Artes

Laura Restrepo: “Hay que cambiar las cosas para que haya mundo”; por Albinson Linares

La escritora y periodista colombiana visitó Caracas en el marco del quinto Festival de la Lectura Chacao para presentar "Hot Sur", su más reciente novela donde indaga en las vidas de inmigrantes latinos en los Estados Unidos y hace un critica ácida al sistema capitalista

Por Albinson Linares | 4 de mayo, 2013

laura restrepo texto

Laura Restrepo nació en una familia de vocación trashumante por lo que lleva la travesía nómada en las venas. Su madre heredó una gran fortuna familiar que fue manejada por sus tíos quienes le impedían trabajar así que se dedicó a fundar su propia familia junto a un comerciante. Entre risas, Laura recuerda que se mudaban constantemente durante su infancia.

“Mi padre no podía parar, tenía el ‘mal de dromedario’. Llegábamos a un sitio donde mi mamá conseguía dentista, escuela para nosotros y entonces papá empezaba con la inquietud y a los tres  meses había que irse de ese lugar. Además mi padre no creía en la educación convencional entonces se la pasaba sacándonos de los colegios”, rememora risueña.

En ese hogar móvil, portátil, se forjó el ánimo inquieto de quien se convertiría en una apasionada activista política y una gran periodista. Eran los años de la militancia furibunda en las universidades latinoamericanas por lo que en las aulas de la Nacional en Bogotá se enroló en las filas del trotskismo. Con la ilusión de la revolución mundial fue activista en España, Argentina, Nicaragua y México donde vivió exiliada por cinco años.

“Creo que se debe procurar tener una buena mezcla, un equilibrio. Sigo teniendo una mentalidad de militante, siempre la tuve desde muy joven y de vieja no voy a renegar de eso. Pero tengo una saturación de las consignas fáciles de la propaganda, de esa cosa que fue muy nuestra, muy de nuestra generación que creía tener una solución para todo y eso era la revolución”, afirma con cierto desencanto.

Formó parte de la Comisión de Paz, Diálogo y Verificación creada por el gobierno de Belisario Betancur para negociar con el movimiento insurgente M-19. Fruto de esta experiencia surgió su primer libro llamado Historia de un entusiasmo donde hace una crónica viva de ese proceso. A su regreso a Colombia estuvo dedicada con intensidad al periodismo político trabajando en la revista Semana y Cromos.

Con el tiempo se refugiaría en la escritura de ficción de donde han surgido novelas como La isla de la pasión (1989), Leopardo al sol (1993), Dulce compañía (1995), La novia oscura (1999), Delirio (2004) y Demasiados héroes (2009).

Restrepo considera que la narrativa le da herramientas únicas para aproximarse a la realidad inabarcable de América Latina: “He pasado toda mi vida viajando y no soy capaz de permanecer mucho rato en el mismo sitio. Por eso creo que la ficción me permite liberar esa ansiedad de escribir sobre la multitud errante que aparece en todas mis novelas como La isla de la pasión que es un viaje muy largo y sin regreso. Siento en las venas una tenaza por las nostalgias de los sitios donde he estado y la ansiedad por  los que no conozco. Eso no te deja quieto, sino que te lleva de un lado para el otro”.

Esa desazón vital, esa búsqueda incesante es el objeto medular de Hot Sur (Alfaguara, 2013), su más reciente novela donde nos presenta la historia de María Paz, inmigrante latina que llega a los Estados Unidos para buscar un futuro que jamás consigue. Su historia transcurre en medio de vicisitudes y aventuras que rozan el límite fatal en cada página: “Estamos saturados de la discusión de la política local, como si el resto del mundo no existiera. Estos migrantes te permiten plantear el tema en términos mucho más globales. No se trata del sueño americano en América, sino el que hemos construido en todos lados. Para ellos el regreso es posible. María Paz se lo plantea o su hermana Violeta, por ejemplo, en términos de volver a Sevilla en primavera para ver los azahares en flor. Pero eso es una formulación poética porque ellas saben que eso no va a suceder ¿Adónde van a llegar estas mujeres para que sus vidas sean acogedoras?”, acota la autora.

-Pareciera que los personajes de Hot Sur han quemado las naves de su patria ¿por qué no pueden volver?

Como decimos los colombianos estos personajes parecen cumplir con el refrán: ¡Pa’ lante que pa’ tras espantan! Lo que ellos sí encuentran son caminos de solidaridad. Por ejemplo Violeta y María Paz no se conocen, son dos hermanas distintas; criadas en ambientes diferentes pero tienen que  encontrarse para poder lograr la salida. Ese juego de parejas improbables, esos matchs raros me gustan en mis libros. Por eso junté a Ian Rose con Maria Paz porque son dos personas que no tienen nada que ver, sin que tengan una relación de amor, con una gran diferencia de edad y todos los recelos culturales que brotan al estar frente a alguien distinto a ti pero que, sin embargo, te complementa.

-Algo patente en la narración es la voluntad tenaz de los protagonistas por sobrevivir al precio que sea. ¿Cómo nacen estos personajes inclinados al borde?

“Pa’ lante como el elefante” es el lema de los personajes de Hot Sur, ellos no tienen consignas políticas aparte de esa y la sobrevivencia que es todo un credo. Quería que ellos encarnaran el espíritu de los tiempos, en mis años de militante decíamos que había que cambiar las cosas para un mundo mejor, ahora simplemente hay que cambiar las cosas para que haya mundo. Porque es cierto que donde esto no cambie nos vamos al precipicio, a la nada. Sobrevivir implica cambiar las cosas, esa era una clave que mantenía en mi cabeza cuando escribí. No basta con pensar que conseguimos pareja y nos salvamos o con centrarnos en la felicidad individual y ya. Eso ya no es suficiente.

-¿Planteas una crítica consciente del sistema capitalista en esta obra?

Mucho ha corrido la filosofía como para seguir pensando que uno acuña respuestas totales. Creo que el placer de la construcción de lo nuevo está en la búsqueda y por eso me parece que la literatura, el cine, teatro o la música propician un campo más fructífero para la juventud que la propia política. La política, por lo menos como la hemos entendido tradicionalmente, es una disciplina de respuestas y hoy en día las respuestas no se las aguanta nadie ¿Quién cree en las respuestas hoy en día? Que la fórmula es el socialismo pero ¿Qué cosa es eso? La humanidad ya está saturada de grandes palabras porque sabe que no quieren decir nada.

-Qué queda entonces como espacio de creación y aproximación al mundo ¿la cultura?

La cultura se mueve con mucha más libertad y no aspira a las respuestas absolutas por eso es un terreno mucho más propicio en estos tiempos críticos. La idea de la utopía está más vigente que nunca pero creo que hemos alcanzado la conciencia de que ella no se alcanza y, precisamente por eso es lícita, es como la luz que te guía pero en mis tiempos ingenuamente se soñaba con que la utopía se alcanzaba. En el fondo es como cuando los cristianos creen en el cielo y el más allá. Creo el valor de la utopía es justamente saber que no se llega a ella pero que por el camino se logran transformaciones y el deseable afianzamiento de lo humano.

-¿Cómo ves fenómenos políticos como la primavera árabe o los indignados?

Han sido muy interesantes esos movimientos de la juventud en Egipto, Túnez, España y México porque si bien sufren descalabros paraprogramáticos el gran punto de partida es que aquí nadie manda. Plantean un rotundo no a las jerarquías y, en segundo lugar, parten de la conciencia de que aquí no hay respuestas, acá lo único posible es el diálogo con miras a resolver los problemas. Eso es una actitud mucho más abierta y sana que la que teníamos en los 70, claro que en algún momento habrá que elaborar un programa y concretar un poco porque si no eso se lo lleva el viento. Pero como actitud me parece muy interesante.

-Luego de militar por décadas en la izquierda ¿cómo ves el surgimiento de gobiernos izquierdistas en América Latina?

Siento que el mundo está lejos de reconocer que el lugar donde pasan cosas interesantes, en términos de gobierno, es América Latina. Con todas las críticas que puedas tener, las locuras y lo mal que ha salido, eso finalmente no importa porque nada sale bien nunca. Es el lugar donde hay un intento de pensar en las mayorías, en los pobres para romper ese esquema de que el capitalismo está para favorecer a unos pocos que se vuelven archimillonarios a expensas de los demás a quienes no nos dan nada. ¿Qué les da a un profesor, intelectual, estudiante o campesino? Nada porque no es sino la negación. Siento de todo corazón que los desterrados del capitalismo somos todos, salvo algunos poderosos y banqueros. Lo fantástico de nuestros tiempos es que hay una epifanía al respecto. Eso se ha revelado y se ve que lo que antes era credo y doctrina política es un error que han pagado millones de personas, no solamente en el tercer mundo, sino en el primero también.

-¿Por qué has sido tan crítica con los procesos de paz adelantados por el gobierno de Juan Manuel Santos?

Tengo miedo porque es muy encerrado. Son representantes de la guerrilla y el gobierno que están discutiendo fuera del país, en Cuba como si eso fuera una novela de espionaje. Entonces cada tanto la prensa no puede entrar y un vocero del gobierno sale a declarar unos mensajes todos crípticos y la gente dice que están guardando secretos, que hay algo raro. Yo creo que esos mensajes son tan enredados y vagos porque no hay nada que decir.

-En tu experiencia con las negociaciones del Movimiento 19 de abril ¿Cómo crees que debería ser el proceso de paz?

Pienso que un proceso de paz es un profundísimo proceso de perdón. Hay ofensas gravísimas de lado y  lado por lo que el país entero encuentra más fructífero perdonar las ofensas pasadas para hacer borrón y cuenta nueva sólo así puedes volver a empezar. Pero si lo entiendes como que el gobierno y la guerrilla intercambian prebendas eso no es nada, eso no involucra al país. Puede tener repercusiones tan serias como que el día que desarmen a los armados y vuelvan a Colombia los matan a todos porque el país no ha vivido ese proceso de perdón ¿Cómo haces una negociación a puerta cerrada? ¿Qué sentido tiene? Se necesita una mentalidad burocrática para pensar que eso funciona sólo por decir que firmaron y ya. Ojalá firmen cómo voy a decir que no, no se le puede echar mal fario a las negociaciones, pero es el país entero el que tiene que firmar y comprometerse.

-Muchas veces te referiste a Hugo Chávez como un personaje interesante, ¿no lo tratarías en alguna de tus obras?

Por ahora no, eso es una tarea de los venezolanos. Pero sigo pensando que es un personaje monumental que puso al mundo a discutir. Así no se le reconozca nada a Chávez, así seas radical en contra suya, es innegable que puso al mundo a discutir sobre la posibilidad de gobernar de un modo distinto. Y a pensar distinto, enfocar las finanzas del Estado en otro sentido y tener en cuenta a las mayorías. Puso al mundo a mirar hacia otra opción, de allí los odios y amores que suscita porque estaba proponiendo un cambio radical.

Albinson Linares 

Comentarios (2)

omar rojas
4 de mayo, 2013

Se ve que ella no vive en nuestro país y ve todo , como aquellos de aireacandicionado, con mis respetos.

r. vivas
4 de mayo, 2013

Me gusta de esta autora que ya no crea que hay respuestas perfectas o absolutas a los males humanos , que la fabilidad ( ‘todo siempre sale mal’) es uno de los rasgos inescapables de la condicion humana, por tanto que todo cambio hay que hacerlo con tiento, con cautela , o como decia Montesquieu “con manos temblorosas” . Como ella ya no puedo creer en terminos o formulas floripondicas que por su ambivalencia y equivocidad pueden significar cosas muy disimiles, que si el socialismo , o la justicia social , que si la redencion de los pueblos . No hay nada puro que los hombres toquemos que nuestras flaquezas y pasiones no puedan corromper!!

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