Actualidad

La pequeña grandeza, por William Ospina

Por William Ospina | 2 de Julio, 2013
10

ÁlvaroUribe texto

Álvaro Uribe Vélez tuvo durante ocho años la oportunidad de convertirse en el colombiano más grande de la historia, pero obstinadamente se negó a ello. Pudo haber hecho la paz, que requiere justicia, dignidad, diálogo, oportunidades para todos, reformas, proyectos generosos e históricos: prefirió hacer la guerra, persistir en una aparente solución en la que ya se habían desgastado muchos gobiernos, una guerra que sólo significaba la prolongación de la tragedia, la acumulación de los males, la multiplicación de las víctimas.

Pudo haber renovado la infraestructura vial del territorio: ahora basta salir de Bogotá hacia Melgar y de Medellín hacia Caucasia, dos vías muy importantes y muy cercanas al corazón del país, para ver el mundo en la prehistoria.

Luchó por todos los medios por abrirle camino a un tratado de libre comercio que supuestamente sería la solución de nuestros males. Aprobado el tratado, encontró al país sin vías y sin puertos, y lo que es peor, con nada que vender y todo que comprar. Nada que vender de lo que sale del trabajo y del conocimiento: porque sí teníamos, como hemos tenido siempre, el suelo desnudo, materia prima en bruto, un país para vender en el sentido más primitivo y más pasivo del término.

Y su sucesor, el doctor Santos, que no ha podido encontrar tampoco el camino de la grandeza, entonó desde el comienzo la glorificación de la economía extractiva, el retorno al siglo XVI, como si esa derrota de todos fuera una victoria de alguien.

Uribe pudo haber modernizado el campo: prefirió convertirse en vocero de la alianza del viejo latifundio egoísta y mezquino, que quiso siempre toda la tierra y no hizo nada con ella, salvo tender kilómetros y kilómetros de alambre de púas, con el nuevo latifundio que arrojó millones de campesinos a las ciudades para acrecentar su agroindustria y abrir rutas de tráfico, dueños que también recurren al alambre de púas para que se sepa bien a cuántos centenares de colombianos pertenece hoy el territorio sagrado del país, y para que no se atrevan a entrar los millones que no pueden saber qué significa la palabra propiedad.

En un país desesperadamente necesitado de justicia, lo primero que hizo Uribe fue eliminar el Ministerio de Justicia. No luchó contra la pobreza, la compró a bajo precio para asegurar electores, pero no con su propio dinero sino con el tesoro de los contribuyentes.

Cuando recorro las carreteras de Colombia me digo que no se puede negar que Uribe hizo más fácil y más tranquilo recorrerlas; no porque estén pavimentadas y señalizadas, eso sería demasiado pedir, sino porque desplazó la guerra hacia regiones menos frecuentadas por la clase media, y desmovilizó acaso transitoriamente a un porcentaje importante de los ejércitos paramilitares.

Pero nadie podría decir que Uribe acabó con la violencia: el país arde y sufre, vela y espera. Diariamente caen jóvenes acribillados en Buga y en Tuluá, en las barriadas de todas las grandes ciudades, y el paramilitarismo no parece ceder: las llamadas bandas criminales campean, y hay quien dice que son una alianza de antiguos guerrilleros y paramilitares.

El mundo sabe que Uribe recibió al país con un conflicto interno y estuvo a punto de entregarlo con tres guerras externas. Le faltó tiempo. Con todos los vecinos peleó, a todos insultó, a todos amenazó. Y una buena prueba de que la hostilidad salía de él es que Santos pudo empezar a convivir con esos vecinos al segundo día de su mandato. A todos esos gobernantes Uribe los declaró jefes de la guerrilla colombiana, sin darse cuenta de que mediante ese truco convertía a una supuesta banda de terroristas internos en una suerte de ejército internacional respaldado por tres naciones. Curiosa manera de combatir al enemigo: magnificándolo y dándole un perfil de gran protagonista internacional. Pero su verdadero propósito era justificar la guerra, darle argumentos a una política que descuidó los demás deberes de gobierno para responder a una teoría de la seguridad que parecía un polvorín a punto de estallar.

Desde que terminó su mandato, las aguas del escándalo han ido subiendo a su alrededor, y de un modo creciente sus funcionarios se han visto reclamados por la justicia para responder por toda clase de irregularidades: jefes de seguridad que les brindaban información a criminales, ministros que subsidiaban a los ricos, tropas que presentaban como enemigos muertos en combate a pobres muchachos recogidos en las barriadas y disfrazados aprisa de guerrilleros.

Esos escándalos han hecho que los millones de votantes de Uribe se hayan ido evaporando y que su prestigio se difumine. Quién sabe si los que todavía lo admiran estarán dispuestos a votar por sus candidatos. A Uribe sólo le gustan los servidores irrestrictos, áulicos que convierten sus discursos en obras maestras, y publicistas que maquillan su gobierno crispado y estridente.

Los colombianos más grandes de la historia son los que tienen todavía en pie nuestros sueños y nuestro orgullo. Para serlo de verdad, Uribe necesitaría que hoy quince millones de colombianos proclamaran su admiración en las calles, agradeciendo las vías, los puertos, la justicia, la educación, la salud, el empleo, la prosperidad, la paz y el espíritu de convivencia. Uribe pudo ser grande, y trescientos mil votos en un concurso trivial no bastarán para borrar ese fracaso.

Pero no deja de ser penoso que alguien que desperdició una oportunidad tan sublime no quiera quedarse sin la medalla. Tendrá que consolarse con esta medalla de fantasía. Y es conveniente que crea en ella porque muy pocos más van a creer.

Ya lo dijo Novalis: “En ausencia de los dioses reinan los fantasmas”.

William Ospina  es un poeta, ensayista y novelista colombiano. Entre sus obras se encuentra la novela "El País de la Canela" (2008, La Otra Orilla) y el libro de ensayos "Los nuevos centros de la esfera" (2001, Aguilar). Ganador del Premio de Novela Rómulo Gallegos (2009) Colaborador del diario El Espectador

Comentarios (10)

Hector A. Escalona S.
2 de Julio, 2013

No sé, tal vez, creo…

Nadie va a una mesa de negociación si cree que todavía tiene chance de ganar, por lo que cuando dos contendientes se sientan a conversar generalmente es porque uno ya sabe que no cumplirá, que no puede cumplir sus metas.

Bajo esta premisa es posible considerar que la fase guerrerista es lo que empujo a la guerrilla a negociar.

¿Entonces tal vez el error del Ex Presidente Uribe es no comprender, no querer asumir que su fase por muy bien cumplida ya paso, y que él es el EX de la nación, que otro es el novio ahora, como ahora es otro el proceso…?

CARLOS LLANOS DIAZGRANADOS
3 de Julio, 2013

¿Será que al Gran Colombiano le harán una estatua en China? Un mero ejemplo de lo que significa García Márquez ante el mundo. Nefastos ocho años de “falsos positivos” en Colombia.

@manuhel
4 de Julio, 2013

Si sustituimos la palabra “Uribe” por la palabra “Chávez” todo calza.

Todo lo que este señor cuestiona asertivamente de Uribe, es aplicable a la gestión de Chávez.

Lo que no entiendo es como puede tener las pupilas tan afinadas para criticar a uno, y se deshace en halagos por el otro…

Julio Grau
4 de Julio, 2013

Como el hermano de al lado le digo que la mejor respuesta a su artículo me la dio un costeño de Santa Marta que me llevo junto con mi familia a Cartagena, “mire patrón, ahora tenemos tranquilidad, esta vía (frente a la sierra) no se podía tomar por los retenes de la guerrilla y a esta hora menos”. Eran la 5am y sin novedad ni miedo. Sr. Osuna esa sensación vale algo.

ORLANDO NOSSA
4 de Julio, 2013

Admiro con gran bum tantas verdades con un angelical forma de decir que no hizo nada pero la historia es otra, espero que todos sus escritos, maestro Ospina me lleguen, soy un humilde escribidor de poemas ORALNDO NOSSA

Julio Grau2
5 de Julio, 2013

Creo que el señor Julio Grau, miro el artículo pero no lo leyó entendiendo… El periodista explico algo y muy bien que muchos no teníamos claro. Si podes transitar por unas cuantas vías ahora, y no fue porque erradico la guerra o a los grupos subversivos, fue solo porque la guerra se desplazo a otras zonas (a mi ya no me toca entonces que se lo chante otro). Además agregue que ahora es más rentable tener minas “piratas” que hacer las mal llamadas “pescas milagrosas”.

felipe
5 de Julio, 2013

Después de la guerra todos son coroneles!! Alguien dijo que la corrida se ve mejor detrás de la barrera!! Quedarnos en lo que pudo o no pudo ser! Resulta vano he infructuoso Oribe hizo lo que tenia que hacer!! De allí en adelante el camino fue diferente!

CARLOS
5 de Julio, 2013

Estan muy ofendidos por este concurso, sabe que es mas ofensivo? ver nuestros militares que entraron al palacio y estan tras las rejas, ver como los empleados de la cafeteria que eran los complises que permitieron entrar a los guerrilleros asesinos verlos como martires, y los que no entraron y sobrevivieron hoy en día senadores y alcaldes, eso si duele.

Ivan Cabrera
6 de Julio, 2013

El Gran Colombiano. Creo prudente que la opiniones que nos son opuestas, por lo menos sean consideradas. Es mucho lo negativo, que en el gobiernbo de Uribe, se dio. Negarlo es un acto de necedad. ¿En que gobierno, esto no se ha dado y mas con ese espiritu corrupto, que ha distinguido a nuestros presidentes?. Realmente se habla de 300 mil votos, los que pueden ser millones. No nos gusta la guerra. pero las cosas hay que decirlas y desemascara a los hipocritas, es un deber de todos los colombianos. El presidente Santos, aun no comienza a gobernar. Nuestro pais, naufraga en un mar con menos 75 mil Km2 de mar.

andrea
11 de Julio, 2013

yo recuerdo aquel pais donde despues del gobierno pastrana y los antes sucedidos, teniamos apagones, violencia, gerrilla en toda colombia, paramilitares, grupos narcotraficantes, que colocaban bombas en todo el pais, pescas milagrosas, sesinatos de gente que lucho por un pais mejor,secuestros a gran escala, no he compartido todo el gobierno uribe, pero mi COLOMBIA sufrio un cambio significativo, por que a muy pesar de muchos un verdadero hombre se paro en frente de nuestro pais, peleas, quien no puede disgustarse con paises que son autoritarios y fuera de democracia, el igual que todos es un ser humano lleno de errores. que han hecho todos sus detractores solo criticar este pais solo esta hecho para que al que no le guste critique al que intenta hacer algo por nuestro pis.

toquemonos, sintamos este país que se hunde en una farsa de proceso de paz, donde nadie nos gobierna con firmeza y responsabilidad, donde los narcoterroristas quieren ser nuestros gobernantes, donde ellos siguen asesinando, infiltrándose, matando y secuestrando a nuestros compatriotas.

se deberia pagar por los actos de corrupcion y violencia de nuestro pais. claro solo se necesita estar en un grupo asesino, narcoterrorista como las farc, para poder decidir si se paga o no.

NEGOCIAR SE CONVIRTIO EN UN NEGOCIO….. la paz esta muy lejos

Envíenos su comentario

Política de comentarios

Usted es el único responsable del comentario que realice en esta página. No se permitirán comentarios que contengan ofensas, insultos, ataques a terceros, lenguaje inapropiado o con contenido discriminatorio. Tampoco se permitirán comentarios que no estén relacionados con el tema del artículo. La intención de Prodavinci es promover el diálogo constructivo.