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Antípodas de Singapur, por Arturo Almandoz

Por Arturo Almandoz Marte | 24 de agosto, 2013
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singapur texto

A Virginia Almandoz Ramos,
In memóriam

 

1. Siguiendo mi gusto por las palabras raras, las cuales muchas veces me cuesta aprender a usar con propiedad, desde joven me sedujo el término “antípodas”. No recuerdo si alguno de mis profesores de geografía universal del bachillerato, en el colegio Tirso de Molina, haya precisado en clase que se trata de los lugares del globo terráqueo diametralmente opuestos; o acaso sí lo hicieron y estaba yo más preocupado por memorizar los nombres de las capitales de las Américas y Europa, porque las de Asia y África me han sido esquivas hasta la adultez. La que sí conservo vívida es la imagen de tía Virginia conversando una tarde de sábado en nuestra quinta de San Bernardino, al regreso de un viaje por Canadá a finales de los setenta, diciendo que el país de Pierre Trudeau estaba “en las antípodas de nosotros”. Me llamó la atención la expresión, porque ya conocía el sentido original del término, y era imposible que ella lo usara imprecisamente, siendo egresada en Geografía e Historia del Instituto Pedagógico en los años de Picón Salas. Pero de inmediato me di cuenta de la figuración a la que ella apelaba, enfatizando el orden y la prosperidad canadienses encontrados en el viaje, por contraste con las fisuras y corruptelas que ya asomaban en la Gran Venezuela de Carlos Andrés Pérez, de cuyo sauditismo fueron críticas mis tías Almandoz Ramos.

Esa metáfora de las antípodas que tía Virginia reveló ante mí en aquella tertulia vespertina resuena a menudo cuando veo los programas noticiosos de Asia Business Report de la BBC, transmitidos desde los estudios en Singapur; suele ser al anochecer venezolano, cuando ya es de día en Japón y los tigres que le siguen al encuentro del sol naciente. Las ediciones incluyen profusas informaciones financieras que no alcanzo a entender del todo, ora sobre las desventajas del yen demasiado fuerte, inconveniente para otrora omnímodas corporaciones como Sony y Panasonic; ora sobre el yuan que China no quiere devaluar para favorecer así sus exportaciones, a pesar de las presiones de Washington que la tilda de manipuladora de divisas. También abundan actualizaciones sobre las compañías que cotizan en el Nikkei nipón, el Kospi coreano y el Hang Sen hongkonés; pero lo que más me interesa son los reportajes sobre los cambios sociales y económicos en los tigres asiáticos, varios de los cuales eran atrasadas colonias o protectorados en la segunda posguerra, o incluso hasta mediados de los sesenta, cuando algunos ni siquiera habían alcanzado la independencia. Y me fascinan porque a pesar de su historia reciente, esos países encabezan hoy en día muchos indicadores de desarrollo económico y humano, encontrándose “en las antípodas de nosotros”, para utilizar de nuevo la expresión de tía Virginia, ahora en todos los sentidos.

2. Ese es por excelencia el caso de Singapur, isla comprada a los reinos malayos por la Compañía de las Indias Orientales en 1819, deviniendo próspera colonia británica gracias a la inauguración del canal de Suez a finales de la década de 1860. Casi un siglo más tarde, en 1959, obtuvo su autonomía del Reino Unido, forzado a desmantelar su imperio después de la Segunda Guerra Mundial; pasando a formar parte de la Federación de Malasia, la ciudad estado se independizó de aquélla tan solo en 1965, con el respaldo de la Commonwealth. Con Lee Kuan Yew como primer ministro desde el 59 hasta 1990, los objetivos democráticos fueron subordinados a los desarrollistas, al igual que ocurriera en Corea del Sur y Hong Kong, entre otros países que institucionalizaron la controversial tesis de la dictadura eficiente. Tanto fue así que el partido de Acción Popular liderado por Yew, dominante en la escena política hasta hoy, promulgó tempranamente la Internal Security Act y proscribió al partido de los Trabajadores a finales de los ochenta, sin importar que se le acusara de autocrático y anticomunista. Era una postura manifiesta también en los controles aplicados a inmigrantes chinos durante la era maoísta de la República Popular, hasta que fueran suavizados en los años noventa; desde entonces el flujo ha alcanzado, por cierto, casi tres cuartas partes de la población residente, permitido en buena medida para compensar la baja natalidad singapurense desde la década de 1970. Tampoco dudó el diminuto estado en ejercer su control del sistema educativo desde los niveles más básicos hasta el universitario, cuyas carreras fueron priorizadas y asignadas a los estudiantes; también lo fueron los idiomas a aprender en la era poscolonial, los cuales deben conjugar el malayo, tamil y mandarín para las respectivas comunidades malaya, india y china, con el inglés obligatorio y globalizador para todos.

Con un territorio de apenas 641 kilómetros cuadrados, la isleta al sur de la península de Malaca hubo de buscar el desarrollo allende las exportaciones tradicionales de coco, batata y mandioca, de tabaco y cambur, de piña y limón; las más de ellas la asemejaban a las repúblicas bananeras tropicales, de esas que los sociólogos positivistas decimonónicos, como el británico Benjamín Kidd, creían condenadas a permanecer en la infancia de la civilización, a no ser que alguna potencia anglosajona las supervisara, como en parte fue el caso singapurense. Por un lado el desarrollo vino con la industrialización textil, naviera, electrónica y petrolera, para la que cuenta Singapur con una de las refinerías más grandes del mundo, gracias en parte a su estrategia de ganar terreno mediante el vertido de rocas al océano. Por el otro fue el incremento del sector financiero, iniciado con la comercialización del caucho y del estaño, y seguido de la proliferación de bancos y empresas de servicios de todo el orbe, de HSBC a Citi. Esa diversificación fue propulsada desde 1984 por la firma del tratado, entre China y el Reino Unido, para devolver Hong Kong a la primera, con lo que mucho del dinamismo de la última migró a Singapur, cuando todavía se temía que el comunismo chino, si bien ambivalente desde las reformas de Deng Xiaoping, podría empero socavar la competitividad hongkonesa.

No obstante la preterición de ciertas elecciones individuales muy caras al liberalismo occidental, en pro de alcanzar el desarrollo colectivo, es comprensible entonces que el modelo singapurense instaurado por Yew fuera admirado por Margaret Thatcher con antelación a ser primera ministra en 1979. Advertida por los elogios de Milton Friedman a las drásticas reformas del régimen, dos años antes visitó la entonces parlamentaria conservadora al que consideraba “el más notable estadista asiático de su generación”, como reconociera aquélla en el segundo volumen de sus memorias. Allí también admiró su visión geopolítica para detectar “influencia soviética en la región, ejercida a través de despliegues navales encubiertos de comercio o pesca”; al mismo tiempo agradeció a Yew su “sabio consejo” en los años por venir como primera ministra, cuando la otrora colonia se convirtió en faro surasiático para la metrópoli noratlántica.

3. Alcanzando más de 32 mil dólares de ingreso per cápita —el segundo más alto de Asia, después de Japón— y los primeros puestos de transparencia y competitividad a nivel mundial, las antípodas de Singapur con respecto a la Venezuela del siglo XXI son más que geográficas, económicas e institucionales. Ello a pesar de que, según recuerdo de las teorías de modernización y urbanización que estudiaba en los setenta, como las de Walt Whitman Rostow, ambos países estaban enrumbados hacia la madurez del desarrollo, después de haber iniciado el famoso despegue, en una pista internacional en la que el avión nuestro lucía más promisorio.

No he visitado Singapur, ni creo que tampoco lo haga por limitaciones de recursos y ocasión, más que por falta de interés y admiración; pero de lo que he visto y leído en reportajes, las diferencias urbanas son ya abismales con la Venezuela tercermundista, trasuntada en nuestra Caracas anárquica y violenta. A pesar de que ambos niveles se confunden en la ciudad estado, en el ámbito nacional son famosas la exitosa política habitacional y el castigo severo a la corrupción, dos de las prácticas que han ayudado a la imbatible popularidad del PAN; a nivel urbano, entiendo que siguen vigentes las famosas multas a los antisociales que deterioran la infraestructura, arrojan basura en el espacio público e incluso escupen en la calle; con respecto a la circulación, la posesión y el uso del carro particular son pechados sustancialmente, de cara a disminuir el tráfico en la metrópoli de más de 4.500.000 habitantes. Allende el lastimoso posicionamiento venezolano en los índices de transparencia y competitividad que Singapur encabeza, huelgan los comentarios para contrastar esas políticas urbanas con la sórdida escena de la Caracas contemporánea; además de inmunda, insegura y vandálica, ésta es ahora socavada por motorizados y conductores que infringen los sentidos de circulación e irrespetan los semáforos y cruces peatonales, en apenas dos muestras cotidianas y básicas de nuestra descomposición civil y nuestro malogrado pacto social.

Dejando de lado las antípodas singapurenses en que se ha convertido  Venezuela, si bien el Chile neoliberal ha dialogado con Singapur en muchos sentidos, especialmente ahora que ambos son miembros de la OCDE que agrupa a los países desarrollados, el Panamá del siglo XXI es acaso el país latinoamericano que más lo ha tomado como modelo, quizás por semejarlo en magnitud. Pero aquellos que han hecho notar la analogía, basada principalmente en la atracción de capitales y el mejoramiento de infraestructura panameñas, han tenido que reconocer que persisten al menos tres diferencias fundamentales. Una es la pobreza del país centroamericano, que todavía para comienzos de los años 2000 superaba el 35 por ciento de la población; otra es la deficiencia del sistema educativo, sobre todo en los niveles técnico y universitario, al igual que ocurre en buena parte de Latinoamérica; y la última es la débil transparencia institucional, acompañada por la falta de castigo a la corrupción. Son rémoras ingentes que separan a Panamá de la ciudad estado, pero al menos aquél está en la ruta de un desarrollo que nosotros hemos perdido y después abominado, en medio del gran rechazo neoliberal que vivimos desde los años noventa, sin tampoco generar  un modelo alternativo que nos haga avanzar de manera significativa.

4. Cuando por las noches venezolanas veo la emisión noticiosa de la BBC, transmitida desde la mañana bursátil que despunta en Asia, diviso al fondo de la pantalla la city singapurense de rascacielos rutilantes alrededor de la Explanada que bordea al puerto. No me siento mayormente frustrado por no conocer la ciudad estado, ni acaso tampoco lo anhelo en el fondo. Lo que más me inquieta sea quizás saberla “en las antípodas de nosotros”, como aquel susodicho Canadá de los setenta. Y por cierto que Singapur también lo está en el sentido geográfico con respecto a Venezuela, si no me equivoco al contemplar el pequeño globo terráqueo de cristal que la misma tía Virginia me regaló, en otra tarde sabatina pero de 2005, en su última visita a nuestra casa de San Bernardino.

Arturo Almandoz Marte 

Comentarios (25)

Fernando
24 de agosto, 2013

Estupendo artículo. Los populismos no sirven para nada: ni para “el pueblo”, ni para los políticos propiamente populistas y mucho menos para el país. Los Latinoamericanos nos tenemos lástima a nosotros mismos. ¿Y de qué ha servido?. Estamos cada vez más y más lejos del progreso y parece que nos alejaremos aún más … Las “alternativas democráticas” no ofrecen cosas diferentes al intoxicante populismo; o sea, ¡más de lo mismo!

@manuhel
25 de agosto, 2013

Muy difícil comparar Singapur con Venezuela, no hay manera de que entren en el mismo plano a pesar de que sus recursos en algún momento si estuvieron a la par.

Es muy difícil comparar a la Asia Oriental con la América Latina.

Ellos por cultura, por costumbre, por tradición son tan dados a la reverencia, a doblegarse ante a quien consideran autoridad, a no chistar instrucciones y a tener lo que ellos perciben como honor siempre como prioridad; nosotros en cambio tan caribes, tan tropicales, tan irreverentes y tan rebeldes.

A los asiáticos les podrá ir muy bien, pero nosotros jamás envidiaremos su desarrollo si eso es a cuesta de sumisión.

Así de simple.

Teolindo Yanez F
25 de agosto, 2013

Muy buen articulo y muy bien escrito. Ojala este articulo pudiera ser leído y analizado por nuestros políticos jóvenes, al menos para que tengan una meta o un deber ser.

Arturo Almandoz
25 de agosto, 2013

Gracias a todos por comentarios que amplían contexto internacional y consideraciones culturales

sandra
25 de agosto, 2013

Muy buen artículo, pero ¿por qué la baja natalidad?, sé que allá prohiben y multan por infinidad de cosas, ¿también hay control del número de hijos que se deben tener?,gracias si alguien me contesta

Lola
25 de agosto, 2013

Soy Venezolana y vivo en esta isla hace 2 años… Es muy arriesgado comparar y escribir sólo con cifra económicas o con la figura inflada de un “padre del milagro” que ha sido magnificada alrededor del globo. La calidad de vida y la eficiencia es ÚNICA! No hay crimen, todos tienen una casa proporciona por el gobierno, todo es limpio… Pero hubiese sido oportuno decir que han sido rankeados como la gente más triste del mundo y que expresan menos sentimientos, que en esa reforma del sistema han sido educados para no pensar y que la curiosidad por saber o aprender esta prohibida, que es una sociedad que sólo trabaja, vive y habla de ir de “shopping” y que el país esta en las listas rojas en cuanto a libertad de expresión y derechos humanos. Las comparaciones son odiosas y más cuando las hacemos con países con los que Venezuela no tiene ninguna referencia social, cultural, económica o demográfica. Ha sido un milagro si, pero el precio de tener ciudadanos sin alma creo que es muy alto!

@manuhel
25 de agosto, 2013

Sandra, tal vez la baja natalidad se deba a lo cosmopolita que es la gente de Singapur, y también que siendo la alta natalidad la marca por excelencia de los musulmanes (sus vecinos malayos suelen tener muchos hijos), supongo ellos hayan en algún tiempo promovido la baja natalidad como uno de los factores de progreso.

Particularmente pienso que Malaysia no está tan desarrollada en lo económico y en tecnología como Singapur por los límites que pone la religión musulmana per se. Su población pasa muchas horas al año rezando y también como antes mencione, tienen alta natalidad que conlleva a otros handycaps.

He estado en Singapur por cuestiones de trabajo en el 2012. Yo trabajo en Saudi Arabia y muchas actividades se llevan a cabo allá en Singapur, y la primera impresión que me dio al llegar es que es un país económicamente fuerte, las inversiones se ven en la calle y en el modo de vida.

El sistema de transporte es excelente y el nivel de vida también, aunque el turismo es limitado a una que otra islita y centros comerciales modernos; pero todo es más costoso que en el medio oriente, y ni que decir que en Venezuela.

En esa misma área hay también otro pequeño país tan fuerte económicamente como Singapur, se llama Brunei.

@manuhel
26 de agosto, 2013

No había leído el comentario de Lola.

Ella vive allá y por ende su opinión debe ser ante puesta a la mía, ya que Ella tiene más contacto y más propiedad para Hablar del tema. Saludos

Arturo Almandoz
26 de agosto, 2013

Gracias por los comentarios de primera mano de Lola y la puesta en perspectiva de @manuhel. Con respecto a la inquietud de Sandra sobre baja natalidad, me permito señalar que es característica de la transición demográfica, especialmente cuando se completa el ciclo de urbanización. No sé de restricciones sobre número de hijos en Singapur, pero sí que se ha tratado de compensar por vía de inmigración.

sandra
26 de agosto, 2013

Gracias por contestar y el comentario de Lola que vive allá, ni hablar, de primera mano

@manuhel
27 de agosto, 2013

A propósito:

Tres meses de cárcel y tres bastonazos por pintar un graffiti en Singapur http://bit.ly/15frtNg

Lola
27 de agosto, 2013

Arturo, lo de la inmigracion no es para nada cierto! Ahora mismo hay una crisis profunda en las empresas de servicio porque han cerrado los permisos de empleo (reforman la ley cada 6 meses).

Para los extranjeros en puestos “altos” y con un ingreso importante no hay problema, hecho que tiene muy descontenta a la gente de aqui.

En cuanto a mano de obra – te lo digo porque trabajo con restaurantes – cuando llegue hace 2 anos podias emplear a un extranjero por cada 2 locales, ahora la cifra es 7 locales por cada extranjero y en el caso de nacionales chinos 10 a 1.

En cuanto a la baja natalidad no hay ninguna restriccion, al contrario hay campanas que incitan a que la gente tenga hijos incluso patrocinadas por marcas comerciales (mira este video http://www.youtube.com/watch?v=8jxU89x78ac)

Si te animas a escribir otra articulo sobre este pais te puedo dar mas datos para que tengas una buena base 😉

Arturo Almandoz
27 de agosto, 2013

Gracias de nuevo, Lola, por irrefutables comentarios y ofrecimieto basados en tu vivencia singapurense. Sin embargo, la intención de la crónica es poner el modelo en perspectiva histórica y recrearlo desde el imaginario familiar. Sobre la natalidad y la inmigración, me refería a pautas que han estado asociadas a la transición demográfica y el ciclo de urbanización en países desarrollados, antes que a recientes políticas coyunturales que tienden justamente a contrarrestar los efectos de aquellas pautas. Todo lo mejor.

Jose Almandoz
2 de septiembre, 2013

Arturo, primo, excelente articulo. Yo tuve la oportunidad de visitar Singapur brevemente en el 2006 y el desarrollo y la eficiencia son evidentes. Los contrastes con la Venezuela de hoy son radicales. Cuando las corporaciones internacionales y la inversión extranjera huyen de nuestro país, Singapur es el de-facto “hub” para las empresas globales con presencia en Asia.

Arturo Almandoz
3 de septiembre, 2013

Gracias, José, por referencias e impresiones basadas en tu experiencia profesional. Saludos desde Santiago.

Alfredo Ascanio
5 de septiembre, 2013

Singapur está unido a la península por un viaducto y una linea férrea. El país tiene el puerto más importante el SE asiático,pero la industrialización ha causado una fuerte contaminación del aire y del agua. En el año de 1998 la fertilidad era de apenas 1,7 y la natalidad 13,7. El analfabetismo el 8,9%, la mortalidad infantil 4 de cada 1,000 nacimientos. La Tasa de cambio en 1998 fue de 1,69 dólar de Sin por cada US$, el ingreso por habitante US$ 23.360, una baja inflación del 2% y un desempleo muy bajo del 3%. El 80% de la isla está urbanizada. La isla tiene un desarrollo avanzado y su hoja Web es : http://www.singnet.com.sg

Alfredo Ascanio
5 de septiembre, 2013

http://www.singstat.gov.sg/

Esa si es la verdadera Hoja Web de la Isla de Singapur con datos gubernamentales. La anterior que puse no existe ya.

Elga
8 de diciembre, 2013

Hola Arturo,

Me gustó mucho tu artículo, porque soy venezolana y vivo en Singapur, y estoy de acuerdo contigo en que ambos países son dos polos opuestos. En Singapur la ley se hace cumplir, por eso es que hay tanta seguridad. Puedes caminar a las 2 de la mañana en cualquier calle, que no te pasa nada. Las calles son limpias, los servicios funcionan y sacar cualquier documento con el gobierno, es cuestión de minutos. El nivel de desempleo es muy bajo, y los servicios de salud son excelentes. Cuál es el secreto de la riqueza de Singapur? Pues que gracias a su excelente infraestructura, y a que imperan la ley y las reglas claras (nada de saqueos o expropiaciones o colectivos aterrorizando a la población), Singapur tiene el mayor nivel de inversiones extranjeras de la región. Esto se traduce en puestos de trabajo y en impuestos para invertir en salud, educación, vivienda, etc. Lo otro es que el Sistema de Gobierno en Singapur es una Democracia Parlamentaria. Por eso no hay un Presidente que concentre todo el poder, como en Venezuela, sino que el poder se distribuye entre los Miembros del Parlamento que conforman el Gobierno. Los Miembros del Parlamento se ven obligados a rendirle cuentas a la población, en debates diarios con la oposición y en las sesiones que hacen cada mes con la gente, en los distritos donde son elegidos. En esas sesiones la gente les plantean sus problemas, y si estos no son resueltos, ellos saben que el chance de perder el gobierno en cualquier momento, con tan solo un voto e no confianza. Saludos, y ojala te animes a conocer Singapur. Creo que hay muchas cosas buenas que podemos aprender de ellos, especialmente en cuanto al sistema de gobierno y al estímulo al negocio y las inversiones.

TOMGOLD
18 de mayo, 2015

Excelente articulo. Solo un apunte, Singapur aun no es miembro de la OCDE.

aquiles blanco
18 de mayo, 2015

Que ironia un pais que se llama Singapur y tiene baja natalidad curioso¡¡¡

Alfredo Ascanio
18 de mayo, 2015

Singapur comenzó primero ensamblando para luego exportar, y más tarde los llevó a la Industrialización completa. Es un pequeño país pero una maravilla con una verdadera política para el desarrollo.

Edgard J. González.-
18 de mayo, 2015

Yo también, como Arturo, desearía pero sé que no podré visitar Singapur, pues he tenido acceso a información sobre ese pequeño pero pujante país, y sinceramente da envidia lo que han logrado en tan poco tiempo, tan reducido espacio y con menos recursos de los que Venezuela ha desperdiciado. Casualmente hace poco vi en la TV española a un individuo con un equipo rociador en su espalda, que limpiaba el piso de las aceras con un líquido biodegradable elaborado a partir de la remolacha, que disuelve el chicle, que (tanto en España como en todos nuestros países iberoamericanos) la gente suele tirar al piso o pegar en las paredes. Tengo entendido que en Singapur erradicaron ese problema, prohibiendo totalmente la venta y consumo de chiclets. Una solución radical y eficaz, que se traduce en menos molestias y gastos, más limpieza, beneficio para todos. Me conformaría solamente con disfrutar del conjunto frente a la bahía, que consiste en tres torres separadas que sostienen una edificación de 600 metros de largo en sentido horizontal, en la cual hay una piscina de 400 metros, varios restaurantes y caminerías, en ambiente de Parque Mirador con variada flora. Una maravilla arquitectónica que jamás va a ser invadida, como vergonzosamente pasó en Caracas con la Torre David y el Sambil, en la misma área de la capital. Interesantes y valiosas las acotaciones de las dos compatriotas que viven en Singapur. Ellas se pierden la Inseguridad y las colas !!

carlossanabria
19 de agosto, 2015

Los escenarios asiaticos,me son incompatibles. Sin comentarios.

Alfredo Ascanio
20 de agosto, 2015

En el año del 2015 los datos han cambiado y todos son favorables para ese país,ver los datos aquí, http://www.singstat.gov.sg/

Karl Krispin
1 de noviembre, 2015

Cada vez que Arturo Almandoz publica algo, lo leo de inmediato. Es un extraordinario cronista de la ciudad o de las ciudades. Aprovecho para urgir, sí para urgir, a sus lectores a que nadie se pierda de uno de los libros caraqueños de mayor gozo en su lectura que he realizado en los últimos tiempos, Se trata de las “Crónicas desde San Bernardino”. Gracias Arturo por el placer que nos concedes con la lectura de tus textos. KK

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