Arte

¿Qué se ve en una ciudad sin cines? Entrevista a Aymara Arreaza

Por Nelson Algomeda | 10 de abril, 2013

Ocho artistas reflexionan en Barcelona, España, sobre la modernidad a través de la arquitectura y el espacio. Uno de ellos es la venezolana Aymara Arreaza.

Todo eso sucede en el Centro Cívico Can Felipa, de la ciudad española de Barcelona, que inauguró en enero Cas d’Estudi, (Caso de Estudio), un proyecto comisariado por Rosa Lleó y Zaida Trallero. La reflexión de Arreaza, titulada Ciudad (Poblenou) sin cine, aborda el uso de los edificios en el barrio barcelonés de Poblenou donde funcionaron salas de cine independiente pero que hoy se encuentran abandonados.

Durante los tres meses que dura el proyecto cada artista presenta su trabajo al público a través de charlas, visitas a edificios o exposiciones de materiales que han sido significativos para su realización. Cas d’Estudi no se presenta como una exposición al uso, sino como afirman las comisarias “es un proyecto dinámico y discursivo más que una exposición de trabajos finalizados”. Su forma de abordar lo expositivo es abierta, participativa y flexible.

Los vestigios que hoy se pueden rastrear en algunos edificios que funcionaron como cine anuncian interrogantes sobre usos, desusos y transformaciones de sentidos. En su trabajo, Arreaza compara la ausencia de cines activos con la actual presencia de las edificaciones que los albergaban, tanto en Ciudad Bolívar (Venezuela) como en Poblenou.

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¿Qué motivo te llevó a retratar este fenómeno de salas de cine abandonadas?

Ciudad sin cine es el resultado de un proyecto artístico que he desarrollado a lo largo de los últimos cuatro años. Parto de los cines para preguntarme sobre el declive o la transformación de sus edificios. Más que las salas, me interesaron las edificaciones en su totalidad.

Pasé por varios escenarios. Primero por el cierre de las salas y después por la imagen de los edificios como esculturas del presente, cicatrices que muestran la ausencia de esos espacios de ocio en Ciudad Bolívar, donde nació mi investigación sobre este tema.

Me resulta muy enigmática la presencia de cines que no proyectan nada en su interior, pero que en sus fachadas, aún en pie, señalan su carácter emblemático y disfuncional.

¿De dónde parte ese interés por la decadencia de edificios e instituciones socioculturales como el cine?

Durante años me acompañó la interrogante sobre cuáles eran los motivos del cierre de los cines de mi ciudad natal. También me preguntaba por las edificaciones que aunque no albergaban proyecciones seguían presentes como huellas edificadas en la ciudad. Me interesan los usos y desusos de estos edificios y la imposición de caducidad de un hecho cultural como la proyección de películas.

¿Por qué Poblenou y Ciudad Bolívar?

Ciudad Bolívar es mi ciudad natal. Allí desde principios de los años noventa corría el rumor del cierre sistemático de las salas que estaban en funcionamiento. Ya en ese momento vivía con inquietud el cierre inminente de los cines y la transformación que eso supondría para la ciudad. El último cine cerró en el año 2001. Después de un largo periplo me propuse investigar, pero no sobre la evidencia de que los cines estaban cerrados sino sobre qué suponen en el paisaje urbano sus construcciones, que yo veo como armazones sin contenidos.

Con ese planteamiento me presenté en el concurso de Artes Visuales Premio Miguel Casablancas, en Barcelona (España) y el proyecto quedó entre los finalistas. Un año más tarde, las jurados de este concurso, Zaida Trallero y Rosa Lleó, propusieron una exposición que titularon Caso de estudio, en la que revisaban ciertos argumentos de la modernidad histórica y la arquitectura icónica. Me invitaron a participar con Ciudad sin cine y vi una oportunidad para investigar si algunos edificios que veía durante mis paseos por el barrio barcelonés de Poblenou habían albergado cines, tal y como lo sospechaba.

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¿Descubriste puntos comunes entre estas ciudades sin cine?

Sí, en 1914 en ambos lugares se abrió la primera sala permanente, con la misma voluntad de configurar nuevos espacios de ocio. La diferencia es que Poblenou es un barrio de origen fabril, es decir, es sólo un trozo de la trama urbana. Tanto en Poblenou como en Ciudad Bolívar las salas se fueron sumando a lo largo de un paseo (la Rambla y el Paseo Orinoco, respectivamente) para ofrecer no sólo proyecciones, sino conciertos, circo, teatro… y en ambos espacios el cierre de las salas tuvo que ver que con que los inversores desestimaron la continuidad de sus negocios en lugares que habían dejado de ser centro para convertirse en periferia.

¿Cómo ha marcado la vida de los ciudadanos de Poblenou y Ciudad Bolívar no tener cines?

No sé, pero ha generado un cambio. Me he dado cuenta de que es un tema generacional. Si a un joven en Ciudad Bolívar o Poblenou le preguntas por esos cines, muy probablemente no sabrá que funcionaron porque no tuvo la oportunidad de asistir a esas salas. Es un tema de orfandad en varios sentidos: por un lado, para quienes vivieron la movida social que engendraban las salas de cines entonces abiertas y, por otro, para los que no lo vivieron y no tienen conciencia de que perdieron un espacio de ocio al que acuden ahora desplazándose a otra ciudad, en el caso de Ciudad Bolívar, o a otro barrio, en el caso de Poblenou.

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¿Qué relevancia crees que poseen las salas de cine en la escena social y cultural de una ciudad actual?

Circulación de historias. Representaciones visuales. Son las características que resaltaría. Habría que preguntarse también por todo el circuito que hace que una sala se mantenga abierta: dónde y quiénes distribuyen las películas, cuál es la programación, qué festivales se organizan. Si todo eso está vivo, se genera un dinamismo cultural tremendo. Y eso es precisamente lo que se ha perdido en mis dos casos de estudio.

Dices que no te interesa retratar a los cines abandonados desde la nostalgia, sino como indicadores de una confluencia entre el pasado y el presente de una ciudad. ¿Crees que esto sea un reflejo mayor de las sociedades que investigaste?

El interés de esta serie de fotografías sobre los cines es la identificación de los edificios que estudio y documento como señales extemporáneas del presente de la ciudad.

Durante mi investigación consulté periódicos, tesis y revistas. Me topé con varias tesis historicistas, que trataban los períodos de auge de las aperturas de cines y la importancia del río Orinoco en el transporte de las películas. Las conclusiones de estos trabajos sobre la actual ausencia de cines mencionan que en la clausura de las salas incidió la llegada del televisor, el VHS y luego el DVD, argumento que comparten quienes han estudiado tanto Poblenou como Ciudad Bolívar. Pero para mí las razones se acercan más a una voluntad de marginalización, a la que atiendo. Pienso en el auge de los cines como una burbuja producto de la euforia de modernización y del crecimiento económico. Hoy, en la decadencia de la proyección cultural representada por la labor del cine, observo un desplazamiento del centro al margen.

Mencionas el caso de una sala en particular que el edificio fue transformado en un bingo. En muchas ciudades alrededor del mundo este proceso de renovación de espacios deteriorados y su revalorización mercantil ha generado un debate entre el progreso y el mantenimiento de espacios con tradición cultural. ¿Cuál es tu visión respecto a este dilema?

Esta pregunta es motivo de numerosos debates. Suelo preguntarme cuáles son los criterios que establecen (y con qué fin) que algo se ha deteriorado y debe ser transformado. ¿Qué tipos de públicos se crean según los espacios de ocio que se propician en detrimento de otros? Cuando comento el cambio de cine a casino resalto la mudanza de los usos. Al parecer es más provechoso invertir en una sala de apuestas que en un lugar que proyecta imaginarios y genera debate. En vez de criticar la apertura de casinos, me interesa documentar lo que hubo, mostrar las capas de la memoria que nos permiten desentrañar el presente.

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Aymara Arreaza

 

El cine solía ser el distribuidor masivo de material audiovisual por excelencia, y visitar el cine local era una entrada para conocer el mundo. Hoy el escenario es diferente, hace rato que anuncian la muerte del cine y su reemplazo por otros medios de difusión. El cierre de salas de cine es una clara evidencia de esto. ¿Vale la pena salvar el ritual de ir al cine y actualizarlo?

El cine más que distribuidor era y sigue siendo exponente de las propuestas de los directores. Que hoy tengamos nuevos espacios de percepción situados más allá de las salas de exhibición es una evidencia. Todos vivimos lo que se ha dado a conocer como la era audiovisual, hecho que ha cambiado los modos de consumo del acto cinematográfico. Así que no me planteo la pregunta de salvar per se la ida al cine. Con mi propuesta atiendo al abandono de los edificios donde se proyectaba y rastreo el ciclo que encumbró a los cines en una época y el paso al abandono. En la presentación de Ciudad (Poblenou) sin cine dentro del marco de la exposición Caso de estudio me preguntaron si en Ciudad Bolívar no se había rescatado por su valor histórico alguno de los edificios de los antiguos cines. En mi opinión, se trata de una pregunta relevante porque supone el reconocimiento de edificios que condensan muchos relatos de una historia reciente.

Nelson Algomeda  Escritor de artículos sobre cine y TV. Editor y fundador de Revista Arepa. Puedes seguirlo en twitter en @algomedista

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