Cultura

007, con licencia para beber; por Umberto Eco

Por Umberto Eco | 7 de Mayo, 2013
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martini texto

Hace poco me topé con una referencia a una nueva traducción italiana de Live and Let Die de Ian Fleming, en la que James Bond ordena un martini preparado con vermut rojo, es decir, dulce. Al lego habría que explicarle que es una herejía absoluta siquiera hablar de hacer un martini con vermut dulce.

Es verdad que no falta quien jure que los primeros cócteles martini que se sirvieron en Estados Unidos, allá en el siglo XIX, estaban hechos con dos onzas de Martini Rosso, es decir, rojo y dulce, una onza de ginebra Old Tom, una pizca de marrasquino, junto con otros ingredientes que seguramente horrorizarían a cualquier persona de buena cuna hoy en día. Pero otros sostienen que el martini se popularizó en su forma actual usando, no el vermut Martini Rosso, sino el Noilly Prat —un vermut seco casi transparente— y que la bebida fue llamada así no por el Martini Rosso, sino por la ciudad californiana de Martinez (o, según a quien le preguntemos, por un cantinero de apellido Martínez). A cualquier persona interesada en analizar este tema tan intrincado le recomendaría consultar la obra seminal Martini, Straight Up: The Classic American Cocktail, de Lowell Edmunds.

Pero queda la duda: ¿qué ha estado bebiendo James Bond todos estos años? La respuesta es un poco de todo. Veamos, por ejemplo, el inicio de Goldfinger (1959), que dice: “James Bond, con dos whiskies dobles encima, se sentó en la sala de espera del aeropuerto de Miami y se puso a pensar en la vida y la muerte”.

Sin embargo, si nos concentramos en los martinis, el primero que bebe el 007 —en el primer libro, Casino Royale (1953)— es el que pasaría a la historia como el martini Vesper: “Tres partes de (ginebra) Gordon, una de vodka, media de Kina Lillet. Sacúdalo bien hasta que se enfríe con el hielo, después agregue una larga cáscara de limón. ¿Entendió?” (Kina Lillet era un vino generoso que ya no se produce, semejante al vermut). Bond se toma otro martini Vesper en la película Quantum of Solace.

Sin embargo, lo más común es que Bond beba lo que ahora consideramos un martini —no importa que él los pida con vodka en lugar de ginebra—, célebres por ser agitados, no batidos. Ahora bien, desde los tiempos de Hemingway en adelante hemos sabido que un buen martini se prepara vertiendo una parte de vermut seco en la coctelera llena de hielo, agregando después la ginebra, sacudiendo y después haciendo que el cóctel escurra hacia la clásica copa triangular, rematándolo con una aceituna. Pero algunos conocedores precisan que, después de haber vertido el vermut seco y habiéndolo agitado, hay que escurrirlo para dejar una mera pátina en los hielos. Sólo entonces se vierte la ginebra y, al final, se cuela la bebida bien congelada en la copa.

La proporción ideal entre ginebra y vermut varía de un conocedor a otro: algunos prefieren no escurrir el vermut antes de agregar la ginebra, mientras que otros sólo permiten que pase el más lánguido de los rayos solares a través de la botella de vermut para tocar el hielo. Y hay al menos una versión del cóctel que da la opción de servirlo en las rocas, perspectiva que consternaría a cualquier bebedor de refinamiento.

¿Por qué un conocedor como Bond quiere su martini agitado, no batido? Algunos sostienen que al agitar la coctelera se introduce más aire a la mezcla —lo que se llama “abollar” el trago— y que eso mejora el sabor. Pero, en lo personal, no creo que un caballero como Bond prefiriera su martini sacudido. No ha faltado quien quiera explicar esta preferencia tan inusual diciendo (erróneamente, por cierto) que la famosa frase sólo aparece en las películas de Bond, no en las novelas, del mismo modo que sir Arthur Conan Doyle nunca escribió la célebre frase atribuida a Sherlock Holmes, “Elemental, mi querido Watson”. Es verdad que la frase no llega tan atrás como la afinidad original de Bond por el martini Vesper en Casino Royale, pero podemos encontrar al 007 pidiendo un martini con esas características instrucciones en Dr. No (1958).

Sesenta años después de la publicación de la primera novela, Bond ciertamente es el personaje más famoso que puede asociarse con el martini, aunque los conocedores disputen por la forma adecuada de prepararlo. ¿Qué mejor forma de celebrar este aniversario que alzar nuestra copa?

Umberto Eco 

Comentarios (3)

Mario González Lares
8 de Mayo, 2013

La fórmula no varía, pero la manera de prepararlo y las proporciones, han generado muchas discusiones. La versión de Luis Buñuel: preparar los ingredientes en la víspera, luego poner hielo lo más seco posible en el vaso mezclador, verter sobre él unas gotas de vermut, mover un poco los cubitos, y escurrir totalmente el líquido. En ese hielo “aromatizado” por el vermut, es donde se agrega la ginebra. Ernest Hemingway, que hizo célebres en sus novelas los “dry martini” del veneciano “Harry’s Bar”, decía que la clave estaba en prepararlos “estilo Monty”, poniendo una parte de vermut por quince de ginebra. Justificaba estas proporciones, ya que, el mariscal británico Montgomery, jamás entraba en combate si sus fuerzas no estaban en relación de quince a uno, con las de su enemigo. Decía Winston Churchill que la clave de un buen Dry Martini era, dejar que la luz del sol pasase a través de la botella de vermut muy seco, antes de incidir sobre el vaso mezclador en el que estaba el hielo y la ginebra; con ese “efluvio luminoso”, era suficiente. James Bond, el legendario personaje del cine, sentó una máxima sagrada para el disfrute ideal del cóctel, cuando exigía: “shaken, never stirred, please”, “removido, nunca batido por favor”.

ibrahim pazos
17 de Mayo, 2013

Excelente,como todo lo escrito por umberto Eco.Un Martini Excelente

Jorge Pacheco
21 de Mayo, 2013

Qué pérdida de tiempo haberme sometido, durante doce minutos a la lectura de este artículo. Casi no puedo creer que lo haya redactado Umberto Eco, nombre que suficiente, para atraer mi atención, sin reparos en su título y fotografía. Mantener una rectilínea predisposición a la forma de preparar una bebida, es totalmente incoherente, con la disposición casi infinita de ingredientes que se entremezclan, para preparar bebidas y comidas. Qué absurdo para un italiano.

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