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No-violencia: Checoslovaquia y la Velvet Revolution

Por Prodavinci | 2 de Mayo, 2013
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Pocos levantamientos masivos en la historia del siglo XX pueden presumir de ser tan efectivos y pacíficos como la Velvet Revolution de 1989, que arrasó todo dejo de autoridad comunista en el país centroeuropeo y se sumó a la avalancha anti-comunista despertada por la caída del Muro de Berlín ese mismo año.

Desde 1948 el país estuvo bajo el poder del Partido Comunista, formando parte del bloque ideológico de la USSR y aplicando sus políticas en la sociedad checoslovaca: eliminación de partidos opositores, restricción de la libertad de expresión, persecución política y burocratización generalizada fueron los usuales mandamientos del politburó ruso que se hicieron eco en la nación. Pero la historia de Checoslovaquia, al igual que los otros satélites del imperio comunista, fue avanzando lenta pero segura hacia la emancipación, marcada por los hitos de reforma y reestructuración del sistema ruso en los años ochenta. Con la implementación del Glasnot y la Perestroika por el mandato de Gorbachov, el sólido agarre comunista comenzó a agrietarse. Aunque las políticas no fueron totalmente aplicadas en Checoslovaquia, sus habitantes estaban cada vez más empapados en los sucesos revolucionarios de países vecinos —en especial la unificación de Alemania—, suscitando las primeras demostraciones pacíficas desde la Primavera de Praga en 1968.

El 17 de Noviembre de 1989, celebrando el Día Internacional del Estudiante (que conmemoraba el asesinato, cincuenta años antes, de un estudiante por los nazis), una demostración no-violenta de 15.000 personas (en su mayoría estudiantes, actores de teatro y miembros de la Unión Juvenil Socialista) marchó por las calles de Praga vociferando consignas anti-comunistas, algo jamás visto desde los años sesenta. La manifestación fue acordonada en la calle Národní, en pleno centro de Praga, por un escuadrón policial que procedió a golpear y someter a la multitud.

En consecuencia, una ola paulatina de huelgas azotó el país, comenzando por las protestas de las organizaciones teatrales, artísticas y literarias del país. Ante los falsos reportes de que el cierre policial había resultado en la muerte de un estudiante, los habitantes se sumaron cada vez más a las actividades en la calle en las que se reprochaba abiertamente al régimen y al gobierno unilateral del Partido. Los manifestantes, dirigidos por la figura disidente del intelectual Václav Havel, entregaron peticiones de reformas al Primer Ministro Ladislav Adamec, y cientos de artistas provenientes de Praga, Bratislava y otras ciudades se unieron e iniciaron campañas denunciando la violencia policial.

El movimiento más importante fue el espacio creado por Havel: el Foro Cívico. Las demandas del Foro partían inicialmente de la aplicación de reformas y la renuncia del gobierno encargado. Mientras los días pasaban y las huelgas se intensificaban, la dirigencia comunista se vio forzada a negociar con el Foro. A su vez, los medios checoslovacos mostraron imágenes inéditas del 17 de noviembre, panfletos anti-comunistas eran distribuidos con libertad y la mayoría de los gremios estatales se había unido a las demostraciones. La caída era prácticamente inevitable.

Tras la negativa del gobierno de abandonar el socialismo, el 27 de noviembre se hizo efectiva una huelga total de dos horas que terminó de sellar el destino del comunismo en la nación. En los días siguientes se hizo efectiva la renuncia del Primer Ministro y la erradicación del mandato constitucional que señalaba la primacía del Partido Comunista. En junio del año siguiente, tuvo lugar elecciones democráticas por primera vez en Checoslovaquia desde 1946.

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