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Al límite: ¡Que esto no se nos vaya a complicar más!, por Luis García Mora

Por Luis García Mora | 12 de Mayo, 2013
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Capriles juega. No pierde el pulso.

Hace caso a la prudencia de Borges, aunque la jerarquiza en su justa medida, sin desconectarse del pulso real de la situación.

Situación volátil, impredecible hasta cierto punto: una suerte de ballet tropical donde los hechos se sobrevienen ineluctables.

En primer lugar, los resultados de las recientes mediciones de audiencia (Seijas, Datanálisis), en las que el 67,9% de los encuestados sienten que la situación del país es inestable. El 61,2% cree que debería haber una auditoría completa de los votos. Y que Capriles le ganaría a Maduro de celebrarse hoy unas nuevas elecciones.

Y, luego, en las últimas 72 horas, la sorprendente solicitud de una ayuda urgente a Brasil (según la información internacional) de productos alimentarios para abastecer a Venezuela. Además de un S.O.S. a Dilma Rousseff para que Venezuela pueda enfrentar la actual crisis energética, en un palmario reconocimiento del fracaso o colapso de este fallido proyecto “revolucionario”.

Todo esto, y mucho más: la escasez galopante y la inflación más brutal se están apoderando de la estabilidad mental del venezolano.

Todo se va por las cañerías.

Mientras, el terror a la pérdida del poder domina los ánimos del sector gubernamental, que no ha ganado un solo round político del 14-A para acá. Y que, presa del desasosiego, sólo agita los desencuentros y la violencia.

Al parecer, “los sectores políticos y militares más duros y sectarios marcan el paso del nuevo y discutido presidente, como prueba del desprecio absoluto por el entendimiento con los ajenos”, y como desesperada demostración de autoridad ante quienes dentro del PSUV ansían “mover fichas”.

Es decir: desmarcarse.

Así que, en el bando gubernamental, sotto voce se ajustan las piedras ante una realidad que es evidente: una gran emoción nacional con un Chávez en el centro que se apagó dejando a Maduro, y a todos, a la deriva. Y ante la gran urgencia que les cuesta admitir: tienen que cambiar el esquema de Chávez. Es decir: tienen que plantearse la posibilidad –para seguir siendo una fuerza orgánica en el país– de que otra gente pueda gobernar.

Ven como peligroso que Henrique Capriles en 2019, o antes, llegue al poder. Y, sin embargo, el chavismo tiene que construirle una salida a esto. Y aunque no lo crean, pasar a la oposición en cuanto puedan. Y no de manera tumultuosa, sino organizadamente.

No tiene liderazgo nacional. Diosdado y Ramírez son “hombres de aparato” y Maduro se soporta sobre una emoción prestada. Ajena. Chávez era un dique y un tapón.

Mientras tanto, la oposición corre realenga por estos patios.

Capriles dice que no se ha cerrado este capítulo. Que el Gobierno cada día se arrincona más porque no da respuestas a los venezolanos. Que aquí vendrá una nueva elección. Y que puede ser que el gobernante claudique.

¡Cuántos escándalos no vienen en camino!, dice. “Este gobierno no parece ser un modelo de austeridad y honestidad”.  “Yo no visualizo una salida como consecuencia de una situación violenta”, dice. “La agenda es presionar sobre la base de acciones pacíficas”.

Y de esta manera llenó Bolívar, Maracaibo y Mérida. Comenzó la movilización. Y no son llamados, movimientos de calentamiento sino más bien de mantenimiento. De sujetar y sustentar la energía, del 7-O.  Del 14-A.

De construir la coyuntura.

De construir la salida a un juego que está trancado. Con un gobierno que no te da lo que pides y tú no le reconoces legitimidad. Y donde el nivel de confrontación más importante es el económico-social. Venezuela ha devaluado desde hace menos de cuatro meses cerca de 80% la paridad del bolívar con el dólar. Con el desabastecimiento y la inflación como arietes. Y junto a un desestabilizante e incómodo compañero de viaje: el matón.

¿Subir el amperaje?

La escalada sigue, junto a un hecho: en la medida en que primero el CNE y luego el TSJ no reconozcan el llamado al recuento de los votos del 14-A, se profundiza la desconfianza en los poderes públicos.

¿Qué puede hacer el actual régimen? Es muy inestable el equilibrio de correlación de fuerzas. Como se esgrime: “No hay una hegemonía clave de nadie, aunque con un claro debilitamiento gubernamental”.

¿Puede aguantar que se profundice la deslegitimación y aún más la desconfianza en los poderes?

Hay una especie de operativo veloz, de emergencia, en el que varios objetivos se anudan en una lucha por lograr conducir las operaciones, aumentar el caudal electoral y el apoyo de la opinión pública, imponer la benemérita hegemonía ideológica y mantener el control de la FAN.

Se sabe que la correlación electoral cambió. Las zonas de poder no las controla completamente nadie.

Y las preguntas son obvias: ¿hacia dónde conduce todo esto? ¿A que se le voltee la gente del PSUV? ¿Cuál es el grado de deslegitimación al que va a llegar la oposición y cuál es el que va a aguantar el gobierno en función del cronograma electoral?

Si se apuesta a precipitar la salida (cosa en la que no cree nadie con quien hayamos hablado), se dejará llegar esto al límite de la deslegitimación.

Capriles habla de una lucha larga entre comillas, “porque los gobiernos que surgen de la ilegitimidad difícilmente se mantienen”. Mientras más evoluciona la deslegitimación, mayor es la crisis.

Para algunos, el referendo revocatorio de 2016 es el escenario límite.

Y la mano dura contra Capriles se ha transformado en un búmeran: el 60% de los venezolanos valora positivamente las acciones de contención y defensa pacíficas del bloque opositor.

Y, continentalmente, a Maduro, por más que se desparrama en elogios a la millonaria señora K, a Dilma, a Lula, al viejito uruguayo, a duras penas lo soportan.

Cuenta Juan Arias, corresponsal europeo en Brasil, que después del encuentro con Lula el viernes, a quien también llamó padre cuando se apellidaba “hijo de Chávez”, Maduro explicó: “Hoy hemos encontrado al compañero Lula que nos ha dado un baño de sabiduría. Pasó una hora dándonos consejos sacados de su experiencia. Nosotros vemos a Lula como a un padre. El padre de los hombres y mujeres de izquierdas. Es una suerte enorme tenerlo”.

El presidente de Venezuela no reveló cuáles fueron los consejos concretos de política que le brindó Lula.

La ingenuidad es uno de los mayores enemigos de un estadista.

Sobre todo en asuntos vitales y de gran trascendencia.

Por alguna razón que desconocemos, claro está, alguien le ha sugerido a Maduro que cual debutante que comienza en esta actividad debe exudar inocencia.

¡Cuidado!

¡Que esto no se nos vaya a complicar todavía más!

 

Cráteres

- Dilma comprometió una ayuda inmediata de alimentos. Claro, Brasil tiene a sus empresarios e industriales produciendo a todo tren como la potencia que es. No como aquí, donde a algún idiota se le ocurrió que no, que a los empresarios locales había que ahogarlos y eliminarlos de la faz de la tierra para rogarles luego a los extranjeros que nos socorrieran como si hubiera habido un cataclismo. Y lo hubo. Ahora lo reconocemos: un terremoto de grado 10 en la escala de Richter que acabó con todo y nos dejó este esperpento productivo.

- Hasta un cara dura como Marco Aurelio García, quien sirvió primero a Lula y ahora de Dilma Rousseff como asesor de la Presidencia de la República para Asuntos Internacionales, hubo de proferir algún eructo de sana digestión al advertir, quizás ruborizado, que en lo que se refiere a la exigencia urgente de ayuda para solventar la crisis eléctrica aquí “no tendría que faltar energía en Venezuela. Venezuela tiene gas, tiene petróleo. No debería sufrir falta de abastecimiento de energía”.

- Mientras tanto, aquí Giordani, el genio de las campanitas, le hace la vida imposible a Merentes. ¡Ay! La situación es muy intensa, dicen, entre las dos comisiones de los dos ministros, el entrante y el saliente. “La Luz” hace punto de honor en todo, furioso porque le quitaron el poder. 180 días dura la transición y es una tensión desgastante entre quienes deben resolver los cuellos de botella revolucionarios que asfixian a la economía y al país, y los que salen, que consideran que esto es solo Estado, Telarañas y Revolución.

- En el plan “No profundizo la deslegitimación, reconozco a Maduro y luego voy al TSJ y respeto la decisión que tome”, estarían AD, Copei y la Conferencia Episcopal. En el plan “Desconocimiento del CNE y el TSJ”, gente de Leopoldo, María Corina y otros grupos. ¿Y Primero Justicia? Decantando los témpanos. Capriles no puede perder y mucho menos dilapidar la emoción despertada el 7-O, y el 14-A… ¿hasta dónde puede llevar Capriles su Cruzada por la Verdad?

Luis García Mora 

Comentarios (4)

Heriberto Suárez
15 de Mayo, 2013

Sin duda que la inteligencia y sentido común de un líder cristiano, como lo es Capriles, le darán la visión amplia y necesaria para enfrentar y resolver “tan negra” etapa de la historia venezolana; como lo es la que atraviesa esta Nación en estos momentos.Las locuras y desequilibrios que caracterizaron las actitudes del tirano que condujo a Venezuela a esta situación deplorable; permitirá que el pueblo venezolano entienda y actúe en apoyo a la cordura, coherencia, sensatez,eficacia y espíritu democrático que en la persona de Capriles,sinifica una puerta abierta abierta hacia el reencuentro de la democracia y prosperidad venezolanas.

Auguto Filias Doro
16 de Mayo, 2013

Dos lógicas por lo visto: la electoral de los partidos, que busca la normalización, y la de la justicia, que busca Capriles. No sé si ese sea el juego. La primera es buena en la medida que mantiene un clima de paz, y sigue el juego democrático, pero es mala porque sigue en el terreno que quiere el chavismo (CNE como quieren, y que no se cuenten lo vosto, como si fuese algo normal). La segunda es buena porque demostraría la verdad y rompería con el esquema tiranía con juego electoral, pero requiere firmeza y con un costo muy alto en sangre, sudor y lágrimas. Conociendo al venezolano, la segunda será la que se mantendrá. Ya los llamados al diálogo son elocuentes, borrando que un verdadero diálogo para por aceptar el conteo como es. Pero en fin, tenemos lo que queremos….

Auguto Filias Doro
16 de Mayo, 2013

Perdón, corrijo mi intervención: Dos lógicas por lo visto: la electoral de los partidos, que busca la normalización, y la de la justicia, que busca Capriles. No sé si ese sea el juego, pero si es así tenemos dos opciones que se derivan de ellas. La primera es buena en la medida que mantiene un clima de paz, y sigue el juego democrático, pero es mala porque sigue en el terreno que quiere el chavismo (CNE como quieren, y que no se cuenten lo votos, como si fuese algo normal). La segunda es buena porque demostraría la verdad y rompería con el esquema “tiranía con juego electoral”, pero requiere firmeza y con un costo muy alto en sangre, sudor y lágrimas. Conociendo al venezolano, la primera será la que se mantendrá. Ya los llamados al diálogo son elocuentes, borrando que un verdadero diálogo pasa por aceptar el conteo como es. Pero en fin, tenemos lo que queremos….

Alicia Flores
16 de Mayo, 2013

MARAVILLOSOS COMENTARISTAS, PERIODISTAS, ANALISTAS, ETC. NO ME PIERDO UN “PRODAVINCI” GRACIAS!!!

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