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Guerra o diplomacia, por Héctor Abad Faciolince

Por Héctor Abad Faciolince | 9 de Abril, 2013

En uno de los documentales más interesantes y mejor hechos que he visto, The Fog of War, el exsecretario de Defensa norteamericano Robert McNamara acerca el pulgar y el índice hasta la distancia de un pelo para decir: “En la crisis de los misiles con Cuba estuvimos a esto (ahí los dedos se juntan) de un conflicto nuclear”. Y a continuación le explica a su interlocutor (el director Errol Morris) el motivo más probable para entender por qué ese conflicto, que habría sido devastador para el planeta, no se dio en esos momentos dramáticos y definitivos.

Por un lado hubo suerte, y por otro, hubo un diplomático con tacto y con empatía, el exembajador americano en la Unión Soviética Tommy Thompson, que se atrevió a contradecir al presidente Kennedy cuando éste se inclinaba a seguir el consejo del comandante de las Fuerzas Armadas, el general Curtis LeMay, un halcón que insistía en la opción de arrasar a Cuba y desencadenar así la Tercera Guerra Mundial. La tesis de LeMay, que habría dejado cientos de millones de víctimas, era sangrienta, pero no irracional: en 1962 EE.UU. tenía una clara ventaja estratégica frente a la Unión Soviética en lo que tiene que ver con armamento nuclear. Su cálculo bélico, despiadado, tenía la lógica que siempre tuvo la guerra en la historia del mundo: aniquilemos al adversario, ahora que podemos, porque después no se sabe.

La aproximación diplomática, en cambio, incluía en su razonamiento motivos psicológicos y humanos para creer que podía evitarse una guerra nuclear. Según Thompson, había que hacer un gesto que le salvara la cara a Krushev, darle algo que él pudiera mostrar como una victoria. Y eso se hizo: le prometieron que EE.UU. no invadiría nunca a Cuba y a cambio de esto él retiró los misiles. La URSS hizo esto contradiciendo a Castro, que quería una guerra a toda costa, a pesar de que Cuba habría quedado aniquilada. Cuando Krushev retiró los misiles, un Castro iracundo ordenó a los cubanos salir a la calle a gritar, “Nikita mariquita, Nikita mariquita”.

También en el escenario bélico colombiano hay cabezas calientes a quienes lo único que les gusta es seguir practicando la teoría del exterminio del enemigo, así en esa confrontación las bajas propias —y de civiles inocentes— sean innumerables. Hay una evidente ventaja estratégica del Estado frente al poder de fuego de la guerrilla, pero el poder bélico de las Farc, durante decenios e incluso con todo el aparato militar del Estado martillándoles en la cabeza, si bien ha tenido altibajos, nunca ha sido completamente anulado. En los 60 y 70 su poderío era ínfimo, y ahí más que nunca —cuando quizá habría sido menos difícil alcanzar un acuerdo— los halcones insistieron en que lo más fácil era el exterminio. Sin duda en lo que va del siglo, y gracias a gastos extraordinarios y a una voluntad de hierro por parte de Uribe, la guerrilla resultó muy golpeada, y su poder bélico se redujo a menos de la mitad. Pero incluso esa porción sigue haciendo un gran daño.

Por supuesto que no hay que rendirse ante la amenaza del terror. Pero si las Farc manifiestan que quieren llegar a un acuerdo para dejar las armas, como mínimo hay que oírlos, sin dejar de combatirlos. Esta ha sido la estrategia de paz menos mala de todas las que se han intentado hasta ahora. Conversaciones discretas en medio de la guerra. Si resulta sería una gran noticia; si no resulta, volveríamos al mismo escenario de hace cuatro años, sin haber perdido posiciones. Se les está dando a la diplomacia y a las palabras una oportunidad. La crisis de los misiles enseña que deben encontrarse formas para que el enemigo pueda ceder sin perder la cara. A las Farc hay que darles una fórmula para que entreguen las armas sin que en ello haya una humillación evidente. Se debe encontrar una manera para que ellos presenten su derrota como si fuera una victoria.

Héctor Abad Faciolince 

Comentarios (1)

Nasly
11 de Abril, 2013

“Se les está dando a la diplomacia y a las palabras una oportunidad”, que manera tan contundente de expresar sus ideas. Fantástico artículo!!

Alfredo Escobar
11 de Abril, 2013

ASI PIENSAN LOS HOMBRES QUE PIENSAN. EXTRAORDINARIO ARTICULO DE HECTOR ABAD FACIO LINCE. MUY ALECCIONADOR. LO RECOMIENDO.

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