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Sobre la efectividad de las huelgas de hambre

Por Prodavinci | 3 de Mayo, 2013
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huelga

En un artículo para Slate, Brian Palmer reflexiona sobre la efectividad de la huelgas de hambre, enumerando los elementos que las hacen exitosas y ejemplos que los soportan.

Aunque Palmer nota la dificultad de precisar qué factores determinan una huelga de exitosa y una fracasada, sí logra conjurar dos patrones que iluminan la cuestión. Primero, una huelga de hambre debe plantearse una meta realizable dentro del marco de la protesta. Si la huelga evita todo tipo de nutrición, unos 60 días pueden ser suficientes para medir la eficiencia o no de la campaña. Un caso exitoso fue el de William Lecuyer, un prisionero de la cárcel de New Jersey que se negó a dar una muestra de orina y fue colocado en una celda de aislamiento. Lecuyer, argumentando que la culpa era del guardia que debía tomarle la muestra, pasó más de un año consumiendo sólo líquidos, hasta que le otorgaron una nueva audiencia y fue sacado del confinamiento. Para el momento había perdido más de la mitad de su peso corporal.

La medición del éxito, sin embargo, puede ser un tanto mixta. En 1981, un grupo de nacionalistas irlandeses, resaltando entre ellos el previo comandante del IRA Bobby Sands, estaban encarcelados en Belfast, Irlanda del Norte, cuando decidieron  protestar dejando de comer por su derecho a ser tratados como reclusos políticos. La campaña tuvo un cobertura masiva en la prensa; los presos generaron tanto renombre que Sands llegó a ser elegido al Parlamento, y al finalizar la huelga la mayoría de sus peticiones fueron otorgadas. Lamentablemente, para ese momento ya 10 huelguistas —incluyendo a Sands— habían muerto.

La segunda regla observada por Palmer es que la huelga de hambre debe usarse como último recurso para ser tomada en serio. Toma como ejemplo la protesta del Tnt. Dan Choi y el Capt. James Pietrangelo en 2010. Los militares norteamericanos se embarcaron en una huelga de hambre con el objetivo de erradicar la política “Don’t Ask, Don’t Tell”, que censuraba la orientación sexual de los soldados homosexuales a cambio de permitir su entrada al ejército. Tras una semana de ayuno, Choi y Pietrangelo abandonaron la huelga, citando su falta de preparación previa y asegurando que retomarían la campaña lo más pronto posible. Palmer apunta que cometieron el error de lanzar una huelga de hambre de manera frívola, sin tomar en cuenta otras vías iniciales de concretar su objetivo.

Es justamente por su carácter alarmista y de última solución que las huelgas de hambre suelen ocurrir en prisiones, y con éxito. Al no tener otros medios de manifestación, el ayuno suele ser una medida extrema que llama la atención mediática y social, y es una opción disponible a cualquier preso del mundo.

Todo esto, finaliza Palmer, no necesariamente aplica cuando se trata de un protestante famoso. Después de todo, cuando Gandhi decidió realizar una huelga de hambre y poner su vida en peligro, el mundo entero prestó atención desde el principio.

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Referencia: Slate

Prodavinci 

Comentarios (1)

Hector Escalona
8 de Mayo, 2013

Supongo que tambien es un caso de sensibilidad social, no es igual hacer una huelga de hambre contra los ingleses que contra los nazis, la poblacion estaba diferentemente sensiblilizada, o si hay medios que puedan proyectar esa lucha extrema, o si la poblacion considera que una muerte es un hecho grave o es solo una mas en la estadistica, o si el problema o bandera de la lucha es algo que pueda soportar la fatiga noticiosa y le pase como al artista del hambre del Frank Kafka, y que la protesta se vuelva inodora como cuando un olor fatiga el olfato.

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