta segunda entrega, Linares comparte con los lectores de Prodavinci la primera mitad de una lista de 18 cosas que fueron concebidas para este proyecto… pero que nunca veremos “al menos mientras Jodorowsky siga alejado de su obsesión: la historia del mesías Paul Atreides”.

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1. París, 1974. Embebido por la fama que elevó a sus tres películas anteriores [Fando y Lis (1968), El Topo (1970) y La montaña sagrada (1973)] a la inextricable categoría del culto, Alejandro Jodorowsky buscaba nuevos retos. Por eso le dice, con ojos brillantes, a la cámara de Pavich en su estudio parisino:

“Cuando llegué a las películas, llegué como una virgen. Sin saber de movimientos técnicos. No sabía de lentes, números, no sabía…expandí la consciencia de la industria cinematográfica. Gracias al éxito de El Topo tuve un millón de dólares para hacer La Montaña Sagrada en 1973. Hice lo que quise. No tuve un productor ni un crítico. Hice lo que quise y fue un éxito… entonces mi ambición aumentó”

Este documental es la historia de un intento, una magistral falla donde eclosionaría un equipo creativo que innovó los terrenos audiovisuales del sci-fi. Pero sin la presencia hipnótica, protagónica y mesmerizante de Jodorowsky no sería el lúcido ejercicio de introspección que es. Así vemos su tono festivo al contar que se encerró en un castillo francés, dedicado por entero al guión, abstraído en los desiertos calcinantes de la mente de Herbert:

“Él creó un mundo pero en Dune no dijo completamente qué era esto. Y para entrar en ese mundo tienes 100 páginas de literatura donde debe ir descubriendo, con gran dificultad, de qué se trata el libro.Lo comparo con Proust en la literatura francesa, es la gran literatura. En las primeras 100 páginas, uno no entiende casi nada, solo ves pistas…traducir literatura a imagen es completamente difícil, tienes que crear otro mundo, el mundo óptico…no es el mundo literario y auditivo. Todo el tiempo, incluso en los detalles más pequeños, estaba intentando encontrar el sentido espiritual de la imagen”

Fruto del encierro surgió una historia, basada en la Dune literaria, pero con las variantes propias del imaginario de Alejandro Jodorowsky. Por ejemplo, esta Dune empieza con una larga toma. Jodorowsky admiraba la de Touch of Evil, de Orson Welles, así que quería hacer una mucho mejor, ir más lejos: “Así la toma iba a atravesar todo el universo, toda la galaxia entera y en eso ves a un pirata robando un convoy de especias, muchas batallas, muertes, vida y sigues al principio blanco, después pasaban millones de estrellas, constelaciones y naves”.

Además, en esta versión el Duque Leto, padre de Paul, está castrado. Así se plantea el dilema de la concepción divina. Es decir: ¿cómo Leto tendría un hijo? El intelecto imaginativo del director cambia la historia y apela a la sabiduría de Jessica, la madre. Ella toma una gota de sangre y la transforma en semen. En teoría, los espectadores veríamos cómo la gota de sangre llega adentro del útero, va hacia el óvulo y explota. “Lo que tendremos es un hijo, no del placer sexual, sino de un placer espiritual. Y de este amor nace Paul. Paul es un joven, pero no es un chico normal: es un mutante. Tiene una gran alma y fuerza”.

La fortaleza Harkonnen y el camino de lanzas que impiden el escape no aparecen en la Dune original. Se trata de un aporte a la interpretación de la historia. Era una escultura gigantesca metálica del barón malvado, gorda y titánica. También debemos considerar que Paul muere al final de esta versión de Dune y su muerte transforma al mundo, contrariando el final de Herbert.

Una vez que el director tuvo su historia, su plan de batalla, necesitaba a los guerreros que lo darían todo por esa creación.

2. El cómic del Teniente Blueberry. Jodorowsky consiguió un libro con historias de cowboys dibujadas por el francés Jean Giraud. Cuenta que empezó a verlo y dijo “Este tipo es mi cámara”. Decía que era una figura fantástica, un artista que podía dibujar lo que fuera, pero no sabía dónde encontrarlo:

“Era un genio con una capacidad increíble que también era muy rápido. Era súper humano y veloz, pero en ese entonces no había Internet para encontrar a una persona y yo lo necesitaba. Así que fui a ver a mi agente publicitario y ahí estaba él, por casualidad. Me dijo ‘Cuando dibujo ciencia-ficción no soy Giraud, soy Moebius’ y le dije ‘Tú eres la persona, ¡ven conmigo’!”.

Y Giraud lo siguió. Dibujo a dibujo filmó la película junto al director en jornadas que empezaban a las nueve y media de la mañana hasta la madrugada. Necesitaron tres mil dibujos para plasmar todos los puntos de vista, movimientos de cámara, diálogos, la relación entre los actores, etcétera. Era la base del story board de Dune, considerado hoy en día como una pieza artística propia: “Todo se volvió mágico cuando él estaba haciendo esos dibujos”.

3. Una cita con Douglas Trumbull. El genio de los efectos especiales del clásico 2001: A Space Odyssey accedió a reunirse con Jodorowsky y Giraud, pero fue una experiencia desalentadora para todos.

Trumbull era un pez gordo del negocio cinematográfico. Era el mejor en su ramo y lo sabía, así que no dejó de reafirmar su experiencia y la necesidad de tener el control creativo de los efectos especiales, tal como Kubrick se lo había permitido.

“Me recibió y estaba interesado en el negocio, pero se dio a sí mismo tanta importancia… mientras estábamos hablando contestó cuarenta veces el teléfono y hablaba con mucha vanidad. Era un gran técnico, pero no era la persona espiritual que buscaba. No tenía nada que ver en la creación de una película sobre un profeta. Él haría un film técnico. Le dije: ‘No puedo trabajar contigo’ y salimos”.

Mientras caminaba por una calle de Hollywood, Jodorowsky se topó con un pequeño cine donde daban Dark Star, el filme de ciencia ficción con el cual debutó John Carpenter. Entró a verla y así conoció el trabajo del efectista Dan O’Bannon.

4. O’Bannon y la marihuana especial. En el documental de Pavich deciden usar una grabación de O’Bannon donde relata su entrevista con Jodorowsky. La locura desplegada en ella es legendaria:

“Pensaba que tenía una clara imagen de él como de un lunático y me preparé para la entrevista. En El Topo y La montaña… tenía el pelo largo y la barba crecida. Pero me recibió un carismático caballero europeo, afeitado, con el cabello arreglado, que tomó un trozo de papel periódico  y me dijo ‘Ésta es marihuana especial’ y dije ‘¡Guao!’.

Recuerdo que estaba muy relajado, mirando directo a sus ojos, cuando de pronto al final de una oración, él dice ‘Así’. Y ¡bum! Desde su cara irradiaba líneas y patrones que empezaron a producir un mandala o caleidoscopio circular y parpadeante, con su cabeza en el centro y sus ojos pegados a los míos. Y el resto del cuarto desapareció en el olvido. Entonces todas sus facciones se relajaron. Sus ojos me habían estado mirando como algo sobrenatural. Sus párpados se cerraron y se le agregaron veinte años a su cara. Las alucinaciones y el efecto mental simplemente se dispersaron, se reventaron como un globo y quedé completamente anodadado por la experiencia. ‘Quiero que hagas los efectos especiales’, dijo. Y yo contesté ‘Ok, excelente’. Nunca olvidaré sus palabras. Me dijo: ‘Vende todo y vente a París. Tu vida cambiará’”.

Y así fue como Dune, gracias a esa melange psicotrópica marihuanera, consiguió a su experto en efectos especiales.

5. Las naves-animales de Foss. Jodorowsky quería que las naves espaciales que salieran en su película fueran distintas a todo lo que se había visto hasta ese momento. Entonces se fijó en las tapas de varias novelas sci-fi y descubrió el trabajo de Chris Foss.

Nave espacial pirata, de Chris Foss 640

Tuvo una súbita revelación, como tantas durante todo el proyecto, y decidió que había que buscarlo. “Cada uno de sus navíos espaciales era un ser como un insecto, un ave maravillosa. Y ésas eran las naves que yo quería. Eran navíos con alma, como seres”, dice Jodorowsky. Así que el artista inglés terminó yendo a París para conversar. Y al llegar a la reunión, lo primero que hizo Jodorowsky fue revisar su maleta. Tiró un montón de cosas hasta darse cuenta de que no era la de su novia, una rara actitud que no fue el mejor comienzo. Dice Foss en el documental:

“Vi la película más extraña del mundo, que era La montaña…, donde un tipo caga un pedazo de oro. Ésa fue mi introducción a todo este ambiente. Alejandro ya tenía una atracción, una especie de enigma. Eso era lo que me sorprendía. Era un gurú que te motivaba completamente”.

De pie en su estudio, con una copa en la mano, admite que hizo algunas de sus pinturas más “inusuales” para ese proyecto. Tanta era la fidelidad que generaba Jodorowsky en quienes lo rodeaban. Recuerda las largas jornadas nocturnas y los fines de semana empeñados en terminar algunas pinturas, como su célebre nave pirata. “La terminé luego de un fin de semana. Era una escena donde la habían dañado mortalmente y toda la especia salía de ésta. Tenía un camuflaje que coincidía con los asteroides: era tal como un pez. Si se quedaba bien quieta, nadie la vería”.

Foss aún no ha leído el libro ni tiene idea de qué se trata la historia. Todas las instrucciones le llegaban de Alejandro y de su guión, así que no deseaba escuchar nada del libro.

6. Carradine, el padre. Para Jodorowsky, el rol de David Carradine en la serie Kung Fu, donde era un guerrero que había tenido maestros orientales, era una muestra clara de la influencia de El Topo. Así que lo llamó y, cuando supo que lo necesitaba, el actor vino corriendo al encuentro:

“Lo esperé en mi cuarto de hotel en Los Ángeles y había comprado como medio kilo de vitamina E, para tomar una cada día y así tener fuerza. Carradine entró a mi cuarto y la primera cosa que vio fue el tarro de vitamina. Dijo: ‘¡Oh, vitamina E!” y se tomó mis 60 dólares en pastillas. Era un monstruo. Fue un gran comienzo. Le dije: ‘Necesitamos trabajar juntos. Eres la persona que estoy buscando para hacer Leto’”.

Y así fue como David Carradine y su sobredosis de vitamina E entraron al proyecto.

Carradine y Jodo 640

David Carradine y Alejandro Jodorowsky

7. El Lado Oscuro de la Luna y la música de Arrakis. El director quería un grupo musical por cada planeta y pensó en Pink Floyd para que hicieran la música de Arrakis. Ellos estaban en Abbey Road mezclando The Dark Side of the Moon. Para Jodorowsky eso es el ser humano: un reflejo de la luna, “un lado brillante, luminoso. Y el otro lado, que es negro, es el inconsciente, misterioso y profundo”.

Pero de pronto Jodorowsky se dio contra un muro: cuando conoció a Pink Floyd se trataba de cuatro tipos comiendo hamburguesas y que apenas le dijeron ‘Hola’ con la boca llena, hasta que el director empezó a insultarlos: “¿Cómo no entienden lo que les estoy ofreciendo? ¡Trabajar en la película más importante de la historia de la Humanidad! ¡Cambiaremos el mundo y ustedes comen bigmacs!”.

“Entonces ellos se pararon y me hablaron. Hablamos de hacer un gran álbum con la música de Dune. Habría sido fantástico, ¿no?”.

8. ¿Dónde encontraremos a Paul? Con una facilidad pasmosa, el cineasta cuenta que no se le ocurrió mejor opción que trabajar con su hijo Brontis para el papel del mesías.

Ya había funcionado en El Topo así que le dijo al adolescente, para ese entonces con 12 años, que sería Paul, sí… pero debía prepararse como un guerrero. Y Brontis estuvo entrenando kárate, judo, aikido y atemi-jitsu seis horas al día, los siete días de la semana durante dos años con Jean Pierre Vignettes, un malencarado entrenador francés.

Primer crew DUNE

Casi con desaliento, Alejandro Jodorowsky recuerda mientras ve a la cámara de Pavich:

“Preparé a mi hijo para hacer el rol, exactamente como el Duque Leto prepara a su hijo. Aprendió cómo pelear con sus manos, con cuchillo, con espada… aprendió todo eso. Estaba listo para hacer a Paul. Todas las personas me decían: ‘¿Qué hiciste? ¿Por qué estás tratando de cambiar la mente de un niño y convertirlo en una persona superior?’ Yo contestaba ‘Sólo estoy despertando la creatividad’. Abrí su mente, eso estaba haciendo. No sé si cambié su vida. Ahora que lo pienso, me pregunto por qué hice eso: sacrificar a mi hijo. Pero en ese tiempo yo decía: Si tengo que cortarme los brazos para hacer la película, lo haré”.

9. Y como el loco Emperador de la Galaxia: ¡Salvador Dalí! El pintor, en uno de sus famosos juegos verbales surrealistas, decía que “Nunca Dalí ha entendido una pintura de Dalí porque Dalí sólo crea enigmas”. No conforme con la complejidad de la historia, Alejandro Jodorowsky se planteó un reto más: conseguir que Salvador Dalí actuara. Ese antojo fue un periplo que lo llevó de Nueva York a París y de ahí a Barcelona, buscando la aprobación del genio de Cadaqués.

traje del emperador de dune

El traje del Emperador de Dune pensado para Salvador Dalí

Jodorowsky ríe cuando recuerda una velada especial en París, donde Dalí lo puso a prueba:

“En un restaurante de los Campos Elíseos estaba con su corte. Tenía doce personas en la mesa.  Me dijo ‘Quiero preguntarte algo. Cuando éramos jóvenes, Picasso y yo fuimos a la playa y, al abrir la puerta del auto, encontramos un reloj en la arena. ¿En tu vida has encontrado relojes en la arena?’ Me dije ‘¿Qué puedo responder rápido?’, porque doce personas esperaban. Y le dije: ‘Nunca encuentro relojes, pero he perdido un montón’. ‘Te espero en Barcelona’, me contestó”.

Amanda Lear, la musa de Dalí por esos años, estaba del lado del proyecto: le habían prometido el papel de una princesa si los ayudaba con el genio. Pero le advirtió al cineasta: “Ten cuidado con Dalí, porque es destructivo. Si te dice que sí, hará todo lo posible para destruir la película. Por eso pidió un helicóptero, elefantes y hasta una jirafa en llamas”.

Detalle del Palacio del Emperador por Chris Foss

Detalle del Palacio del Emperador por Chris Foss

Luego de tanta persecución, Salvador Dalí accedió a trabajar en Dune con una condición: ser el actor mejor pagado de Hollywood. El artista quería 100.000 dólares la hora. Ante tal eventualidad, el productor Seydoux le preguntó a Jodorowsky cuántos minutos saldría Dalí en la cinta. Como no eran más de cinco, accedieron a tomar su tarifa y pagársela por minuto de film usado, a lo que el pintor exclamó: “¡Genial! Seré el actor de los 100.000 dólares por minuto”. Además, harían un molde hiperrealista de la cara de Dalí para usarla en un robot que también actuaría: el pintor aceptó sólo si le daban la escultura para su museo.

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