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Alan Pauls cuenta el dinero, por Patricio Pron

Por Patricio Pron | 30 de Abril, 2013
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Historia del dinero, Alan Pauls. Barcelona: Anagrama, 2013

Historia del dinero, Alan Pauls. Barcelona: Anagrama, 2013

Al dinero se lo puede “contar”, se lo puede deber, se lo puede prestar; puede desaparecer, circular, esfumarse, “hacerse humo”; con él se puede pagar, jugar; el dinero puede trabajar, se lo puede heredar y “dibujar”, uno puede “salvarse” con él, heredarlo y cambiarlo por otro tipo de dinero o “traducirlo” en objetos y (al menos en Argentina) uno puede con él “quedar pagando” y “levantar un muerto”. Historia del dinero, la nueva novela del escritor argentino Alan Pauls (y la última de una trilogía de la que forman parte también Historia del llanto e Historia del pelo), se articula en torno a todas estas opciones narrando una historia que no avanza linealmente sino al hilo de los impulsos, las asociaciones e iluminaciones breves que evocan su existencia y su uso.

Historia del dinero comienza con un niño que asiste al velatorio de un amigo de sus padres, ve a su primer muerto, escucha los murmullos de quienes se preguntan dónde está y qué uso pensaba darle el muerto al maletín con dinero que transportaba a una fábrica paralizada, si éste era para sobornar a los sindicalistas amotinados o para financiar su exterminio. A la reflexión sobre este uso habitual del dinero en la primera mitad de la década de 1970 en Argentina le sucede otra sobre las sumas exigidas por las organizaciones políticas de la época para la liberación de los empresarios que secuestraban. A partir de ese punto, y a lo largo de un recorrido que incluye un padre que juega, una madre que invierte todo su dinero en la edificación de una casa en la costa uruguaya (en la que dilapida su capital y su matrimonio), la alternancia periódica y catastrófica de inflación y estancamiento de la economía argentina de las décadas de 1980 y 1990, los cambios habituales de la divisa nacional y su coexistencia con la muy perseguida moneda extranjera, las “mesas de dinero” de la época, dos divorcios (de la madre y del hijo), una separación (del hijo), la muerte del padre y varios golpes de suerte, el lector asiste a una representación tragicómica (pero más trágica que cómica, por supuesto) en la que tres personas (un padre, un hijo, una madre) se relacionan entre sí sólo a través del dinero. En su relación, y en la que los tres personajes entablan con quienes les rodean, el dinero (prestado, reclamado, malgastado, acumulado) reemplaza el tipo de vínculo que normalmente caracteriza las relaciones familiares y sirve como “moneda de cambio” de una relación que se desarrolla en el tiempo pero no cambia realmente nunca: el padre juega, la madre exige, el hijo provee.

A lo largo de Historia del dinero éste funciona como un dispositivo que traduce (profesión tardía y un poco desesperada de la madre); es decir, como un objeto tangible (siempre tangible: piénsese en el padre, que rechaza toda posibilidad de que el dinero no sea contante y sonante) que puede ser convertido en otros objetos y en ciertos servicios: un viaje en taxi, la represión ilegal de una huelga, la vida de un empresario, el pago de una deuda. Esta la naturaleza propia del dinero, por supuesto, y que el libro de Alan Pauls se refiera a él en estos términos no debería sorprender a nadie. Sin embargo, lo notable de Historia del dinero es que (al hilo de las incertidumbres propias de la moneda argentina) el libro de Pauls viene a narrar un país y una época en la que no existió un consenso acerca de la correlación entre el dinero y los objetos que éste podía adquirir: el narrador se pregunta por qué las vidas de los empresarios secuestrados por las organizaciones armadas de la década de 1970 tenían precios diferentes y cómo se calculaban esos precios (es decir, cómo se traducían esas vidas en dinero), cómo es posible que el dinero se triplicase mediante su transformación en otra divisa, qué lenguaje habla y cómo deben traducirse esas columnas de cifras que el padre le deja como único legado y que a éste le parece que no significan nada. Alan Pauls pone punto final a su trilogía con un libro digresivo y espléndidamente narrado que ratifica su sitio como uno de los pocos escritores argentinos contemporáneos realmente imprescindibles y narra con maestría qué sucede con un país y con sus habitantes cuando el dinero ya no significa nada, absolutamente nada, y, sin embargo, es lo único que importa contar.

 

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Publicado originalmente en ABC Cultural. 6 de abril de 2013

Patricio Pron 

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