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Febrero: cuando los pumas tiemblan de cólera; por Rodrigo Blanco Calderón

Por Rodrigo Blanco Calderón | 8 de marzo, 2014
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Fotografía de Luis Boza

 

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Para los venezolanos de las últimas décadas, febrero es el mes más cruel. El Caracazo el 27 de febrero de 1989, la intentona golpista de Chávez el 4 de febrero de 1992 y ahora la ola de protestas de febrero de 2014 confirman que es en este mes y no en abril cuando en nosotros se agita el deseo y la memoria.

El trópico hizo de Venezuela un tren insomne que no se detiene en estaciones. Sólo la sequía y la lluvia, el calor y la humedad van marcando el paso de un tiempo que tiene más que ver con el ánimo que con el clima.

Para nosotros, la primavera está más relacionada con cierto vigor colectivo que nos invade de vez en cuando, que con el florecimiento de las plantas y el reverdecer de nuestros árboles (siempre verdes). En un país de por sí agitado, en un país joven en todos los sentidos de la expresión, añadir una carga de energía puede tener consecuencias impredecibles.

Aplicada a la política, la palabra primavera parece subrayar esta relación entre juventud y arrojo. Se habla de la Primavera de Praga y de la Primavera árabe, por ejemplo. Andrea Daza Tapia, periodista venezolana radicada en Barcelona, España, se refiere en un artículo reciente a “la primavera venezolana”. Son modos de nombrar el impulso revolucionario (la revuelta) en su etapa más irascible, espontánea y honesta. Esos momentos de conmoción donde todo es capullo y promesa.

Los sucesos que se han desencadenado en Venezuela en febrero de este año, han hecho sentir a muchos no sólo la bota opresiva del gobierno militar y autoritario de Nicolás Maduro, sino el inevitable reflejo de libertad, de juventud, que semejantes fuerzas activan. En Caracas, la plaza Francia de nuevo se ha convertido en uno de los lugares claves para dirimir la eterna e injusta batalla de Goliat frente a David, del armamento de guerra de la Guardia del Pueblo y la Policial Nacional Bolivariana frente a las consignas, las barricadas, las piedras y las bombas molotov de los jóvenes.

La avenida Ávila sur, donde está ubicada la Librería Lugar Común, es la arena específica de los enfrentamientos. A la librería, que inauguramos hace poco más de un año, le ha tocado recibir su bautismo de fuego. No solemos quedarnos hasta muy tarde, de modo que seguimos los choques nocturnos, los más peligrosos, desde nuestras computadoras y teléfonos celulares.

Durante el día, en cambio, hemos sido testigos y hasta polemistas en algunas discusiones. Algunos muchachos trasnochados (literalmente) arman cada día lo que se conoce como una guarimba. Palabra extraña, pegajosa, que no sé de dónde viene ni por qué la aplicamos al acto de protesta que consiste en cerrar arbitrariamente, con escombros y basura, una vía pública o una urbanización.

Garcilaso Pumar y yo hemos intentado dialogar con los muchachos, tratando de que entiendan que la lucha por la libertad no puede ampararse en el pisoteo de los derechos ajenos. Hemos recibido respuestas agresivas, burlas, insultos y, al final, el diagnóstico inevitable: chavistas. Más que los insultos, lo que nos ha impactado es la imposibilidad de comunicarnos con ellos. Esa incomunicación puede ser síntoma de la irracionalidad o el fanatismo con que están asumiendo el conflicto, pero lo es también de un hecho no menos cierto: ya no somos jóvenes.

Apenas empezando la treintena no puedo sino ver a esos muchachos, casi niños, que nos llaman cobardes, con la fascinación, la indulgencia y el temor que tan bien captó Roque Dalton en una frase que parece un verso: “los jóvenes, bellos pumas que tiemblan de cólera”.

Uno de ellos, una muchachita hermosa e insolente, llegó a decirnos que nosotros, que llevábamos quince años oponiéndonos al gobierno, no habíamos logrado nada. Yo pensé responderle que el sólo hecho de estar ahí, de estar vivos, hablando con ella, era un mérito. En cambio, le pregunté la edad.

– 17 –me dijo.

La edad que yo tenía cuando entré a la Escuela de Letras de la UCV en octubre de 1998. Un par de meses después, Hugo Chávez ganaba sus primeras elecciones presidenciales.

La muchacha nos hizo un desplante y se fue. Yo traté de asimilar el hecho de que esta joven, que aún no es mayor de edad, ya desprecia elementos básicos de una democracia: la paz, el respeto a los derechos de los otros, el diálogo y la importancia del voto.

En los primeros días del conflicto, percibí la falta de contenido y de dirección de las protestas. Un juicio que creo compartió en buena medida la sociedad venezolana, tanto oficialista como opositora. Después, el movimiento estudiantil publicó una carta donde señalaban, punto por punto, sus objetivos. Esta carta la difundió Juan Requesens, el presidente de la Federación de Centros Universitarios de la UCV, el 21 de febrero a través de su cuenta personal en Twitter. De los seis puntos que contiene esa declaración de objetivos, los cuatro primeros son en realidad consecuencias de la represión a la protesta: exigen la libertad de todos los estudiantes detenidos; el cese inmediato de torturas y violaciones de los derechos humanos; el fin de la criminalización de la protesta y de la intimidación; el desarme de los grupos violentos que se hacen pasar por colectivos comunitarios y causan terror en la sociedad venezolana.

Los puntos cinco y seis (la necesidad de renovar y relegitimar los poderes públicos y el cese de la censura en los medios de comunicación) son los únicos que hacen referencia a problemas estructurales y de libertades públicas que apuntan a la dramática crisis que vive Venezuela desde hace años.

Al momento de iniciarse la ola de protestas (varios días antes del 12F en Táchira y a partir de esa fecha, de manera coordinada, en todo el país) se creía, como diría Joaquín Sabina, que nos sobraban los motivos. Y, en efecto, cualquier persona que viva en Venezuela o que siga de cerca su día a día, sabe que es así. Ante la nubosidad inicial sobre las metas planteadas, ya vimos que el gobierno le brindó al movimiento estudiantil unos objetivos claros de protesta al asesinar, detener y torturar a varios estudiantes.

Sin embargo, no todos los jóvenes que protestan hoy contra el gobierno de Nicolás Maduro son estudiantes. No todos ellos son mayores de edad. En los alrededores de la Plaza Francia, en Altamira, hay un sector conformado por adolescentes que no han terminado el bachillerato, por muchachos que sí lo han terminado pero aún no ingresan a la Universidad, por niños de la calle, por jóvenes que parecen haberse ido de sus casas. Un sector de la protesta, que a su vez se subdivide en distintas parcelas y que forman parte importante de los grupos de choque que se enfrentan a la Guardia del Pueblo y a la Policía Nacional Bolivariana.

Yo tuve la oportunidad de conversar con unos de estos chamos, uno de estos pumas de Dalton. A diferencia del Movimiento Estudiantil, él y su grupo, el MRA (Movimiento Revolucionario Altamira), tienen un solo objetivo de lucha, aunque muy bien definido: derrocar al gobierno de Nicolás Maduro.

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A Silvio –llamémoslo así, pues no puedo revelar su verdadera identidad– lo conocí durante uno de los llamados “pancartazos” que realizamos en la avenida Ávila sur.

Hacíamos las pancartas y pedíamos a los transeúntes que nos ayudaran a portarlas en la calle por algunos minutos. Uno de estos ayudantes era Silvio. Tomó una pancarta que decía “La protesta es en paz” y se colocó junto a mí en la acera opuesta a la librería.

Silvio tiene diecisiete años. El 12 de febrero se encontraba por la plaza y vio a un grupo de muchachos formando una barricada. Le preguntaron si quería unirse a ellos, él les preguntó por qué protestaban, ellos le explicaron y entonces aceptó. Como el comienzo de Los detectives salvajes, sólo que los jóvenes que conforman el MRA han decidido saltarse el escalón de la poesía (que nunca se plantearon) y pasar directamente a la acción.

– El MRA suena al MBR-200 –le digo a Silvio al día siguiente de nuestro encuentro, cuando me siento a conversar con él–, el que fundó Chávez.

Silvio no sabe a qué me refiero.

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Fotografía de Luis Boza

 

El Movimiento Revolucionario Altamira tiene dos tipos de actividades. Las actividades de paz y las actividades de choque. Las primeras consisten en protestar en relativa calma, con pancartas, en la calle, a veces trancándola o dejando una vía libre. Las segundas corresponden al turno de la tarde o de la noche. Todo depende de la hora a la que comience la represión.

Silvio sabe construir una bomba molotov. Sólo se necesita un poco de gasolina y otro poco de glicerina, dice, para crear la onda expansiva. Le preguntó cómo aprendió todo eso.

– La química es fácil –responde con tono sereno– y, además, yo aprendo rápido. Yo observo lo que los otros hacen y ya lo sé hacer. Tengo buena capacidad de adaptación. La gente normalmente tiene una capacidad del 30 %. Yo tengo una capacidad de 70 %.

– ¿Y cómo sabes eso?

– Me han hecho exámenes.

Silvio es bajo de estatura, delgado, con ojos verdes o azules. Tiene la seriedad de El Principito. Me impacta tanto su seguridad y aplomo que presto atención a cada palabra que me dice, tratando siempre de ver al elefante tragado por la boa y no un simple sombrero.

Quien no tenga la oportunidad de observar a estos jóvenes cada día puede formarse un juicio errado o parcial de lo que está sucediendo. Hay algunos que creen estar, al fin, protagonizando un video juego pero en la vida real. Son los que se encapuchan cuando apenas son las dos de la tarde y aún falta mucho para la contienda. O esos otros que portan su máscara de Guy Fawkes y se comportan como si hubieran sido los hermanos Wachowsky y no Leopoldo López quienes convocaron La Salida. O esos otros que fabrican escudos con láminas de zinc robadas a las construcciones aledañas tratando de imitar a los legendarios “gochos”, que pelean en Táchira, versión patria de los X-Men.

Otro de los prejuicios comunes es el socioeconómico. Por ser la plaza Altamira el espacio emblemático del municipio más adinerado de Caracas, se cree que los jóvenes que allí protestan pertenecen todos a las clases medias y altas. Muchos de ellos dicen vivir en sectores populosos como Petare, Catia o el 23 de enero, donde los grupos paramilitares del gobierno les impiden manifestarse libremente.

Silvio parece una excepción a estas categorías. Dice vivir en el sureste de Caracas, no porta ni máscaras ni escudos de zinc. Es decir: no quiere parecer un indignado europeo ni un gocho venezolano. De hecho, no se parece a nadie a quien yo haya conocido previamente. Tampoco me recuerda a mí mismo ni a ningún muchacho de su edad.

Le pregunto qué quiere estudiar.

– Ingeniería –dice.

– Y después, ¿qué quieres hacer?

– Ir a Rusia a especializarme en Ingeniería de Armamentos.

El gusto por las armas le viene por un tío que trabaja en la Marina de los Estados Unidos.

– El armamento es fácil –repite. Me interesa como conocimiento, como práctica y acción.

Al preguntarle por su familia, me dice que se la pasan preocupados por él. Sus familiares están en Estados Unidos. Se mudaron hace un año y vive solo.

– ¿Por qué te quedaste?

– Yo quiero estar aquí. Éste es mi país.

En este punto, le aclaro que para poder escribir este texto debo hacerlo creíble. Le confieso que muchas de las cosas que me dice puede que no sean verosímiles para los lectores. Silvio asiente, me entiende, pero tampoco trata de convencerme.

– ¿Cómo te ves dentro de diez años?

Silvio se toma unos segundos para reflexionar.

– Aquí. Como profesor, tal vez, enseñando lo que aprendí.

– Pero si eres ingeniero de armamentos, muy probablemente tengas que trabajar para el gobierno. ¿Cómo harías?

Silvio se queda pensando.

– Vería si el gobierno del momento me convence. Si no, trataría de tumbarlo con mis conocimientos.

Cuando busqué un nombre para él pensé inmediatamente en Silvio Astier, el joven protagonista de El juguete rabioso, la primera novela de Roberto Arlt. Ahora pienso en Augusto Remo Erdosaín y su terrible afirmación en Lossiete locos: “Sí, algo aprende uno para tratar de destruir la sociedad”.

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Pero tampoco hay que alarmarse. Es difícil determinar cuánto hay de disposición verdadera y cuánto de pose en lo que dice Silvio. Cuánto responde a un genuino hastío contra el gobierno y cuánto a la simple, pero no menos peligrosa, efervescencia de la tribu.

Otro de los muchachos de la guarimba afirmaba estar cansando de la inseguridad, incluso dentro de las universidades. De su propio bolso, le robaron la computadora y la tesis. De hecho, las protestas estudiantiles originadas hacia el 4 de febrero en San Cristóbal, estado Táchira, tuvieron que ver con la violación (o el intento de violación, según otras fuentes) de una estudiante en el recinto universitario. Ese mismo muchacho también se quejaba de que por la inseguridad no podía salir en las noches a rumbear.

Según el Observatorio Venezolano de Violencia, en 2013 un total de 24.763 personas fueron asesinadas. Baste ese número (también podríamos hablar de las espeluznantes estadísticas de robos y secuestros) y el de la impunidad (92 % de casos no resueltos) para entender el estado de sitio que se vive en Venezuela.

En 1998 yo y mis amigos salíamos de la UCV por Plaza Venezuela, parábamos en el Cordon Blue a tomar las primeras cervezas y luego caminábamos por Sabana Grande hasta llegar al O’Gran Sol o hasta El Maní es así. Bailábamos toda la noche, para después salir a las cinco de la mañana a buscar una arepera de la avenida Solano donde desayunar. Ya en ese entonces la caminata tenía su dosis de riesgo y aventura. Éramos libres y no lo sabíamos.

Los jóvenes venezolanos de ahora no tienen esa posibilidad. O se la ganan jugándose un numerito en la ruleta rusa de la violencia urbana. Además de las otras reivindicaciones, esto también es un fight for your right to party donde el gobierno hace de terrible padre castigador.

Si uno ve el aspecto de la plaza Altamira estos días, encuentra desolación, destrucción y podredumbre. La guerra ignorada que hemos vivido los últimos quince años revela al fin, en el espacio público, se rostro viejo y descascarado.

Después del mediodía, la guarimba deviene barricada. Se hace oficial el bloqueo de las vías con basura, alcantarillas volteadas y alambres. La plaza empieza a llenarse de gente. Los que de verdad van a enfrentarse a las fuerzas del gobierno refuerzan las barricadas, derriban los muros de una construcción cercana que pecó en morosidad, suben y bajan desde la avenida Francisco de Miranda hacia el Distribuidor Altamira, donde se apuesta la Guardia del Pueblo y la Policial Nacional Bolivariana, para chequear las posiciones del enemigo.

También se puede ver a hermosas muchachas con sus respectivas gorras tricolor paseando a sus perros por lo que se ha convertido en el lugar de moda del este de Caracas. Los no tan jóvenes aparcan sus motos en el comienzo de la avenida Luis Roche. Si por misteriosos designios el gobierno decide no reprimir con saña ese día, uno puede merodear por la plaza hasta el final de la tarde y sentir que se está en un pueblo y no en Caracas, en el pasado y no en el presente.

En un sentido, la guerrilla que practican estos jóvenes busca reconquistar los espacios que la delincuencia y la inocultable crisis económica les ha quitado. Sólo que lo han conseguido con resistencia, violencia y sacrificios: dieciocho personas asesinadas, más de mil estudiantes que han sido detenidos, decenas de ellos torturados, algunos incluso violados con el cañón de un fusil. Lo han conseguido por ahora y no por mucho tiempo.

Cuando le pregunto a Silvio si está consciente de que esta lucha no puede terminar bien ni durar para siempre, me dice que sí.

– ¿Qué piensan hacer en el MRA cuando todo esto pase?

– No sé. Supongo que nos seguiremos viendo como amigos –dice.

Entonces decido creer todo lo que me ha contado. Entiendo por qué se unió un día cualquiera a este grupo de choque, por qué acepta sin dramatismo la posibilidad de morir o matar.

A mi generación le tocó ser testigo del cambio de siglo, de la polarización del país y del surgimiento de una nueva religión política. Vimos familias separarse, amistades romperse, el chispazo inicial de rencores que prometen la combustión infinita del petróleo. Nos tocó vivir esto, pero al menos tuvimos la posibilidad de ver y comprender cómo sucedió.

A la generación de Silvio, en cambio, les tocó el infierno directo, sin caída, sin mitad de camino recorrido, sin explicación.

Quizás por eso han resonado en sus oídos los consejos del zorro, quizás por eso se han dejado tentar por el seseo de una nueva revolución. Creen que su sibilina mordedura los puede llevar de regreso a un imposible asteroide y a una imposible rosa, como han creído otros antes que ellos: los mismos que ahora son sus verdugos, por ejemplo.

Rodrigo Blanco Calderón 

Comentarios (40)

Fco Javier Márquez Y
8 de marzo, 2014

Excelente! Bien escrito, ligero y agradable de leer. Un relato aleccionador. Sin embargo, debo comentar que muy a despecho de mi ya caduca generación, que este torbellino juvenil, al que todos queremos darles sentidos y objetivos profundos y trascendentales, que sean más digeribles para nuestra madurez, y que ni el mismo Bakunin se imaginó, no es más que la inconformidad de los jóvenes ante la pérdida de sus vidas. La rebeldía ante la carencia de un presente imposible para ellos, pero real y tangible para otros contemporáneos, la rebeldía ante la imposibilidad de un futuro accesible y para el cual se preparan… Silvio, por lo que cuentas, tiene aspiraciones concretas: ser ingeniero de armamento. Si me hubieran preguntado a los 17 años qué quería ser, también hubiera dicho simplemente, médico… Él quizás no podrá explicarnos las diferencias conceptuales entre el Liberalismo y el Socialismo, no podrá decirnos si la historia es un proceso lineal en busca de una verdad definitiva o si es la consecuencia de circunstancias que condicionan la acción humana, no. Él simplemente sabe que en las condiciones en que vive y el inmutable futuro que vislumbra, no es lo que se merece y se rebela. Su guarimba es afrenta a la sociedad por un futuro que le arrebatamos, bien porque mi generación fracasó, bien porque tuvimos éxito, pero nuestro éxito no es su concepción. Abramos paso a la juventud que se levanta! Por cierto, tú que tan bien escribes y que eres un poco menos joven que Silvio, aún estás a tiempo de contribuir a que los guarimberos que batallan enfrente de la librería, encuentren un cauce adecuado a toda la energía que gastan en una admirable, justa y vibrante batalla. Escribe, escribe mucho, que los vas a ayudar.

Fco Javier Márquez Y

Aquiles Baez
8 de marzo, 2014

Excelente cronica de una realidad del presente, una lección de lo que está aconteciendo. Ustedes en LC han sigo testigos de lujo en esta historia, que esperemos poder contarla. Un abrazo

francisco andamir
8 de marzo, 2014

Muchas gracias Rodrigo por compartir tu privilegiado “vantage point”. Muy bien dotado por cierto de voz narrativa. No te resbalaron los años en la casa se Adriano.

Vengo exponiendo a tetravento justo lo que destacas en tu crónica. Que esta gesta no es de nadie que haya nacido antes de la perestroika. De ellos serán la sangre y el sudor, nuestras las lágrimas y luego nuevamente de ellos el éxtasis del triunfo.

Ernesto Pacheco
8 de marzo, 2014

En realidad, Rodrigoo , un poco bastante más viejo que tú, concido plenamente con lo que me dijo Manuel Barroso en una Conferencia hace 7 años en la sede de CAPEMIAC VAlencia: “Todos llevamos a 1 Chávez en la cabeza”. Silvio tenía razón.

Silvia Hernandez
9 de marzo, 2014

Excelente articulo! pienso que debe darcele Publicidad!

Gustavo Chuecos V.
9 de marzo, 2014

Excelente relato, por su manera de contar la historia, más no por lo que nos cuenta. Aceptar, lo que ya sabíamos, que los “guarimberos” tienen más de irracionalidad y necesidad juvenil, que de reivindicaciones sociales y políticas. Claro, no generalicemos, no debemos ser tan egoístas ni tan racionales.

Cesar Barillas
9 de marzo, 2014

Todos hemos sido chamos. Que buena radiografia de estos de hoy! Gustenos o no.

yolanda pantin
9 de marzo, 2014

gracias rodrigo por presentarnos a silvio, de otra forma no lo hubiese conocido. muy bella y muy triste crónica de estos días.

Henrique Mendez Ll
9 de marzo, 2014

Muy importante experiencia. Dramática prueba del estado de “abandono” cultural y de formación en se encuentran nuestros jóvenes, incluyendo a los casi treintones. Falta de formación política y cívica. Hay algo q venimos haciendo muuy mal hace algún rato! Un país que no tiene idea cómo formar y por lo tanto orientar a sus jóvenes está condenado al fracaso! Saludos cordiales

Carlos
9 de marzo, 2014

Excelente lectura, desde un punto de vista critico, novelista y como quien dice, del que le gusta leer. Pero, a quien le interesa ese angulo del asunto en estos momentos, ¿No? …

Hay un par de cosas que escribiste que sinceramente, son puntos importantes dentro de todo lo que esta sucediendo. Cito: ” En un sentido, la guerrilla que practican estos jóvenes busca reconquistar los espacios que la delincuencia y la inocultable crisis económica les ha quitado “. Esto para mi, es una esperanza que creo que sera la manera en la que sanara el insomnio cívico que vive gran parte de la sociedad Venezolana… ¿A quien no le gustaría el paraíso cuando nunca antes lo ha conocido o incluso, a quien lo ha olvidado?.

Había escrito otro comentario pero tristemente, se borro al enviarlo y no cargar la pagina. Gajes del internet, supongo… Reafirmo, excelente lectura, gracias por compartirla. Saludos.

Alicia Armand
9 de marzo, 2014

Bella cronica,muy bella. Dejemos a Silvio dibujar su propia rebeldia que no es la de nosotros ni la de nadie mas…..es otra , nueva ,distinta ……un nuevo estilo en rebeldia.

nelson de la rosa
9 de marzo, 2014

Muy buena lectura, muy buen escrito…soy de una generacion anterior aun a la suya..la del allanamiento de la UCV etc,que indudablemente,aun con sus problemas vivió una juventud con menos zozobras que la que viven nuestros jovenes y la sociedad en general hoy día..como dicen por ahí “Eramos felices y no lo sabiamos”…Desde el comienzo del regimen chavista hemos intentado lograr con las vías que nos otorgaba la crecientemente secuestrada democracia manifestar nuestra inconformidad..creiamos en el dialogo..ya hemos dejado de creer en el como han dejado de creer nuestros jovenes que sacrifican hoy sus mas hermosos días por nuestros errores y falta de acciones contundentes del pasado…no se si lgraran triunfar pero no veo a la nación otro camino para recuperarla.la alternativa es la total sumisión

Rossana
9 de marzo, 2014

Rodrigo: he tenido la oportunidad de leerte un par de veces, somos de la misma epoca y si mal no recuerdo del mismo colegio. Es muy intersante, pero no por ello duro, ver a traves de tus ojos, usando relatos que han marcado mi vida lo complejo de la situacion que vivimos actualmente los que decidimos seguir habitando estas calles. Increible las diferentes realidades que se viven aun estando en la misma ciudad. Mi peor pesadilla es que, tal y como nos hemos ido acostumbrando a cada giro inesperado, pero paulatino de la tuerca, nos acostumbremos a vivir asi. Si llegas a leer mi comentario saludos…

Pedro Pérez
9 de marzo, 2014

Dios bendiga a Silvio.

Alida cevallos
9 de marzo, 2014

¡Excelente ,excelente, excelente! Especialmente dedicado a los que todavía creen que estos jóvenes sólo reaccionaban al llamado de líderes políticos y no a la rebeldía inherente a sus jóvenes corazones y a sus ideales de vida.

Luis Mejias
9 de marzo, 2014

Sr. Rodrigo su artículo me parece interesante y un aporte para la reflexión. Con mucho respeto por su esfuerzo intelectual me permito puntualizar que su ultimo párrafo le resta respeto a sus entrevistados al insinuar la posibilidad de que recorran el sendero de sus actuales verdugos. Le pido a Dios que le dé sabiduría a las nuevas generaciones para comprender que el poder envilece cuando no existe conexión espiritual y nos permita comprender a quienes ya no somos tan jóvenes que tenemos mucho que aprender de ellos, en nuestra constante curva de aprendizaje, por cierto yo tengo casi el doble de su edad Sr. Rodrigo.

Rodrigo Blanco
9 de marzo, 2014

Muchas gracias a todos por su lectura y sus comentarios.

Luis: no es una falta de respeto. Es, como lo señala, la insinuación de una posibilidad. Eso es todo. Sin ir muy lejos, Jaua fue un guarimbero quemacauchos. Mi interés no es dar un cheque en blanco a estos jóvenes. Es tratar de entenderlos en este momento, sin condenarlos de antemano pero también sin idealizarlos.

Rossana: Marlene?

Abrazos a todos.

gabriel mendez
9 de marzo, 2014

Te felicito, excelente escrito, por un momento pensé que era una novela, y desperté era sobre estos días difíciles que vivimos, sabremos que pasara con silvio.

Wolfgang U. Molina
9 de marzo, 2014

Estos muchachos han descubierto la verdadera naturaleza de la lucha, la tesitura sanguinaria del régimen, su osadía para someternos, la perversidad de sus polizontes y el horripilante destino que les espera si no luchan ahora. Se han dado cuenta que un pueblo hambreado, sometido y aterrorizado priorizará la supervivencia antes que la democracia, y que el haber postergado este momento no ha hecho sino fortalecer a la dictadura. Han descubierto que la realidad es terrorífica y que la determinación para luchar es su única arma. Si nosotros estamos derrotados y listos a la sumisión que algunos llaman paz, ellos tienen derecho a construir algo mejor. No tenemos derecho a robarles sus ganas de luchar, lo digas en verso o en prosa. Menos mal que a esa edad pesa más lo que puede ser que lo es.

Wolfgang.

dante canoura
9 de marzo, 2014

¡Excelente vivencia y gran reflexion amigos, ¡Estamos con venezuela!

José Bianco
9 de marzo, 2014

Son, nuestros pumas encolerizados, la más honesta y genuina expresión de una sociedad hastiada de abusos y confiscada de futuro; los que prestidigitan lo que muchos creen imposible, lo que muchos hemos pospuesto, siendo nuestra obligación, con ellos, con nosotros mismos, con la tierra que nos parió y nos dio la oportunidad de ser lo que somos. No tienen miedo porque a su edad el miedo y la amenaza mayor es a la prohibición de soñar, de disentir y de transitar la vida cual pájaros, sin jaulas, físicas o ideológicas. Pero son también, y sobre todo, una expresión dolorosa de nuestros pecados de acción y de omisión, de nuestra apatía, de nuestra vida muelle, de nuestra falta de profundidad y compromiso; son, muy probablemente, los que terminen sacándonos las castañas del fuego, o al menos la chispa vital para ello. Es corto el tiempo para decidir si les otorgamos un valor superior al literario y nos unimos a su rugir para truncar una historia que nos ofrece, sin lugar a dudas, la ruina absoluta de nuestro país o si seguimos esperando una nueva generación de mártires.

Iruña Urruticoechea
9 de marzo, 2014

Faltó febrero 2004. En las fotos de febrero: http://urru.org/fotos_2004_index.htm podrán recordar los mayores, y enterarse los jóvenes.

Patricia
9 de marzo, 2014

Exelente!!!!!

Karina Longa
10 de marzo, 2014

Felicitaciones por el artículo, me transporte a mi época de universitaria, a las luchas que teníamos en nuestra Ucv, ha muchas situaciones, me trasladaste con esta crónica. Hoy día vivimos una realidad, donde nuestros jóvenes son los protagonistas, realidad distinta a la nuestra, pero no menos importante, con ese arrojo característico de los jóvenes.

Luis Mejias
10 de marzo, 2014

Rodrigo que interesante comentario, ciertamente como mencionas … “Jaua fue un guarimbero quema cauchos”… ahora convertido en verdugo genocida. Estoy convencido que la causa de esa transformación de Jaua no es el resultado del olor a caucho quemado que pueda haber inhalado , creo que la explicación puede encontrarse en su desconexión espiritual y ausencia de amor por el prójimo, que le hizo presa fácil para envilecerse ante las mieles del poder, que corrompe ágilmente a quienes no comprenden que el poder es para servir y no para service a través de la corrupción material y moral. Le pido a Dios que le dé sabiduría a las nuevas generaciones para que su nobleza y perseverancia vaya acompañada de conexión espiritual e intelectual para que sus niveles de conciencia se eleven por el bien de la Patria y de la Humanidad. Por otro lado para derrotar la dictadura actual en Venezuela debemos comprender que todas las formas de lucha y organización serán necesarias, el reto es articularlas y una vez derrotada, la dictadura, el reto será sanar las heridas enfocados en los intereses y necesidades colectivas y no en las posiciones, creando una visión de país con el concurso de todos. Muchas gracias Rodrigo por tus aportes.

Yraida Miranda
10 de marzo, 2014

Hola mi estimado Rodrigo! Excelente narración de los hechos, excelente vivencia. Un abrazo desde el estado en el que han temblado muchos pumas más, Carabobo!

Jacobo Sarevnik
10 de marzo, 2014

La historia de Silvio y sus compañeros sería, en unos años, una excelente película realizada por Marcel Rasquin, por ejemplo. Excelente crónica, aunque deja un cierto sabor amargo en la boca

Nacho Troconis
10 de marzo, 2014

Si fuera un joven de 17 años desconfiaría absolutamente, ante tamaño desastre, de cualquier pure de la generación anterior nacida entre los años 50 60 70. Que vergüenza de generación, nos dejamos quitar el país por los viejos pervertidos Castro. Vivan los Estudiantes!

Maoli Natera
11 de marzo, 2014

TREMENDA PERSPECTIVA EN TU ARTICULO, EN CADA LINEA CONSTATE QUE TRAVÉS DE LA LECTURA PODEMOS RELACIONAR LOS HECHOS DE NUESTRA COTIDIANIDAD Y MUCHA VECES HACER LA REFLEXIÓN EN CUANTO A LA MORALEJA, CAÍ EN CUENTA QUE TAL VEZ UN CUENTO DE FICCIÓN PODRÍA GUARDAR EN NUESTRAS MENTES SEMEJANZAS CON LA REALIDAD Y QUE TAL VEZ EL DESENLACE DE NUESTRA PROPIA HISTORIA PODRÍA TERMINAR COMO EL PEOR CUENTO DE TERROR NUNCA ANTES LEÍDA, QUE SI EXISTEN LOS HÉROES Y QUE SOMOS PARTE DE TODO ESTO … POR OTRA PARTE ESTOY FASCINADA CON TU FORMA DE DESCRIBIR A “SILVIO” ADMITO QUE HASTA PROVOCA CONOCERLO… NUESTRA GENERACIÓN DE RELEVO TIENE LA VOLUNTAD Y ME PARECE QUE NOSOTROS YA CON TRES DÉCADAS ENCIMA TENEMOS LAS HERRAMIENTAS..

Magly Bello
11 de marzo, 2014

Rodrigo, tu artículo esta muy bien de forma, bien redactado. Queda muy claro para el lector tu erudición a través de tus referencias bibliográficas etc, etc, etc. En cuanto al fondo, te cuento que me dejó un mal sabor de boca. Senti un sutil menosprecio y una franca desvalorización por la lucha que fraguan nuestros estudiantes, por cierto, que mal educada la chica que te dejó filosofando solo mientras ella estaba ocupada a lo mejor, preparando bombas monotox para defenderse en una de esas guarimbas , que como comentas, invaden y destrozan los espacios públicos, como se dice popularmente, que falta de Des-consideración.

Por otra parte refieres que, mejor te copio:

“Quien no tenga la oportunidad de observar a estos jóvenes cada día puede formarse un juicio errado o parcial de lo que está sucediendo. Hay algunos que creen estar, al fin, protagonizando un video juego pero en la vida real. Son los que se encapuchan cuando apenas son las dos de la tarde y aún falta mucho para la contienda. O esos otros que portan su máscara de Guy Fawkes y se comportan como si hubieran sido los hermanos Wachowsky y no Leopoldo López quienes convocaron La Salida. O esos otros que fabrican escudos con láminas de zinc robadas a las construcciones aledañas tratando de imitar a los legendarios “gochos”, que pelean en Táchira, versión patria de los X-Men.”

Si esto no es una burla colega, se parece igualito…….

Y por último, me encantaría conocer al verdadero Silvio. Estoy segura de que se trata, como la mayoria, de un joven valiente con ideales y ambiciones concretas, con padres presentes y no unos irresponsables que dejan solo a un hijo en una ciudad como Caracas, digo que, si te llego confusa el resto de la experiencia a lo mejor con Silvio también te perdiste algo.

Ojalá tuviera una chequera inmenza y no te digo cheques en blanco, les regalaría un futuro en color rosa que les dejara vivir un poco de esa juventud que hoy ponen en riesgo por su país.

Mariana Martín
11 de marzo, 2014

Rodrigo, excelente artículo. Muy duro, si, y más que duro aterrador por lo cierto. En lo personal, me ayuda a tener perspectiva de que aunque yo también soy muy joven, esta nueva generación no es la mía, sino más bien la mía está un poco mezclada con la de ellos y el infierno de ellos ha sido realmente mucho peor.

Manuel
13 de marzo, 2014

Sólo puedo decir, que es mucho más deseable la conducta rebelde que la esperada resignación del “buen ciudadano”. No importa si los motivos esta “claros”, una cosa es cierta, es más ético, más “moralmente correcto” (no sé si la frase es correcta) intentar una guerra aunque sepas que tu enemigo prevalecerá, que vivir con la cabeza agachada, soportando el peso muerto de la resignación y la mediocridad enfermiza del “esto es lo que hay” o el “así nos tocó vivir”.

Si alguien tiene mejores ideas, o mejor, si alguien tiene IDEAS sobre cómo salir de la crisis, que las diga, pero sin diagnósticos… todos sabemos de que se trata vivir en Venezuela. Mientras tanto, ¡a arrecharse, que llorar nos queda feo!

Rodrigo Blanco
14 de marzo, 2014

Magly: si mi intención hubiera sido burlarme de estos jóvenes no me hubiera tomado el trabajo de conversar con ellos, entrevistarlos y tratar de entenderlos. Pero cada quien lee lo que quiere leer y es obvio que desde el principio del artículo tú tenías muy claro lo que querías leer.

Por otro lado, no creo que mencionar dos o tres autores o escribir con mínima corrección sea un ejemplo de “erudición”.

En fin, te invito a que entonces hagas el esfuerzo de conversar con algunos de estos Silvios y obtener tu propia versión de las cosas. Aunque si estás tan segura de todo, puede que ni sea necesario salir al mundo para comprobar en, efecto, es exacto como nuestro ombligo.

Saludos

R

Germán A Blanco F
14 de marzo, 2014

Soy mayor de 70 años; en mi niñez y tempranísima juventud solíamos jugar Gargaro, muy común y conocido de la época; consistía en un grupo que determinaba cual sitio era la Guarimba o guarida; alguien trataba de agarrar o tocar a cualquiera del grupo en juego pero si este lograba llegar a la guarimba,se libraba del trabajo de entonces como castigo, tenía que perseguir a los demás. Así hasta que se terminara el juego por cansancio

Luis Mejias
15 de marzo, 2014

Magly, Rodrigo, Silvio y … “muchachita……insolente”……(cito a Rodrigo) para mi Valiente y digna de todo mi respeto, al igual que Silvio, y todos aquellos que arriesgan su vida por derrotar a la dictadura.

Es momento de comprender que la unidad de aquellos que enfrentamos el régimen es indispensable, las pancartas de Rodrigo lo son y agregan valor, el enfrentamiento frontal de aquellos que arriesgan sus vidas contra las balas asesinas y las torturas de la dictadura son una forma de lucha legitima ante un desgobierno ilegitimo, la noble defensa de Magly de nuestros héroes de Altamira es indispensable, todos somos indispensables, incluso los que luchan un día, todos somos necesarios para conquistar la Libertad y la Democracia.

Estamos enfrentando una Dictadura dirigida por los asesinos Castro que no les ha importado someter a su pueblo a la miseria para ellos perpetuarse en el poder, esta dictadura sólo caerá articulando todas las formas de lucha y organización, las legales, ilegales, pacificas y violentas, así caen las dictaduras no de otra forma, mi invitación es a articular y organizar nuestras formas de lucha, con la claridad que los enemigos no somos nosotros, es el régimen, vamos a unirnos independientemente de nuestras diferencias.

Y preparémonos porque un vez derrotada la dictadura el reto será sanar las heridas para construir un país que nos incluya a todos, comencemos uniéndonos nosotros contra la dictadura.

Invito a evitar descalificarnos, concentrémonos en nuestros intereses y necesidades que son derrotar al régimen, y no nos enfrasquemos en nuestras posiciones.

Le pido a Dios que nos dé sabiduría para unirnos y en nuestra articulación de la lucha siempre sumar.

Fraternal saludo y gracias Magly, Rodrigo, Silvio, respetada y valiente joven de 17 años y Germán, que entiendo que a tus 70 invitas a que no nos casemos como cuando tu jugabas.

Jaime Reverón
17 de marzo, 2014

Cuando era niño, en aquellos finales de los 50 y los 60, grupos de muchachos solíamos jugar a la “ere”. De alguna manera se seleccionaba al primer ere del juego que debía correr detrás de los demás para atrapar al que se convertiría en el siguiente ere. Como uno de los elementos previos al juego, se seleccionaba cuál sería LA GUARIMBA, una pared, un poste de luz, por ejemplo. LA GUARIMBA era el lugar donde guarecerse para evitar ser tocado y ser convertido en ere; era una especie de escondite para escapar de ser ere. Ese ha de ser el origen de la cotidiana GUARIMBA, pero mal interpretada, lejos de protegerse en éstas, la han convertido en barricadas tras las cuales arriesgan su integridad física y su libertad para seguir GUARIMBEANDO.

Rodrigo Blanco
18 de marzo, 2014

Luis: el objetivo de cualquier texto crítico no es generar consensos obligatorios. Si Magly o quién sea siente que falto el respeto de los personajes, tiene el derecho a señalarlo. Del mismo modo que yo tengo el derecho de responder cuando siento que, por fallas evidentes de mi texto, debo aclarar algún punto.

El llamado a la unidad en espacios de discusión me parece que sobra. De lo que se trata aquí es de confrontar ideas. Lo mismo con respecto a las supuestas descalificaciones. Prodavinci cuenta con un consejo editorial que modera los comentarios. Permite las críticas y las “contra respuestas”, siempre en un marco de respeto. Esa moderación debería bastar.

Discutir es sano.

Saludos,

R

Luis Mejias
23 de marzo, 2014

Rodrigo el llamado a la unidad nunca sobra y menos cuando se desea construir una solida unidad para enfrentar un régimen dictatorial, es unidad basada en intereses y necesidades, la unidad no es un consenso obligatorio (eso no lo he dicho yo), es simplemente y grandiosamente eso, unidad, desde las bases, sumando.

Y claro que discutir es sano, siempre que se comprenda que en este momento el fruto de la discusión tiene proyección histórica y el compromiso es con la Libertad. Y en mi llamado a la unidad hago uso del derecho que esta confrontación de ideas me otorga.

Mi llamado es a la unidad y a reivindicar todas las formas de lucha y organización (pacificas, violentas, legales e ilegales) para derrotar la tiranía.

Unidad, organización y articulación de todas las formas de lucha y organización.

joe
17 de abril, 2014

No me parece un tipo pacifico y muchos menos humilde entonces me pregunto q valor tiene si practica la violencia y le gusta mas la guerra q la paz y el amor, cosa q practicaba Jesús el hombre mas grande de la tierra. La violencia es el arma de los q no tienen razón, mucho menos cuando se dejan manipular, son seres sin principio

Luis Mejias
19 de abril, 2014

Joe a quién te refieres ? Será a la dictadura de los Castros o a la de Maduro y Diosdado ? A los colectivos armados y asesinos ? Al Sebin, la guardia o la policia ?

Ciertamente Jesús, Dios hecho hombre y resucitado es el más grande y el mejor ejemplo a seguir. Y a Él le pido que nos dé sabiduría para conquistar la libertad y bienestar social utilizando todas las formas de lucha y organización, pacíficas, violentas, legales e ilegales para derrotar la dictadura. Sabiduría para organizarnos y articular nuestras luchas.

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