Vivir

Venezuela, un país en regresión; por Magaly Villalobos

Por Prodavinci | 20 de noviembre, 2013

Había una vez una Venezuela que con todas sus dificultades, altos y bajos, picos y valles tenía sus límites y forma de país, con ciudadanos y ciudadanía, con sus características peculiares de país tropical y caribeño. Se abrieron las compuertas, se desanudaron las amarras, se volaron las bisagras y Pan, dios griego, híbrido, mitad hombre y mitad cabra que estaba en los límites rurales, extramuros, irrumpió, violentamente en la ciudad. Sea abrió la caja de Pandora y el Pandemónium tomó la Polis, llevándose por el medio a palos y piedras todo lo que encontró a su paso y principalmente aquello desconocido como la cultura y la educación: el ciudadano.

Dos sátiros (1617), de Peter Paul Rubens (1577-1640)

Dos sátiros (1617), de Peter Paul Rubens (1577-1640)

Se revierte la ley y el orden, el espacio ahora es de marginalidad, mostrando su lado irreflexivo y destructor con una voracidad inconmensurable. Pan, dios de lo instintivo, es incontrolable, impredecible, visceral  y como la cabra animal que representa se come todo a su paso, como un ejército invasor que entra a una ciudad enemiga, quemando, violando a sus mujeres, arrasando con todo a su paso. Se pierden las fronteras: lo que hay es confusión, desconcierto y destrucción.

Al perder las formas estamos en lo preolímpico donde son los Gigantes y los Titanes los que avasallan y tiranizan a una civilización agónica. Esto es regresión.

Los Gigantes son inconquistables, salvajes e insolentes. Atacan estrepitosamente, llenos de la fuerza salvaje del movimiento, sin límite. Son imágenes de la desmesura. En la historia evolutiva a estos Gigantes y sus primos los Titanes se asocian culturas primitivas a las que se refiere el salvajismo y no la barbarie donde ya había agricultura, cultura. Entre aquellos está el hombre paleolítico, los comienzos de la evolución. La conducta titánica pudiera verse, dice Rafael López-Pedraza, como la presencia de esos rasgos arcaicos en la conducta del hombre civilizado.

Salvajes y no sujetos a ley alguna. No hay orden. Lo que vemos hoy es una pérdida de las formas, sin límites, ni fronteras en todos los aspectos, ni los poderes se ejercen como tales, ni los ciudadanos tienen un norte. El Ejecutivo es un monarca grotesco, grosero, ególatra, con un lenguaje de juerga, pensamiento mágico, lleno de neologismos. Sin seriedad, no goza del respeto por parte de la población. Todos los poderes y planes están supeditados a las necesidades del Poder y en este hazmerreír estamos disfrutando de un Viceministerio para la Suprema Felicidad Social del pueblo donde hay carestía y desabastecimiento de artículos de primera necesidad, de la cesta básica como el papel de baño.

Se arman los civiles, se desarman las policías. Vándalos que ocupan lugares de poder; los pranes, los jefes de las cárceles, trascienden su espacio carcelario; los motorizados son los que dirigen el trafico a su antojo. La vida y la muerte han perdido sus significados. Se han perdido los valores. Como ejemplo tenemos el caso del camión de carne accidentado y los motorizados saqueándolo y pasando por encima del agonizante chofer.

El titanismo se manifiesta como desorden y barbarie.

La Misión Patria Segura se presentó como la solución para atacar la inseguridad y la delincuencia, las primeras noticias de su proceder nos trajo los excesos del poder de los militares torturando a estudiantes por manifestar y varios muertos, todos “accidentalmente” al pasar por sus alcabalas, con plena impunidad. Con ese desdibujar las formas, los crímenes que se cometen son descuartizamientos, balazos en el rostro para desfigurar; matar a golpes a una enfermera por poner límites. El Australopitecos, al igual que el chimpancé, da lugar a la confusión, al desgarramiento: la mutilación: el método usado por las pandillas, bandas y otros. Rafael López-Pedraza refiere: “la vida llena de horror que observamos en las grandes ciudades de las modernas sociedades occidentales y la figura del Titán desencadenado y lleno de poder, sin límite alguno ni en su hablar ni en su hacer como modelo heroico contemporáneo, se ajustan más al comportamiento del Homo holiganensis que al del llamado hombre primitivo”.

De la misma manera como se han perdido las formas en el ámbito exterior, ha ocurrido en el medio interior y hemos ido perdiendo la identidad personal, nos hemos disociado y se suma la soledad a la decepción, desesperanza, temor y parálisis dando lugar afuera, consecuencia de esta proyecci6n, lo opuesto, la voracidad, agresión y destrucción.

En el artículo “Venezuela desapareció”, el actor Miguel Ángel Landa dice el 26 de Julio del 2013 que “Lo confieso: no tengo idea en dónde estoy ni para donde voy. Las que fueron mis referencias para ubicarme en Venezuela han desaparecido. Es como volar en la niebla sin radio y sin instrumentos. Nací y crecí en Caracas pero ya no soy caraqueño: no me encuentro a mí mismo en este lugar, convertido hoy en relleno sanitario y manicomio, poblado por sujetos extraños, impredecibles, sin taxonomía. A lo largo de mi vida recorrí casi todo el país, lo sentí, lo incorpore a mi ser, me hice parte de él. Hoy no lo reconozco, no lo encuentro. El extranjero soy yo. Ocho generaciones de antepasados venezolanos no me ayudan a sentirme en casa. […] Forzosamente nuestro cerebro y nuestro metabolismo se fueron al carajo, ese ignoto lugar carente de coordenadas. Hoy somos zombis, ajenos a todo, letras sin libras, biografías de nadie. Nos quedamos sin identidad y sin pertenencia. Una forma muy ocurrente de expatriarte: en lugar de botarte a ti del país, botaron al país y te dejaron a ti. Hoy Venezuela agoniza en algún exilio, pero no en un exilio geográfico. No, Venezuela se extingue aceleradamente en un exilio de antimateria, sin tiempo ni espacio. Cualquiera sea el intersticio cuántico en donde se desvanece Venezuela, no podremos llegar a él. […] Pronto se dirá: “¿Venezuela?,  Venezuela nunca existió”. Se me ocurre que en ausencia de muerte formal procede ausencia de llanto. Aquí no habrá velorio. La cosa no merece ni un palito de ron. Los pocos dolientes potenciales que pudieran darse, se irán poco a poco al mismo no lugar en donde el país se escurrió para desvanecerse para siempre. Extraño final para un país: no pudimos ni siquiera ser un Titanic y hundirnos con algo de tragedia y romanticismo. La elegancia no fue precisamente una de nuestras características como pueblo. No tendremos el honor lúgubre de ser Pompeya. No se hablara de nosotros como de Nínive o de Troya. Nunca podrá algún Homero contar que tuvimos un Aquiles. No seremos lana para tejer leyendas. Nuestro final solo nos dejara vergüenza”.

Desaparecen los referentes, se rompe la lógica, se distorsiona la coherencia, estamos en duelo. Viviendo la pérdida. Se derrumban las paredes. Y allí está: lo que ha pasado es el tiempo. Los muebles tapados con telas de negro para protegerlos de ese tiempo, lleno de recuerdos, nostalgia, historia. Una sensación de inmovilidad: están y no están. Un lugar abandonado como nuestra asa interior. Ese es el sitio de Hestia, la diosa olvidada. Hoy desvalorizada. La diosa del hogar y la ciudad. Hestia esta en exilio.

Es una diosa de estabilidad primordial, permanencia y prosperidad. Es la diosa más antigua, más honrada, el centro de la vida familiar y por extensión de la ciudad, del país. Es la diosa que nos centra.

Habitación y Hogar.  Individuo y país nos dan un reflejo de la condición de nuestra alma. Los hogares que habitamos interior y exteriormente manifiestan un aspecto de ella. Los lugares, de sueños y fantasías, hacen posible que el espacio sea una forma de realidad psicológica. Ella pone al alma en un sitio donde pueda habitar. Su falta amenaza a la estructura completa de la psique con un gran caos.

Armando Rojas Guardia, escribió que “algo profundo en nuestro sentir colectivo se relaciona orgánicamente con lo fallido, lo truncado, lo abortado, lo desgarrado, lo desviado, lo extraviado (como una flecha que no logra dar en el blanco). […] Esa sensación o sentimiento de fracaso tiene, dos causas objetivas: primero, la disminución de nuestra autoestima nacional al compararnos siempre con la gesta heroica que está en la base, en el comienzo de la vida republicana de Venezuela. Anclarnos como país en la psicología del héroe significa estar permanentemente retrotraídos a nuestra adolescencia republicana, negarnos a salir de ella. Ese épico trasfondo psicológico, nos empuja a darnos de bruces contra el contraste permanente de nuestros modestos logros históricos con la magnitud de aquella edad heroica, la primera de nuestro devenir nacional. La segunda causa objetiva de nuestro sentimiento de fracaso ha sido la enorme dificultad del acceso de Venezuela a la modernidad. Una sensación y un sentimiento que pueden adoptar modalidades aristocratizantes, Manuel Díaz Rodríguez, que se afinca en el diagnóstico de la realidad nacional como a punto de ser material y simbólicamente dominada por la barbarie, par la definitiva regresión histórica. Pero la modalidad más frecuentada y más significativa simbólicamente que adopta en la literatura venezolana el sentimiento de fracaso por no acabar de ingresar el país a la órbita institucional moderna es el que podríamos hablar “discurso de la marginalidad”. Sucede como si el fracaso eligiera hablarnos dentro de muchos textos importantes de la historia literaria venezolana, desde el punto de vista de la periferia (precisamente lo marginal es periférico) todos son voces marginales, todos corporizan nuestra periferia, nuestra dificultad para acceder históricamente al centro, nuestro fracaso existencial, colectivamente psicológico, institucional. La mayoría de estas voces no heroicas: muchos de estos personajes son mas bien antihéroes y ello resulta también significativo. […] López Pedraza afirma que son tres los factores psíquicos que impiden que el individuo se deslinde de la óptica triunfalista y llegue a situarse en una madura y profunda Consciencia del fracaso, más allá de la tesitura psíquica dentro de la cual la indiscriminada y avasalladora aspiración al éxito mantiene al sujeto en la imposibilidad de acceder a niveles cada vez más altos de consciencia y libertad. Esos factores son: la huella psicológica del “eterno adolescente”, con sus aspiraciones encandiladas por el brillo heroico; la superficialidad de la histeria, cuya sofocación intrapsíquica hace permanecer a la persona en un frenesí cotidiano donde no puede auscultarse de verdad a si misma; y el comportamiento psicopático, cuyo vacío existencial solo puede ser llenado por la imitación compulsiva de modelos gregarios. […] La ruta no épica, ni heroica de salir de la cháchara, de la panoplia, de la frivolidad, del inmenso espejismo petrolero, hacia el paladeo gustoso de nuestros límites, nuestra menesterosidad, nuestra indigencia, para transformarlos en creatividad espiritual y madurez salvadora. Sólo así la marginalidad dejara de ser una maldición, una condena, y se constituirá en una verdadera llamada, en una genuina vocación, en una manera otra, insólita, de acceder al centro”.

De manera que la marginalidad, que es connaturalmente una situación incómoda y difícil, puede ser un privilegio. En Venezuela tenemos un ejemplo paradigmático de marginalidad creadora. El Castillete de Armando Reverón no es sino el lugar heterotópico y concreto del espacio mental, totalmente al margen de la vida social y artística de su tiempo, desde el cual él, se ofrendó a su pintura. Y estando contundentemente al margen logró darnos algunas de las más primordiales imágenes con las que cuenta nuestra espiritualidad colectiva. Su marginalidad lo colocó, de modo inexorable, en el centro.

Veo esa marginalidad manifiesta en todos nosotros los venezolanos, niños balbuceantes, sin formas de lenguaje, pre orales, cómodos, egoístas, atemorizados unos y otros, haciéndole culto al padre, herencia del Padre Simón Bolívar, héroe idealizado, imagen a la cual no tenemos acceso o al Padre Dinero. Hoy tenemos la herencia de un padre difunto y un presidente que hace culto al muerto, por lo tanto no lo destrona, sigue siendo hijo de ese padre abandonante, castrador, agresivo,  igual que los antiguos padres Urano y Cronos desdibujándose la forma y hasta genéticamente es otro, el zambo y la desorganización de la imagen corporal, “como descuartizada”. Por un lado el cabello y los bigotes de maduro por otro lado los ojos de Chávez. La mirada que te juzga, te persigue.

Llegó la hora de matar al padre psicológica y arquetipalmente hablando y tener el compromiso de asumir la ciudadanía: la exterior, con el país, y la interna, la de ser fieles a nosotros mismos.

Prodavinci 

Comentarios (29)

Georgette
20 de noviembre, 2013

Excelente y desvastador análisis, será que esta gran desesperanza que muchos tenemos, es el duelo de ver en lo que nos hemos convertido? Lo que hemos permitido?

CARLOS OSUNA
20 de noviembre, 2013

Magaly. Parece que aqui lo dificil está en mandar las cabras pa’l monte.

Hernani
20 de noviembre, 2013

Muy buen artículo. Enhorabuena por las reflexiones…

Susana Ramírez
21 de noviembre, 2013

Magaly, excelente reflexión, para tomar conciencia y con presencia y determinación asumir nuestra mayoría de edad.

Nacibe Omaña
21 de noviembre, 2013

Conmovedor. Hallar una explicación a lo que nos ocurre en donde no nos excluimos de responsabilidad, pues todos en algún momento dejamos salir ese Titan irreflexivo, ese adolescente cómodo, egoísta, atemorizado….pero abrir la puerta de salida en invitación a comprometernos con la ciudadanía es conmovedor. Por cierto me gustaría conocer algún texto en donde usted u otro ha ahondado sobre “el discurso de la marginalidad”

Sylvia Maigualida pinto de pyszka
21 de noviembre, 2013

Hola Magaly, qué buen articulo…buena reflexión. Qué bueno saber que estás en está maravillosa especialidad todavía! No se si te acuerdas de mi. Tuvimos clases del Mmtologia, creo q por dos años con aquel grupo buenisimo de mujeres en el Country, recuerdas? Despuès hicimos terapia por un corto tiempo…en fin, noimporta. Es refescante sBer que queda aún mucha gente de valía en Vzla que puede sacar al pais palante. Un abrazo!

Carmen Elena Ochoa
21 de noviembre, 2013

Excelente! … Ojalá llegara el tiempo en que no nos reconocieramos en un país donde las leyes funcionaran, lo ciudadanos respetaran los límites del otro, hablaramos en un tono de voz más bajo y tuvieramos la oportunidad de estimularnos y movernos con nuestras diferencias….El duelo, la sensación de pérdida valdría la pena. El ajuste y la reconciliación se darían sin esfuerzo…Pero sí para eso hay que diferenciarse del padre.

María Teresa chacin
21 de noviembre, 2013

Excelente lectura dra. Villalobos como siempre! Siempre la recuerdo con mucho cariño y admiracion

Solange Fernandez
22 de noviembre, 2013

Excelente Magally ,no tiene desperdicio!!!

jannet garcia
22 de noviembre, 2013

Que verdadero es esto …es asi como lo siento..gracias

Beppo
23 de noviembre, 2013

Excelente artículo. Me pregunto si ese discurso de la marginalidad pudiera cambiar si empezamos a pensar que detrás de Pan, detrás de esta revolución de súper poderosos que percibimos casi como personajes de una mitología que, por cierto, nos es ajena, hay un pensamiento creador y no un caos. Caos que se nos hace patente a los que sufrimos la destrucción de nuestras formas habituales, no a otros. Tal vez podamos empezar a darle forma a nuestro pensamiento, a nuestros valores, y en lugar de reaccionar acrecentando el sentimiento de fracaso, rompamos ese discurso de la marginalidad creando uno nuevo que se consolide en un auténtico proyecto de país. Un discurso por demás sin miedo. Dónde están nuestros intelectuales?

adelaida padilla
23 de noviembre, 2013

Mas claro no puede ser

Maulis Rodriguez
23 de noviembre, 2013

Excelente!, esta lectura forma parte la GRAN RESPUESTA que como ciudadano me encuentro buscando para calmar esta zozobra e incertidumbre, que en este momento de historia me ha tocado vivir como Venezolano.

Giuseppe De Corso
23 de noviembre, 2013

Nunca van a entender los venezolanos lo que les paso porque tratan de explicarlo con un método literario y un método científico lo necesario. Pongo un simple ejemplo.En Venezuela hay hoy 6.5 millones de colombianos de primera y segunda generación y tercera generación estos últimos hijos o nietos.Dos de ellos se llaman Maduro y Arias Cárdenas , los conocen. Esta comunidad representa cerca del 25 por ciento de la población del país. No es de extrañar de Miguel Ángel Landa no reconozca la gente, yo tampoco. Estos cambios demográficos muy complejos sucedieron en una generación .Para qué comprendan lo que digo una mujer colombiana tenía en promedio 5,4 hijos. Petare , el 65 por ciento de ese barrio es colombiano.Ahora con el cambio demográfico viene cambios en conducta, culturales, económicos y políticos.Nunca nadie en Venezuela ha pensado en eso ¿será que vastos estratos de la población se tranculturizaron? Yo no creo en ese cuento de países iguales y hermanos Colombia tiene una historia de violencia política única en América Latina en el siglo XX, será que se mudó.Los venezolanos tienen muchos defectos pero hay algunos que parecen importados… El tema es muy complejo, repito ha que estudiarlo y no sólo narrarlo

Marco
23 de noviembre, 2013

PATRIA

Erase una vez un país con el alma empeñada.

Nación de diminutas princesas caníbales y gigantescos sapos carroñeros.

Con ríos de lágrimas puntiagudas y selvas de sonrisas viperinas.

Sin lluvias fértiles para sus tierras. Sin soles para sus lunas.

Alimentaba su propio holocausto, en la monarquía de la obscenidad.

Desde sus escombros incendiados, anhela renacer.

Mario Briceño
24 de noviembre, 2013

Parte es verdad lo que dice esta escritora, pero sin embargo le debo hacer alguna añadidura, que en alguna manera podría ser para reflexionar. Lo que ocurre en nuestro país es para que tomemos conciencia y hagamos un cambio personal sobre nuestras vidas: mi vida y solo mi vida. Yo haré un profundo ejemplo con los que me rodean para que los cambios se den. El problema no está afuera, el problema está adentro de cada uno de los que vivimos en esta tierra,. Lo que ocurre es la fuerza que no está obligando al cambio.

Norberto Núñez
24 de noviembre, 2013

De lo mejor. Verdaderamente inspirador la forma y visión de este articulo.

Leonardo Torres
24 de noviembre, 2013

Si hay algo frecuente al escuchar a mis hermanos venezolanos es lo que señala con excelencia este artículo: el sentimiento de alienación frente a la situación actual, frente al país; los caraqueños, a menudo, dicen sentir un profundo dolor ante muchas cosas que ven. No se reconocen, ¿dónde pasó el país, la ciudad, que aman o que amaban? Los colombianos hemos vivido varias décadas de violencia (pero no es algo que llevemos en los genes, no lo creo), sin embargo nunca hemos experimentado esa sensación de estar en otro país. El dolor ha sido muy grande; nos hemos preguntado ¿pero cómo es posible tanta barbarie, si vivimos en este país donde lo que nos gusta es la fiesta y cantar y reír? Pero si llegamos a tantos extremos fue quizás porque nunca tuvimos algo que, al parecer, tenían nuestros hermanos venezolanos: algo como un sueño común, que se llamaba desarrollo, una identificación tranquila con su país, una cierta confianza en el estado, sus instituciones y en su democracia (pese a todas las imperfecciones y son numerosas!). No por nada tantos colombianos pasaron la frontera y se quedaron. Seguramente, y aquí quiero contestar a Giuseppe de Corso, los colombianos hemos tenido años de violencia (lo que no la convierte en tradición) y si el presidente Maduro tiene, en efecto, raíces colombianas no era el caso del comandante Chávez, cuya violencia verbal o comportamental (más que sus políticas) dio a luz a la polarización actual. A los venezolanos y a los colombianos nos unen muchas más cosas de las que nos diferencian. Y eso es algo que no debemos olvidar.

Walter Wenzel
25 de noviembre, 2013

EXCELENTE!!! Somos el no-ser de algo que nunca-fue y creímos que era. Seguimos sin serlo… ¿seremos algún día?

anamaria
25 de noviembre, 2013

La verdad Sr, De Corso, redurcir a los que nos está ocurriendo como nación a la inmigración colombiana, no sólo es ingenuo, por decir lo menos , sino xenofobia, la cual siempre está sustentada en la primera. Es como decir que somos tal o cual cosa por la cantidad de italianos o españoles que hay acá. El fenómeno venezolano hunde sus raíces en nuestra historia, no en la reciente inmigración de colombianos en nuestro siglo XX. Como bien lo señala Magaly , el fenómeno habrá que estudiarse por múltiples aristas, entre ellas la psicología social. Siempre que en estos casos aparece la sombra colectica, de inmediato hay un grupo al cual se le proyectan los aspectos sombríos, si era en la Alemania Nazi, ese grupo era el judío, el que cargaba con todos los defectos y era el culpable de todos los males. He crecido rodeada de Colombianos, como todos nosotros, igual que de italianos, portugueses, árabes, sirios, judíos, etc, y me ha parecido que es lo mejor que le pudo pasar a Venezuela;todos hemos intentado formar una nación y nos duele por igual lo que ahora nos ocurre. La violencia venezolana es la violencia del género humano desatado, el atribuir a un pueblo generoso, trabajador y culto , como el colombiano, es una muestra más de nuestras deficiencias y nuestras sombras que no acabamos de integrar. Gracias Leonardo Torres por darnos tu visión amorosa que es la que debe existir en todos nuestros pueblos latinoaméricanos.

Beatriz Losada
26 de noviembre, 2013

Hola Magaly, me encantó tu artículo, nos describe perfectamente lo que estamos viviendo y sintiendo. Me estoy identificando con Miguel Angel Landa, una extraña en mi tierra, dónde todos los días me siento avergonzada de nuestro comportamiento violento y la pérdida de valores que pensaba que teníamos, y que debemos rescatar antes de que sea tarde. Me gustan mucho los comentarios que han hecho en general, todas las posiciones son validas y sobre todo la de Leonardo Torres, muy interesante. Excelente reflexión.

Erlinda
28 de noviembre, 2013

Magaly, excelente artículo.

Flor Mizrahi
5 de diciembre, 2013

Caramba y ahora que…

Maria Elena Gutiérrez
6 de diciembre, 2013

Magaly tiene años tratando de abrirnos los ojos a quienes la hemos seguido en sus cursos de Mitologia griega y Psicología de los Arquetipos, pero somos tan egoístas que nos cuesta aceptar que lo somos, que ese que está en la acera del frente es igual a mi, que no le dimos oportunidades y que ahora se levantaron las vallas y los instintos, no los sentimientos han tomado nuestro quehacer en las calles. Magaly siempre ha dicho:” Este no es un País, es un territorio ocupado” y es que sólo seremos un País el día que lo ocupen ciudadanos y no oportunistas, aquí estamos a la caza de lo que “nos toca”, el vivísimo venezolano nos ha ido destruyendo poco a poco, y sí este es un trabajo individual de hacernos Ciudadanos para llegar a ser País. Gracias Magaly

Lorenzo Lara
30 de septiembre, 2014

Pareciera que el camino del héroe no civiliza, no construye ciudad.

Honrar a Hestia parece ser un mejor camino, cuidando y fortaleciendo nuestros hogares, nuestros condominios, nuestras organizaciones, empresas y ONGs, nuestras alcaldías y municipios, nuestros servicios públicos…

¿Será este el camino del ciudadano y la manera simbólica que nos propone Magaly de “matar al padre psicológica y arquetipalmente hablando y tener el compromiso de asumir la ciudadanía: la exterior, con el país, y la interna, la de ser fieles a nosotros mismos”?

ana vasquez
1 de octubre, 2014

Muy buen articulo, desgarrador, y desolador, lamentablemente lo que mas duele es que la Diosa del Hogar se esfumo, y las familias Venezolanas nos estamos dividiendo, se van nuestros hijos y nietos, los ancianos, los adultos mayores quedamos solos entre tanta marginalidad!!

Espe
1 de noviembre, 2014

Gracias. Muchas gracias por tan valioso aporte. Algo hemos andado.. de la nafta a Hecate.. No ha sido fácil. No se como seguimos teniendo esperanzas. Algo estaremos cocinando a pesar de tanto descuartizamiento, o precisamente con..

Espe
1 de noviembre, 2014

quizás estamos buscando el canto hondo..

Helena
15 de noviembre, 2014

Esa antimateria te persigue aunque vivas a 5000 km de Venezuela

Envíenos su comentario

Política de comentarios

Usted es el único responsable del comentario que realice en esta página. No se permitirán comentarios que contengan ofensas, insultos, ataques a terceros, lenguaje inapropiado o con contenido discriminatorio. Tampoco se permitirán comentarios que no estén relacionados con el tema del artículo. La intención de Prodavinci es promover el diálogo constructivo.