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El país del sálvese quien pueda. Sobre el asesinato de Mónica Spear y Henry Berry, por Boris Muñoz

Por Boris Muñoz | 7 de enero, 2014

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El asesinato a mansalva de la actriz y Miss Venezuela Mónica Spear y su esposo Henry Berry, quienes junto a su hija hacían turismo en su propio país, es un motivo de duelo profundo para sus familias y para todos los venezolanos que, dentro y fuera del territorio nacional, no han perdido la sensibilidad ante la indefensión y los horrores que padecen quienes hoy viven en Venezuela. Estas muertes, gratuitas y desgarradoras, ponen el acento en el fracaso de las políticas de seguridad del gobierno chavista y de su cruzada —cacareada a todo dar por los medios gubernamentales— para relanzar el turismo nacional. Pero son también un síntoma alarmante del fracaso de Venezuela como proyecto nacional.

A finales de 2013, el ministro del Interior y Justicia, Miguel Rodríguez Torres, sostuvo que el índice de homicidios se había reducido en 17.3% con 39 asesinatos por cada 100 mil habitantes, en contraposición con el índice los 79 por 100 mil ofrecido por el Observatorio Venezolano de la Violencia. Las cifras del ministro, contrastadas con una instancia independiente cuyos números, sin embargo, tampoco son los más confiables, suenan fantasiosas, sobre todo porque él tampoco reveló el número de homicidios. ¿A quién creerle? ¿Al OVV o al ministro? O más bien, ¿cuán relevante puede resultar este dato, cuando lo innegable es el estado de indefensión en que se encuentran los venezolanos y lo incompetente que ha sido el gobierno durante los últimos tres lustros para ejercer el monopolio de la fuerza, contener la epidemia de violencia social y garantizar el derecho a la vida?

El primer enemigo de este problema es el cinismo oficial a la hora de abordarlo. No hay que ser un memorioso para recordar las patéticas carcajadas de burla de Andrés Izarra, a la sazón ministro de Comunicación e Información, durante un debate televisivo en CNN con Roberto Briceño León. En aquella ocasión Izarra dijo que se moría de la risa con las cifras ofrecidas por Briceño León. Ayer, en televisión, el hoy ministro de Turismo, seguía restándole importancia a la epidemia criminal diciendo que la violencia venezolana era más fácil de resolver que la colombiana. No es extraño que esta misma mañana, después del bofetón de realidad que significa el vil asesinato de esta joven pareja, varios voceros oficiales hayan salido a vociferar vacías condenas a la violencia y prometer castigar “con todo el peso de la ley” —¿cuál ley?, cabe preguntarse— y “mano dura” a los culpables. Este onanismo mediático, sino fatal del fracaso de cualquier aspiración revolucionaria, se expande como un cáncer de arriba abajo del sistema policial y de justicia.

Hace seis años le hice una larga entrevista a Soraya El-Achkhar, en aquel entonces secretaria de la Comisión Presidencial para la Reforma Policial (Conarepol), luego promotora de la Policía Nacional Bolivariana y hoy rectora de la Universidad de Estudios Policiales. El-Achkhar confesaba con consternación la ausencia de voluntad política dentro del gobierno de Chávez para resolver los enormes déficits en materia policial. En un tono íntimo, casi confesional, pero siempre hablando on the record, me dijo que en materia de seguridad los venezolanos “estábamos en las manos de Dios”. Si esto era así hace cinco años, en el presente, cuando solo Honduras y Jamaica, dos de los países más pobres del continente, nos disputan el primer lugar en homicidios en la región, estamos claramente varios pasos más allá de la muerte de Dios. De hecho, Venezuela es hoy un país del sálvese quien pueda.

Al menos así lo han constatado los investigadores más serios de la violencia, como la socióloga Verónica Zubillaga, quien en un interesante artículo de hace un año en la revista Nueva Sociedad, abordaba una de las paradojas más inquietantes de nuestra violencia urbana: a pesar de la disminución de la desigualdad, el mejoramiento de los índices de pobreza y la inclusión social en el gobierno chavista, la tasa de homicidios seguía creciendo de modo imparable. Al referirse a Caracas específicamente, Zubillaga era lapidaria: la ciudad había pasado de la “ciudadanía del miedo”, tal como la designara Susana Rotker en 2000, a la “anti-ciudadanía del duelo”. Y concluía que sin una institucionalidad fuerte, políticas policiales efectivas y amplios acuerdos básicos, que abarcan lo social y lo político, la violencia seguiría su curso.

Pero ninguna de estas apreciaciones técnicas, por sensibles que sean, dan cuenta del miedo, dolor y el desgarro en que viven cientos de miles de familias venezolanas, como las familias de Mónica Spears y Henry Berry.

Conozco desde hace muchos años a Thomas y Carol Berry, padres de Henry. Su caso es profundamente desolador. Ambos abandonaron su Inglaterra natal hace más de cuarenta años, cuando Venezuela era un país que lo prometía todo a propios y foráneos. Tom, que es un matemático brillante, pasó literalmente toda su vida enseñando a jóvenes venezolanos en la Universidad Simón Bolívar. Carol fue maestra de escuela y, al retirarse de la docencia y siguiendo un fuerte deseo por mejorar la situación del país, se dedicó a la organización vecinal. Ambos son, por hecho y por derecho, tan venezolanos como cualquiera nacido en Apure o en Catia. Tanto así que, a pesar del deterioro inenarrable que en las últimas tres décadas ha sufrido la calidad de vida de muchos venezolanos de clase media como ellos, decidieron permanecer en el país donde habían echado raíces y criado a sus hijos. Ese amor lo transmitieron a sus hijos. No en balde, durante muchos años Henry Berry, un joven muy apuesto, sensible y carismático, se dedicó a promover el turismo de aventuras en Venezuela, cuyo territorio conoció en sus esquinas más remotas. Fue ese amor por el país que se lleva adentro, sin importar donde uno esté, lo que lo hizo a volver desde Miami para, junto a su joven esposa y su hija de cinco años, aventurarse una vez más en esta Venezuela sórdida e indómita, que le pagó a él quitándole la vida y, a sus padres, arrebatándoles lo que más amaban.

No conocí a Mónica Spear, pero todas las noticias que supe de ella la pintaban no como una diva de telenovela promedio, sino como una mujer sencilla y jovial, dotada con una potente belleza telúrica y con los pies en la tierra. Y eso es precisamente lo poco que se puede ver en sus videos recientes divulgados en las redes sociales, que expresan el apego hacia el terruño y el orgullo del paisaje venezolano.

Pese a que sus protagonistas tienen un rango excepcional de personajes casi arquetípicos como formas del “sueño venezolano”, el problema de estas muertes es su carácter no excepcional. Fueron Mónica Spears, una Miss Venezuela, es decir, alguien que, en teoría, debe encarnar lo mejor de nuestra idiosincrasia y lo más bello del país, y Henry Berry, quien encarnaba la legendaria hospitalidad que alguna vez hizo a Venezuela una tierra de gracia. Pero su historia es una historia tristemente común: la de una familia —cualquier familia— que toma unas vacaciones en el país que ama porque lo lleva adentro y es vilmente asesinada a sangre fría. Ésta es la historia de las casi 25 mil familias que perdieron algún ser amado en 2013, de las más de 150 mil familias que han perdido a los suyos en los últimos tres lustros. Hoy su hija queda huérfana de padres y sus padres quedan huérfanos de hijos. Y ésa es una desgarradura con la que ningún país puede aspirar seriamente a construir a un futuro mejor.

Por eso, Mónica y Henry son el emblema de todo lo que anda mal y debe cambiar en Venezuela. Sus muertes representan el fracaso de Venezuela como sociedad. ¿Pero cuántas de ellos hacen falta para producir ese cambio? Que el luto se transforme en indignación, la indignación en organización, la organización en acción, la acción en rebeldía, la rebeldía en fuerza y esa fuerza en cambio.

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Boris Muñoz 

Comentarios (24)

jose
7 de enero, 2014

Y aqui se olvida rapido, la masacre de la GN a una Señora y a sus hijas, ya se olvido … http://www.lapatilla.com/site/2013/07/05/madre-e-hija-mueren-acribilladas-por-guardias-nacionales/

Gladys
7 de enero, 2014

Boris, que ternura y que bellos sentimientos derrochas en cada palabra. Tenías que hacerlo porque así fuiste siempre. Hace unos segundos ·

IRIS
7 de enero, 2014

SR BORIS MAS ACERTADO NO PUEDE SER SU ARTICULO , ME TOME LA LIBERTAD DE TOMAR UN ESTRACTO DE ESTE Y PUBLICARLO EN EL FACEBOOK , AUNQUE AQUI EN vENEZUELA , TODO SE OLVIDA RAPIDO , Y COMO DICE salvese quien pueda , MAS ALUSIVO NO PUEDE SER ,

Ligia Fernández
8 de enero, 2014

CUANTA RAZON Y SENSIBILIDAD EN TUS PALABRAS Y BUENO ES LAMENTABLE QUE CADA DIA MÁS LA IDEA DE ABANDONAR NUESTRO PAIS EN BUSQUEDA DE ESA SEGURIDAD ES UNA GRAN REALIDAD. SOBRE TODO POR NUESTROS HIJOS. GRACIAS BORIS

Bordeline
8 de enero, 2014

Que seguridad si hoy día los azotes de barrio y lo digo con propiedad ” los azotes de barrios” son los nuevos esbirros de este gobierno vagabundo y fracasado. Ahora ellos tienen credenciales,pistolas y permiso para matar.

Mary Florio
8 de enero, 2014

Los venezolanos se estan convertiendo en prisioneros sin rejas ni cadenas. No pueden salir del pais por falta de cupos en aviones y falta de dolares. No podemos salir tranquilos en las calles de dia y menos de noche con el temor de ser asaltos y matados

enrique
8 de enero, 2014

Señor Boris, excelente articulo. Que podemos esperar de una clase gobernante que se ríe sin desmedro, sin un ápice de respeto del dolor ajeno hace 15 años. Si esa clase tuviera un enfoque de país, como el que usted plasma en tan buen escrito, seria extraordinario. El amigo José, dice en su comentario que; la memoria del venezolano es esfimera y esa es una gran realidad. Yo le garantizo, que el tramo carretero del país más vigilado en estos días, va a ser; el de Valencia a Puerto Cabello, pero por cuanto tiempo?. Cuanto fallecidos por manos del hampa tenemos que tener para que, la clase privilegiada de este gran país tome cartas en el asunto y de una vez por todas, entienda que la seguridad de todos los que aquí estamos y vivimos es su responsabilidad.

Ernesto
8 de enero, 2014

Completamente de acuerdo con Jose,toda una aljaraca al principio y despues se olvido todo…..Muy claro con el ejemplo que puso…..Paz a sus restos,fortaleza a los familiares y la niña tendra que recibir terapia,al preguntar donde estan sus padres y se vea en otro sitio que no es su casa…..Los abuelos van a tener que llevar muy bien a esa niña….

Milena
8 de enero, 2014

Buenos días Sr. Boris, su articulo me dejo sin palabras, lo felicito, en estas pocas lineas a podido expresar el sentir de muchos venezolanos indignados. Realmente ponerse a debatir sobre que causa la violencia en nuestro país es un tema de nunca acabar. Yo como muchos; hija de inmigrantes que vinieron a esta hermosa tierra en busca de un mejor porvenir e incluso algunos huyendo de la violencia o guerra generada en sus propios países, vemos con gran tristeza a la hermosa tierra que una vez cobijo a nuestros padres, vestida con todo esta violencia incontrolable, con esta indiferencia ante lo que esta sucediendo y a la cual no le vemos fin. Estamos seguros que los responsables de este atroz hecho lo pagaran, pero lamentablemente esto no acaba aquí para el resto de nosotros, los que día a día salimos a la calle a trabajar por nuestros hijos a la buena de Dios. Su frase “El país del sálvese quien pueda” no puede ser mas apropiada en estos momentos. Gracias por ser una ventana del sentir de muchos que amamos esta tierra con el alma y nos duele verla sumida en este luto continuo.

Damaris
8 de enero, 2014

Gracias por su excelente articulo, hasta cuando vamos a aguantar esta situación, estamos paralizados algunos creen que con meditación y “mente positiva” son inmunes por ende indiferentes, otros por pertenecer a un grupo político “privilegiado” miran a otro lado. El hecho es que los malandros no preguntan solo disparan. Ya es hora de que toda la población venezolana se active. El problema es de todos.

Guillermo Brazón
8 de enero, 2014

Es muy triste y desconsolador que se pierda la vida de esa forma. Es la consecuencia de generaciones corrompidas que se solapan en el presente dentro y fuera del poder. No se trata de un color político, no es una culpa estrictamente del gobierno que lleva apenas 14 años de vida republicana, porque en todo caso ha habido también una incompetencia manifiesta de la oposición por no hacer contrapeso a los hipotéticos atropellos o desaciertos del gobierno. Por el contrario han querido imponerse a fuerza de sabotajes y guerras sicológicas comprobadas pero que ninguno de sus líderes se atreve a asumir. De acuerdo, el gobierno ha fallado en materia de seguridad; ahora pregunto: Capriles, Ledezma, Ocariz, Salas Romer, Falcón, Rosales, Briceño, Dávila, entre otros opositores que durante este tiempo gobiernan o han ostentado cargos públicos gubernamentales son inocentes de la descomposición moral, política, educativa, policial, social en general?

valentina
8 de enero, 2014

wow.. no hay palabras para describir la sensación que se siente al leer este articulo. Todos los sentimientos que surgen al ver como un pais tan hermoso y con tantas oportunidades ha podido llegar al caos que es hoy. Ser venezolano es algo mas que una palabra es sentir en el alma a su pais donde quiera que se este. Pero este gobierno nefasto a demostrado que para ellos la palabra patria se queda en palabra. Individuos sin corazon y sin calidad humana. Solo queda en nosotros quitarnos esta pesadilla y recuperar lo que es nuestro. Que Dios tenga en su gloria a ellos y a los millones de venezolanos que se les ha arrebatado la vida.

Joanna
8 de enero, 2014

Muy buen artículo. Desde el mismo momento que no se deja hablar en la Asamblea Nacional a una Parlamentaria que utiliza un lenguaje diáfano e incisivo como el de Maria Corina Machado,uno no puede entender la desfachatez del gobierno en “querer poner orden”. No hay orden en las calles, ni en las instancias gubernamentales, todo el pais funciona anarquicamente, funcionando la ley del más fuerte, del que grite más duro.

luis
8 de enero, 2014

Boris, simplemente extraordinario

andres ramos
8 de enero, 2014

Boris Boris que raro se ve Venezuela desde Boston, mal dia para hacer balances.

lilian dalo
8 de enero, 2014

Boris Muñoz….inmejorable exposición del sentir de cualquiera nque vive en esta tierra….que ya, me cuesta llamar de Gracia. Estoy con Ud. en su manifestación de Patriota indignado. Y. siendo victima parecida de la familia SPEAR, solo me queda reseñar al Gopbierno ABSOLUTAMENTE culpable de aceptar que porque se es pobre, se tiene derecho a expropiar, enajenar y vulnerar la vida.

Manuel Gómez
8 de enero, 2014

Excelente articulo, lo único que sobra es que no somos un país. Somos una montonera de gente sobre un gran terreno, sin leyes, sin políticas, sin moral, sin educación. Lo triste es ver que al menos al 50% del electorado le gusta vivir así y solo hasta hace pocos meses era mayor ese porcentaje. Así que señores pensantes, instruidos, amantes de la cultura, progreso y desarrollo, olvídense al menos en las próximas 3 generaciones ver un cambio.

rau martinez
8 de enero, 2014

Tenemos 15 a#os hablando de lo mismo, y cuando llegan las elecciones no pasamos la factura. De que se Quejan?.

Perla
9 de enero, 2014

Sr. Boris escribió más claro que el agua. Excelente su artículo. No se que pasa con los venezolanos están dormidos Estoy tan decepcionada !!!

RAFAEL GUERRERO
9 de enero, 2014

Es triste que el amor a tu país te cueste la vida y lo mas triste es que por salvar tu vida no importa cuanto amor le tengas te veas obligado a dejarlo, entiéndase bien que no es tomar la salida mas corta sino que hasta que la “mayoría” de las personas que apoyan este gobierno se den cuenta que no podemos tocar mas fondo, se decidan por un cambio que nos favorezca a todos y no a una minoría!!!

Larissa García
9 de enero, 2014

Un país sin delincuencia, ¿utopía?. Excelente artículo!!.

Luis
9 de enero, 2014

Qué palabras tan profundas, lastima que a muchos venezolanos se les olvidará todo este episodio cuando pase otro acontecimiento enceguecedor como la activación de los cupos cadivi, es increíble como perdimos la moral y los principios por ciertas migajas que lanza el gobierno

nottaro
11 de enero, 2014

Asi es nosotros somo una de las 25000 familias que en 2013 perdimos un un familiar a manos del hampa a Robert Guillen lo asesinaron delante de su hija de 14 años con un disparo en la cabeza para quitarle lo más preciado que es la vida no van a parar Sr. Boris ese es el objetivo lo han dicho hasta el cansancio NO VIOLENCIA CONTRA LOS ASESINOS por el el contrario los premian frases como “las bandas criminales que insistan en atracar o matar les vamos a dar mano dura” refleja el interés gubernamental de EXTERMINARNOS

Felicia Báez
14 de enero, 2014

Gracias Boris por este artículo, excepcional de verdad, en lo personal este caso me ha llegado muy profundo, al hablarlo con alguien, la respuesta fue todo esta bulla era porque el personaje era una mis???… y que de la familia común.. Que bueno que tu expongas en este artículo que no existe diferencia a la hora de matar. La violencia implantada en Venezuela la que nos han cambiado, les da lo mismo que seas un humilde padre de familia, un profesional, un estudiante o una mis Venezuela madre, esposa, hija, un ser humano repleto de esperanza anhelos y ganas de vivir.. Este es un país donde el primer delicuente es el mismo representante de la Ley amparado en un partido político… Utopía esa es la mejor palabra para definir la Venezuela del Chavismo-Madurismo de partidos y políticos corruptos y podridos

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