Artes

Danza hoy con los pasos del mañana, por Aquiles Báez

Mis experiencias con la compañía de danza contemporánea Danzahoy y como ellos me convirtieron en bailarín

Por Aquiles Báez | 15 de octubre, 2013

A mis compañeros de Danzahoy

Quedarme en el espacio desbordado de movimientos y subirme en ese barco. La travesía continúa. Un navío de figuras se entrelazan creando un murmullo de huéspedes, de imágenes disipadas, agudas, perfectas. El baile sigue con su marea de texturas. De esas texturas surge la emoción que ha dejado esta danza hoy en mi memoria. Recuerdos de esos cuerpos que se llenaron de otros cuerpos. Quizás por eso hay que danzar hoy con la esperanza de un destino que nos alienta. Con ellos sólo existe un presente, porque ellos están siempre ahí, en este presente y este instante.

Y en esa furia del destino, Danzahoy, con los sueños de mañana.

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Fotografía de Natalia Brand

 

Era la tarde de un día lluvioso. Me encontraba en el Teatro Teresa Carreño de Caracas, cuando me abordaron Jacques Broquet, Luz y Adriana Urdaneta. A ellos apenas los conocía y los respetaba mucho. Eran muy prestigiosos como bailarines y coreógrafos, además de ser los directores de la compañía de danza que tanto admiraba: Danzahoy. Nos tomamos un café y nos sentamos a conversar. Adriana me comentó que querían hacer una obra donde yo participara realizando la música en vivo. La propuesta en sí era hacer una pieza de danza con identidad y, a la vez, contemporánea. De inmediato accedí, me parecía que podía ser algo maravilloso, diferente a todo lo que había hecho como músico hasta el momento, y definitivamente lo fue. Así empezamos a trabajar. Nos citamos en la Sala Beracasa del Teresa Carreño.

Mi primer encuentro con la compañía fue un tanto desconcertante y al mismo tiempo lleno de creatividad. Empezaron a bailar sobre mí, a montarse en mis hombros cuando tocaba la guitarra, y uno es muy defensivo con sus instrumentos musicales. Empezaron a interactuar conmigo como si no fuera un músico sino un elemento más de la escenografía. Me sentí como un objeto. Pero después entendí que más bien era el objetivo. Realizamos un esquema de trabajo que consistía en tres ensayos a la semana, durante meses como objetivo. Y el método para alcanzar el objetivo era el de ensayo y error. Fue un trabajo hecho con mucha disciplina, con jornadas creativas muy serias de las cuales aprendí mucho.

Después de trabajar un tiempo juntos, y ya con la confianza, surgió mi sentido de humor: empecé a imitar lo que ellos bailaban, resultando en una suerte de fantasía de Walt Disney en versión criolla. Yo seguía el juego y ellos también hasta que, faltando una semana para el estreno de la pieza que se tituló Huéspedes, le comenté a Adriana, quien era la coreógrafa de la obra, que tenía que hablar con ella. Quería saber qué era lo que certeramente se iba a hacer del acto lúdico-dancístico en el que me había involucrado. Adriana con una cara iluminada llena de creación indudable, me dijo: “Quiero que hagas todas esas cosas que estás haciendo… ésas que no parecen ser en serio”. En mi cabeza sonaba “¿Pero esto es en serio?” y me lo repetía una y otra vez.

Me fui a mi casa pensando en lo demente que estaba yo por hacer esas locuras en público y, de repente, entré en cuenta de que más locos estaban mis panas de Danzahoy, permitiendo que un músico sin experiencia coreográfica y de mi volumen físico fuese parte casi protagónica de esa pieza. Pero de repente me sentí halagado y acepté este nuevo rol artístico al cual me había incorporado sin darme cuenta.

No niego mi temor antes de la primera función, pero al terminarla todo el mundo estaba feliz por lo acontecido, al punto que bailarines y coreógrafos profesionales se me acercaron a felicitarme. Nunca me esperé una aclamación como la que sucedió porque, aparte de como músico, me aplaudieron como esa especie de actor-bailarín-performer.

Y así me inicie en la danza contemporánea.

El diseño de la escenografía le fue encargada al prestigioso artista plástico Rafael Barrios, así como el vestuario era del destacado genio del diseño de modas Ángel Sánchez. Fue muy divertido ir a la prueba de vestuario con las bailarinas de la compañía. En una de ésas, Ángel le comenta a Adriana: “Con estas niñas tengo muchas ideas bellísimas, todas muy claras… ¿pero qué hacemos con éste… con el gordito?”. Así es que quedaron en hacerme una especie de liqui-liqui en algodón crudo. Además, me peinaban con gomina, lo que me hacia lucir como una especie de Carlos Gardel llanero, aunque con mi físico no lucía como el morocho del abasto, sino como el de la panadería.

Huéspedes tenía varios actos. En uno de ellos, con mi compinche  Jacques, hacíamos una pieza en un colchón cuyo diseño era como una suerte de rombo en el mejor estilo de Rafael Barrios. Al fondo colgaba una ventana también en forma de rombo que antagonizaba con una estructura de metal. Ahí yo tocaba una pieza que musicalmente era como un ostinato en la guitarra, donde Jacques movía el colchón conmigo en él. Él saltaba por encima de mí, me daba vueltas en círculos sobre el eje del colchón y yo sin parar de tocar. Visualmente se creaba una imagen muy vanguardista y sin duda fabulosa.

También me divertía mucho con el otro gran dúo que  hacia con mi partner Luz Urdaneta: lo llamábamos “Con Cierto Grosso”. Tocaba la mandolina sentado en una silla y Luz hacia lo imposible para que dejara de tocar y “sacarme de mis casillas”. Ella se metía entre la mandolina y mi cuerpo, se paraba sobre mis hombros, me quitaba la silla, yo la perseguía y terminábamos el acto, yo como “el Huésped” con la “Luz” prendida de mi cabeza, dando giros acelerados vertiginosamente como un trompo desenrollado, hasta caer al piso.

Otro acto que me costó entender, pero que comprendí conceptualmente cuando lo hicimos en tarima grande, era un solo donde tocaba frente al espejo con la guitarra. La imagen era sencillamente hermosa: ese espacio inmenso reflejado desde el espejo haciendo una analogía de la sabana. Todo un despliegue de amplitud. También tocaba ahí una tonada en solitario con ese elemento del espejo. Poco a poco salían los otros “huéspedes” y, cuando estaban todos,  empezaba a tocar una suerte de blues que compuse especialmente  para la obra. Una imagen totalmente onírica. También había una parte de pequeños solos que hacíamos los hombres.

Siempre me pregunté por qué cuando hacía mi solo dancístico la gente se reía.

Lo cierto es que fueron varias las temporadas que hicimos, los viajes, las alegrías y la posibilidad de compartir, que es algo que estará siempre entre mis recuerdos más preciados. Con esa obra viajamos a Chicago, Washington, Londres, Finlandia, Costa Rica, Bolivia, entre otras regiones. Hay anécdotas fabulosas de esos viajes. Estando en La Paz, Bolivia, la altura hizo estragos con la compañía. Los bailarines hacían unos saltos que, como estábamos cerca de los 4.000 metros de altura, los elevaban mucho más de lo que estaban acostumbrados. Estaban vueltos locos con los cálculos de movimiento. Lo otro es que ninguno de nosotros podía dar tres pasos sin quedarse sin aliento. Todos veíamos las bombonas de oxigeno con demasiado cariño, al punto que queríamos colgarnos de ellas. Entendimos porque era difícil ganarle a los bolivianos en cualquier deporte: estando “La Paz”, nos preguntábamos como sería en la Guerra. Otro viaje con muchas anécdotas fue la gira que hicimos en Finlandia. En esa tierra lapona, como era verano, el sol no se ocultó. Después nos fuimos a Londres donde el sol nunca salió.

En Finlandia nos presentamos en el Festival de Kuopio, uno de los festivales de danza contemporánea mas importantes del mundo. Estando en un lago cercano a nuestro hotel en Kuopio, (después de un día de ensayo/montaje como a las once de la noche y aquel “solazo”), vemos a los finlandeses nadando como si nada (o como se nada) . Así que me armé de valor y me lancé al agua. En lo que me adentro en ese preciado líquido, me encuentro con una nevera helada que casi me deja sin respiración. Como puedo salgo y los demás me preguntaban “¿Cómo está el agua?”, “¿Está sabrosa?” y yo les respondí en perfecto criollo: “De pinga”. Todos se lanzaron a la nevera sin chistar. Ese día escuché cómo mencionaron varias veces a mi mamá. Fue inolvidable la despedida con los organizadores del festival. Nos preguntaron si les podíamos tocar algo folclórico, venezolano. Agarré el cuatro y empezamos a tocar y a bailar “Los chimi-chimitos” con los finlandeses. Ésa es una imagen que definitivamente ninguno de nosotros podrá olvidar.

Estando en Washington se creó una situación digna de los Monty Python, por absurda y graciosa. En la parte de los solos de los hombres, los chicos se paraban cada uno a mi lado. Como el piso era de madera, y no de linóleo como suele ser, mis piernas se fueron resbalando y me fui abriendo al mejor estilo de Bruce Lee. Era desesperante porque a medida que me resbalaba me iba abriendo cada vez más y no podía detenerme. Por suerte mi compañero Brixio se percató de la situación y me  puso su pie como obstáculo y evitó que cayera abierto de platanazo en plena función.

En otra oportunidad, antes de una función en Maracaibo, me encontraba muy cansado porque había tenido de una serie de conciertos y mi querida Luz (como siempre tan iluminada), me dijo que tenía una sustancia brasilera llamada Guaraná, energizante y totalmente natural. Una suerte de concentrado de cafeína pura. Así es que me da un vaso de agua primero con dos cucharadas y después fue diciendo que mejor le echaba más, porque me veía muy cansado. Hasta que me dio una pasta amarilla que me tomé con cara regañada. Todo estuvo tranquilo hasta que empezó la función. Ése fue el momento cuando explotó el Guaraná. Me dio un acelerón tan impresionante que lo toqué todo al doble de la velocidad. Yo arrancaba la obra con un solo de cuatro. Ese día con la velocidad que lo interpreté, parecía que fuera el Jimmy Hendrix de Guasdualito. Agarré unos tiempos tan rápidos en lo que tocaba para que bailaran, que los dejé a todos con la lengua afuera. En la parte en la que daba las vueltas con Luz, hice unas piruetas “esmollejadas” (estábamos en Maracaibo) que ni Julio Bocca. Me encontraba totalmente “desbocado”. Incluso, después de la función estuve acelerado como por dos días más. Lo cierto es que  nunca más se atrevieron a ofrecerme Guaraná ni nada por el estilo.

Éstas son partes de mis vivencias imborrables con mi querida gente de Danzahoy. Sin duda alguna hay quienes se vuelven familia de cariño. Cuando uno trabaja con proyectos donde  te involucras en cuerpo y alma, los integrantes de esos proyectos se convierten en tu familia. Todo el personal de Danzahoy, desde los técnicos hasta los directores, son mi familia. Gente que llegó para quedarse en mi corazón. Tenemos tiempo que no hacemos proyectos en conjunto, por eso espero hacer algún trabajo con ellos próximamente. Además de la amistad, los respeto mucho como personas y como artistas. Somos compañeros en esta gesta de atrapar sueños y hacerlos realidades. Sólo me queda decirles que muchas gracias por ser parte de mi camino.

***

Huéspedes

Elenco: Luz Urdaneta, Mariana Tamaris, Lucía Lacabana, Sasa Queliz, Milvia Pacheco, Carmen Ortiz, Jacques Broquet, Brixio Bell y Ezequiel Vásquez. Coreografía: Adriana Urdaneta. Asesora de montaje: Isabel Soto. Iluminación: Carolina Puig. Vestuario: Ángel Sánchez. Escenografía: Rafael Barrios. Producción: Claudia Urdaneta. Música: Aquiles Báez

Aquiles Báez 

Comentarios (6)

Golcar Rojas
15 de octubre, 2013

Hermosa y divertida crónica que me hizo recordar buenos momentos como espectador de Danzahoy y mejores momentos como amigo de Luz y de Jacques con quienes hace tiempo no comparto pero que también forman parte de mi recuerdos queridos, de esos que se guardan para siempre en un lugar especial. Me encantó revivir a Danzahoy con esta crónica y me encanta sentir que la compañía parece estar tomando un nuevo aire. Ojalá y el deseo de Aquiles se le dé lo más pronto posible y que pronto estén en un nuevo proyecto juntos, para beneficio y disfrute de quienes siempre admiramos el trabajo de la compañía.

Jana
15 de octubre, 2013

¡Sencillamente hermoso, hilarante y conmovedor al mismo tiempo! ¡Y que foto tan impresionante!

Tabaire Díaz
16 de octubre, 2013

Amado Aquiles, cada uno de tus escritos nos da más razones para amarte. Me reí hasta cansar, me emocionó mucho tu manera de expresarle afecto y reconocer el profesionalismo de esa Compañía Dancística, a la cual el país le debe mucho del prestigio que nuestras expresiones artísticas tienen en otras latitudes.¿Y qué decir de ti? Resulta imposible hablar de referencias musicales sin nombrarte. Dios te bendiga mi muy querido Aquiles.

Aquiles Baez
18 de octubre, 2013

Quiero agradecer a todos los que me han escrito recordando estos momentos con Danzahoy, sin duda alguna una de las compañías de danza contemporánea que mas satisfacciones le ha dado a la escena nacional. Un honor y en lo personal una gran experiencia a nivel artístico. Espero recuperar los vídeos de esos perfornces para colgarlos en la web, si alguien los tiene en digital que me avisen.

Iván García
19 de octubre, 2013

Querido Aquiles, que hermoso relato, me conmovió mucho. Tanta verdad emocional, tanta hermosa desnudez.Es un privilegio haber estado cerca de DanzaHoy, lo viví, y tambien soy un agradecido como tu. claro está esa vivencia de Huespedes es única, tu eras el Huesped, el invitado y todo lo que el genera. Estas en nuestros corazón gordo, pana y admirado Aquiles.Bravo!

Alejandro
21 de octubre, 2013

Maestro son muchas las muestras de cariño de la gente hacia usted y de generosidad de parte de usted hacia los personajes con los que ha convivido. Muy divertida y emocionante esta historia. Por favor no deje de escribir sus recuerdos, si no se lo han dicho, con sus articulos tiene un libro que de seguro le gustaria a mucha gente. Felicitaciones y a mi tambien me encantaria ver ese video con danzahoy. Sus reflexiones y sus anecdotas son muy importantes para la memoria del pais.¡Gracias!

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