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Elecciones complicadas: Francisco Linares Alcántara vs. Hermenegildo Zavarce [1876]

Por Prodavinci | 17 de Abril, 2013
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En 1876, a finales del Septenio Guzmancista, se planteó una contienda para determinar quién debía ser el sucesor en la línea hegemónica de Antonio Guzmán Blanco. Guzmán Blanco instó, por medio de circulares, a la participación en los comicios. Le convenía mantener la fachada democrática para poder mantener el control de los asuntos de la Nación. Y aunque conminó a muchísimos actores políticos de entonces, los candidatos fueron Francisco Linares Alcántara, general y primer designado al manejo ejecutivo de la República por Guzmán Blanco en 1973, y Hermenegildo Zavarce, figura militar cercana a “El Ilustre Americano” durante las campañas de la Revolución Azul y la Revolución de Abril.

Tenían el renombre nacional suficiente para disputarse esa candidatura. Eran caudillos que iniciaron su carrera durante la Guerra Federal. Alcántara fue quien combatió a Zamora y a Francisco Rangel antes de la Guerra Larga, entre otras acciones. Zavarce, en cambio, acompañó a Ezequiel Zamora. Sin embargo, ambos defendieron el primer gobierno de Guzmán Blanco ante los alzamientos de los caudillos.

La campaña fue muy violenta. En Carabobo, territorio y sede de los liberales, ganaban los alcantaristas. En Yaracuy ganaban los zavarcistas. En regiones como Nirgua los enfrentamientos fueron constantes y sangrientos. Uno de los casos más destacados fue el asesinato a machetazos del general Julián Castro Briceño, hijo del ex presidente Julián Castro y alcantarista. La acción la dirigió el general Anastasio Balaustrén y fue vengada días después asesinando al general Juan Fermín Colmenárez, en Urachiche. Los culpables de ambos crímenes fueron apresados y eso calmó las aguas. Por si fuera poco, a esto hay que sumarle que las Juntas de Inscripción no garantizaban la imparcialidad.

El sistema caudillista tenía a El Ilustre Americano en la cúspide y en un lugar muy alejado de él, con una maraña jerárquica que sólo le obedecía a él en medio, estaban los caudillos menores. Y esa condición requería ser leal al líder de la República y tenerle el miedo suficiente. La lucha por obtener el favor de quienes votarían se planteaba como más que tensa dentro del Liberalismo Amarillo. Y así fue. Se peleaba el lugar del heredero, del ungido, del hijo político de Guzmán Blanco.

Ninguno de los excesos, crímenes, violaciones y hecho arbitrarios del proceso electoral de 1876 afectó ni la imagen ni el poder de Guzmán Blanco. Todo se le adjudicó a zavarcistas y alcantaristas. Mientras el caudillo mayor figuraba como pacificador. Y ahí arrancó el culto a la personalidad de Antonio Guzmán Blanco, convirtiéndolo en referencia continental para caudillos y aspirantes.

Los resultados del proceso no certificaron a ninguno como ganador en primera instancia a falta de lo que entonces se denominaba “mayoría legal”. Pero, Guzmán Blanco mediante, resultó electo Francisco Linares Alcántara, por el Congreso Nacional, el 27 de febrero de 1877. Gobernó muy poco: las reacciones en contra de que Antonio Guzmán Blanco siguiera gobernando desde el exterior del país por medio de sus partidarios, estimuladas a través de periódicos como La Tribuna Liberal, calentaron el país. Viendo la situación, algunos historiadores afirman que Linares Alcántara impulsó estas denuncias en un intento de quitarse de encima la sombra del caudillo mayor. Pero en un viaje hacia La Guaira, hecho en noviembre de 1878, tuvo una repentina afección respiratoria. A los nueve días murió en la casa de la Compañía Guipuzcoana.

 

SEGUNDA PARTE: El Mocho Hernández vs. Ignacio Andrade

 

TERCERA PARTE: Marcos Pérez Jiménez vs. El Plebiscito

 

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Algunas referencias:

Pugna caudillista entre zavarcistas y alcantaristas en Carabobo, Venezuela, año 1876, de Jaime Ybarra y Raúl Meléndez

Gómez, el tirano liberal, de Manuel Caballero. Caracas: Monte Ávila Editores, 1995.

Una nación llamada Venezuela, de Germán Carrera Damas. Caracas: Monte Ávila, 1991.

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