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Juanita León: “En LaSillaVacía criticamos a la derecha y la izquierda” Entrevista de Albinson Linares

Por Albinson Linares | 1 de noviembre, 2014

Juanita León 640

Cinco días y tres eventos de calibre continental: el III Foro Latinoamericano de Medios Digitales y Periodismo, el Seminario Internacional de Periodismo organizado por el CIDE y la Conferencia Latinoamericana de Periodismo de Investigación (COLPIN), celebrados del 9 al 13 de octubre, convirtieron a Ciudad de México en el escenario de intensos debates sobre las nuevas tendencias, los viejos problemas y las alternativas tecnológicas del oficio periodístico.

La periodista colombiana Juanita León, directora de www.LaSillaVacia.com fue una de las ponentes del Foro Latinoamericano de Medios Digitales y Periodismo donde comentó sus impresiones sobre el ecosistema de los nuevos sites informativos: “Pienso que la clave es pensar en un modelo de negocios desde el principio o, por lo menos, que alguien del equipo siempre esté pensando en el tema financiero. Ésa es la gran pata coja de los emprendimientos periodísticos digitales del mundo entero. Creo que si tienes a una persona que, desde el principio, esté dedicándole tanto tiempo a pensar en el negocio como uno se lo dedica al periodismo, es algo que vale la pena hacer”.

Pocas cosas más elocuentes en la terapia gestáltica que una silla vacía, puesta frente al paciente. Soledad, proyecciones, seres queridos y odiados. Toda la fuerza de los arquetipos emerge de esa ausencia sostenida que solivianta el ánimo del ser, sentado frente la nada, que usa esa ausencia como catalizador de su existencia. Para una periodista ingeniosa como Juanita León, ese vacío es una metáfora de algo socialmente mucho más complejo.

En Colombia, quien deja la silla vacía es aquel que más poder tiene. Y su ausencia resignifica el ejercicio del poderoso y marca las pautas del ritmo de cualquier negociación política. Marulanda ausente de los diálogos de paz con Andrés Pastrana, una peculiar ley llamada “la silla vacía” introducida en el congreso colombiano para evitar que los “parapolíticos” no pudieran ser reemplazados en sus curules y la penosa marcha de unos indígenas que llegaron a reunirse con Álvaro Uribe pero éste nunca llegó, fueron fragmentos reales que inspiraron el nombre de La Silla Vacía.

“El otro aspecto importante es tener en cuenta cómo se define uno como medio. En La Silla Vacía nos ayudó mucho definirnos desde el principio como un laboratorio de experimentación periodística, algo que nos ha permitido estar innovando siempre porque ésa es nuestra misión. Nos pensamos como una comunidad de usuarios alrededor de los temas del país”.

Como en la mayoría de los emprendimientos, esta página responde a inquietudes antiguas. Juanita León, abogada especializada en periodismo en la Universidad de Columbia, ha desarrollado una brillante carrera en  medios como The Wall Street Journal Americas, El Tiempo, Semana y este proyecto on-line.

Al rastrear los inicios de La Silla Vacía, encontramos una desazón, una de esas profundas incomodidades que atenazan el espíritu y llenan de desaliento. Juanita León acababa de escribir País de plomo (Aguilar, 2005), luego de una larga licencia no remunerada, y no quería volver a escribir en el tono estándar y homogéneo de su trabajo habitual. Entonces diseñó la edición digital de Semana.com, enamorándose de las posibilidades de Internet: “Quería tener mi propio medio para que todo lo que saliera allí o dejara de salir fuera mi responsabilidad. Así comencé a pensar en cómo independizarme. Descarté rápidamente el papel porque era muy costoso y porque, en todo caso, me parecía que sería meterse en un proyecto del pasado y en vías de extinción. Estaba convencida que Internet ofrecía posibilidades inmensas para inventarse una nueva manera de hacer periodismo”.

Así las cosas, emprendió el largo camino de aprendizaje que la llevó a ser becada por la Nieman Foundation y trabajar en el Berkman Center de la Universidad de Harvard. Allí, en la cuna donde se formaron los pioneros de Wikipedia y politico.com, surgió la idea de Flypmedia, un portal en el que dirigió a un grupo de periodistas estadounidenses en Nueva York.

En 2010 ya todo estaba dado para aplicar a una beca del Open Society Institute que la apoyara en su propio medio. “Quería ensayar nuevas formas de narrar. Me gustaba la idea de hacer un medio dedicado a la agenda política por encima de otros temas del medio informativo. Centrarnos en eso, hacerle seguimiento a las informaciones, investigaciones y personajes que actúan en los escenarios donde se toman las decisiones. En mi país se escribe poco sobre el poder, sobre todo cuando uno no está en el poder”.

¿Cómo ve la explosión de medios digitales en América Latina?
Cuando empecé en esto estaba segura de que la historia está de nuestro lado, de que las inercias y tendencias están de nuestro lado. Entonces me imaginaba que iban a surgir más emprendimientos. Me parece que no han surgido los suficientes. No estaba segura de que íbamos a sobrevivir tanto tiempo. Cinco años me parece algo increíble.

¿Era muy arriesgado crear una web que se dedicara al análisis del poder en Colombia?
Cada medio en América Latina es diferente, pero cuando íbamos a crear La Silla Vacía mucha gente me dijo: “Juanita ¿pa’ qué te esfuerzas en eso si a nadie en Colombia le interesa la política?” o “Ésas son las secciones menos leídas en los diarios, es absurdo porque no hay un público”, me decían. Igual, como era lo único que sabía hacer y quería hacerlo, lo hice. Hemos demostrado que existe un nicho. No es gigante: son 500.000 usuarios y podríamos llegar a crecer hasta el millón como máximo, pero creo que es un nicho de líderes de opinión muy importantes e influyentes. A lo que nosotros le apostamos es a la influencia y no a la masa.

¿Qué han descubierto en la interacción con las audiencias durante estos cinco años?
Creo que la gente se ha ido engomando con la información que nosotros damos. No creo que a muchos de nuestros usuarios les interesara qué pasaba en la Corte Suprema antes de que existiéramos como medio, pero hemos encontrado una forma de narrar muy desde adentro. No como analistas, sino que nos centramos en contar las cosas del poder. Es algo muy interesante. Por eso, si desapareciéramos, le daría mucho pesar a nuestro público.

¿Cuánta presión les ha generado centrarse en los relatos del poder?
La verdad es que a nosotros nunca nos han amenazado, intimidado ni presionado de ninguna manera. De pronto esto habla mal de nosotros, quizás podría interpretarse como que no ponemos a temblar el poder. Pero también habla bien, porque la gente sabe que hacemos un trabajo profesional y no estamos fletados por nadie. Criticamos por igual a la derecha y la izquierda. Y eso nos ha ayudado. Hemos dado insumos para comprender mejor al poder y, obviamente, el gobierno nunca nos ha querido. Ni nos quiso Uribe ni Santos nos quiere. No nos han dado ni una entrevista. Siempre nos las niegan porque no les mandamos las preguntas y cosas así. En cierta forma nos respetan. Los ministros suelen hablarnos porque saben que somos serios.

Después de cinco años dedicada a La Silla Vacía, ¿cree que comprende mejor al poder en Colombia?
Claro que lo he comprendido mucho mejor. Y también he roto muchas caricaturas que tenía sobre los políticos. Veo que, en el fondo, son más parecidos a uno… sólo que más avispados. Algunos son muy buenos, otros malísimos. Pero sobre todo he comprendido el engranaje del poder y las razones por las que se convierte en una trampa para el desarrollo de Colombia.

¿Cuáles son los mayores vicios que ha detectado en el ejercicio político de su país?
El clientelismo se ve como un mal necesario por mucha gente, pero eso evita que la plata pueda fluir hasta los más pobres y que los proyectos puedan ejecutarse. Creo que siempre se termina pagando un peaje muy alto a estos intermediarios políticos. Y ahora eso lo comprendo mucho mejor. También entiendo que muchas veces los periodistas sólo nos fijamos en los congresistas que son los menos poderosos de la cadena del poder, porque son los más vulnerables a la crítica, cuando el verdadero poder está en los conglomerados económicos y ellos son sagrados. Nadie los toca. Nadie entiende cómo funciona eso. Cada vez me doy cuenta de que donde tenemos fijada la atención no es exactamente donde se estructura el poder. Y por eso tratamos de acercarnos más.

¿Cómo se incorpora La Silla a este boom de periodismo de datos?
Cada vez hacemos más periodismo de datos. Creo que es costoso pero se trata de un esfuerzo que se paga, porque son historias de larga duración. Hay que hacer minería de datos sobre historias que tengan una vida más larga, porque son demasiados esfuerzos y costos muy altos para que se desperdicien en una nota cualquiera. Hemos hecho varias historias que siguen vigentes y tienen más de 100.000 vistas. Yo sí creo que el periodismo en Internet apunta cada vez más a cómo presentas la información de la mejor manera. En muchas ocasiones los usuarios prefieren la información en bruto que la editorializada. Hay un público que quiere medios con un punto de vista más fuerte, y eso es válido, pero ese periodismo que hacen los medios tradicionales, que es como de análisis pero en realidad son posiciones editoriales con un back-up fuerte de datos, está llamado a desaparecer.

¿Qué opina de los nuevos modos de narración? Esas variantes de los géneros periodísticos que se están experimentando en las webs informativas.
Soy muy escéptica de esos especiales multimedia que se ganan los premios de periodismo y exigen del lector dos horas de tiempo para leerlos. Eso no lo lee nadie, sino los jurados de los premios. Creo que son demasiado costosos para quienes los hacen y por eso no los lee nadie. Me parecen un acto de vanidad del periodista. En La Silla Vacía tratamos cada vez de narrar menos linealmente, pero no hacemos esos multimedia pesados. Intentamos pensar realmente dónde está el eje de gravedad de la historia. Si está en una declaración, será una historia de audio. Si está en algo visual, pues será video. Siempre nos preguntamos cómo ofrecer la mayor cantidad de información de la forma más sencilla posible. Vamos hacia la simplificación antes que a la complejización de lo gráfico.

¿Y cómo queda la crónica en ese ecosistema de medios digitales?
Pienso que cada vez las historias son más desestructuradas y, por eso, la crónica tradicional rechina cada vez más en Internet. Lo que toca es explorar más: si uno se va a meter en crónica, se trata de hacer periodismo de inmersión. Algo más parecido a los videojuegos con la posibilidad de accesorios como el google glass y todo el software de tercera dimensión. Creo que es hacia allá que van las crónicas. Por ejemplo: que con las google glass tus usuarios en Twitter puedan hacerte preguntas para que se las formules a un guerrillero y él les responda directamente a ellos.

¿Cuáles estrategias de financiamiento han usado en La Silla Vacía?
Todavía el 50% de nuestra financiación viene de cooperantes internacionales, pero ha bajado nuestra dependencia de ellos y hemos comenzado a generar más ingresos propios, lo cual es muy importante. Otra cosa importante en términos del negocio es tener claro cómo quieres crecer. Hay gente que crece sólo en términos de clicks y pierde su capacidad de influencia. También acaban con la posibilidad de crear una comunidad fuerte alrededor. Hemos crecido de manera orgánica y con una comunidad muy fuerte. Eso nos ha permitido tener experiencias como la de los Súperamigos, que es recaudar recursos con nuestros propios usuarios.

¿Puede detallar esa forma de captar recursos?
Inventamos a los Súperamigos hace tres años. Ésta es nuestra tercera campaña. En las anteriores recogimos 50.000 dólares. Los aportes son de entre 10 y 500 dólares y los usuarios apoyan la independencia de La Silla Vacía. Una vez que sabemos cuántos fondos hemos recaudado, les decimos a que nos comprometemos con ellos y toda esa plata se gasta en varios proyectos. Eso nos permitió, por ejemplo, desarrollar la aplicación para móviles. Ahorita estamos desarrollando una red social alrededor de La Silla Vacía.

¿Qué características tendrá ese proyecto de red social asociada al site?
Es una plataforma de conversación. No son chats, sino una especie de foros sofisticados que tienen mensajería interna. Los usuarios podrán trabajar juntos en documentos que sólo son visibles cuando ellos quieran y se publican en esa red específica. Pero la idea es que hagamos una sinergia con todo el trabajo de La Silla Vacía, que nuestros artículos alimenten esas redes y viceversa. Vamos a estar tuiteando la información que salga de allí. Cada red va a tener su propio moderador y los periodistas, según el tema que cada quien cubre, van a retomar de allí información y datos que nosotros recomendaremos en Twitter y en nuestro boletín.

¿Cuál cree que sea el mayor reto que enfrentan los medios digitales en América Latina?
El mayor reto que enfrentamos los medios en América Latina es cómo le vamos a contar a la clase media lo que quiere saber. Ha habido una explosión de la clase media. Ha crecido muchísimo y me parece que desconocemos qué es lo que quieren realmente, qué están pensando, cuáles son sus preocupaciones… y el reto es cómo le hablas a esta nueva clase emergente que crece en todo el continente. Ellos tienen acceso a Internet y están ávidos de integrarse al mundo globalizado. Cómo llegarles es el gran reto. Y, la verdad, aún no tengo la respuesta.

Albinson Linares 

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