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El “Yo, lector” de Luis Carlos Díaz [@LuisCarlos]

Cada quien lee el mundo desde su propia perspectiva. En Prodavinci.com nos interesa saber cómo lo leen quienes luego tienen la responsabilidad de traducirlo en palabras y en ideas. Así que hemos decidido interpelar el "Yo, lector" de algunos de ellos. Aprovechamos que Luis Carlos Díaz, periodista e investigador, acaba de ser galardonado en los Premios BOBS 2013 para iniciar este recorrido por nuestras confesiones lectoras.

Por Prodavinci | 9 de Mayo, 2013

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Luis Carlos Díaz es investigador del Centro Gumilla y parte del Consejo Editorial de la revista SIC. Obtuvo el premio “Ganador del Público” en los Premios BOBS 2013, entregados por la Deustche Welle en reconocimiento al activismo y periodismo en internet. Estos premios otorgan reconocimiento a blogs e iniciativas en la web que promueven el debate público, la difusión de derechos humanos y activismo social; resaltando la labor de investigadores, periodistas y ciudadanos comunes a nivel global. A través de su cuenta @LuisCarlos, reunió 65% de los votos correspondientes a la categoría de “Mejor persona para seguir por Twitter en español” y recibirá su galardón en una ceremonia en Bonn, Alemania, el 18 de Junio de este año.

Díaz investiga principalmente sobre el valor de los medios sociales e internet en la movilización ciudadana y el debate político, instruyendo y promocionando el cyberactivismo de paz. Además de publicar en su blog www.periodismodepaz.org, colabora con el diario Tal Cual y es una de las firmas con presencia constante en Prodavinci.com. Y éstas son sus maneras de comprender el mundo leyéndolo: su “Yo, lector”.

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“Llevo tiempo probando a mis amigos en redes sociales como filtros sociales de las noticias. Es decir: no sigo a medios ni políticos ni líderes de opinión, sino que veo aquellas cosas que de ellos replica la gente que sigo. Lo mismo aplica para política que para tecnología o referencias culturales. Ante la avalancha informativa, cada vez me quedo más con la curaduría que hace la gente en la que confío. Eso además me reporta bastante dispersión y espontaneidad, lo que es muy agradable. Cuando sí quiero afinar cosas sobre tecnologías, hago un repaso por fuentes consecuentes como Mashable, FayerWayer, Alt1040 y discusiones en Reddit. Si se trata de cultura, paso por JotDown, El Malpensante, Ñ, Prodavinci, Brain Pickings y otros. Y si se trata de política, devoro columnas de opinión bastante diversas y piso tierra con lo que producimos en el Centro Gumilla”.

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“Cuando se trata de referencias, soy un apasionado por ver quién está inventando cosas en el campo de la innovación periodística. Eso hace que siga medios no por su contenido (que en muchas ocasiones no es relevante para mi cotidianidad), sino para ver las posibilidades de la narración digital. En ese campo soy fan del HuffPost, The Guardian, The New York Times233grados.com y MediaShift. Sé que no cuento con el equipo de trabajo ni los soportes para hacer contenidos con ese nivel técnico, pero es como ir a una tienda de dulces. De resto, estoy confiando menos en las empresas periodísticas y más en personalidades que cultivan su propio blog y van compartiendo su punto de vista sobre lo que ocurre: desde un Ramón Lobo en España hasta un Joichi Ito en el MIT”.

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“Creo que se está haciendo muy buen periodismo de investigación en la prensa dominical en estos momentos. Es muy sabroso ver cómo los tres principales diarios del país compiten por tener historias más relevantes y profundas cada fin de semana, pero me tortura el hecho de que eso no traiga consecuencias, no altere la desfachatez de lo denunciado. Así que esa información la voy dosificando a lo largo de las semanas, conectándolas con otras fuentes y colectivos que puedan movilizarse”.

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“Si quiero leer sobre Venezuela en profundidad, no hay más opciones que ensamblar uno mismo las piezas del lego en medio de la polarización y el tsunami de absurdos que nos rebasa cada día. Parte de mi trabajo formal incluye hacer informes mensuales de lo que ocurre en el país, así que para hacer esa tarea de compresión y comprensión me aprovecho de la edición digital abierta de El Universal, cronologías de primeras planas y aliño con el “erchivo” de Aporrea. Pero es una construcción personal. En estos momentos no hay profundidad cotidiana en prensa (tampoco sé si alguna vez la hubo: soy hijo de la crisis), así que más bien la profundidad accidental llega en momentos coyunturales. Mientras tanto, si busco datos concretos, prefiero reportes económicos, informes de derechos humanos y otras fuentes menos procesadas por medios”.

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“En todos los periodistas que sigo veo más o menos los mismos valores: son consecuentes y tienen algunos no-negociables con los que estoy de acuerdo, porque dentro de la cotidianidad apuestan a la dignidad y a sacudirnos frente a las injusticias. De los nacionales: Édgar López, Tamoa Calzadilla, Oscar Medina, Florantonia Singer, Laura Weffer, Joseph Poliszuk, Adriana Rivera, Ewald Scharfenberg, David González, María Isoliett Iglesias, Clavel Rangel, Damian Prat y una lista que, afortunadamente, tiene a mucha más gente. Hago mención especial a quienes tienen un pie en la academia y otro en el periodismo, como Raisa Urribarri, Moraima Guanipa, Acianela Montes de Oca y Mariela Torrealba. Y otra mención que merece un seguimiento más cercano es Chúo Torrealba y su línea comunitaria. Para no hacer la lista de los internacionales muy larga, diría que hay que seguir el trabajo de Jorge Lanata, Leila Guerriero y Sandra Cruccianelli en Argentina. A la gente de ABRAJI y APublica.org en Brasil. A Carlos Dada en El Faro de El Salvador. Plaza Pública de Guatemala. A Gotson Pierre en Haití. A Ana Arana, Alma Guillermoprieto y Jillian York, que son de aquí y de allá. A Gabriela Warkentin en México. Mónica González de CIPER-Chile. Carlos Fernando Chamorro en Nicaragua. Hollman Morris en Colombia. Javier Barrera, Rosa Jiménez Cano, Juanlu Sánchez y Daniel Basteiro en España”.

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“La significación social. Creo que allí está el santo grial esta vez. El periodismo cumple un rol social que no puede ser suplantado por ninguna otra institución o colectivo, aunque pueden ayudar, pero la siguiente frontera del periodismo es superar la crisis de la industria (que es una crisis de soporte físico) y la de los contenidos, que significa volver a ser significativa para al sociedad.En estos últimos años hemos visto cómo muchos medios audiovisuales han matado sus espacios de opinión e información para domesticarse ante la propuesta de hegemonía gubernamental. Eso los vuelve poco significativos, porque no mueven a nadie, no generan ninguna guiatura ni ayudan a comprender lo que ocurre. Ese rol lo sigue cumpliendo la prensa de papel y, sin embargo, sufren con la baja lectura e impacto público”.

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“Otro foco de problemas para el periodismo actual es que se enfrenta a la desfachatez y la impunidad. Los políticos son inmunes a que un buen trabajo periodístico sustente su ineficiencia y su corrupción. Más bien son premiados y, a lo sumo, pasan a hibernación hasta que la gente lo olvide. Eso mata el rol contralor de la prensa y no se traduce en poder ciudadano. Asimismo, al olvidar su rol de contrapeso social, el periodismo ha decantado en militancias a corto plazo, pactos comerciales y coberturas de conucos, lo que limita mucho más su campo de acción.La gran virtud es que justo en ese contexto problemático, cuando hay más información regada sin control, es cuando más necesarios son los curadores, los intérpretes, lo periodistas que saben poner orden en el ruido y presentar un trabajo que sea útil y por lo tanto enganche. Sin embargo eso requiere apostarle mucho a la firma personal, a tener agenda propia y editores dispuestos a incentivar esa autonomía que genere contenidos relevantes”.

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“Sobre literatura universal, me encanta Julio Verne y puedo volver a él muchas veces. Tipos como Arturo Pérez-Reverte, Carlos Monsiváis y Juan Villoro hubiesen podido detener mi boda si llegaban en el momento de la consulta al público (en cuyo caso, mi esposa y yo hubiésemos competido para correr hasta alguno de ellos), en la mezcla de literatura y periodismo, tengo una hilera para Wallraff, Wolfe y Kapuscinski que conservo con cariño. También colecciono mucha literatura humorística venezolana en la que está desde Job Pim hasta casi todos los libros del equipo que hizo El Sádico Ilustrado. Me emocioné con Canción de hielo y fuego (Juego de tronos). Creo que Gioconda Belli, Elisa Lerner y Elena Poniatowska deberían estar en más corazones, junto a los autores que te hacen sonreír, como Douglas Adams, Chuck Palahniuk, Roberto Bolaños, Balzac o Wilde”.

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La lucha por la dignidad, de José Antonio Marina y María de la Válgona, es un libro que debería leerse justo ahora. Te dejo el link al PDF para no ser malo.

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“Tengo 6 años trabajando en el Centro Gumilla, donde se edita la Revista SIC y muchos libros para comprender a Venezuela. Cuando estás dentro de un think tank con esas características sólo aprendes a hacerte más preguntas”.

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“Si en algo han cambiado mis hábitos de lectura en los últimos diez años es en que perdí el silencio de la lectura como acto absoluto. Hoy leo de manera dispersa, bombardeado de otros estímulos que le compiten. Trato de equilibrar lecturas técnicas, correcciones de textos, informativas y placenteras. De hecho he ido resignificando las cosas para sólo leer cosas placenteras, así que discrimino sin piedad lo que no me parece interesante. El tiempo y la atención son cada vez más escasos, así que vamos reduciendo formatos hasta el nivel de un tweet. La lectura va adueñándose de otros momentos como el transporte público, el baño y antes de dormir. Desde que llegó la adultez, no he podido pasar días enteros leyendo, pero tengo el plan secreto de que en algún momento me paguen por eso. Hasta ahora, el peaje ha sido pagado al escribir mucho.También he saltado a la pantalla hace unos 10 años. En principio porque descargaba blogs y páginas en un pendrive para leerlos en la habitación donde vivía sin Internet, y ahora por ejercicio diario. La única costumbre que mantengo es que puedo tener decenas de libros y textos digitales dispersos, con distintos marcalibros, los voy degustando a lo largo de meses en pequeños trozos, sin perder el hilo ni apurar el paso. Eso de leer un libro a la vez o de un tirón quedó para otro momento, para otro fenómeno editorial.

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“Hay placer en sentir envidia sin sentimiento de culpa por quien logra decir las cosas bien. Por eso uno lee con placer, pero también con la mirada de quien hace ingeniería inversa para entender la estructura. Es como el papelón con limón: dos sabrosuras en combo que se potencian. El mayor problema en este momento es que, de tanto leerle a mi esposa para dormir, ahora leo en voz alta a cualquier otra hora del día y de inmediato bostezo. Eso de leer para dormir nos daría otra conversa más larga, incluso para un club. ¿Quién se apunta?”

Prodavinci 

Comentarios (1)

dora
10 de Mayo, 2013

me apunto para contar las historias que leo hasta que la benzodiacepina hace caer mis párpados…

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