Artes

“Watchmen”: el “Ulises” del cómic

Por Prodavinci | 28 de Junio, 2013
watchmen texto

De la adaptación cinematográfica de “Watchmen” (2009)

 

Fragmento de un artículo de Carles Geli publicado en El País

El cómic se hizo adulto no hace tanto, en 1986. Fue de golpe. El milagro de la novela gráfica se llamó Watchmen, de complejidad narrativa sin igual hasta entonces y con un tratamiento del superhéroe de psiquiátrico. En los EE.UU. de 1985 que aún preside Nixon y marcados por el pavor nuclear contra la URSS, los superhéroes vigilantes que ayudaron a ganar en Vietnam han sido prohibidos y uno, El Comediante, asesinado. Por vez primera, los héroes son débiles, moralmente ambiguos, ideológicamente dudosos: Rorschach (amargado ultraderechista y paranoico), el Dr. Manhattan (con superpoderes pero incapaz de sintonizar con los sentimientos humanos), Ozymandias (genio extraño); Espectro de seda (fémina llena de complejos)…

El guionista fue el revolucionario Alan Moore (padre también de V de Vendetta), pero si la obra (premio Hugo a un cómic por vez primera, en 1988; entre las 100 mejores novelas de todos los tiempos, según Time en 2005) funciona es también por unas meticulosísimas ilustraciones de Dave Gibbons (Londres, 1949), que se sometió a una estructura muy clásica, con unas ya míticas nueve viñetas por página, pocos bocadillos, sin líneas de movimiento… “Fue un sacrificio consciente: el guión era ya lo bastante complejo como para hacer filigranas, por eso apostamos por un estilo directo que permitía también a Moore un mayor control de cada viñeta al saber la estructura”, comenta Gibbons en Barcelona, donde promociona la reedición de la obra en España bajo el sello ECC.

Pero como en todo en Watchmen, lo simple es apariencia. “Se trataba de confundir al lector ofreciéndole, bajo esa opción gráfica tradicional, un mensaje más complejo: la ambigüedad entre el bien y el mal, la doble moral del héroe… Es como caminar por un sendero floreado que acaba conduciendo de golpe a un bosque oscuro donde alguien te pega con un bate de béisbol”, simboliza Gibbons, con inquietante semisonrisa lateral bajo sus metálicas gafas.

Watchmen está cargado de repeticiones simbólicas y niveles de lectura, tantos que ha sido bautizado como el Ulises del cómic. Y las aportaciones de Gibbons (que asegura que nunca leyó la novela de James Joyce) a ese juego fueron muchas más de las que se han descubierto hasta ahora. “En obras así hay que dejar el ego muy atrás; todo fue fruto de conversaciones de hasta cuatro horas de teléfono entre él y yo…”. ¿Por ejemplo? “Estábamos trabajando en el traje de El Comediante y el primero, de tipo militar, no funcionaba; luego optamos por uno de cuero negro y para matizar lo oscuro le puse la chapa amarilla del Smiley. Al verlo, Moore, dijo: ‘¿Por qué no llevamos la muerte de El Comediante al inicio y manchamos con una gota de sangre el Smiley?’. Vale, yo introduje la chapa, uno de los iconos del cómic, pero Moore le dio el sentido”. Algo parecido ocurre con los Relatos del navío negro, la publicación que siguen los vigilantes. “No tenía sentido que los superhéroes leyeran cómics de superhéroes, por lo que en el primer capítulo inventé esa revista sobre piratas; en el tercero, lo seguían leyendo y entonces Moore propuso utilizarlo como analogía”.

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Puede leer el texto completo aquí.

Prodavinci 

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