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Der grosses mausoleum: cinco observaciones sobre el mausoleo bolivariano, por Manuel López.

El presente texto fue presentado en Foro "El Mausoleo a El Libertador: ¿un monumento de la discordia?", convocado por la Cátedra Permanente de Imágenes Urbanas, el pasado miércoles 12 de diciembre en la Sala Experimental del Centro Cultural Chacao. Ese evento fue presentado por Tulio Hernández, director académico de la Cátedra, y contó con la participación de la periodista Lisette Boon, los arquitectos Leopoldo Provenzali y Manuel López, el investigador de arte Roldán Esteva Grillet y la moderación de la arquitecta Blanca Rivero.

Por Prodavinci | 15 de Mayo, 2013
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Aunque las obras del Mausoleo en que el gobierno bolivariano ha decidido albergar los restos de Simón Bolívar están lejos de culminar, y son muchas las grietas externas y las goteras internas que será necesario tapar previamente (retrasando, de paso, otra fecha de inauguración anunciada), ya es posible, y hasta conveniente, plantear algunas consideraciones críticas sobre la nueva realización, subrayando necesariamente su carácter preliminar y provisional.

Primera. No podemos aproximarnos a esta obra, simplemente, como a una edificación cualquiera, asumible sólo desde uno o dos parámetros de juicio crítico, pues se trata, claramente, de una obra de arquitectura: buena o mala, bonita o fea, bien o mal construida, respetuosa o no del entorno, protectora o destructora del patrimonio, ella forma parte de la institucionalidad arquitectónica, ya que está construida dentro de los cánones, normas y procedimientos de esta disciplina y, por tanto, analizable obligadamente en cuanto tal, es decir, tomando en cuenta todos los factores involucrados que contribuyen a explicarla, desde las motivaciones primigenias hasta su utilización final, pasando por promoción, cliente, programa, arquitecto, proyecto, construcción, contexto, etcétera.

Se trata, además, de una obra de arquitectura importante, no menor, y altamente significativa, aunque quizás no tanto por lo que muestra sino por lo que esconde, y en tal sentido, la crítica debe lograr que revele sus secretos ideológicos y nos permita enriquecer nuestro conocimiento de la esquiva realidad, destacando algunos de sus aspectos fundamentales.

Segunda. En cuanto al pensamiento que mueve a esta obra, a la idea motora, a su filosofía, a lo que Foucault llamaba “episteme, al complejo de creencias y verdades característicos de una cultura, esta realización encuentra su referencia preclara en lo que Carrera Damas denominaba en su clásico texto de 1973 como “el culto a Bolívar” y, más recientemente, Pino Iturrieta calificaba como “el divino Bolívar”. Pero quizás ambos estudiosos nunca imaginaron el nivel de repotenciación y manipulación al que llegaría tal culto divino y su esotérico despliegue por todos los intersticios del cuerpo, y alma, de la sociedad.

En lugar de una aproximación realmente histórica a la figura de Bolívar, capaz de situarlo como ser humano que vivió hace dos siglos en el territorio hoy venezolano, con sus aciertos y sus errores, se manipula hasta la extenuación al personaje y se le coloca míticamente al servicio de una causa del siglo XXI. El gran Levy-Strauss sostenía que, en la sociedad contemporánea, el primitivo pensamiento mítico había sido reemplazado por la ideología política. En la de este régimen, sirve para que una visión anti-histórica liquide todos los esfuerzos realizados durante años para valorar racionalmente al Libertador, tornando superfluas o meros comparsas a otras figuras de nuestra historia y replanteando constantemente el juego del laberinto, aparentemente sin salida, siempre con Bolívar en su centro.

Tercera. En lo que se refiere a la puesta en práctica de esa “episteme”, a la estrategia del poder para aplicarla, se opta por crear una estructura paralela, que es uno de los mecanismos favoritos de actuación de la actual clase dominante bolivariana. Consiste, no en el derribo o demolición escandalosa de la estructura existente (sea alcaldía, gobernación, hospital, mercado, etc.), sino en su progresiva sustitución por otra estructura colateral, que la vacía de sus funciones y se las usurpa poco a poco. Los ejemplos al respecto sobran: desde la alcaldía metropolitana hasta las nuevas comunas, pasando por las llamadas Misiones sociales, incluyendo la de Vivienda, ocupando supuestamente “espacios vacíos”.

Pero, en realidad, no son estructuras tan “paralelas”, o será que ya han llegado al infinito en donde nuestros maestros decían que esas rectas se encontraban… Afectan gravemente al contexto y al vecindario en donde se insertan, alterando relaciones de todo tipo y creando el caos por doquier: es el caso que nos ocupa, el del Mausoleo bolivariano. La afectación al entorno urbano y los destrozos al Panteón Nacional son graves, y la observación directa o las imágenes fotográficas hablan por sí solas y no dejan lugar a dudas.

Cuarta. No se trata de una edificación cualquiera, a la que el Mausoleo bolivariano infringe un grave daño: está catalogada como Patrimonio Nacional. A partir de su origen en la jurisprudencia romana, como legado del paterfamilias a sus herederos, el término latino patrimonium evolucionó hasta alcanzar en el siglo XIX, con el Romanticismo y la emergencia de las naciones, el significado actual que lo vincula con la identidad nacional. El Patrimonio Nacional, y su máxima expresión, los Monumentos Nacionales, pasaron a convertirse en símbolos supremos del espíritu nacional, como conjunto de bienes y manifestaciones heredadas que debe ser protegido y transmitido a las generaciones posteriores.

Pues, bien, en el Panteón nos encontramos con una edificación declarada patrimonio histórico y arquitectónico nacional, es decir, con una gran significación y valor histórico, pero también arquitectónico: con su tránsito de iglesia colonial de la Santísima Trinidad a fines del siglo XVIII, derrumbada con el terremoto de 1812, reconstruida como iglesia neogótica en el XIX, convertida en Panteón Nacional por Guzmán Blanco en 1876 y transformada al neocolonial por el gran arquitecto Manuel Mujica en 1930. Esa historia de cambios y transformaciones periódicas, nos brinda un panorama inigualable de la evolución histórica de la arquitectura venezolana.

Ahora hay que añadir lo más reciente: edificación intervenida, agredida, violentada, particularmente en su fachada posterior (pero no solo), al demoler su pared de cierre para abrir paso hacia el nuevo edificio, cuya rampa de lanzamiento se pega desfachatadamente del antiguo monumento nacional, que trastoca su función para convertirse en pasillo obligado al Mausoleo. Pero es que todo el Mausoleo bolivariano se cierne amenazador con su inmensa mole sobre el viejo edificio, alterando totalmente su significación visual, paisajística, arquitectónica, patrimonial… Parece imposible que haya arquitectos que puedan defender tal atropello.

Quinta. Pero ¿de qué arquitectos y de cuál arquitectura hablamos? ¿Qué arquitectura es ésta que nace de un “gesto”? De tres rayas sobre un papel impoluto que luego se curvan en acto grandilocuente… No de un método sistemático de trabajo, ni de una recherche corbusierana paciente, o de una atención villanuevana a las variables del clima, o de un estudio cuidadoso del entorno urbano, o de una investigación tipológica seria (desde el cenotafio esférico a Newton de Boullée, pasando por la pirámide azteca sobre El Calvario de Rotival, hasta el simple cubo de granito de Loos) o de cualquier clase de análisis racional: aquí se trata, por el contrario, de una arquitectura nacida del impulso primitivo, pasional, emocional. De unos arquitectos que, para remedar a Wittgenstein, “no resistieron la tentación”.

Estos arquitectos y esta arquitectura no tienen nada que ver con el “moderno”, como se ha pretendido, sino que, por el contrario, son profundamente anti-modernos, o mejor, pre-modernos. La historia de la arquitectura ya conoce este tipo de gesticulaciones arquitectónicas, que culminaron en la Alemania de hace un siglo con la llamada Arquitectura Expresionista: con su distorsión de la forma para producir la emoción, con su búsqueda desenfrenada del shock y de la novedad, con su exhibicionismo de la expresión violenta de tinte romántico, con sus excesos de trabajo artesanal y de soporte estructural (en las antípodas, también, de cualquier “estructura límite” frutovivasca), con su descuido por los detalles y los problemas prácticos, etcétera.

Por tanto, nada de Iglesia del Jubileo de Meier o de Ópera de Sidney de Utzon, en ésta esquemática realización de un megalómano dibujo, sino Der Grosses Mausoleum del pre-moderno expresionismo bolivariano.

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Hoy a las 7:00 pm, la Cátedra Permanente de Imágenes Urbanas invita al Foro “Urbanismo y política” en el Centro Cultural Chacao.

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Prodavinci 

Comentarios (4)

Jorge Kwan
15 de Mayo, 2013

Es un acierto del autor señalar el sustrato ideológico subyacente a este producto arquitectónico. El paso del pensamiento mítico a la ideología fortalecida en torno al mito queda expresado en toda la incongruencia de adosar semejante estructura a la antigua iglesia convertida en Panteón Nacional: pareciera que una de las dos sobra y, por la yuxtaposición, al convertir el panteón en simple pasillo de acceso eventualmente habría que eliminarlo, cuestión perfectamente factible como una consecuencia colateral en la formulación del mito primitivo exacerbado. Ya habrá alguien que grite “viva el tobogán, muera la historia!”

R. Vivas
16 de Mayo, 2013

A lo largo de la historia abundan las obras colosales construidas para dar testimonio de la omnipotencia y magnificencia de los potentados que las ordenaron construir . En la mente de estos el tamaño exhorbitante de una obra refleja la grandeza de su voluntad y de su poderio , asi las obras que ordenan construir Stalin o los Faraones Egipcios o las que ordena Hitler a diseñar a su arquitecto Speer para la conversion de Berlin en la capital del nuevo Reigh. La utilidad de estas obras puede ser nula o minima . Sus meritos arquitectonicos o esteticos dudosos o cuestionables pero los delirios de omnipotencia llevan a quienes los viven a sentir que su grandeza reclama una manifestacion visiblemente aplastante , monumental , absolutamente necesaria. Sospecho que el mauseleo aqui comentado puede entrar dentro de esta categoria de obras.

Víctor Ochoa
16 de Mayo, 2013

Quién defiende esta “obra”? Por lo que he podido leer en la prensa es producto de un “esfuerzo colectivo” (como el Mausoleo de Mao, 1976-77), donde el énfasis está en los mil constructores y los materiales claves todos importados. Quizás sea hora de convocar a ese colectivo de arquitectos para que expliquen sus razones y se responsabilicen ante la comunidad y la historia de tamaño bodrio…

Gustavo Quintini
17 de Mayo, 2013

En adición a los excelentes comentarios sobre esta obra, que, con todo respeto he llamado un “mausotreto” (mezcla de mausoleo con mamotreto), el día de la inauguración, en alguno de los paneos de la cámara sobre el fondo, donde aparentemente fue colocado el clásico monumento del escultor Tenerani, me pareció notar que la cabeza de Bolívar de la escultura original había sido sustituida por una nueva con las características del nuevo rostro de rasgos mulatos que se inventaron después de la exhumación de los restos del Libertador, incluyendo ahora una gran cantidad de pelo ensortijado. Como no puedo asegurar 100% que esto que describo sea una realidad porque nunca se hizo un “close up” de la estatua, le escribí una nota a la periodista de El Nacional autora de una breve nota en la edición de ayer, la cual me contestó diciendo que no había notado ningún cambio en la estatua de Tenerani pero reconociendo que ella tampoco pudo acercarse mucho para ver detalles. Simplemente me invitó para que visitase el “mausotreto” y lo constatase por mi mismo. Como no puedo cumplir su recomendación pues no resido en el país, me atrevo a sugerir al admirado y respetado Sociólogo Tulio Hernández y sus colaboradores que aclaren si se trata de la obra original de Tenerani que sufrió una “intervención gubernamental”, o si el conjunto escultórico es una copia modificada o si, posiblemente, tuve una percepción equivocada. Si el caso fuese la primera opción, debe considerarse como una acción absolutamente inaceptable e irrespetuosa, tanto con una obra con más de 100 años presidiendo nuestro querido Panteón Nacional como con la memoria de un famoso escultor. Si mi percepción visual estuvo equivocada, aún con las limitaciones antes referidas, pido las debidas excusas y procederé a revisar mis lentes.

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