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La política y el riesgo de los micrófonos abiertos [+ Videos]

Por Prodavinci | 5 de Abril, 2013
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Las dinámicas contemporáneas de la política dependen, de manera inevitable, de la industria de la comunicación. Muchos de los actores políticos más influyentes en el mundo le deben parte de su éxito a su impacto mediático.

Durante siglos las casas reales europeas prepararon a quienes iban a empezar a formar parte de la imagen pública de un reino para evitar que los conspiradores y los enemigos se aprovecharan de los momentos de debilidad. Hoy en día, la diplomacia, la oratoria y las estrategias de vocería son vigiladas por especialistas que se aseguran de que alguna declaración hecha en el momento equivocado no se convierta en un problema.

Sin embargo, muchas veces los políticos quedan sólo bajo el amparo de su tino, el azar y algunos micrófonos encendidos. Allí es donde se pone a prueba la experiencia, la astucia  y las coincidencias (e incoherencias) que existen entre el político y el ser humano, siempre víctima de sus errores públicos.

José “Pepe” Mujica sobre Cristina Fernández de Kirchner – Un desliz comunicacional del presidente uruguayo José “Pepe” Mujica hizo que, con los micrófonos aún encendidos antes de una rueda de prensa, se le oyera comentar “Esta vieja es peor que el tuerto”, en referencia a su homóloga argentina Cristina Fernández de Kirchner y su esposo, el fallecido presidente Néstor Kirchner. Tal comentario estuvo precedido por una afirmación muy alejada de la diplomacia habitual: “Es que para conseguir algo en Argentina tenés que recostarte un poquito a Brasil… es como la vieja ley del péndulo”, rematando con “El tuerto era más políticom Ésta es más terca”.

El descuido de Mujica terminó convirtiéndose en un suceso 2.0 que ocupó durante horas las redes sociales, especialmente en Argentina con el hashtag #EstaViejaEsPeorQueElTuerto.

Y aunque la imprudencia de Mujica hacia su par argentino es una muestra más del estilo directo y poco adornado que le ha valido elogios y críticas al ex guerrillero de 77 años, y Mujica es conocido por la tosca candidez de sus opiniones, este descalabro en vivo reveló aún más de lo que el mandatario podría desear.

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Barack Obama y Dmitri Medvedev – Algo que se planteó como una sencilla ofrenda de futura complicidad acabó convertido en acusaciones de traición a la patria dirigidas hacia el presidente Barack Obama. Su desliz ante un micrófono abierto en la Cumbre de Seguridad Nacional en Seúl, en marzo del 2012, consistió en que mientras estaba sentado con el presidente ruso Dmitri Medvedev durante una rueda de prensa, le dirigió este comentario en tono susurrado: “Ésta es mi última elección. Después de la elección tendré más flexibilidad”. Medvedev recibió el comentario positivamente, respondiendo que “Se lo pasaré a Vladimir (Putin)” y que en lo personal, apoyaba a su par estadounidense.

Pero en el homeland la cofradía ruso-americana no fue tan bien recibida. La noticia corrió como pólvora y los republicanos se pronunciaron al instante, predicando la falta de ética y de lealtad del Presidente hacia los intereses nacionales, acusándolo literalmente de “vender” el país a la voluntad de otros países. Líderes del GOP como Mitt Romney y Newt Gingrich enarbolaron una bandera ya conocida por los detractores de Obama: que el Presidente es demasiado blando en cuanto a política internacional y que ha demostrado inclinaciones “izquierdistas” o poco americanas. Lo más bajo fue apuntar a su segundo nombre, Hussein, para notar que las raíces de Obama son sospechosas.

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Nicolás Sarkozy a Barack Obama sobre Benyamin Netanyahu – El incidente con Medvedev no fue la primera vez en que Obama sufrió el látigo del micrófono abierto. En noviembre del 2011, Obama y el ahora ex presidente francés Nicolás Sarkozy conversaban durante la reunión del G-20 en Cannes, Francia, cuando el francés le confesó a Obama respecto al primer ministro israelí, Benyamin Netanyahu, que “No lo soporto: es un mentiroso”. Obama, lejos de defender a su aliado del Medio Oriente, replicó “Tú estarás harto, pero yo tengo que lidiar con él todos los días”. Mientras ambos creían estar dialogando lejos de los medios, sin los filtros y consideraciones de la diplomacia, fueron grabados y el material fue difundido el mismo día por los medios franceses.

Algo interesante de este episodio político es que la vergüenza usualmente ligada a los indiscretos fue aminorada en el contexto de Netanyahu y su relación con otros líderes. No era la primera vez que una autoridad norteamericana hablaba despectivamente del líder israelí. Una muestra de esto son las fuertes palabras del Secretario de Defensa, Robert Gates, quien acusó a Netanyahu de “malagradecido” y de ser un peligro para su nación. Algo que pone en discusión el supuesto carácter volátil de Netanyahu frente a sus iguales internacionales, en especial ante Obama, pues ambos han estado más de una vez en estado de tensión diplomática.

Al final, tanto Sarkozy como Obama fueron criticados por la falta de discreción, pero muchos medios (en especial los estadounidenses) no pudieron evitar el dejo implícito de que los líderes sólo descargaban sus frustraciones.

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George W. Bush y Dick Cheney sobre Adam Clymer – Una antología de material grabado sobre las torpezas y metidas de pata del ex Presidente George W. Bush sería tan amplio como Texas, el estado que lo vio nacer. Este suceso es sólo uno de los ejemplos más tempranos de su carácter: durante un rally político en Naperville, Illinois, el entonces candidato Bush junto a su potencial vicepresidente Dick Cheney saludaron a la concurrencia desde el podio. En ese momento Bush noto la presencia de Adam Clymer, un veterano reportero New York Times y abierto partidario del candidato demócrata Al Gore. Clymer, quién seguía de cerca la campaña Bush, estaba en el público cuando Bush, a centímetros del micrófono, le cuenta a Cheney que “Ahí está Adam Clymer del New York Times. Es un tremendo imbécil”, a lo que Cheney responde “Sí, de los grandes”.

El público vociferante no escuchó la ofensa, pero los periodistas con audífonos conectados al audio sí. Durante la campaña hubo varios encuentros entre Bush y Gore que exigían mayor moderación del lenguaje del primero respecto al segundo, una demanda que el propio Bush aceptó. Sin embargo, este ataque probó lo contrario y el equipo de Gore rápidamente apuntó a la nación que este accidente no sólo atacaba a la prensa y su importancia en la política nacional, sino que era un claro reflejo de la clase hombre que se postulaba en su contra al puesto más alto del país. No fue suficiente: Bush ganó la presidencia en una difícil (y controversial) votación.

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José María Aznar – Uno de los errores cometidos con mayor frecuencia por figuras públicas es olvidar apagar el micrófono una vez terminado el discurso. José María Aznar aprendió la lección en el 2002, durante su presentación ante el Parlamento Europeo en Bruselas. El entonces presidente de Gobierno de España elaboró un elogioso -y quizás demasiado largo- discurso de media hora, aludiendo a los logros alcanzados en la Cumbre de Barcelona celebrada una semana antes. Tras terminar su alocución y recibir el aplauso de los presentes, Aznar dio la vuelta y le comentó en voz baja al secretario de Estado de Política Exterior y de la Unión Europea, Ramón de Miguel, “¡Vaya coñazo que he soltado!”

Los periodistas españoles presentes se manifestaron sorprendidos. En los días siguientes, los medios se dividieron entre la dura crítica al lenguaje de Aznar y la divertida congratulación, tomando el comentario como una señal de victoria de parte del mandatario.

Terminando su discurso con “Tendremos más Europa y, sobre todo, mejor Europa”, el presidente español impuso un tono celebratorio de las capacidades de España y la Unión Europea en el desarrollo de un concepto continental a favor de todos. Sin embargo, bajo el lente irónico de la concurrente crisis española y europea, el ‘coñazo’ de Aznar pareció ser un vaticinio muy diferente.

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Beatriz Viana – Otro caso en España tuvo como protagonista a Beatriz Viana, directora general de la Agencia Tributaria. Viana respondía preguntas de la prensa respecto al caso de los papeles -y los sobres- de Luis Bárcenas, ex Tesorero del Partido Popular, junto a la vinculación de Mariano Rajoy con las cuentas reveladas. Durante el encuentro con los medios la directora había afirmado que Bárcenas no podía acogerse a la amnistía fiscal que le permitió regularizar más de diez millones de euros. Una vez terminadas las preguntas, Viana comentó, ignorando que seguía con micrófono abierto, una frase demasiado reveladora: “No sé ni lo que he dicho. Ahora me van a sacar cualquier barbaridad que haya dicho”.

El desliz de Viana cimenta el patrón que hemos visto con ejemplos anteriores: el descuido y olvido de parte del locutor de que sigue estando en un espacio público y monitoreado. Sin tomar en cuenta el micrófono que seguía encendido, Viana emitió su comentario a Pilar Jurado, la directora de Aduanas e Impuestos Especiales de la Agencia Tributaria, que estaba a su lado. Jurado trató de advertirle con muecas y señas a Viana sobre el micrófono, lo que convierte a esta indiscreción en un cómico intercambio que termina en vergüenza para Viana, su ignorancia puesta en evidencia y el descrédito para su despacho ante la validez de sus argumentos. Porque si ni siquiera la directora de la Agencia Tributaria sabe de lo que habla, ¿entonces quién?

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La controversia generada por estos accidentes discursivos siempre parte de aquello que los mandatarios  y figuras públicas escogen mantener en secreto. Eso y su incómoda salida a la luz. Tal vez la solución sea la que tomó el senador Jay Billington Bulworth, un político que decidió hablar sin reservas sobre las compañías de seguro y sus maquinaciones electorales, sobre las consecuencias de los negros no obtengan beneficios por su raza y costumbres y de que todo se resolvería si tan sólo dieran más dinero para su campaña. Pero Bulworth no existe: en un producto de la creación de Warren Beatty, quién interpretó al autodestructivo senador en Bulworth (1998), también dirigida por él. La total honestidad del personaje resquebrajó los límites de su sanidad mental, pero también causaron un fenómeno inesperado: la adoración del público, que energizado por el lenguaje del senador llevó su campaña de reelección de la ruina al éxito total.

Quizás la lección de Bulworth está en reconocer que el miedo no está en el micrófono, sino en lo que ocultan. Y que encarar la verdad puede generar más réditos que verse sorprendido por ella.

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Prodavinci 

Comentarios (1)

Roberto Dante
6 de Abril, 2013

Sobre Tupas, Montos, Rioplatenses y el Gran Artigas (*)

roberto dante - Lanús, Argentina, Ab 2013 –

Centro este comentario, por su contemporaneidad, en los dichos de José Mujica a micrófono abierto.–

En los albores de la pasada década de los 70 polemizaba con los compas de Montoneros (en la ciudad de La Plata) las diferencias de sus evaluaciones sobre América Latina con respecto a los Tupamaros uruguayos.

Mi posición, que hoy mantengo, es que los Montos estaban demasiados ligados a sus orígenes corrompidos por la cultura cristiana apostólica romana. Es cierto que cuestionaban dichos orígenes; pero, creo (es una interpretación personal), que estaban condicionados por la rigidez de las estructuras religiosas cuando afirmaban sus tesis de “La Verdad Única” con respecto a sus lecturas de la realidad política de Argentina.

Estas tesis se sustentaban en la “creencia” – lo cual era un acto de fe – de que existía “Un entorno” al Gral. Perón que le impedía retroalimentarse de las necesidades del pueblo.

¿Por que incorporo estos conceptos en un comentario sobre los Tupamaros uruguayos? Porque, aunque sea una metáfora, el Río de La Plata nos otorgo a los Uruguayos y Argentinos la “carga histórica” de considerarnos hermanos rioplatenses.

Esto último: ¿Fue tan claro y distintivo? No lo creo.

Los Tupamaros pudieron desarrollarse mamando, no sólo las ideas, fundamentalmente, los hechos históricos construidos por el más grande revolucionario de América: José Gervasio Artigas.

Su Reforma Agraria – entre tantas otras decisiones, se anticipó, aunque la “historia oficial eurocentrista” no lo amerite, al marxismo-leninismo + trokismo + maoismo. Pero, por supuesto, un Caudillo nacido en las Américas no tuvo muy buena prensa.

Pertenecemos a una Gran América que, al día de la fecha (y pasaron siglos), carece de agentes de prensa (por suerte); pero acrecienta anónimos militantes americanistas que nada tienen de común con el American way of live. –

(*) Los dichos de Mugica, tipo “mesa de café”, son irrelevantes como para generar una confrontación argentino/uruguaya; a pesar de la campaña mediática de los medios oligopólicos de desinformación.-

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