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Notas sobre la escasez, por Ángel Alayón

Por Angel Alayón | 16 de Mayo, 2013

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Lorenzo Mendoza, Presidente de Empresas Polar, ofreció un dato revelador para explicar el fenómeno de la escasez en Venezuela cuando describía la situación del mercado de la harina precocida de maíz: Alimentos Polar maneja el 48% de la capacidad instalada de producción de harina y produce al cien por ciento. Las empresas del Estado tienen el 52% de la capacidad instalada pero sólo producen el 40% de su potencial. La aritmética es sencilla: si las empresas estatales utilizaran el 100% de su capacidad, la oferta disponible de harina precocida de maíz se incrementaría en un 31,2%, eliminando el problema de la escasez. A partir de 2005, el Estado venezolano decidió desplazar parcialmente a las empresas privadas que operan en el sector alimentos a través de expropiaciones. Hoy pagamos las consecuencias de estas políticas. La disminución de la producción en las empresas estatales es una de las principales causas de la escasez en Venezuela. Ya vemos, por ejemplo, el caso de Lácteos Los Andes, una empresa que antes de ser expropiada tenía una participación de mercado del 40%. Hoy sus trabajadores hablan de una empresa quebrada y manifiestan que la producción se ha reducido en 30% tan sólo en los dos últimos meses. ¿Existen posibilidades de revertir la situación de producción de las empresas estatales en el corto plazo?

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El control de cambios colapsó. La disminución de la entrega de divisas al sector privado ha sido dramática y la adquisición de divisas es para muchas empresas la barrera a superar para adquirir materia prima o insumos esenciales para la producción. Muchas empresas han agotado sus líneas de crédito con proveedores internacionales. Hay trasnacionales que no están dispuestas a continuar subsidiando a sus filiales en Venezuela. El SITME murió y el SICAD no termina de arrancar o quizá sea más preciso decir que no arrancó. Los niveles actuales de escasez de productos en Venezuela son, en parte, consecuencia de la escasez de divisas, una escasez que tiene su origen ee un gobierno que se empleó a fondo en un año electoral (2012) en el que se importaron 77.000 millones de dólares. La escasez de hoy es también el tributo que pagamos los venezolanos por un gobierno que arriesgó a la economía por obtener un triunfo en las elecciones del 2012 y en la segunda ronda, la del 2013. ¿Encontrará el gobierno la forma de entregar divisas en forma suficiente y oportuna a las empresas productivas?

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Predecir es difícil, excepto si se trata de un control de precios: siempre producen escasez. El control de precios en Venezuela se estableció en febrero del año 2003 y desde el principio comenzó a ocasionar problemas del lado de la producción. Muchas empresas pequeñas empezaron a dejar de producir bienes regulados. Al principio el éxodo no se nota, pero el efecto se va acumulando y en algún momento la salida de las empresas afecta la oferta de manera importante. Muchas empresas mantuvieron sus niveles de producción esperando tiempos mejores o tratando de evitar que la ola expropiatoria los alcanzara. Pero llega un tiempo en que la situación se hace realmente insostenible. Hay productos básicos que tienen más de dos años con los precios congelados. En una economía inflacionaria, esto es una condena a no producir o a destruir capacidad para producir. El Gobierno aumentó los precios de la leche, el pollo y la carne en 20%, pero los empresarios dicen que es insuficiente, que el rezago es demasiado. La tensión entre precio y producción sigue allí en todas las principales categorías de productos alimenticios. Brasil y China se deslastraron en su momento de los controles de precios en momentos de crisis alimentaria. Hoy son potencias que ayudan a alimentar al mundo y sus ciudadanos disfrutan de alimentos a precios asequibles. ¿Cuál es el futuro del control de precios en Venezuela?

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Las llamadas “compras nerviosas” existen. Es un comportamiento conocido en situaciones de escasez y se trata de la actuación racional de los consumidores de intentar almacenar en su casa bienes que considera improbables o difíciles de conseguir en el futuro. Cuando hay escasez, la gente tiene incentivos para construir inventarios en la despensa de su cocina o en su botica personal. El problema de las “compras nerviosas” por escasez es que puede convertirse en una profecía autocumplida. Hay “compras nerviosas” porque hay escasez pero la escasez se incrementa por las “compras nerviosas”. Es un tema delicado y que en la historia de la humanidad no ha conseguido resolverse sino de una sola forma: acabando con la escasez, que es el origen de este particular comportamiento.

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Los incrementos de precios disminuyen el bienestar del consumidor. Pero esta regla tiene una particular excepción: los incrementos de precios pueden incrementar el bienestar del consumidor si se trata de un producto que no se encuentra en los anaqueles. Hay que recordar que el costo de un producto que no se consigue es infinito. Por eso, cuando hay escasez, la inflación oficial siempre está subestimada. Los costos de la escasez son múltiples para el consumidor: sustitución forzada de productos, cambios en los patrones de consumo, mayor cantidad de tiempo para conseguir los productos, compra de bienes a un precio más alto en el mercado negro, incertidumbre sobre la calidad de las marcas que se consumen. Cuando hay controles, el consumidor termina asumiendo un costo mucho mayor al precio que dice la Gaceta Oficial, se exprese este costo en términos monetarios o no.

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La discusión reciente de la escasez en la opinión pública se ha centrado en la escasez de alimentos, pero, en realidad, la escasez es ya un fenómeno transversal en la economía venezolana. Hay escasez de cabillas, de cemento, de electricidad, de medicamentos, de vehículos, de repuestos de vehículos, de camas en las clínicas, de papel higiénico y así podemos seguir. Expropiaciones, controles de precios y de divisas explican esta situación. Para el consumidor, el supermercado y la farmacia es su contacto con el fenómeno de la escasez, pero hay otro tipo de escasez que explica, y a su vez agrava la situación: la escasez de insumo y materias primas, empresas que no consiguen lo que necesitan para producir. Una mala noticia: en su The Economics of Shortage, János Kornai nos recuerda, y demuestra, que la escasez es inherente e inevitable en los sistemas socialistas clásicos.

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“Un cínico es un hombre que sabe el precio de todo y el valor de nada”, Oscar Wilde.

Angel Alayón es economista. Puedes leer más textos de Angel en Prodavinci aquí y seguirlo en twitter en @angelalayon

Comentarios (9)

Agustín Martínez
16 de Mayo, 2013

Estimado profesor muy bueno su artículo, le comento el caso del alumínio este sector requiere enormes cantidades de energía eléctrica, es muy probable que nunca se pueda recuperar estás fábricas,el caso Venalum de 905 celdas electrolíticas para producir aluminio primario hoy están operativas aprox 270 celdas electrolíticas…el problema principal escasez de corriente energía eléctrica que genera Guri y otras represas Caruachi, Macagua Tocoma en construcción..mientras no se normalice la situación de la electricidad en las ciudades no se podrá siquiera pensar en la incorporación de celdas electrolíticas seguiran en espera el 70% de ellas 635 unidades que a razón de 1350Kgc/día unos 857250 kg 857,25 ton de alumínio que se dejan de producir en un día…no se habla de escasez de alumínio en Venezuela así como el caso del acero porque casi no se procesa el aluminio primario es decir muy poca demanda interna se exporta en un alto porcentaje, peor aún se deja de traer divisas….

Susy M. de Vaamonde
16 de Mayo, 2013

Artículo interesante,revelador y trágico porque hemos tenido que llegar a este nivel de escasez en todos los rubros ,para constatar que a esta nefasta dizque “política económica” del régimen ,debemos agregarle otra: LA ESCASEZ DE IDEAS,PLANES E INTENCIÓN SINCERA de parte de la plana gubernamental de querer implementar los correctivos necesarios para aliviar esta situación.Estamos sintiendo en carne propia la dilapidación de recursos en beneficio de muy pocos(léase corrupción) y la indolencia de casi 15 años… ¡ que momento !

julio bethelmi
17 de Mayo, 2013

Una posible consecuencia adicional que no se menciona es el mas que probable surgimiento de mercados negros, que venden el producto a precio mucho mas altos al regulado para aquellos que tienen la capacidad para pagarlos. Es el surgimiento de una economía sumergida mayor de la que ya existe, con la consecuente perdida de bienestar por los costos de búsqueda y precios no visibles.

manuel torres
17 de Mayo, 2013

maravilloso el artículo y el remate con la cita de la frase de Oscar Wilde.

maria v. sánchez
22 de Mayo, 2013

De nuevo comparto un extenso comentario en este foro. Reflexiono no sólo sobre este interesante artículo e intento conectarme con algunas reflexiones compartidas por otros foristas en éste y en el anterior artículo de Alayon, dedicado a Lacteos Los Andes. Comienzo por afirmar que en la práctica los índices que aporta sistemáticamente el BCV desde 2008 suelo multiplicarlos por algún factor, no sólo por la corrección que introdujo el BCV para ese año (cambio metodología tomando como año base 2007) sino porque considero que históricamente estos índices oficiales son incompatibles con la realidad que vivimos, situación que es más aguda en los últimos años. Así por ejemplo en la práctica nos estamos acostumbrando de modo alarmante a aceptar aumentos de 10% y hasta 20% o más en los precios de varios rubros de la cesta alimentaria de semana en semana. Otro grave problema que estamos viviendo con pasmosa inercia y resignación es que no sólo los alimentos son los que muestran el impacto de la inflación y el desabastecimiento, sino las medicinas, los materiales de oficina, los repuestos para carros y motos, las partes y piezas para un equipo o máquina de nuestro hogar, los materiales de construcción y las tarifas por servicios públicos y privados cuyo aumento no se detiene. Todo ha estado aumentando de modo progresivo y alarmante desde final de 2012 y muchos renglones sencillos, marcas determinadas y repuestos han estado desapareciendo junto con las empresas que las importaban o fabricaban en el país. El problema reciente de la escasez dramática en rubros claves de nuestra canasta de mercado, que hizo climax con la intervención pública de Lorenzo Mendoza, no es más que la evidencia de un problema agudo cuya gestación arrancó con las expropiaciones de empresas, tomas e invasiones de tierras productivas desde principios de 2000. Mientras otros países abren sus fronteras a la inversión extrajera, allanan trabas legales, fiscales y parafiscales para que los empresarios locales y extranjeros inviertan, el gobierno acá va en reversa a más de 120 Km /hora. En los últimos años la política económica del gobierno ha dado al traste con el pujante tejido industrial que se fue levantando en nuestro territorio progresivamente durante el siglo XX y tomó impulso definitivo a partir del proceso de sustitución de importaciones en la década de los 60. En apenas 10 años de gobierno entre 2003 (fecha post paro petrolero) y 2011 (último año del Chávez saludable) en nuestro país se produjeron 1.911 tomas de tierras, 915 expropiaciones y 529 invasiones. Recientemente, excepción hecha del escarceo que mantuvo con Empresas Polar, el Gobierno ha estado tratando de esquivar el peso de su culpa, ocultando la verdad de la situación que ha producido con sus erróneas políticas evidenciada en la desaparición de un promedio de 500 empresas por año entre 1999 y 2007 (no hay cifras disponibles para años recientes). El gobierno ha querido hacer ver que tiene disposición de adoptar correctivos y atender las demandas de Empresas Polar. Mendoza habló muy bien, no solo dio demostraciones contundentes de cómo se puede llegar a ser líder empresarial e industrial en un país como éste, sino que alzó la voz en nombre de muchos empresarios (10.000 grandes, medianas y pequeñas que aún subsisten en Venezuela) que aún no se atreven a mostrarse abiertamente ante el gobierno). A pesar de esta contundente demostración de liderazgo y verdades, el gobierno trata de mantener un ambiente paralizante y desgastante reforzando el mensaje de que hay un complot orquestado entre empresarios, medios de comunicación y líderes políticos, con una escasez que tildan de ficticia, y con mensajes tan insólitos y descontextualizados como el del ministro de Agricultura y Tierras, Yván Gil quien afirmó que quien no invierta en Venezuela está loco: Con el peor marco jurídico que jamás hemos visto para invertir, con profusas y recurrentes medidas de presión fiscal y para fiscal, controles de precios y de cambios, y leyes y tribunales laborales que se han alineados en contra de la iniciativa empresarial, con un sector privado ahogado por las cuentas por cobrar al gobierno (hasta 6 meses tarda el Estado en pagar a un proveedor de bienes y servicios que contrate con éste). Con funcionarios del SENIAT que reciben bonos de productividad en función del número de cierres de empresas que logren alcanzar en jornadas de fiscalización, con aplicación de multas insólitas y desproporcionales a pequeños y medianos negocios algún por incumplimiento “formal” inenarrable, entre tantas otras realidades de “nuestro insólito universo venezolano”. Estoy segura que Gil tuvo un lapsus mentis junto con un lapsus lingüis y se imaginó en Perú, Brasil, Colombia, Chile, Ecuador, Panamá, Costa Rica y otros países de la región, en donde, teniendo la posibilidad y recursos, habría que estar desquiciado para no invertir. Por si fuera poco vivimos, en un contexto diario de crispación: nos preguntamos cada día “que será lo que aparecerá hoy en el escenario político”, “que trampa o emboscada estarán montando el oficialismo” o una pregunta más sencilla y prosaica “como será ese famoso papel toilet que importará el estado”; “será que alcanzará para llegar a comprar al menos unos cuantos rollos como reserva, por si acaso no pueden importar más” (las famosas compras nerviosas); o mejor aún “lograré comprar esta semana toda mi lista de mercado”. Ese es nuestro dia a dia, dramáticamente aderezado por un clima permanente de inseguridad indetenible y de crispación de ánimos y deseos desesperados del gobierno de invisibilidad y aplastar a la oposición y con ello a más de media Venezuela. En fin el cuadro no puede ser más desconcertante e impredecible.

Carlos
25 de Mayo, 2013

Pareciera que la solución está al alcance de la mano, aumentar la producción y darle fluidez a los dólares. Si quizá se permitiera a los privados “ofertar” sus dólares legalmente se eliminarían las presiones sobre CADIVI y Sitme y esto estimularía la economía. Lo que no entiendo es porqué el Gobierno se empeña en ser el único en ofertar. Es esto así o existen trabas legales? Pareciera que el gobierno se reservó la provisión de dólares, y como en el caso de Los Andes, la Harina y las Cementeras, no ha podido cumplir con la demanda y ahora produce menos.

Sarimar Jimenez
8 de Marzo, 2014

A todo este excelente análisis vamos a sumarle que la mayor parte de lo que consumimos es importado y pasan por el Canal de Panamá, cómo va a influir la ruptura de relaciones diplomáticas con ese país. Hasta ahora, los alimentos que se importan del sur no cubren la demanda nacional.

Marino
8 de Marzo, 2014

No soy Venezolano, pero he sufrido todos los percances de la terrible política…o Políticas económicas que este régimen que se dice socialista empezó desde 2001 – 2002.

Soy Presidente de una transaccional que tiene muchísimo dinero en Venezuela en las cuentas de banco de nuestro representante sin poder pagar a la casa matriz. Como Alayon menciona, la paciencia acabo y el abasto también. Tenemos muchos clientes desesperados por comprar nuestro producto necesario para la producción de cárnicos procesados….somos un proveedor empaques únicos y necesarios para el rubro.

La escases y su origen basado en teorias claras en base a economia que se plantean en el artículo es clara. No estoy seguro que los dirigentes del país sean capaces de comprender lo que está escrito aqui, o lo que Lorenzo les ha dicho verbalmente…

No pueden aprender los que no entienden.

Quiero mucho a Venezuela y es triste verlo morir lentamente….y por auto envenenamiento.

Jean-Jacques
8 de Marzo, 2014

La ruptura de las relaciones con la república de Panamá no perjudica para nada a los buques de bandera venezolana que lo atraviesan o en defecto tocan algún puerto venezolano. Panamá, que lo administra y, que garantiza el libre tránsito y neutralidad está obligado constitucionalmente a su neutralidad a perpetuidad en base a los Tratados Torrijos-Carter firmados en Washington DC el 7 de septiembre de 1977. El verdadero daño es el perjuicio colateral que les ocasiona a los comerciantes panameños y venezolanos en sus operaciones comerciales ya que son entre particulares, y no debería, tal situación política ir más allá a lo comercial, pues son roturas de relaciones diplomáticas y no comerciales. La posición del gobierno de Caracas es una medida maula que se aprovecha del caso para no honrar el compromiso ya adquirido por falta de liquidez. Sin embargo, tal compostura dañará a la larga la imagen del comercio privado internacional de Venezuela, que poco a poco no podrá acudir al comercio mundial si no cancela con anticipación sus compromisos a futuro.

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