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El Poder y la Torre, por Jon Lee Anderson

Desde el primer triunfo de Hugo Chávez, hace 14 años, Jon Lee Anderson ha seguido de cerca el proceso político venezolano a través de dos perfiles del Presidente Hugo Chávez en la revista The New Yorker, de la cual es periodista de planta. El propio Chávez reconoció lo riguroso de su trabajo y lo calificó como un "amigo crítico" del proceso. La crónica que a continuación presentamos fue publicada en inglés en The New Yorker en la edición del 21 al 28 de enero de 2013. En ella, Anderson se adentra en la crisis urbana actual de Caracas. El resultado es una de las imágenes más controvertidas del proceso revolucionario y, a la vez, un balance del posible legado de Hugo Chávez. Es una reflexión constructiva e imprescindible, pero a la vez crítica y severa, sobre nuestro país y su futuro.

Por Jon Lee Anderson | 28 de Enero, 2013
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Torre Confinanzas

Foto: Alberto Rojas – http://caracasshots.blogspot.com/

El 11 de diciembre, Hugo Chávez Frías, el extravagante y radical presidente de Venezuela, se sometió a su cuarta cirugía contra el cáncer y desde entonces ha languidecido en un hospital de La Habana bajo una celosa guardia. Sólo familiares y allegados políticos cercanos —y, se presume, los hermanos Castro— tienen permiso para verlo. No ha habido ningún vídeo de él sonriendo desde su cama de hospital ni animando a sus seguidores. Funcionarios del gobierno reconocen que está experimentando “severas dificultades respiratorias”, a pesar de los rumores de que está bajo un coma inducido y conectado a un respirador. La presidenta de Argentina, Cristina Kirchner, visitó La Habana la semana pasada llevando una Biblia para Chávez. Y aunque no comentó si lo llegó a ver, tuiteó poco después: “Hasta siempre”. Los partidarios de Chávez insisten en que el presidente se está recuperando, y que incluso firmó un documento- una prueba de vida que se exhibió debidamente a la prensa. Pero el mensaje de Kirchner sonaba como un último adiós.

Es apropiado que Chávez haya escogido Cuba como el mejor lugar para recuperarse, ya que el país ha sido un segundo hogar para él durante mucho tiempo. En noviembre de 1999, Fidel Castro lo invitó a dar una charla magistral en la Universidad de La Habana. Chávez, un ex-paracaidista militar, se había convertido en presidente de Venezuela apenas nueve meses antes, pero ya contaba con una audiencia embelesada, incluyendo a Castro, a su hermano menor Raúl y a otros altos cargos del buró político de Cuba. El discurso de Chávez estuvo lleno de expresiones de buena voluntad hacia Cuba y elogió a Castro, a quien llamó “hermano”. Era imposible pasar por alto las implicaciones de su visita. Desde el fin del subsidio soviético, ocho años antes, Cuba luchaba por sostenerse y Venezuela era una nación rica en petróleo. Chávez había viajado con una delegación de la empresa petrolera nacional. El presidente, ya en ese entonces un orador expansivo, habló durante noventa minutos, y Castro sonrió atentamente todo ese tiempo. El hombre que estaba a mi lado susurró que nunca había visto a Fidel mostrar tanto respeto por otro líder.

Esa noche, una multitud llenó el Estadio Nacional de Béisbol de La Habana en ocasión de un partido amistoso entre jugadores veteranos de las dos naciones. El ambiente era festivo. Chávez pichó y bateó para Venezuela, jugando las nueve entradas. Castro, vestido con una chaqueta de béisbol sobre su uniforme de faena militar, fue el mánager de Cuba y aprovechó para darle a su huésped una lección en tácticas: a medida que el juego avanzaba, Castro infiltró jóvenes impostores al campo de juego, disfrazados con barbas postizas que luego se arrancaron, desencadenando aplausos y risas en la audiencia. Al final del juego Cuba ganaba cinco a cuatro pero, como declaró Chávez, “tanto Cuba como Venezuela han ganado. Esto profundizó nuestra amistad”.

Antes de que pasara mucho tiempo, Cuba empezó a recibir envíos de petróleo venezolano a menores precios, a cambio de los servicios de docentes, médicos e instructores deportivos cubanos que trabajaron en un enorme programa de alivio de la pobreza lanzado por Chávez. Desde el año 2001, decenas de miles de médicos cubanos han proporcionado tratamiento a los pobres de Venezuela, y personas con enfermedades de la vista han recibido atención médica en Cuba, en el marco de un programa que Chávez llamó, con su típica grandiosidad, Misión Milagro.

Como parte no escrita del acuerdo, Chávez también adquirió una ideología. Desde el principio él era un ferviente discípulo de Simón Bolívar, libertador de Venezuela y su máximo héroe nacional. Poco después de haber asumido el poder, Chávez cambió el nombre del país a República Bolivariana de Venezuela. Bolívar era un modelo complicado: fue un luchador carismático por la libertad, cuyas sangrientas campañas liberaron a gran parte de América del Sur de la España colonial. Pero, a pesar de ser admirador de la Revolución Americana, Bolívar era mucho más un autócrata que un demócrata. Para Chávez, Castro era el Bolívar de los tiempos modernos, el actual guardián de la lucha antiimperialista. En 2005, después de un largo período de estudio y reflexión, Chávez anunció que había decidido que el socialismo era la mejor propuesta de progreso para la región. En sólo unos pocos años, con sus miles de millones en petróleo y guiado por Castro, Chávez resucitó el discurso y el espíritu de la revolución izquierdista en América Latina. Él transformaría Venezuela en lo que llamó, en su discurso en la Universidad de La Habana, “un mar de felicidad y de verdadera justicia social y paz”. Su máximo objetivo fue elevar a los pobres. En Caracas, la capital del país, los resultados de esta irregular campaña están a la vista de todos.

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Los colonizadores españoles que fundaron Caracas en el siglo XVI lo hicieron con cuidado: situaron la ciudad en las montañas, en vez de la cercana costa del Caribe, para protegerla de piratas ingleses y de los indios que merodeaban. Actualmente, la costa ubicada a diez millas de distancia de la ciudad es accesible por una carretera escarpada entre las montañas construida por órdenes del fallecido dictador militar Marcos Pérez Jiménez, quien dominó el país durante la década de los cincuenta. De cruel carácter y ampliamente odiado en su país, Pérez Jiménez fue derrocado después de sólo seis años como Presidente, pero dejó tras de sí un impresionante legado de obras públicas: edificios gubernamentales, proyectos de vivienda pública, túneles, puentes, parques y carreteras. En las décadas siguientes, mientras las dictaduras molestaban a gran parte de América Latina, Venezuela resultó ser una democracia dinámica y generalmente estable. Siendo una de las naciones petroleras más ricas del mundo, el país tuvo una creciente clase media con un nivel increíblemente alto de vida. También fue un firme aliado de EE.UU.: los Rockefellers tenían campos petroleros en Venezuela, así como grandes ranchos donde sus familiares montaban a caballo con amigos venezolanos.

La perspectiva de una buena vida en Venezuela atrajo a cientos de miles de inmigrantes del resto de América Latina y de Europa, quienes ayudaron a darle a Caracas la reputación de ser una de las ciudades más atractivas y modernas de la región. Tenía una espléndida universidad —la Universidad Central de Venezuela—, un museo de arte moderno de primer orden, un elegante Country Club, una serie de buenos hoteles y exquisitas playas. A finales de los años setenta, cuando las mujeres venezolanas se convirtieron en perennes ganadoras del concurso de Miss Universo, la mayoría de los latinoamericanos consideraban al país como un lugar hermoso para gente hermosa. Incluso su criminal más infame, el terrorista marxista Illich Ramírez Sánchez (Carlos El Chacal), fue un todo un dandy, con un gusto por los pañuelos de seda y el whiskey Johnnie Walker. En 1983, en lo que puede haber sido la cúspide del encanto de Caracas, fue inaugurada la primera línea del Metro y el Teresa Carreño, un complejo teatral de clase mundial.

Esa ciudad apenas puede percibirse hoy. Después de décadas de abandono, pobreza, corrupción y agitación social, Caracas se ha deteriorado muchísimo. Tiene una de las tasas de homicidios más altas del mundo: el año pasado, en una ciudad de tres millones de habitantes, se estima que tres mil seiscientas personas fueron asesinadas, cifra que equivale a una muerte cada dos horas. La tasa de homicidios en Venezuela se ha triplicado desde que Chávez asumió el poder. De hecho, el crimen violento (o la amenaza de que suceda) es probablemente el carácter definitorio de Caracas, tan ineludible como el clima, que generalmente es maravilloso, y el terrible tráfico, con autos atascados durante horas en las calles día tras día. Vendedores deambulan a través del embotellamiento, vendiendo juguetes, insecticidas y DVDs piratas, mientras que los drogadictos lavan los parabrisas o hacen malabares a cambio de monedas. Se observan fachadas enteras cubiertas de graffitis y con basura amontonada en las vías. El río Guaire, su cauce a lo largo de toda la ciudad, es un torrente gris de agua maloliente. A lo largo de sus riberas viven cientos de personas sin hogar, indigentes —en su mayoría adictos a las drogas— y enfermos mentales. Los barrios más ricos de Caracas son enclaves fortificados, protegidos por muros de seguridad con alambre electrificado. En las entradas de las urbanizaciones, guardias armados permanecen en vigilia tras un vidrio oscuro.

Caracas es una ciudad fallida y la Torre de David es quizás el símbolo más importante de ese fracaso. La torre es un zigurat de espejos de vidrio coronado por un gran eje vertical, que se eleva a cuarenta y cinco pisos por encima de la ciudad. La principal característica del complejo de rascacielos de Confinanzas, que incluye otra torre de dieciocho pisos y un estacionamiento elevado, es su visibilidad desde cualquier punto de Caracas, que sigue siendo mayormente una ciudad de edificios modestos. El vecindario que rodea al edificio es típico: una ladera cuadriculada de casas y comercios de uno o dos pisos que se disipan a pocas cuadras de las faldas del cerro El Ávila, un montaña selvática que forma un dramático muro verde entre Caracas y el Mar Caribe.

La torre ha sido nombrada en honor a David Brillembourg, un banquero que hizo fortuna durante el boom petrolero de Venezuela en los años setenta. En 1990, Brillembourg se lanzó a la construcción de un complejo que esperaba convertirse en la respuesta venezolana a Wall Street. Sin embargo,  Brillembourg murió en 1993, mientras el complejo seguía en construcción, y poco después de su muerte una crisis bancaria acabó con un tercio de la instituciones financieras del país. La construcción, completada en un sesenta por ciento, se detuvo y nunca fue reanudada.

Vista desde la distancia, la Torre no da indicio alguno de sus problemas. De cerca, sin embargo, las irregularidades en su fachada son claramente evidentes. Hay partes donde los paneles de vidrio se han perdido y los agujeros han sido rellenados; en otras partes de la fachada, las antenas parabólicas y satelitales se asoman como hongos. En los costados no hay paneles de vidrio en absoluto. El complejo es un coloso de hormigón sin terminar —en el que habitan personas. Casas de ladrillo mal ensambladas, similares a las que cubren los cerros alrededor de Caracas como costras, han llenado los espacios vacíos dentro de muchos de los pisos. Sólo las plantas superiores están abiertas al cielo, como plataformas de un gran pastel de bodas. El decano de Arquitectura de la Universidad Central, Guillermo Barrios, me dijo: “Todo régimen tiene su impronta arquitectónica, su icono, y no tengo duda de que la imagen arquitectónica de este régimen es la Torre de David. Encarna la política urbana de este régimen, que puede definirse por la confiscación y expropiación, por la incapacidad gubernamental y el uso de la violencia”. La Torre, construida como una muestra de la eminencia del país, se ha convertido en el barrio alto del mundo.

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Cuando Chávez asumió el poder en 1999, el centro de la ciudad ya estaba descuidado y en franca decadencia, y la torre había caído bajo custodia del Fondo de Garantías de Depósitos. Cuando el gobierno trató de venderla mediante subasta pública en el 2001 nadie ofertó y el plan que existía para convertirla en la nueva sede de la Alcaldía fue abandonado. Finalmente, una noche de octubre del 2007, varios cientos de hombres, mujeres y niños, dirigidos por un grupo de duros y decididos exconvictos, invadieron la torre y acamparon allí. Una mujer que fue parte de la invasión me dijo: “Entramos como si fuera una cueva. Parecíamos cochinos, todos ahí juntos. Abrimos la puerta y desde ese día hemos estado viviendo aquí”. Estaba asustada, pero sentía que no tenía otra opción. “Todos buscaban un techo sobre sus cabezas porque nadie tenía donde vivir. Y era una solución”. Muchos más los siguieron. Los líderes de la invasión comenzaron a vender el derecho de entrada a los recién llegados, en su mayoría personas pobres de las barriadas de Caracas que deseaban cambiar las laderas fangosas por el centro citadino.

Hoy en día, la torre es el emblema de una tendencia de la era Chávez: la “invasión” organizada de edificios desocupados por grupos grandes de ocupantes ilegales. Cientos de edificios han sido invadidos desde que el fenómeno se inició en 2003: bloques de apartamentos, torres de oficinas, almacenes, centros comerciales. Cerca de ciento cincuenta edificios en Caracas están ocupados por invasores. La Torre de David alberga un estimado de tres mil personas, llenando la torre más pequeña por completo y la más alta hasta el piso veintiocho. Jóvenes motociclistas operan una línea de “mototaxistas” para los residentes de los pisos más altos, llevándolos desde la planta baja hasta el décimo piso del estacionamiento adjunto, desde donde pueden ascender por unas rudimentarias escaleras de concreto. Para quienes viven por encima del décimo piso, es un largo camino hasta el tope.

En un reciente viaje a Caracas, le pedí a un taxista que me dejara en frente de la Torre de David y me contestó con una mirada de asombro. “No vas a entrar allí, ¿verdad? “, dijo, “¡De ahí sale todo el mal de esta ciudad!”. La Torre se ha ganado el dudoso honor de ser un centro criminal, alimentado por los relatos de la prensa que presenta al lugar como un refugio para delincuentes, asesinos y secuestradores. Para muchos caraqueños, la Torre es sinónimo de todo lo que está mal en su sociedad: una comunidad de invasores que habitan en medio de la ciudad, controlada por pandilleros armados con el consentimiento tácito del gobierno de Chávez.

El jefe de la Torre es un excriminal convertido en pastor evangélico, llamado Alexánder “El Niño” Daza. Un ardiente partidario de Chávez que aceptó reunirse conmigo sólo después de que un intermediario le aseguró que era políticamente aceptable. Cuando llegué a la entrada principal de la Torre había mujeres dentro de una cabina de seguridad que operaban una puerta controlada electrónicamente. Me pidieron una identificación y que firmara un registro, permitiéndome pasar sólo porque era un invitado de Daza. Daza me esperaba en el atrio, un espacio de concreto al aire libre entre los dos edificios principales. Una música ensordecedora salía de un par de altavoces grandes justo en la puerta de entrada a la “iglesia” de Daza, una habitación ubicada en la planta baja donde predica los domingos. Según contaba, se había convertido o “renacido” estando en prisión. De baja estatura, cuerpo fornido y cara de niño, tiene treinta y ocho años pero luce mucho más joven.

Nos sentamos en un muro pequeño para hablar pero, con los altavoces a todo volumen, Daza era prácticamente inaudible. No habló de la Torre, su comunidad ni de su papel como una figura de autoridad. En su lugar, haciendo eco del lenguaje de los funcionarios del gobierno, se quejó de que los “medios de comunicación privados” siempre buscaban la manera de distorsionar la verdad, hacer daño a “la causa de la gente” y de “dañar a Chávez”. Durante mi experiencia reportando sobre Chávez, he llegado a pasar una buena cantidad de tiempo con él, y cuando le dije esto a Daza me miró con cautelosa impresión. Después de un rato, se relajó considerablemente, señalándome a su esposa, una bonita joven llamada Gina, mientras caminaba junto a nosotros con un niño.

Gran parte de la vida comunitaria de la Torre estaba fuera de nuestra vista, por encima de nosotros, pero algunos de los apartamentos de los niveles más bajo estaban al pie del atrio. Había ropa tendida en balcones por terminar y en algunas antenas. También pueden verse signos de la lealtad política imperante. En las últimas elecciones, Daza hizo todo lo posible para que la Torre de David fuese una base de apoyo para Chávez y colgó una pancarta grande y roja en su honor.

Daza protestó por las historias sobre la Torre que la denunciaban como centro de crimen y a él como un criminal. Él y su gente se hicieron cargo de algo que estaba “muerto” y “le dimos vida”, dijo: “La rescatamos con la visión de vivir aquí en armonía”. Ésta fue una opinión minoritaria. Guillermo Barrios, el Decano de Arquitectura, me dijo: “La Torre de David no era un bello ejemplo de la autodeterminación de una comunidad sino una invasión violenta”. Describió a Daza como un malandro, como el tipo de oportunista matón que ha llegado a tipificar la vida urbana en Venezuela, con la apariencia de un pastor. “Es el líder de un grupo de invasores que vende la entrada al edificio, un ejemplo del más salvaje capitalismo”, dijo. “Se arropa en la religiosidad, pero hay un grupo violento detrás de él que le permite llevar a cabo sus acciones”.

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Chávez ganó la reelección en octubre, y en las semanas siguientes la ciudad tenía una atmósfera de incertidumbre. El presidente de cincuenta y ocho años había estado recibiendo tratamiento para el cáncer desde junio ​​del 2011, pero se declaró a sí mismo lo suficientemente sano como para competir para gobernar otros seis años más. Libró una dura campaña en contra de su oponente Henrique Capriles Radonski, un atlético abogado de cuarenta años que representó la centro derecha y ganó por un respetable margen de once puntos. Sin embargo, desde su discurso de victoria, no había aparecido en público.

En noviembre, uno de los funcionarios de Chávez me dijo: “El Presidente se está recuperando de una agotadora campaña”. Un par de semanas más tarde, Chávez viajó a Cuba para un chequeo médico y poco después regresó a Caracas y anunció que sus médicos le habían detectado nuevas células cancerígenas. Sentado junto a su vicepresidente, Nicolás Maduro, dijo: “Si algo me llegara a suceder… elijan a Nicolás Maduro”.

Chávez me dijo una vez que Castro le había advertido públicamente que debía mejorar su seguridad, diciendo: “Sin este hombre, esta revolución se acabará de inmediato”. A los ojos de Chávez, esto ponía demasiada importancia en él. Pero en la medida en que su revolución ha avanzado, lo ha hecho arrastrada por su personalidad: el lograba que las cosas pasaran  cuando estaba físicamente presente pero, apartando esto, su administración era caótica y desordenada.

Chávez consolidó su educación ideológica estando en prisión. Fue encarcelado en 1992, por liderar un fallido Golpe de Estado Militar contra el entonces presidente Carlos Andrés Pérez. Mientras cumplía su condena, llamó a Jorge Giordani (un profesor marxista de economía y planificación social de la Universidad Central) para que le diera clases. “El plan era que Chávez escribiera una tesis sobre cómo convertir su movimiento bolivariano en un gobierno”, me dijo Giordani en el 2001, cuando servía como Ministro de Planificación de Chávez. Se echó a reír: “Nunca terminó la tesis. Cada vez que le pregunto por eso, sólo me dice: ‘Eso es lo que estamos haciendo ahora: llevar la teoría a la práctica’”.

Giordani me mostró los planes de uno de sus proyectos revolucionarios. “Queremos deshacernos de las favelas y repoblar el campo”, dijo. Por lo que Chávez y él habían mandado al ejército al centro no desarrollado del país para comenzar a construir “comunidades agroindustriales autosostenibles” o SARAOs, que a su juicio se convertirían en pequeñas ciudades. Reconoció que era una idea utópica, “pero en la planificación social uno debe moverse entre la utopía y la realidad”. Al final, los SARAOs fueron engavetados y los barrios crecieron en su lugar. Era típico del gobierno ad hoc de Chávez. Una vez en el set de “Aló Presidente” (su programa de televisión exento de forma), lo vi lanzar un importante programa de expropiaciones de grandes fincas que serían entregadas a los campesinos. Hizo el anuncio con gran cordialidad, a lo cual le siguió un comentario, jugada por jugada, de un partido de voleibol.

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Cuando llegué a Caracas en noviembre tenía casi cuatro años sin volver, y la ciudad se veía más inmunda y desgastada que nunca, aunque se mantenía llena de carteles y pancartas en las que el gobierno se felicitaba a sí mismo por diversos logros. Se mostraba a Chávez en gigantescas vallas abrazando con cariño a ancianas y niños. Por todas partes había carteles sobrantes de la última campaña electoral, en las paredes, en postes de electricidad, puentes y carreteras. Había grafitis políticos de ambos bandos y salpicones de pintura en los lugares donde un partido había tratado de sabotear la propaganda del otro.

La polarización es lo que ha definido la era chavista. Son raras las cuestiones de la vida pública que no sean batalladas y discutidas amargamente. Esto se extiende a la Torre de David: todas las personas que conocí tenían una opinión al respecto. Un amigo periodista, Boris Muñoz, me dijo que el edificio está manejado por el “lumpen empoderado” que controlaba la vida de los residentes con el mismo sistema violento que rige la vida dentro de las cárceles venezolanas. Guillermo Barrios respondabiliza de las invasiones al gobierno y a su política negligente sobre la ciudad, incluyendo al propio Chávez. “El lenguaje político que ha justificado las invasiones y el robo absoluto proviene de los discursos de Chávez “, dijo. En el año 2011, Chávez dio un discurso exhortando a los indigentes de Caracas a tomar almacenes abandonados y galpones bajo su poder. “Invito al pueblo”, dijo, “a que busquen su propio galpón y me digan dónde está. Cada quién que busque sus galpones. ¡Vamos a buscarnos un galpón! Hay mil, dos mil galpones abandonados en Caracas. ¡Vamos para allá! Que Chávez los expropiará y los pondrá al servicio del pueblo”.

Las ocupaciones ilegales de todo tipo de edificios se habían disparado. Después de que una inundación desastrosa en diciembre del 2010 dejó a cien mil personas más sin hogar —la mayoría desalojados de los barrios pobres ubicados en los cerros— Chávez obligó a hoteles, un club de campo y hasta un centro comercial a alojarlos. Durante meses, varios miles de damnificados vivieron en parques de la ciudad y en una tienda de campaña levantada frente al Palacio Presidencial de Miraflores. Algunos fueron alojados dentro del palacio. La situación era claramente urgente y Chávez, en típico estilo cuasi militar, declaró una nueva “misión”: la Gran Misión Vivienda Venezuela.

En Caracas, buena parte de la carga de la Gran Misión Vivienda Venezuela recayó en manos de Jorge Rodríguez. Rodríguez fue vicepresidente bajo el mandato de Chávez y es el alcalde del municipio Libertador, el centro de la ciudad, desde el año 2008. Fui a verlo una mañana a su oficina ubicada en un hermoso edificio colonial, con balcones y un patio interior lleno de árboles. Es un hombre delgado y amistoso con la cabeza rapada, vestido a la manera informal de muchos de los ministros de Chávez: una pulcra guayabera blanca sobre jeans negros y zapatos deportivos. Sobre su oficina se alzaba un enorme óleo de Simón Bolívar y la ventana daba a una preciosa plaza con el nombre de Bolívar, decorada con una gran estatua de El Libertador.

Rodríguez no había absorbido el grado de deterioro de la ciudad hasta que llegó a ser alcalde. “En mi primer día de trabajo, miré por la ventana y vi a un borracho orinando sobre la estatua de Bolívar. Me dije a mí mismo, ‘si así son las cosas aquí, ¿cómo será en el resto de la ciudad?’”. Rodríguez dijo que fue a ver a Chávez para discutir la situación. “Decidimos que íbamos a arreglar la ciudad, desde el centro hacia afuera. Teníamos que empezar en alguna parte”.

Rodríguez culpó a los gobernantes anteriores por los problemas de Caracas. Desde que los españoles fundaron la ciudad su crecimiento no ha sido planificado, excepto durante la dictadura de Pérez Jiménez. “Él tenía un plan, pero luego fue derrocado”, según Rodríguez. El alcalde describe el preámbulo a la emergencia actual como un “lento terremoto”. Los pobres habían vivido en barrancos y laderas de las montañas para luego trasladarse a la ciudad por mera necesidad. El adinerado sector privado dejó de invertir en la ciudad y la inundación de 2010 había tornado la situación en una crisis.

Rodríguez dijo que en todo el país la déficit de viviendas era de tres millones, y la meta para el año era de doscientas setenta mil unidades nuevas. Barrios me había dicho que durante la mayor parte del mandato de Chávez el gobierno había construido un promedio de veinticinco mil unidades al año. El gobierno había atendido  un porcentaje menor de las necesidades de vivienda que cualquier administración desde 1959. Pero Rodríguez me aseguró de que estaba en buen ritmo para alcanzar su meta, diciendo: “Estamos construyendo donde sea que podamos”. Admitió que todavía tenían un largo camino por recorrer. “Apenas descanso, ¡y estoy de pie todo el día!”, dijo, riéndose y señalando sus zapatos deportivos.

Rodríguez señaló a la plaza y me preguntó si notaba alguna diferencia respecto a mi visita anterior. Me di cuenta de que la plaza estaba vacía. No estaba ninguno de los vendedores ambulantes que obstruían el paso peatonal de las calles del centro histórico. “Nos deshicimos de cincuenta y siete mil de ellos”, dijo Rodríguez. Los trasladaron a un nuevo mercado cubierto en el borde del centro de Caracas. Con el respaldo del Presidente, Rodríguez también decretó que las invasiones a edificios ya no serían toleradas, pero que tampoco habría expulsiones arbitrarias. “Todavía hay uno o dos intentos semanales de adueñarse de un edificio, pero los detenemos”.

Al parecer, el gobierno no aprobó oficialmente ninguna invasión de la Torre de David, pero no ha hecho ningún intento para cerrarla. ¿Hubo un acuerdo tácito en dejar las cosas como estaban? Rodríguez se mostró incómodo y dijo: “La situación de la Torre de David debe corregirse y será tratado por el gobierno a su debido tiempo”.

En los alrededores de la ciudad había indicios de que Chávez había comenzado a enfrentar los problemas relacionados con la insuficiencia de vivienda pública y transporte. Rodríguez me llevó a un sitio en la Avenida Libertador donde varios edificios de apartamentos eran derribados, incluyendo construcciones espontáneas de ladrillo y acero de más de cinco pisos. Junto a éstos, en el borde de la carretera, se demolían barriadas cuyos habitantes eran reubicados. A los lados de varias autopistas se veían torres de alta tensión para un nuevo tren de pasajeros elevado (comprado en China), parte de un ambicioso plan para aliviar el tráfico de la ciudad y aliviar la presión sobre su abrumado sistema de Metro. Se ha instalado un costoso teleférico para transportar a pasajeros hasta el tope del cerro que aloja a San Agustín, uno de los barrios marginales más antiguos de la ciudad. Los vagones parten de una reluciente estación y se mueven silenciosamente en el aire, impulsados por enormes poleas austríacas. Todos están pintados del color predilecto de Chávez, el rojo Bolivariano, y en cada uno reza: Soberanía, Sacrificio, Moral Socialista… Debajo, puede verse la basura rodando entre pendientes fangosas, un laberinto de ranchos y callejones mugrientos. Me dijeron que no me bajase en la cima, para evitar el riesgo de ser asaltado.

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Una mañana, Daza se reunió conmigo en un terreno baldío cubierto de maleza detrás la torre más pequeña. Estaba supervisando un grupo de trabajo de cuatro adolescentes y un hombre mayor que mezclaban cemento en una carretilla y lo untaban sobre una extensión de hormigón, barro, hierba y escombros. Daza lucía jeans, zapatos de gamuza y una camisa de cuadros. El aire apestaba a cloaca. Daza explicó que quería hacer un pequeño parque, donde las familias con niños puedan tener un lugar seguro para jugar y organizar piñatas y fiestas de cumpleaños.

Los adolescentes del grupo bromeaban y evitaban trabajar, mientras que Daza gritaba órdenes de vez en cuando, pero en general los observaba con tolerancia. Él me dijo que eran jóvenes en riesgo de caer en la delincuencia, recomendados por sus propios padres. En el trabajo podían ser supervisados​​ y, ganando un salario de aproximadamente cien dólares al mes, podrían colaborar con un poco de dinero para sus familias. Los supervisaba personalmente, explicó, porque el último encargado resultó ser irresponsable. “Todo lo que hacía era pasear en su moto, armando desorden”, me dijo.

Daza tenía planes ambiciosos para la Torre. Me mostró el estacionamiento en planta baja, un espacio enorme y vacío excepto por algunos autobuses dañados y explicó que era una fuente importante de ingresos: el garaje se alquila a los conductores de autobús. Más tarde estaría lleno. Cerca de la entrada, donde un par de muchachos descansaban en sucios sofás, Daza planificaba instalar una puerta de seguridad y construir una caseta de vigilancia. A un lado del edificio, cerca de una hilera de frondosos árboles de mango, Daza señaló un espacio no utilizado donde quería construir una guardería para los niños de las madres trabajadoras. Cerca de la puerta principal esperaba abrir una cafetería, “donde pueda venderse comida Bolivariana a precios socialistas”.

A medida que caminábamos Daza me explicaba cómo funciona el edificio. Tenía una manera rítmica y enfática de hablar, como un predicador. “No hay ningún régimen carcelario impuesto aquí”, dijo. “Lo que hay aquí es orden. Y no hay celdas, sino hogares. Nadie está obligado a colaborar aquí. Aquí nadie es un inquilino: todos son habitantes”. Cada habitante tiene que pagar una cuota mensual de ciento cincuenta bolívares (alrededor de ocho dólares al tipo de cambio del mercado negro) para ayudar a cubrir los gastos básicos de mantenimiento, como los salarios de la brigada de limpieza y de construcción. A las personas que no pudieron permitirse el lujo de construir sus viviendas se les ofreció ayuda financiera. Todos los residentes están registrados y cada piso tiene su propio delegado encargado de resolver cualquier problema. Si los problemas no podían resolverse en el piso, son llevados a una reunión del consejo de la Torre, que Daza convocaba dos veces por semana. Un problema común, dijo con un poco de amargura, era que los residentes no pagaran su cuota mensual, y era difícil disuadir a los inquilinos de arrojar basura en el patio. A los transgresores “se les da una advertencia apelando a sus conciencias”. Hay una junta disciplinaria que tiene la capacidad de expulsar de la construcción a los peores infractores, pero siempre hay quienes se toman libertades.

La versión de Daza del sistema de justicia de la torre contrastaba crudamente con las historias que había escuchado de ejecuciones al estilo carcelario, de personas mutiladas y partes corporales volando desde los pisos superiores. Este era el castigo habitual para ladrones y soplones en las cárceles de Venezuela, y la costumbre se ha colado entre los criminales de los barrios de Caracas. Cuando le pregunté acerca de estas historias, Daza apretó los labios, un gesto común de reproche entre los venezolanos. “Lo que queremos es seguir viviendo aquí “, dijo. “Tenemos una buena vida. No oímos tiroteos todo el tiempo. No hay matones con pistolas en sus manos. Lo que hay aquí es trabajo. Lo que hay aquí es gente buena, gente trabajadora”. Cuando le pregunté a Daza cómo se había convertido en el jefe o líder de la Torre frunció nuevamente los labios, y finalmente dijo: “Al principio, todo el mundo quería ser el jefe, pero Dios se deshizo de los que quería deshacerse y dejó a aquellos que él quería que se quedaran”.

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Torre Confinanzas

Foto: Alberto Rojas – http://caracasshots.blogspot.com/

Muchos de los residentes de la Torre han llevado vidas complicadas, afectados por la confluencia en el país de la pobreza y la delincuencia. En un almacén habilitado cerca de la iglesia de Daza vive Gregorio Laya, un compañero de Daza de los tiempos de la prisión. Laya trabajaba como cocinero en la cocina presidencial del Palacio de Miraflores, pero en los viejos tiempos  formaba parte de una banda de roleros o ladrones de relojes caros. Hizo una lista de sus favoritos: Rolex, Patek Philippe, Audemars Piguet. Por lo general, él y sus hombres esperaban fuera del Teatro Teresa Carreño a los asistentes de conciertos. Pero un día decidió robar al dueño de un spa “cerca de aquí, a pocas cuadras de distancia”, señalando más allá de la Torre. Consiguió el reloj pero, al salir, el hombre sacó un arma y comenzó a dispararle. No tuvo “más remedio” que responder, dijo, y disparó contra el propietario varias veces hasta matarlo. Laya fue herido también y la policía lo acorraló a sólo unas cuadras de distancia. Lo condenaron a once años en prisión.

El apartamento de Laya era de una sola habitación, equipado con elementos esenciales de la vida diaria, similar a un camarote de marinero o una celda de prisión. Había una cama grande y una TV pantalla plana, un armario, una silla y un tendedero en una esquina con ropa. Laya declaró estar contento. Tuvo la suerte de conseguir un trabajo y agradece a Daza por haberle encontrado un lugar en la Torre. Todos los días camina frente al spa en su trayecto al trabajo y piensa en lo diferente que era su vida.

Daza contó su propia historia de redención en términos similares. Un día me mostró su iglesia, un almacén antiguo y grande pintado de verde, con sillas de plástico apiladas y un atril de predicador. Letras recortadas de papel dorado pintaban en la pared las palabras “Casa de Dios” y “Puerta del Cielo”. Daza dispuso de dos sillas y me invitó a sentarme.

Daza me dijo que era oriundo de Catia, uno de los barrios más famosos de Caracas. Su familia era muy pobre. Era el más joven de varios niños y sus hermanos eran mucho mayores. Se mantuvo alejado de los problemas hasta cumplir los ocho años, cuando unos muchachos mayores robaron su bicicleta y le dieron una humillante paliza. Los describió como malandros que aterrorizaban su barrio. “Recuerdo que miraba como perseguían a mis hermanos mayores”, dijo Daza. “Ellos tenían armas y mis hermanos corrían cuando los perseguían y les disparaban”.

“No me importaba si mataban a mis hermanos”, prosiguió. “Me molestaba la forma en que llegaban a casa y se comportaban frente a mi mamá. Ellos la maltrataban, fumaban drogas y hablaban mal delante de ella. Yo les decía que eran unos cobardes, porque lo único que hacían era traer a sus enemigos al barrio para luego huir cuando llegaban”.

Daza formó su propia banda de niños delincuentes. “Nos adueñamos de algunas pistolas y luego, cuando tenía quince años, hicimos nuestro primer trabajo, que fue esperar a que el líder de esos mismos malandros subiera y…” -simulando disparar con su mano- dijo,  “acabamos con él”. Después de eso, Daza se convirtió en el jefe de todo el barrio.

Daza ha cumplido dos sentencias en la cárcel, una de cinco años y otra de dos. Durante su segundo encarcelamiento, por un cargo de porte ilegal de armas, un policía que también ejercía de pastor llegó a la cárcel y lo convirtió. Él resurgió “con el Evangelio” y ha tratado de llevar una vida mejor desde entonces.

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Para Daza, como para muchos otros residentes de Caracas, la perspectiva de una vida mejor es tanto material como espiritual. La administración de Chávez ha tenido efectos volubles sobre la economía de la nación. Mientras que su retórica anticapitalista ha inducido a algunas empresas a abandonar el país, otras han aprendido a trabajar con el gobierno y han obtenido muy buenos resultados. Las regulaciones son sorprendentemente abundantes (el mero hecho de pagar la cena en un restaurante requiere mostrar una identificación) pero, de forma perversa, esto ha fomentado el emprendimiento en el mercado negro. Muchos médicos e ingenieros han huido del país, mientras que otros profesionales han prosperado. La única constante es el flujo de dinero petrolero, que brinda una gran riqueza a ciertas personas y es compatible con un creciente sector público. Los venezolanos más pobres están ligeramente mejor en la actualidad. Y, sin embargo, a pesar de que Chávez apela a la solidaridad socialista, su gente ansía seguridad y objetos de la buena vida tanto como una sociedad más equitativa.

Una noche, Daza insistió en llevarme de regreso a mi hotel. Él, Gina y yo esperamos fuera de la torre cuando una reluciente Ford Explorer verde se detuvo frente a nosotros y un conductor se bajó y le entregó las llaves a Daza. Entré al asiento trasero y nos pusimos en marcha. Mientras conducía, Daza me dijo: “Dios me bendijo con el carro el diciembre pasado”. Aparentemente un hombre le debía dinero y, cuando éste fue incapaz de devolvérselo, le dio el auto a cambio. Era un modelo del 2005, según Daza, lo cual estaba bien. Pero ahora quería el del 2008 (idealmente de color blanco). Por casualidad pasamos al lado de una Explorer blanca 2005 en la vía. Daza murmuró su apreciación del vehículo, admirando el cromo brillante en la rejilla del espejo retrovisor. Más tarde pasamos frente a un concesionario Ford, donde una Explorer 2012 descansaba en una sala de exposición iluminada. “Quién sabe lo que costará ésa, ¡tal vez medio millón de bolívares!”, exclamó.

En la autopista, Daza me preguntó dónde quedaba el hotel y parecía inseguro cuando le dije que era en el sector de Los Palos Grandes. ¿Había estado allí? “Sí, por supuesto”, me dijo, aunque tuve que señalarle la salida y dirigirlo a partir de allí. A medida que nos acercábamos al hotel, pasando edificios de apartamentos enrejados y exclusivos restaurantes, él y Gina miraban asombrados por la ventana. “La gente aquí es muy rica, ¿verdad?”, dijo Daza. Detuvo el coche en medio de la calle frente al hotel y lo observó paralizado, mientras que el resto de los autos tocaban la corneta y nos adelantaban.

Pero en muchas partes de la ciudad no son los ricos, sino los malandros, quienes están en ascenso. Caracas es uno de los lugares del mundo dónde es más fácil ser secuestrado. Miles de secuestros se producen cada año. En noviembre del 2011 fue secuestrado el cónsul chileno por hombres armados, que lo golpearon y le dispararon antes de liberarlo. Ese mismo mes, el cátcher venezolano de los Nacionales de Washington, Wilson Ramos, fue secuestrado en la puerta de la casa de sus padres y estuvo capturado por dos días antes de ser rescatado. En abril, un diplomático costarricense fue secuestrado. Al día siguiente la policía hizo una redada en la Torre de David en su búsqueda, pero sólo encontraron algunas armas.

En una cena, en Caracas, escuché a dos parejas intercambiar historias sobre unas llamadas que recibieron de criminales que aseguraban haber secuestrado a sus hijos. En ambos casos salían del teléfono voces infantiles muy similares a las de los suyos, llorando y pidiendo ayuda. Las llamadas eran falsas y fueron realizadas por secuestradores fraudulentos, pero el episodio, junto a las noticias cada vez más sangrientas en la prensa, los dejó preocupados por el futuro. Uno de los crímenes más comentados mientras estuve en Caracas involucró el asesinato de un taxista, que fue golpeado, cortado en la cara y le dispararon varias veces. Sus asesinos le pasaron por encima con su propio carro, sólo por diversión, antes de escapar.

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Daza aparentemente nunca salía de la planta baja de la Torre y tampoco parecía querer que yo pasara de allí. Cada vez que le propuse subir, tomaba una actitud evasiva y respondía con excusas cuando le preguntaba si podía asistir a una sesión de sus reuniones con los delegados. Si en verdad exigía una cuota de inscripción a cada nuevo residente, como me habían informado, es algo que no quiso admitir. Pero parecía probable que se ganase la vida del edificio, posiblemente de los ingresos del garaje de autobuses. En cierta forma, es capaz de permitirse algunos lujos: aunque vive encima de su iglesia, mantiene un apartamento en otra zona de la ciudad y sus hijos de relaciones anteriores pueden visitarlo allí con seguridad.

En un par de ocasiones me las arreglé para subir a la Torre y dar un vistazo. En el décimo piso, los miembros del equipo de seguridad del edificio siempre exigían que me identificase y les dijese a donde iba. Cuando mencioné a Daza me dejaron ir, pero reaparecían cada cierto tiempo, manteniendo un ojo vigilante sobre mí. Los residentes de la Torre eran cuidadosos y hablaban muy poco al pasar. En las escaleras, muchos tenían cargas propias que llevar, y se movían como montañistas, con las expresiones faciales propias de un grupo que está participando en una prueba de resistencia.

Los pasillos estaban en un ángulo que les permitía recibir luz de las ventanas ubicadas en las paredes de cada extremo de la construcción, pero aún así la iluminación era tenue. En los pisos que no estaban terminados se habían construido pequeñas casas de bloques pintados y de yeso. Muchos mantienen sus puertas abiertas para dejar entrar la brisa y para socializar y pude verlos ocupados con sus tareas cotidianas: cocinar, limpiar, llevar cubos de agua, bañarse. Se escuchaba música aquí y allá. Daza montó una bomba de agua que funcionaba por un generador y cada piso tenía su tanque, aunque el suministro de agua corría a través de tuberías impredecibles y mangueras de caucho.

La Torre cuenta con varias bodegas, una peluquería y un par de guarderías. Visité una pequeña bodega en el noveno piso donde Zaida Gómez, una mujer peliblanca y locuaz de unos sesenta años, vivía con su madre de noventa y cuatro años. Ella me mostró el cubículo al lado de la tienda donde había instalado a su madre, una pequeña mujer que me parecía un pájaro dormido, justo en una cama al lado de uno de los ventanales. Gómez mantiene un ventilador prendido a toda hora, ya que el calor que emana la ventana volvía la habitación en un horno.

Gómez es una pionera en la Torre y me dijo que al principio las cosas eran terribles allí. La Torre estaba gobernada por malandros —dijo sacudiendo la cabeza— y se habían producido palizas, tiroteos y asesinatos. Pero ahora podía dejar la puerta de su tienda abierta, algo que nunca fue capaz de hacer en Petare, el barrio donde vivía antes. Su tienda vendía de todo, desde jabón hasta refrescos y verduras. Y para reabastecerse de suministros tenía que subir y bajar las nueve plantas de la Torre varias veces al día. Era agotador, pero dijo que no podía darse el lujo de pagar un mototaxi que cobraba quince bolívares (alrededor de ochenta centavos de dólar) por cada viaje. Tiene una hija que la asiste y un nieto.

Gómez tenía miedo de verse obligada a mudarse de la Torre. “Este edificio es demasiado caro para que gente como nosotros esté aquí “, dijo. Vendrá el día en que las autoridades lo quieran de vuelta. Esperaba que el gobierno, que estaba construyendo viviendas para los pobres en la adyacente Avenida Libertador, se acercase a la Torre también y los reubicase a todos. “Todo lo que quiero es mi casa propia y un pequeño pedazo de tierra para cultivar. Algo que pueda llamar mío”.

Albinson Linares, un periodista venezolano que ha escrito sobre la Torre, me describió a sus residentes como “refugiados de un estado subdesarrollado que viven en una estructura del Primer Mundo”. Contiene una muestra de trabajadores caraqueños: enfermeras, guardias de seguridad, conductores de autobuses, comerciantes y estudiantes. Hay personas desempleadas también y el círculo de exconvinctos evangélicos de Daza. Cada piso tenía su propia sociología. Los pisos más bajos son reservados en gran parte para las personas mayores, quienes no pueden subir hasta los niveles más altos. Algunos pisos están dominados por familias y otros están ocupados principalmente por hombres jóvenes de peligroso aspecto. Un día, un fotógrafo con quien viajaba fue jalado hacia un apartamento por un par de hombres que lo interrogaron con suspicacia. Cuando mencionó el nombre de Daza lo dejaron ir, pero a regañadientes. En la escalera vimos un grafiti que decía “El Niño Sapo”. Parecía que Daza tenía enemigos dentro de la Torre.

Que hubiese conflicto parecía inevitable. Entre los derechos de admisión, los cargos de mantenimiento y el alquiler del garaje, hay una buena cantidad de dinero disponible para los invasores. Una tarde Daza me llevó a un restaurante en la calle de la Torre, un lugar pequeño y caluroso con una cocina abierta. Poco después de sentarnos, tres hombres entraron a rondar amenazadoramente por nuestra mesa, parados justo detrás de nuestras sillas. Daza arqueó las cejas y dejó de hablar, hasta que después de un par de largos y tensos minutos los hombres salieron y se sentaron en la acera. Más tarde, Daza me dijo que aquellos hombres se ganaban la vida organizando invasiones. “Son profesionales”, dijo. “Es lo que hacen”. Le pregunté si eran enemigos. Me dijo que no exactamente y luego murmuró que había muy poca gente en la vida en quienes se pueda confiar.

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A media hora en carro desde la Torre de David está otra invasión: El Milagro. Fue fundada unos años antes por José Argenis, otro ex convicto convertido en pastor que se unió a ex reclusos y sus familias para invadir una parcela de terreno al lado del río en las afueras de Caracas. Era una zona cubierta de matorrales y desperdicios, pero cuenta con una excelente ubicación: justo al lado de la carretera principal, al lado de una estación de autobuses y cerca de un puente angosto que le permite a los residentes cruzar el río a pie o en moto. El Milagro es ahora una comunidad de casi diez mil personas y sigue creciendo.

Argenis, un hombre negro con carisma y una atronadora voz, dirige un centro de rehabilitación en El Milagro para ex prisioneros que van a pedirle ayuda para hacer una mejor transición al mundo exterior. Las cárceles de Venezuela tal vez sean las peores de América Latina: las treinta instalaciones del país fueron diseñadas para mantener unos quince mil internos, pero realmente alojan tres veces esa cantidad. Se compran y venden narcóticos abiertamente, y los reclusos tienen acceso a armas automáticas y granadas. En muchas prisiones los guardias han cedido el control a las bandas armadas dirigidas por jefes delincuentes llamados “pranes”, llamados así por el sonido que hace un machete al golpear concreto. Los pranes lideran la creciente comunidad criminal que se extiende dentro y fuera de las prisiones. Frente a una deplorable fuerza policial y judicial, caracterizadas por la ineficiencia y la corrupción, los pranes brindan una estructura donde no existe ninguna.

Los pranes se han vuelto suficientemente poderosos como para tratar directamente con el gobierno. Argenis trabajó como asesor de Iris Varela, la recién nombrada por Chávez Ministra de Servicios Penitenciarios, a quien ayudaba a negociar con los pranes. Explicó que era un trabajo no remunerado “hasta el momento”, pero que le interesaba trabajar con ella. Argenis espera que su modelo de rehabilitación obtenga financiamiento gubernamental, y que pueda construir otras instalaciones a lo largo del país.

Argenis cumplió una condena de nueve años por homicidio, en los que conoció a Daza. Después de salir de prisión se mantuvieron en contacto. “Cuando invadieron la Torre, El Niño todavía estaba involucrado en ese mundo, el de los bajos fondos”, dijo. “Y había quienes querían desorden, pero él impuso orden… a la antigua”. Me regaló una mirada resabiada. Hubo un momento en el que Daza acudió a él en busca de ayuda. “Estuvo aquí por seis meses. Permanecía como el líder oficial de la Torre, pero se quedó aquí”. Según Argenis, Daza había “salido de la cárcel con problemas. Había gente que quería matarlo y lo protegimos”. Dejó abierta la posibilidad de que Daza volviera a la vida criminal. “Creo que ya colgó los guantes”, dice Argenis, sonriendo irónicamente. “Pero siempre puede volver a caer en tentación, porque tenemos que cuidar de nosotros mismos, ¿sabes?”

Argenis mantenía enemigos también. “He matado a hombres. He dejado a otros en silla de ruedas. Dejé a algunos estériles. Sólo imagínalo: me van a odiar por el resto de sus vidas”. Cuando le pregunté cómo la cultura del malandro había cobrado tanta fuerza, me respondió que se debía a las cárceles. Me explicó que los hombres internados ni siquiera trataban de escapar, porque “tienen todo lo que necesitan allí y viven tan bien o mejor que en las calles”. La economía penitenciaria estaba en auge, con miles de millones de bolívares generados a través del control del tráfico de drogas. “Las cárceles son muy fuertes, y han llegado a ser mucho más fuertes en los últimos siete u ocho años”.

Argenis cumplió su condena en una prisión llamada Yare, situada en medio de colinas a una hora del sur de Caracas. Yo visité la cárcel en el 2001 y un funcionario de la prisión me condujo por un camino de tierra alrededor del perímetro de la verja que cercaba el edificio. Nos detuvimos y vi dos bloques de celdas con decenas de agujeros de bala en sus fachadas. Había agujeros donde debían estar las ventanas y un grupo grande de hombres rudos sin camisa bajaba la mirada hacia nosotros. Una línea gruesa y negra de excremento humano recorría la pared exterior y el patio de abajo era un mar de lodo y basura de varios pies de profundidad. “No podemos quedarnos por aquí”, me dijo el funcionario. “Si nos quedamos demasiado tiempo, puede que nos disparen”. A medida que nos alejábamos, me explicó que sólo había seis guardias a la vez dentro de la prisión. Los internos permitían a un guardia elegido por ellos para acercarse hasta una puerta determinada y recuperar los cadáveres dejados allí.

Chávez estuvo preso en Yare durante dos años después de su intento de golpe de Estado. A pesar de que se mantuvo en un área segura para presos políticos, supuestamente escuchó con impotencia cómo un grupo violaba a otro recluso, le cortaban la garganta y luego era apuñalado hasta morir. Chávez fue perdonado en 1994 y al comienzo de su presidencia se comprometió a contribuir con la reforma del sistema carcelario. Pero, mientras nuevas causas y crisis emergían, las prisiones fueron olvidadas: de las veinticuatro prisiones que prometió construir, sólo se construyeron cuatro. El año pasado hubo más de quinientas muertes violentas en el sistema. En agosto, dos pandillas de Yare se involucraron en un tiroteo de cuatro horas en el que murieron veinticinco reclusos y un visitante. Se publicaron fotografías de Geomar y El Trompiz, los jefes pandilleros responsables de la masacre, posando desafiantes con sus armas. El Trompiz fue asesinado el pasado enero, al parecer por sus propios hombres.

Después de que Chávez fue reelecto, declaró un estado de emergencia en el sistema penitenciario del país, y prometió una completa transformación. Sin embargo, Argenis sugiere que el daño ya estaba hecho. “Este gobierno ha sido más permisivo: los gobiernos anteriores eran más represivos”, dijo. “Y así, la cultura malandra ha crecido y ha migrado de las cárceles hacia las escuelas, las universidades y las calles. Se ha convertido en una cultura nacional”.

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Lo primero que un visitante ve al llegar desde el Aeropuerto Internacional a Caracas es un barrio, quizás el más famoso de la ciudad: el 23 de Enero. “El 23″, como se le conoce, fue construido en los años cincuenta como un proyecto de vivienda pública diseñado por uno de los más grandes arquitectos del país: Carlos Raúl Villanueva. Es un complejo de ochenta edificios que ocupa verticalmente un enorme pedazo de tierra en la entrada norte de la ciudad. Fue concebido como un enorme suburbio, dividido entre edificios de cuatro plantas y torres de quince pisos, entrelazados por jardines y caminerías.

Hoy en día, los espacios verdes están sobrecargados de invasores. El 23 es una favela donde viven unas cien mil personas, apretadas entre los bloques de apartamentos de Villanueva. La zona es un volátil mosaico de colectivos independientes que abarcan desde aquellos con pretensiones izquierdistas hasta criminales puros y duros. Muchos están armados.

Uno de las figuras emblemáticas del 23 fue Lina Ron, una activista militante de pelo rubio teñido y carácter grandilocuente. Antes de morir el año pasado de un infarto, Ron organizó ruidosas protestas antiimperialistas que con frecuencia se tornaban violentas. Chávez toleraba a Ron y sus agresivos seguidores porque era una apasionada defensora de sus políticas y solía aparecer a su lado en marchas y eventos. En 2001, Chávez me insinuó que había aceptado a la extrema izquierda como una forma de impedir un golpe de Estado como el que lo puso en el cargo. “La verdad es que necesitamos una revolución aquí y si no lo logramos ahora vendrá después, con otra cara”, dijo. “Tal vez de la misma manera que comenzó, una medianoche con pistolas”.

Probablemente no haya hoy en día otro chavista más abiertamente radical que Juan Barreto. Profesor de cincuenta años de la Universidad Central, Barreto es un marxista rotundo, brillante y locuaz. Fue Alcalde Mayor de Caracas, supervisando todos los distritos de la ciudad desde el 2004 hasta 2008, cuando ocurrieron muchas de las invasiones, incluyendo la ocupación de la Torre de David. Pasé algún tiempo con él a inicios del 2008 y me quedó claro que era visto como un protector por algunos ocupantes ilegales del centro de la ciudad. Barreto siempre ha dicho que no apoya las invasiones, pero consiente las expropiaciones de propiedades abandonadas en la ciudad para aliviar la crisis habitacional. En una acción típica de su mandato, Barreto enfureció a la fracción adinerada de la ciudad al amenazar con la confiscación del Country Club de Caracas, rodeado de suntuosas villas y jardines que circundan un campo de golf de dieciocho hoyos, para darle el espacio al pueblo. Al final, el plan fue abandonado, al parecer, por órdenes de Chávez.

La franqueza de Barreto le ha ganado numerosos enemigos e incluso muchos jefes chavistas lo ven como un fanático desbocado, con una tendencia de hablar públicamente acerca de “armar al pueblo” para defender la revolución. Siendo alcalde, claramente le encantaba ser el enfant terrible de la revolución de Chávez. Organizó una tripulación de motorizados guardaespaldas que viajaban con él. Entre sus allegados estaba un ex sicario adolescente llamado Cristian, que estaba siendo rehabilitado por Barreto. Al presentármelo le preguntó: “Cristian, ¿a cuántas personas has matado?” El chico murmuró “Unas sesenta, creo…” y Barreto se rió con deleite.

Cuando Barreto dejó el cargo, entró en un limbo político que terminó el año pasado durante la campaña de reelección de Chávez, en la que volvió al entorno presidencial. Fue el líder de un grupo informal de colectivos radicales de barrios con los que formó una nueva organización, REDES, que se unió a la campaña del presidente. Caracas fue abarrotada de pósters de REDES que muestran a un Chávez hinchado, debido a tratamientos con esteroides, unido por un abrazo varonil con el aún más corpulento Barreto.

Me encontré con Barreto en su casa situada en el sector de El Cementerio, llamado así por el gran cementerio que alberga y en el que malandros celebran rituales en honor a sus camaradas caídos. Las colinas cercanas están cubiertas por ranchos. El frente de la casa de Barreto es una enorme puerta doble de hierro, resguardada por un par de vigilantes armados con pastores alemanes cerca. Después de haberme identificado me condujeron a través del garaje, donde había dos camionetas blindadas estacionadas. Dentro había un claustro repleto de arte moderno y esculturas, además de un gran acuario. Barreto estaba en la parte de arriba, en una cocina de último modelo preparando tamales. A un lado de la cocina estaba la sala de estar, donde un grupo de hombres jóvenes, miembros de su séquito, estaban sentados en una mesa con laptops. La habitación estaba decorada con una pintura erótica hecha por Barreto —una mujer sin camisa, con la mano de un hombre dejando caer una fresa en su boca— junto a una botella de Johnnie Walker Platinum (“regalo de un amigo”) y una figura de Marlon Brando como Don Corleone.

Barreto explicó que él y sus compañeros estaban trabajando para convertir a REDES en un partido político. Chávez había mostrado un reciente plan para el “socialismo del siglo veintiuno”, en el cual la sociedad venezolana sería reestructurada en comunas. Nadie entendía exactamente lo que el término significaba o cómo se aplicaría, excepto tal vez el propio Chávez, y había un acalorado debate al respecto. Barreto dijo que él y sus seguidores estaban preocupados pues, sin la presión de grupos como REDES, el plan se utilizaría para “meter en una camisa de fuerza” a las verdaderas fuerzas revolucionarias.

Para ayudar a crear una comuna auténtica, Barreto trabaja estrechamente con Alexis Vive, uno de los colectivos armados mejor organizados del 23. Barreto sugirió subir a verlos. A medida que entramos en una de sus camionetas —que, según él, Chávez le había prestado—, un guardaespaldas sacó una ametralladora, una P90 belga. “Hermosa, ¿verdad?”, dijo Barreto, sonriendo. “Dispara cincuenta y siete balas”. Explicó que armas como estas son necesarias para defenderse. “No es que estemos en contra del gobierno. Es que no encuentro la manera de apoyarlo totalmente”. Se echó a reír. “Es como cuando tienes una mujer hermosa, pero te has desenamorado de ella. Es difícil. La quieres un momento y al siguiente no, ¿me entiendes?”

En la sede del colectivo Alexis Vive hay murales de Marx, Mao, Castro y el Che Guevara pero, aparte de algunos hombres armados merodeando al borde de unos edificios cercanos, los soldados se mantenían discretamente fuera de la vista. Uno de los líderes del grupo, un joven estudiante de Sociología llamado Salvador, me explicó que el colectivo controlaba unas cincuenta acres que alojaban cerca de diez mil habitantes, con quienes trataban de formar en un colectivo marxista autosustentable. El grupo estaba armado sólo para defenderse, dijo. Policías corruptos y miembros de la Guardia Nacional venezolana estaban trabajando con grupos de malandros del 23, a veces en zonas que bordeaban su propio territorio. Barreto sostuvo que el contingente armado estaba protegiendo a su pueblo de oficiales delincuentes. “No han sido capaces de llegar aquí desde 2008″, dijo entre risas. “Hemos estado en tiroteos con ellos”.

La corrupción en las fuerzas de seguridad es un problema profundamente arraigado —y según Barreto—es la verdadera fuente de la cultura criminal del país. Dijo haber luchado contra el problema durante su período como Alcalde, sustituyendo gran parte de la fuerza policial con miembros de los Tupamaros, un grupo armado del 23 de Enero. Salvador dice que la situación surge de la incapacidad de Chávez para enfrentarse a los verdaderos criminales: “Chávez no ha perseguido a los malandros porque cree que pueden volverse en su contra”.

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Un domingo, cincuenta sillas de plástico fueron alineadas para la misa dominical en la iglesia de Daza, pero sólo una docena de personas se presentaron, casi todas mujeres y niños. Daza no se veía molesto. Llevaba una corbata, pantalones y zapatos negros. Probó el micrófono cantando “Gloria” y “Aleluya”, mientras que un par de hombres acomodaban el equipo musical: una batería, un órgano eléctrico y enormes altavoces. Llegaron un par de mujeres más y se arrodillaron a orar antes de unirse a la congregación. Apareció Gina, la compañera de Daza, con sus hijos, y sacó una Biblia forrada en una cubierta de rosado chillón.

Mientras los músicos tocaban, Daza cantaba desde un lado de la tarima (cantaba mal pero sin complejos) y tocaba unos bongos. Finalmente tomó el micrófono y comenzó a gritar, en un rítmico gruñido ronco, sobre el bien y el mal. Dijo: “Hay guerras en el mundo, en las que a la gente no les importa si los niños mueren, si las mujeres mueren, si los viejos mueren: lo único que les importa son las riquezas. Pero la Biblia dice que sólo hay una vida y es ésta. El Señor conoce la vida eterna, pero sólo él la conoce y entonces debemos vivir ésta. Tenemos que vivir esta vida y ser buenos con Dios”.

El servicio duró tres horas. Las mujeres se balanceaban y movían sus pies con los ojos cerrados. La voz de Daza se volvió un fascinante muro sonoro. Hubo un momento en el que se levantó a testificar un joven predicador invitado llamado Juan Miguel. Dijo ser de un barrio pobre y que su padre estaba loco. Había estado en la cárcel, y su casa había sido arrasada por las inundaciones de 2010. Vivía con miles de otros damnificados en el interior de un centro comercial expropiado por Chávez. “Hemos tenido vidas difíciles, vidas duras, pero Dios nos ha llamado a predicar su palabra”. Sus ojos brillaban cuando le dijo a Daza: “Dios nos ha escogido. Dios ha escogido a Venezuela para llevar el Evangelio al Mundo”.

Un día Daza me llevó a Miranda, un estado vecino, a ver el barrio donde vivió con su ex esposa y donde ésta aún vivía. A lo largo del camino habló, como siempre, de cómo Dios lo había salvado. Dejó la escuela cuando tenía trece años y a los catorce ya estaba en la vida pandillera. Aprendió a leer durante su segunda estadía en prisión y la Biblia fue su primer libro. “Yo no tengo preparación universitaria, pero me he educado mucho sobre Dios. Solía ​​hablarle a la gente de manera ofensiva, con groserías. Me salía la inmundicia. Pero leí en alguna parte de la Biblia, no recuerdo dónde, que el lenguaje grosero corrompe las buenas costumbres. Y cuando leí eso me dije: ‘Ay, Dios me está hablando’”.

Llegamos a una pequeña casa de bloques en la loma de un cerro empinado que se alzaba sobre otras colinas boscosas, marcadas por nuevas invasiones. La hija de la ex esposa de Daza estaba allí, una mujer joven y rolliza de unos veinte años. Parecía feliz de ver a Daza. Nos sentamos en una pequeña sala de estar y Daza comenzó a recordar la vida con su ex esposa. Aunque entonces era todavía un criminal, la relación había sido formativa para él. Ella era mayor que él y Daza sintió que ella lo ayudó a moldearlo como hombre. Ella también lo malcriaba, dijo riendo, ya que le cocinaba, limpiaba y hasta le planchaba su ropa.

Daza se veía con otras mujeres. “Yo solía cambiar de novias como tú te cambias de ropa”, me dijo, y dejó a varias embarazadas. Él y su ex esposa peleaban mucho. Se puso de pie y representó una pelea particularmente dramática, en la que Daza inmovilizó a su esposa contra la pared, sacó su pistola, y disparó justo al lado de su cabeza. “Era sólo para asustarla “, dijo sonriendo. Pero ella sostenía un cuchillo y, cuando Daza disparó (“quizás ella pensó que realmente iba a dispararle… o tal vez fue sólo su reacción instintiva”), le había clavado el cuchillo en el pecho. Salió tambaleándose de la casa y se internó en una clínica. Tuvo suerte: el cuchillo falló en darle al corazón o a otros órganos vitales. La joven asintió con la cabeza y se rió al recordar el incidente. “Después volvimos a estar juntos”, dijo Daza.

En el carro, le pregunté a Daza si se arrepentía de algo

—No… —dijo.

—¿Qué hay de los hombres que has matado?

—¿Como quién?

—Como el malandro que mataste cuando tenías quince años.

Daza se quedó callado. Después de un minuto, dijo: “Yo era un ignorante y ahora me he transformado. Me siento como un hombre nuevo, una nueva persona. Ésas son cosas que se viven en la vida y que, bueno, Dios permitió, pero ahora creo que soy diferente”.

Daza volvió a guardar silencio y luego dijo: “En esta vida, cuando te conviertes en un líder, tu vida corre riesgo porque te ganas enemigos. A veces la gente piensa que estás involucrado con mafias y cosas extrañas, gracias a tu pasado. Los enemigos siempre van a tratar de desacreditarte. El Diablo tratará de garantizar que continúes siendo miserable para utilizarte para su beneficio”.

Al final era difícil saber si El Niño Daza era un malandro, un genuino defensor de los pobres o ambas cosas. Lo qué parecía claro es que estaba perfectamente adaptado a la vida en la Venezuela de Hugo Chávez, capaz de obtener ventajas por todos los medios: aprovechando los vacíos dejados por el gobierno, manejando su propia empresa capitalista y negociando con el mundo del hampa cuando era necesario. Al salir de su antiguo barrio, la calle estaba llena por un pequeño mitin político. Henrique Capriles, quien compitió contra Chávez en las elecciones presidenciales, es el gobernador de Miranda y las elecciones gubernamentales se avecinaban en pocas semanas. Voluntarios de la campaña repartían cerveza y carteles desde una camioneta. Daza se encogió de hombros. Esperaba que el candidato de Chávez ganara.

Daza comentó que estaba considerando meterse en la política. Siendo el jefe de la Torre de David, Daza ha logrado conocer a algunas autoridades de Caracas, incluyendo a funcionarios de Chávez, y estos le han pedido que considere la posibilidad de postularse para un puesto de concejal en la ciudad. Con los cambios propuestos por el gobierno y la creación de las comunas, Daza espera que la Torre de David pueda adquirir estatus legal. Ha comenzado a hacer sondeos en el edificio. “La gente me sigue diciendo que debería lanzarme y que tengo una buena oportunidad”, me dijo. “Así que lo estoy pensando”.

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En el centro de Caracas, a una milla de la Torre de David, un nuevo y espléndido mausoleo está a punto de ser terminado. Chávez ordenó su construcción hace dos años para proporcionar un nuevo lugar de descanso a los huesos de Simón Bolívar. Chávez ya había ordenado anteriormente exhumar y examinar los restos de Bolívar, persiguiendo la hipótesis de que había sido envenenado por sus enemigos, pero la autopsia no llegó a ninguna conclusión. Después ordenó levantar la nueva tumba.

El edificio es una cuña blanca y delgada que se eleva ciento setenta pies como un mástil hacia el cielo. La construcción ha costado ciento cincuenta millones de dólares según reportajes y, como todo lo que ha hecho Chávez, es controversial. La construcción se llevó a cabo con mucha reserva y el mausoleo, que planeaba abrir sus puertas el pasado 17 de diciembre después de múltiples retrasos, aún no se ha inaugurado. En el momento en que se complete se convertirá en la pieza central de un decadente rincón de la ciudad, junto a una vieja fortaleza militar (donde Chávez estuvo brevemente encarcelado después de su intento de golpe) y al Panteón Nacional, una iglesia del siglo XIX donde los restos de Bolívar son vigilados por guardias floridamente uniformados. Hay rumores persistentes de que cuando Chávez muera será enterrado en el mausoleo, al lado de Bolívar.

Por supuesto, Chávez y sus seguidores tienen la esperanza de que su lucha no sea sepultada con él. En 2001, Chávez me dijo que era su más ferviente deseo llevar a cabo una “verdadera revolución” en Venezuela. Sin embargo, unos años más tarde su viejo maestro Jorge Giordani parecía preocupado de que su protegido no estuviera construyendo una revolución permanente. “Yo también soy un Quijote”, dijo. “Pero hay que tener los pies firmemente plantados en la tierra. Si todavía tenemos petróleo, vamos a tener un país de verdad en unos veinte años, pero tenemos mucho que hacer entre hoy y ese entonces”, dijo Giordani. Y recitó un proverbio venezolano: “Muerto el perro, se acabó la rabia…”

Ahora, mientras Chávez yace gravemente enfermo, los hombres que se denominan chavistas transmiten sus supuestos deseos a los ciudadanos. Durante los pasados meses, los venezolanos han tenido muy poca información confiable acerca de sus intenciones o del verdadero estado de su salud y, por lo tanto, tienen poco que decir acerca de su propio futuro. Para ellos, la muerte de Chávez representa el final de una larga y fascinante actuación. Le dieron el poder elección tras elección: son víctimas de su afecto por un hombre carismático al que le permitieron convertirse en el personaje central del escenario venezolano, a expensas de todo lo demás. Después de casi una generación, Chávez deja a sus compatriotas con muchas preguntas sin respuestas y sólo una certeza: la revolución que trató de llevar a cabo nunca sucedió. Comenzó con Chávez, y lo más probable, es que con él termine.

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Pueden leer la crónica en inglés pulsando aquí. Traducción al español: Nelson Algomeda

Jon Lee Anderson 

Comentarios (48)

Ramón Nuñez
28 de Enero, 2013

Mientras leía este artículo de Jon Lee Anderson, un escalofrío de horror me recorría todo el cuerpo, y miren que este artículo es largo. ¿Será que Venezuela ya no tiene esperanza? ¿Acaso Venezuela se ha convertido en un país fallido? Si es asi, igual da lo que pase de ahora en adelante; ya Venezuela perdió su oportunidad y para lo único que servirá es para catalogar en el futuro el descenso a los infiernos de un país cualquiera. La gente dirá de él que se venezolanizó.

natalia lopez
28 de Enero, 2013

De verdad que me cuesta creer que hemos perdido valores esenciales para nuestra sociedad, bajo la consigna de revolucion, se acabe con un pais tan absolutamente hermoso, lleno de riquezas y lo mas importante con un capital humano invalorable.

Ugo Biheller
28 de Enero, 2013

Estoy convencido que la revolución bolivariana no se acabará con Chávez. El pueblo venezolano en estos casi dos meses de su ausencia del escenario político ha manifestado claramente que quiere seguir por el camino propuesto por él. Porsupuesto todos somos seres mortales y antes o después todos morimos, sin embargo, el pueblo, o meyor su mayoria no permitirá que las conquistas de estos 14 años hayan pasado envano y se vuelva a un pasado que tampoco quienes votan por la oposición quieren volver: el capitalismo parasitario venezolano que tanto daño ha hecho a la costumbre y a los vicios de todos los venezolanos. Será necesario corregir muchas propuestas y ser seguramente más realistas y acabar con el mal endémico de la corrupción. El socialismo es una visión historica por muchos, pero, si antes no hay una apertura y una revisión de la mentalidad y del espíritu humano no se podrá tampoco entrar en la fase de transición. El otro aspecto es que la Revolución ha sido concentrada en la figura del Comandante; no se si haya sido un error confiar el proceso de cambio solamente sobre los hombros de un ser humano, pero nunca en la historia el culto de la personalidad ha tenido exito positivo. A pesar de estas criticas, siendo personalmente un critico de izquierda no hay otro camino, sino la busqueda de una alternativa viable al capitalismo depredador, rapaz y explotador y al tentativo de dominio de los países más debiles de parte de los más poderosos. Y la Historia se repite, aun en una situación distinta en todas las fases de la historia humana. Personalmente como cristiano católico me siento muy de cerca a esta busqueda de una nueva alternativa posible; creo que el socialismo podrá llegar un día si piensa de no creerse una ideología absoluta, sino transitoria del tiempo historico. Nada es eterno en esta vida, nada es perfecto, y en la busqueda de una ideologia viable que tienda a resolver el dramatico problema de la pobreza y la exclusión. Basta solamente pensar que estos problemas representan las invectivas más severas de Isaías mas de casi 3000 años a trás.Entonces estamos tocando una cuestión la de la pobreza que nace con la llegada el hombre sobre la tierra, donde los más fuertes y poderosos explotan a los más débiles e indefensos.

Jose Luis Quintero
28 de Enero, 2013

Tristemente de acuerdo con el comentario anterior.Es sano abandonar toda esperanza? Es sensato mantener alguna?Será finalmente cierto que “Chavez somos todos”?Habrá algo que hacer en este infierno para mejorarlo aunque sea un poco?

dariela
28 de Enero, 2013

Siendo venezolana doy fe de que todo esto es verdad, con opinión de que muy pronto todo pueda cambiar.

omar rojas
28 de Enero, 2013

Exquisita narración. Todo un veterano,vetus.Una joya de historia contemporánea de Venezuela;no puedo negar el dolor que me causa ,al ir leyendo,como se destruye nuesto país,y pensar que estmos solos,hasta la Comunidad Internacional se hace de la vista gorda.Se que nos corresponde a nosotros resolver esta situación.Pero que dolor causa esta realidad, que nos narra Jon Lee Anderson.Impotencia :saber que los que administran el Estado hacen y deshacen (y que legalmente)y el pueblo se embelesado , y los opositores solos tanto dentro como fuera del país .Toda una tragedia que vive nuestra Patria.

Juan
29 de Enero, 2013

Este triste y lamentable relato confirma que Venezuela no está destinada al progreso.

Andrea Gomez
29 de Enero, 2013

Y que podría hacer la Comunidad Internacional? nada mas que mirar desde la frontera, una simple intromisión sería tomada como invasión a la soberanía nacional, así que es triste pero el problema se ha ido expandiendo como una gran bola de nieve que va rodando cuesta abajo, y los únicos que pueden hacer algo son los propios venezolanos. Los países vecinos solo intervendrán el día que se vean afectados sus propios intereses.

Joseph
29 de Enero, 2013

Salí de Caracas en 1996, mucho antes de que Chavez fuera presidente, y desde entonces no he vuelto, autoexiliado de alguna manera, evitando confrontar el país que ahora es. Yo fuí uno de los hijos de inmigrantes que fueron a Caracas en los años 70´s y vivía precisamente en el español barrio de la Candelaria, muy cerca de la Torre David. Recuerdo que mi pequeño edificio era uno de los más altos, con sus siete pisos. Despues vino la torre de El Universal, la del Banco Mercantil, y de repente en menos de 20 años toda la zona era un conglomerado de rescacielos. La torre David parecía la meca de una ciudad pujante, con las torres del CSB del otro lado, junto a Parque Central. Me duele pensar que todo eso a desaparecido, sumergido en un socialismo irrealista, en un proceso histórico inevitablemente triste. Y digo que es un proceso histórico, porque cuando me fuí, ya Venezuela me había roto el corazón, con los presidentes corruptos, los escandalos, las diferencias sociales. Un país de escaparates que no producía nada que no fuera petroleo. ¿Es acaso extraño que ahora pase lo que pasa?. Yo creo que no, Inglaterra paso por su revolución industrial, Francia por su revolución social e inclusive España por su guerra civil, y todos fueron procesos históricos empujados por realidades de décadas. No creo que la idilica década de los 70´s vuelva nunca más. El país tenía que pasar por un Chavez para poder crecer, para que si no es en esta revolución, sea en la próxima. Solo espero poder vivir para verlo.

Carlos Calvimontes Rojas
29 de Enero, 2013

¿Realismo fantástico? ¡No, una tenebrosa fantasía hecha realidad!

apolos
29 de Enero, 2013

Estamos jodidos, si. Pero volver a una economía neoliberal de libre mercado y pidiendo fiados al FMI y BM sería lo peor para el país. Eso si sería a el principio del fin. Chavéz simplemente gobernó en una época donde se cosecho todo lo sembrado por la nefasta cuarta república, le toco gobernar en la época donde la perdida de valores es la punta de lanza. Personalmente difiero solo en algo de la narración de este articulo, y es en la parte donde dice caracas era bonita hasta el 85. Falso. Caracas fue algo bonito hasta el 78, ya para el 85 la proliferación de barrios no era muy diferente a la de hoy.

Steven Bermudez
29 de Enero, 2013

Otro intento más de hacer querer ver que entienden lo que no entienden porque sus miradas y perspectivas no abarcan lo interesante e imprescindible de este proceso: la gente y su traabajo consciente. La gente y su deliberado esfuerzo en participar en su destino. Nos veremos en el futuro y veremos quién acertó, futurólogos de poca monta.

ana giusti
29 de Enero, 2013

Una reflexión critica sobre un país con un futuro incierto

Una reflexión sobre un país con un futuro incierto.

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Jorge
29 de Enero, 2013

Triste pero replico lo que me expresó un fraternal amigo (chavista, trabajador de la cultura en Trujillo)”A este país nunca lo ha querido nadie”

Carlos Delgado
29 de Enero, 2013

Una narrativa con visos de espeluznante terror a un futuro inmediato. Jon Lee Anderson nos expone una realidad que sabemos que existe, pero que preferimos no verla, mas por temor que por razón. En una oportunida oí a mi profesor de Historia Contemporanea, que durante el gobierno de Antonio Guzmán Blanco le preguntó un periodista al presidente si no temía por las reacciones del pueblo ante las medidas impopulares que estaba poniendo en practica.. a lo que el respondió, ” a este pueblo mientas no le pises los callos seguiran bailando al ritmo de la música que toque el director” . Y yo pregunto ¿ cuando nos van ha pisar los callos?…. o sera que de tanto pisarlos sin darnos cuenta ya no nos duele…. es lamentable pero pareciera que la historia sino se aprende de ella se convierte en un ciclo que se vive y viveññññ

Rosalba Gordon
29 de Enero, 2013

Cuando sali de Venezuela en septiembre del 98, lo hice con la intencion de darle una vida mejor a mi hijo menor, pues viviamos en el 23 de Enero y ya para esa epoca era peligroso. Pero nunca, ni en mis mas remotos pensamientos pense que se transformaria en la pesadilla que es hoy. Que tristeza, siendo Venezuela tan bella, con tantas riquezas naturales y su gente tan alegre que esten pasando por este infierno! Dicen que los pueblos tienen el gobierno que se merecen, pero no creo que mi amada patria se merezca la desgracia en que esta sumida! Ojala que algo o alguien los haga despertar de esta soñolencia, este letargo fatal que los envuelve.

jefferson
30 de Enero, 2013

todo puede cambiar paro estamos mal ya que el cambio parte del individuo la sociedad cambiara cuando nosotros individualmente aportemos algo para mejorarla , sino, si esperamos por los politicos, ya sea de derecha o izquierda, seguiremos sumidos en la decadencia, politica , economica y social en la que estamos

Electroleum
30 de Enero, 2013

Aquí no va a tener lugar ninguna revolución, hasta que el pueblo pase hambre de verdad. Mientras halla playita, Blackberry y cerveza no pasará absolutamente nada, y todo apunta a que será así por mucho tiempo, porque hay y habrá dinero gracias al petróleo. Esto que viene ocurriendo desde hace cincuenta y tantos años en el país no es sino el mismo mono con distinto cachimbo cada vez que hay un cambio de gobierno. Con el chavismo lo único que ocurrió fue un cambio de élites por otras. Lo único distinto es el discurso que justificó ese cambio. Saludos.

Studento
30 de Enero, 2013

El género humano es proclive al error y eso se manifestó en las decisiones políticas tomadas en Venezuela durante la segunda mitad del siglo XX, si bien el país contaba con instituciones sólidas, una balanza económica bastante favorable y probablemente con todas las herramientas para consolidarse como una nación próspera y democrática, los manejos políticos no lograron disminuir la brecha cada vez más grande que existía entre una sociedad media que iba en ascenso y las clases humildes que se hacían más numerosas mientras se concentraban alrededor de las grandes ciudades en lo que se denominaron “Cinturones de miseria”, las agrupaciones políticas que alguna vez se identificaron plenamente con el sentimiento nacional y que sin su coordinación hubiese sido imposible lograr la hazaña del 58, se volvieron cada vez más distantes y desconectadas de la realidad cotidiana al tiempo que la sociedad se fue desinteresando de la política al relacionarla (En muchos casos, no sin razón) con la corrupción, la deshonestidad y el clientelismo; todo ese sentimiento desfavorable a todo lo político, aunado a la toma de medidas económicas impopulares y al claro deterioro de la buena calidad de vida de la mayoría de los venezolanos, convergió en un punto de quiebre en la última década del siglo XX de tal manera que no sólo hubo un intento de derrocar al Presidente electo por medio del tristemente célebre método del golpe de estado; sino que incluso se llegó a llevar a juicio al mismo Jefe de Estado por cargos de corrupción y fue depuesto al ser hallado culpable; ahora bien, es muy importante hacer un énfasis en este punto: Si bien la forma de gobernar no era francamente la mejor, existían claros indicios de mala administración económica y miopía política, al menos existían instituciones democráticas autónomas que con intenciones generalmente buenas, buscaban conseguir una solución, aunque fuese necesario llegar a medidas tan extremas (Y de hecho, inéditas) como la que se tomó y en todo caso, a nivel social, existía un mínimo de condiciones de vida que si bien estaban deteriorándose, aún eran rescatables por medio de una gestión más coherente. Del mismo modo, las intenciones de aquellos que buscaron una salida a una situación desesperada por vías que; paradójicamente, contradicen a la esencia democrática, no pueden ser en sí catalogadas negativamente; sino más bien, erradas en su metodología. Es en ese proceso de enmienda por parte de las fuerzas que buscaron un cambio por la vía menos ideal, que surgiría la idea de lograr las mismas metas a través de los medios democráticos estipulados para ello: El voto. Y es hasta este punto donde la dinámica nacional es fiel a las aspiraciones sinceras de los venezolanos, era ineludible un cambio hacia un sistema político que garantizara el disfrute de sus derechos también a las clases más humildes, brindándoles oportunidades de empleo, estudio y desarrollo de manera tal que pudiesen integrarse plenamente al aparato productor nacional e ir eliminando así la desigualdad existente; no obstante, es a partir de esta idea innegablemente legítima y necesaria que empieza a colarse un germen que si bien levanta las banderas más loables y socialmente sensibles, en la práctica termina viéndose y sintiéndose como un usurpador que no sólo incurre en los mismos errores de sus antecesores sino que también emplea todos los medios a su alcance para eliminar todas las posibles amenazas a su ejercicio del poder y a la postre, creó una atmósfera de polarización política que crea diferencias artificialmente irreconciliables entre hermanos venezolanos; es una escena terrible, pues si unos fallaron por negligencia o motivados por su propio egoísmo, los otros hacen el papel del falso mesías con premeditación y alevosía; no se sabe aún si lo que motiva tal actuación es un proyecto de egolatría (Al estilo del 3er Reich) o sólo una opereta orquestada por una potencia foránea (Como el caso de la extinta RDA). No es una apreciación que surge de los corolarios expuestos por medios de comunicación de dudosa objetividad, sino de la experiencia de ver como la vida se hace cada vez más difícil para todos, pero en particular, para los más pobres; con un apoyo tácito de todos los organismos encargados de la seguridad personal hacia una cultura de la delincuencia en la cual los jóvenes venezolanos ven realizadas sus expectativas al portar un arma y apropiarse no sólo de las pertenencias ajenas sino hasta de las vidas de terceros que viven, no en pocos casos, situaciones más difíciles que sus verdugos; un transporte público, esencial para la clase obrera y trabajadora, que desviste al individuo de su dignidad y le hace similar al animal que es llevado en un camión de carga, irrespetado y violentado cotidianamente; una absurda situación de desabastecimiento alimentario en un país donde todas las empresas involucradas en el área (Menos una) están en manos del estado, donde artículos básicos como la harina de maíz, el aceite, el azúcar, el café, el papel higiénico y otros son difíciles de conseguir o son adquiridos rápidamente por terceros que los revenden a 2 o 3 veces su valor; los hospitales públicos no poseen insumos suficientes para atender a los pacientes que no pueden costearse una clínica privada y las ofertas de empleo son cada vez más escasas y las que se consiguen ofrecen remuneraciones muy por debajo de lo que se necesita para costear los gastos más elementales. No se ve ni se siente una genuina dedicación hacia el logro de los objetivos que planteó una alternativa en su momento y sobre la cual millones de venezolanos entregaron su confianza, no se entiende de qué manera una ideología (De la corriente que sea) puede resolver problemas que requieren más bien responsabilidad y ganas de enfocarse a ello, no se recuerda bien cuando se cruzó la línea que nos convirtió de la noche a la mañana en baluarte internacional de una postura política cuando sólo ayer el tema no despertaba mayor interés. Pasan los años y seguimos siendo conejillos de indias de experimentos sociales y medidas improvisadas que a la larga, no han resuelto estos problemas. ¿Qué quieren y que buscan lograr realmente aquellos que dirigen nuestros destinos? Ciertamente los ideales que inspiraron aquel día un célebre juramento, quedaron hace tiempo atrás…

Rocío Mejía
31 de Enero, 2013

no sé si arrepentirme del tiempo gastado en leer un texto tan desesperanzador, con el perdón del autor. es que considero que sobraron letras y figuras descriptivas y faltaron fuentes y testimonios para ilustrar las otras caras de la realidad venezolana que trascienden la capital y la cultura malandra.

samantha
31 de Enero, 2013

Mi Venezuela tan vilipendiada tan acabada, que nadie asume su destrucción desde los tiempos de la cuarta república donde se le consideraba un “país portátil” donde las clases dirigentes, intelectuales de izquierda y una clase media que no quería tener conciencia vivieron la “la dolce vita”…hasta ahora que aunque se diga millones de veces que aman al país, todos sufren de la misma enfermedad, el amor por el poder y la riqueza..para tratar a un pueblo bueno e ingenuo como mendigo, que siempre tuvo que suplicar o vestirse de rojo, obligado a defender intereses de grupos políticos que prometen igualdad pero con la condición del más absoluto servilismo…la verdadera revolución está en el cumplimiento de leyes igualitarias, que indiquen derechos no servilismos, además de proteger la libertad de pensamiento, a través de la educación. En esto están las mejores revoluciones…con dádivas, sin responsabilidades…no habrá cambios duraderos. Una sociedad que no sea normativa ( de izquierda o de derecha) no sobrevive, porque la anarquía la acabará…y para esto no hay necesidad de la intervención de algún imperio. La educación masificada, sin calidad, no sirve para nada….solamente sirve para manipular conciencias y apoderarse de sus voluntades, así lo hacen los gringos, así lo han hecho los regímenes dictatoriales de izquierda. Para mí todo es un juego de poder y no de un verdadero amor a un pueblo que tiene derechos y por supuesto, deberes, y que clama la distribución justa de su riqueza, pero sin tener que pagar peajes políticos tan humillantes y tan serviles, celebrando a cualquier mesías que dice que los ama, tan igual como en el pasado, así como ahora.

Asombrada
1 de Febrero, 2013

Pueden creer que la gente muy rica sabía de esto? Que los militares de alto rango, sabían lo que vendría? Que los políticos más altos estaban conscientes de lo que pasaba? Dante con su Infierno y Purgatorio no fue más allá, porque no conoció de Venezuela.

enrique costa
1 de Febrero, 2013

No me gusta calificar a las personas, pero si de algo puedo calificar al entorno del presidente Chavez es de oportunistas delincuentes. Chávez es el perfecto ejemplo de IGNORANTE contumaz y sin intención de profundizar honestamente en las barbaridades que escupe. Una muestra más de que con la intención no es suficiente. lamentablemente para todos los latinoamericanos, esto tiene una sola solución y esa es la guerra. Todos los imperios han limpiado sus poblaciones con las guerras siempre. Los fascistas, los comunistas, los yanquis,etc.etc. Una lástima !

mXd
1 de Febrero, 2013

Ya lo decia Jose Ignacio Cabrujas veinte años atras, somos un experimento de sociedad fracasada “La nuestra es, y lo entiendo como Cabrujas quiso entenderlo y transmitirlo, una sociedad fracasada. Una sociedad todavía hoy postcolonial que se precipitó en el fracaso sin haber alcanzado cabalmente esplendor alguno”

Atonita Rojas
2 de Febrero, 2013

mXd, has resumido en pocas palabras el peso de nuestra realidad…

Benjamin Moreno
2 de Febrero, 2013

Es la politica urbana del gobierno. El injerto del cerro en la ciudad, y la igualdad es mas facil hacia abajo.

Isabel Garcia
2 de Febrero, 2013

Ustedes están como la suegra que llega a la casa de la nuera que se esmero para recibirla, limpiando, decorando la casa y cocinando su mejor receta y cuando la suegra entra solo se fija en lo que ella consideran los graves defectos, la suegra no ve lo bueno su percepción está condicionada por la rabia que le tiene a ¨esa mujer que le quito su hijo¨, Venezuela está en uno de sus mejores momentos históricos, más importantes y de auge y desarrollo. Su capital se ha embellecido como muchas otras del país en esta década después de 40 años de abandono, la pobreza en todas sus formas ha disminuido considerablemente al igual que el desempleo, aumentan los sueldos todos los años, los beneficios laborales son de los mejores del mundo y bajamos las horas de trabajo semanal, el sistema carcelario sufre una transformación tan positiva que es difícil de creer, tenemos un sistema de salud y de educación gratuito, de acuerdo a la encuestadora Gallup en sondeo efectuado en 2010 en 124 países del mundo, Venezuela ocupa el quinto lugar en la lista de las naciones más felices después de Dinamarca, Suecia, Canadá y Australia. Se construyen industrias, viviendas, universidades, hospitales, ambulatorios, escuelas, diversos medios de transporte masivo, etc, etc, etc…lo que es más importante se educa a un pueblo con conciencia social y solidaridad. NO SE PUEDE TAPAR EL SOL CON UN DEDO. Nunca antes en Venezuela ningún presidente gobernó para su pueblo como hoy lo hace el Presidente Chávez, razón por la cual gana 16 de 17 elecciones que se han generado en una década, Seguramente falta mucho por hacer pero para nada es esa torre la realidad de mi país y Barreto es un cadáver político. Es difícil que las “suegras” puedan ver la realidad, tenemos Chávez y profundización de la revolución para rato.

silvertony narvaez fernandez
2 de Febrero, 2013

magnifica narracion……

Alejandro Alvino
2 de Febrero, 2013

Venezuela, tiene muchas historias que contar y escribir, para que sean conocidas por muchos y no historias de pocos, que son conocidos por muchos, es notable la poca fe espiritual del escritor de esta historia, es como la historia del hombre que le preguntan el vaso esta medio lleno o medio vacío? A veces el hombre solo guía su visión en un solo Angulo pesimista o solo da su simple punto de vista, el cual es válido, pero esto no quiere decir que sea lo más factible, o lo mas real o que simplemente tenga la razón, me preocupa como existen opiniones generadas de personas que dejaron nuestro país por una otra razón la cual la respecto, pero son lo menos adecuados para emitir opiniones, es como cuando veo a un artista como shakira hacer una recolecta para su país, porque dice estar preocupada por su gente, pero luego que se termina la recolecta o el evento, se va a una zona exclusiva de Miami en la cual vive. Venezuela a pasado por siglos de saqueos y gobiernos rentistas, pero es sorprendente como marcos Pérez Jiménez en 6 años logro levantar el país en tan poco tiempo. Pero fue derrocado por la burguesía dirigida desde usa, ya que no era un gobierno subordinado al imperio, y para de contar, existen muchos vacios en esta historia que por supuestos no son narrados por su creador me imagino que luego sus madre patria no lo dejara dormir, el amigo dice y no dice, según su opinión no sabe si GAZA es bueno o es malo, o una mescla de los dos. La verdad es que CRISTO CAMBIA, Y EL QUE NO CONOCE A CRISTO…. El gobierno de Hugo Chávez a sido bueno para unos y malos para otros, es solo cuestión de perspectiva, los cambios en nuestro mundo moderno no pueden ser como en los tiempos de Pérez Jiménez, seria la escusa prefecta para los yanquis en invadir nuestro país, hay que tomar en cuenta que para cambiar un país , tenemos que transformar el corazón de su gente, ahora yo le pregunto al amigo Jon Lee, lo siguiente por que no hace un reportaje desde el corazón del edificio del wall street , y toda su entamada mafia, ellos no alquilan piezas de un pequeño edificio, ellos no cobran un peaje en un pasillo, ellos desojan las entrañas de la economía mundial del mundo. O es que la crisis mundial la causo Chávez, O el pran de la cárcel?. Fueron los supuestos expertos o héroes del mundo que dejaron sin empleo y sin viviendas a millones de personas a escala mundial. Por que fijarse en las pulgas de un león ¿ si el problema es el león?

Bueno saludos de un venezolano que vive en Venezuela, y lucha en Venezuela….

Atentamente Alejandro Alvino

alejandroalvino@gmail.com

Ramón Nuñez
3 de Febrero, 2013

No me gusta criticar a nadie en este foro que es más de cultura que de otra cosa, pero al leer ciertas cosas, no puedo entender cómo alguien puede escribir algo así.

El caso que me ocupa es el de Isabel García, poniendo apenas un botón de muestra: “el sistema carcelario sufre una transformación tan positiva que es difícil de creer”, una semana después de que se produjese la muerte de una cantidad indeterminada de presos en la cárcel de Uribana.

¿Cómo se puede estar tan divorciado de la realidad? Puedo entender que el gobierno actual haya hecho algunas cosas buenas, pero la inseguridad es obvia, al igual que la escasez, el alto costo de la vida, la “cultura malandra”, la obvia disminución de calidad de vida en todos los órdenes, la increíble suciedad y abandono de Caracas, el profundo deterioro de los servicios públicos, la casi destrucción de la infraestructura del país (las carreteras y autopistas están en una condición absolutamente ruinosa, cuando hace treinta años contábamos con la mejor y más extensa red carretera de América Latina).

Así las cosas, Cabrujas cada día está más vigente, y quizá mejor que haya muerto antes de ésto, porque quizá se hubiese muerto ya de tristeza y dolor de patia al ver lo que ha pasado los últimos 14 años.

Ugo Biheller
3 de Febrero, 2013

He leido la delusión de algunos: el costo de la vida en aumento continuo, la escasez de rubros básicos, la situación de las carceles y la inseguridad. Cualquier intento de responder a cada uno de estas dramaticas cuestiones merecerían paginas enteras que no es posible. Yo vengo del Italia, estoy aquí desde 20 años aproximadamente, vuelvo a visitar amigos y familia el julio, Dios mediante, que le debo decir: allá la situación es diría peor no solamente el costo de la vida ha subido de manera impresionante, sino que si alguien conoce el italiano, o es lo mismo y aun peor en España puede ver cualquier prensa on line y percatarse que allá, inseguridad, situación carcelaria, son los mismos de aquí sino peor. En Europa no hay más lo que se llamaba una vez los amortizadores sociales, cada quien debe sobrevivir con su sueldo por el 60% en España y el 45% en Italia a nivel de pobreza. En plena ciudad de Roma en el 2005, ultima vez que fui allá, en un taxi en un semaforo me puntaron un arma y tuve que entregarle reloje, dinero etc. Es lo mismo de acá. Pero en Venezuela, con todos los errores hay un gobierno que busca de aumentar el bienestar del pueblo, cierto con muchas dificultades: entonces es mejor acá o en Europa? Yo digo en Venezuela sin alguna duda.

Josefina bencomo
4 de Febrero, 2013

Buen dia Ugo Biheler, yo vivo en europa y creeme, aqui mucha gente no esta bien, pero no es la gran mayoria, la situacion en vzla tristemenet es mucho peor que aqui. aqui hay hospitales publicos que funcionan y que atienden ala clase media, media baja, y baja. eso es bastante decir! los niveles de criminalidad en venzuela son terribles! aqui se uede salir al centro de muchas ciudades(roma, paris, londres, berlin, ..) sin que te maten! por favor no haga creer cosas que no son tan “reales” !!

Carlos Simon
6 de Febrero, 2013

Escalofriante relato de lo que es la nueva Venezuela. Socialismo, capitalismo? No importa. Vivimos en una ciudad barbárica, donde simplemente nos acostumbramos encerrarnos en nuestras casas después de las 6pm por pánico a salir a las calles oscuras y abandonadas y encontrarnos en la calle en mala hora a personajes como el Daza, el guardaespaldas de Barreto, o los malandros que citan en este artículo. Esa es la Venezuela Bolivariana, esa es la gente que manda y nos tienen a todos sometidos. Pero que importa la anarquía, el atraso, los asesinatos y secuestros, la destrucción de los valores, aquí lo único que importa es Chávez.

122345fc
6 de Febrero, 2013

prefiero vivir en Italia donde MI SEGURIDAD COMO SER HUMANO esta garantizada. Alla se puede salir de noche sin el miedo de ser secuestrado o no volver a casa. Estas comparaciones entre Venezuela y Europa son absurdas

Francisco L
7 de Febrero, 2013

Lastimosamente, en muchas cosas tiene razón excepto que para nuestra mala noticia es un movimiento que va a continuar aun despues de Chávez, es muy difícil demostrarle al pueblo lo que se hizo en una oportunidad que es que con estudio y esfuerzo se logran las cosas. La mala costumbre de un dinero fácil seguirá allí y seguirán las manipulaciones hacia el pueblo ignorante, pero no ignorante por no saber, ignorante por no querer saber lo que sucede y el como los usan. En conclusión, la única forma de ver un cambio si eres opositor, es yéndose a otro país, del resto estaremos viendo esto aun despues de Chávez, y es probable que dure 20 años o más……

Ugo Biheller
7 de Febrero, 2013

para122345fc y Josefina Bencomo: a la segunda dice que viv en Europa, probablemente en Suecia o Noruega, pero en España e Italia la pobreza no es una minoría, se está convertiendo en la mayoría: España 60% más bajo del nivel de pobreza, Italia 45%. Estos dato son de las oficinas de estatisticas, no de la supuesta izquierda europea o algo semejante. Cuanto a 122345fc no es verdad lo que tu dices que allá no hay violencia: el paraiso terrestre, imagino. Tal vez no conoces la inseguridad por ejemplo de Napolis, Milan, Palermo, Madrid, Barcelona, Sevilla, Londres etc. Es un invento que allá hay seguridad social y sanitaria, pura propaganda. Yo que percibo la pensión de Italia, si me enfermo gravemente aquí en Venezuela, no tengo seguro médico italiano, sino un seguro privado. ¿de que países están hablendo?

Carito
7 de Febrero, 2013

…. leyendo los comentarios me pregunto, en que parte de nuestra historia perdimos la brújula?, acá siguen observando las cosas desde el punto de vista de pobres y ricos, tener o no tener, si Chavez a regalado casa o construido plazas, o si las de antes eran mas bonitas, por Dios ….. No se les ocurre pensar mas allá que la mentesita consumista que tanto rojos como opositores destilan cada vez que expresan o defienden una idea??? yo no se donde está mas arraigado el Capitalismo, si en los que lo defienden o en los que lo usan como “la aberración” que hay que desaparecer del mundo pero se abrazan a la TV PANTALLA PLANA en el cuartico de la torre David…. No se, pero a mi la parte material y diferencia de clases es lo que menos me preocupa de lo que resalta este artículo…. Me preocupa es la perdida de valores, coherencia y honestidad entre lo que se dice y lo que se hace…. VALORES MORALES, eso es lo rescatable de este artículo, y eso es la gran ausencia, lo que 14 años mataron en nuestra pobre Venezuela y que vale la pena se revise cada persona que lee este artículo a ver si podemos rescatarla aunque sea en casa.

Juan José Gómez
7 de Febrero, 2013

Al leer este lascerante artículo que magistralmente describe el angustioso problema de la inseguridad, que atañe a todos los sectores sociales, pero que cobra aún más víctimas en la clase social que el chavismo proclama “redimir” a través de la dádiva (misiones), evoco dos situaciones aparentemente paradójicas: Cuando el embajador en Managua le refiere a F D Roosevelt que Somoza es un “hijo de p…” y este le contesta que recuerde que es “nuestro hijo de p…” Igualmente, cuando Guaicaipuro Lameda (ex-Presidente de la estatal PDVSA) le refiere al gurú Giordani que había que centrarse en la eliminación de la pobreza, éste le replica que recuerde que son “nuestros pobres” y “necesitamos que existan para justificar nuestra revolución”.

Pablo T
8 de Febrero, 2013

Una interesante narrativa de este “amigo crítico” de Chávez, pero que nos deja un sabor bastante amargo de cómo nos perciben como país, de cómo es nuestra idiosincrácia y de nuestro desamor por el país y su gentilicio. Una de las cosas que se desprende de todo este marco histórico, de investigación y de las vivencias del Sr. Lee Anderson en Venezuela es que los venezolanos tenemos un vicio por la cobardía, por el miedo a los poderosos, por ser sumisos y por no asumir nunca, ni en la tercera ni en la cuarta y mucho menos en la quinta, nuestro rol como ciudadanos venezolanos y celosos guardianes de la patria de Bolívar. Nos describe como totalmente desprovistos del anhelo de progresar con el esfuerzo y trabajo propio, de que todo nos los regalen. Todo lo queremos obtener sin esfuerzo, que nos lo de el papá estado. Pero sobre todo no tenemos amor por el país que le legaremos a las próximas generaciones. De hecho parte de ellas se están levantando hoy en medio de estos odios que se han sembrado y despertando durante estos últimos 25 años y exacerbados en estos 14 años de (des)gobierno. Muchos de los que han opinado antes de mi han expresado que el futuro de nuestra patria es muy sombrío, aún después de la desaparición de Chávez, sin embargo, yo difiero de esa posición. Y lo digo porque en el país existe, y estoy seguro de ello porque siempre a lo largo de la historia de la humanidad ha sido así, un resto de personas con una alta moral y amor por el prójimo y por su país, esas personas siempre salen en el momento más crítico y oscuro de la historia de cualquier país. Indudablemente el nivel moral que tenemos hoy no permite ver ese liderazgo, hay demasiados intereses en juego y muchas fieraz disputándoselos y todos quieren eliminar al otro para quedarse con el poder, con el país y con sus riquezas naturales. Sin embargo, en todas estas opiniones anteriores y muy a pesar de la historia que nos narra el Sr. Lee Anderson sobre esta Venezuela socialista, comunista, militarista y enllagada de tanta corrupción y putrefacción social, se puede leer que muchos tienen la esperanza en un cambio, un cambio necesario para resolver de raíz el destino de Venezuela. Tal vez no lo vemos en lo inmediato porque los árboles no nos dejan ver el bosque, pero solo el tiempo y una visión más clara y amplia de lo que tal vez anhelamos para nuestros hijos y nietos, permitirá que Venezuela resurja de las cenizas en las que hoy se está consumiendo. Sé que muchos de ustedes, al igual que yo, deseamos lo mejor para esta tierra, de que lleguemos a ser un país próspero, de progreso, de justicia, independiente, seguro y todo aquello que nos eleve como nación. En la historia recientes muchos países han atravesado por grandes crisis y conflictos sociales y políticos, por guerras, tiranías, dictaduras, por matanzas raciales y religiosas, por grandes tragedias naturales que han derramado mucha sangre inocente y hoy, sin embargo, se han levantado y superado esas nefastas situaciones y se han convertido en naciones con gente laboriosa y trabajadora, que independientemente de sus sistemas políticos se han dedicado a sacar a su país adelante y a brindarle una mejor calidad de vida a sus ciudadanos y estos han entendido cuál es su rol nacional. Hay muchos ejemplos, como Chile, Vietnan, Japón, Alemania, Italia, Sur África y los más recientes Ruanda y los países de los Balcanes (Bosnia-Hersegovina, Kosovo). Todos esos países sufrieron muchísimo por los delirios de unos locos gobernantes, por unos fanáticos líderes religiosos, se perdió mucha gente valiosa y decente. Pero, por los medios que hayan sido, en ellos se levantó su reserva moral, que colaboraron y armonizaron entre sí, aunaron esfuerzos y trabajaron sin descanso por reconstruir su país, por curar las heridas, por hacer justicia, por recuperar sus instituciones de estado y generar trabajo para todos. Al cabo de unos pocos años se recuperaron y hoy, tras haber aprendido la lección de que no se puede confiar en el hombre y menos en uno solo, que domina todo y lo decide todo, esos países nos muestran una cara diferente y algunos de ellos son de primer mundo. Yo tengo la esperanza de que en Venezuela no será diferente y que más temprano que tarde estaremos reconstruyendo este amado y gran país y que dejaremos en el basurero de la historia esta demencial situación, llena de odios, diferencias, clasismos y esta forma infantiloide de hacer política. Eso, sin duda va a quedar atras y Venezuela será la patria de todos los venezolanos. Quiera Dios que así sea!

Arturo Salazar
9 de Febrero, 2013

Una visita a las entrañas de mostruo creado por una falsa revolucion. Siempre les recomiendo lean. En este caso es un poco mas extenso……..y luego si les da la gana. ENTIENDAN!!!!!!

Adela M.
11 de Febrero, 2013

Es lo mismo que todos conocemos, especialmente quienes vivimos en la capital, pero que no expresamos con la calidad y fluidez de un periodista de larga experiencia. Otros paises ciudades que han estado gravemente inmersos en corrupcón, suciedad y perdición han logrado recuperarse. Sólo hace falta la honestidad y la voluntad política de llevar a cabo los pasos y directrices que se requieren para tal fin. Lo cual evidencia que ninguno de los dirigentes de este régimen quiere tal cosa. Sino que precisamente su fin es éste, mantener a los ciudadanos en una permanente sozobra por la inseguridad, el caos, la escacez de alimentos, la pobreza de la vida. Antes la gente pobre se conformaba con lo mínimo, ahora tienen un poquitico más de lo mínimo, y por eso piensan que están mejor, que el mandatario les cubre sus necesidades… Y a lo mejor es así. Y ahora los que tenían un poquito más de lo del común de la sociedad, ahora son los que se deben conformar con lo mínimo sustentable: menos agua, menos luz, menos azúcar, cafe, leche, pollo, atún o sardina, aceite, margarina, huevos, harina pan o de trigo…. Es ocioso seguir nombrando … Ahhhh si… lo único que no ha disminuido es…. el aire para respirar! Gracias a Dios! y ojalá que Giordani no se le ocurra la forma de poder cobrar y tasar el aire que se respira, xq son capaces de implementarlo.

pablera
11 de Febrero, 2013

Sacude los sentidos, nos muestra el submundo de la realidad actual, la provocada por esta “robolucion”. Su exposición genera expresiones de reflexión, pero también es capaz de reproducir las posturas irreflexivas del fanatismo, la sumisión. Increíble aceptar la incondicionalidad con el régimen, que miente sin vergüenza sobre los “logros” de la “robolucion”. Esta crónica nos dice de lo complejo y profundo de las deformaciones que tocara enderezar, cuando toque, y eso si, sin permitir cualquier pretensión de una vuelta atrás. Esa es parte de nuestra responsabilidad.

Nacho Gomez
14 de Febrero, 2013

Ayer miércoles de ceniza estuve en Caracas (soy de Valencia) para resolver un problema que tengo con CADIVI, y temprano en la mañana desde casa de un amigo que me iba a dar la cola me puse a ver por el balcón, a lo lejos me llamó la atención ver la Torre Provincial, la Torre Mercantil y al lado una torre que parecía que le habían sacado un tajo con una espada, parecía estar en construcción. Se veía muy llamativa a lo lejos y de verdad que me llamó bastante la atención lo curioso de su extraña forma.

Mas tarde en CADIVI me dicen que tengo que ir a la sede del Banco Mercantil en la Av. Andrés Bello, pidiéndole referencias de como llegar, el empleado de CADIVI me dice que queda al lado de la Torre Provincial, lo que me hizo recordar lo que había visto en la mañana mas temprano. Siguiendo sus instrucciones salí para allá en metro.

Al bajarme en la estación Bellas Artes trato de ubicar la torre Provincial, pero me vuelvo a encontrar con el edificio a medio hacer que me llamó la atención en la mañana. Voy caminando hacia donde tenía que ir pero sin quitarle la vista a este edificio y me doy cuenta que por la parte de atrás no tiene ninguno de los cristales azules que se veían desde el balcón de mi amigo, lo que si veo son cartones y algo que parecen sábanas tapando las ventanas. A todas estas, y con la mente en mis cosas, sigo creyendo que está en construcción y le dejo de prestar atención.

Anoche al llegar a Valencia me puse a leer un artículo que me mandó hace una semana el amigo con el que estuve en Caracas, tenía días pensando en leerlo pero por una cosa u otra lo había dejado para luego, y me consigo con la sorpresa de la explicación de porque este edificio que me llamó tanto la atención es como es.

De verdad que es un excelente artículo, no tiene desperdicio, es largo pero toca muchos puntos y gira en torno a esta infame torre, casi como mi día ayer…

Migda Elizabeth
8 de Marzo, 2013

Excelente articulo, en mi caso considero que todos los venezolanos estamos viviendo un momento estelar de nuestra historia, es bueno saber las debilidades y las fortalezas que tenemos. Al observar el homenaje que le ha hecho el pueblo a Hugo Chavez, ahora que ha muerto, solo puedo exclamar “Que gente tan noble”. Gente que ha creido en la palabra de un Presidente. Segun mi punto de vista, necesitamos escuelas donde se instruya al pueblo como hacerse responsable por ellos mismos. El dia que el Pueblo aprenda que el poder esta en ellos, que no necesitan a ninguno que venga a resolverle sus problemas, ese dia la humanidad va a cambiar totalmente. Empezando por mi, a partir de ahora declaro “Yo soy responsable en un 100% por mi”. Chavez descansa en paz!

soraya
8 de Marzo, 2013

al leer esto, siento una gran tristeza reconozco que es cierto todo lo expuesto en esta narración, tambien siento miedo pues esta gente está armada y carecen de todos los valores morales, no les importa matar por defender su revolución, a donde irá nuestro querido país en manos de este regimen,?

Mercedes
4 de Julio, 2013

Muestra nuestra realidad, contada por alguien a quién denomino neutral en un país tan polarizado. Esta realidad que destroza el alma y nos corta los sueños. Como es posible que un país tan extraordinario padezca este tipo de pesadillas. Todo un submundo que no se aprecia en la provincia. Esta revolución son sólo palabras bonitas y un líder carismático, y el líder ya no esta, sólo hay una lucha de poder encarnecida y nosotros los hijos de bolívar en medio.

Lo único que me da esperanza, es que en medio de la miseria de la torre la fe los arrope, sólo con la fe y la mirada en Dios este país se pude levantar… Dios guíe este país.

Luis Cordero
7 de Agosto, 2013

Alguna vez alguien dijo: ” los hombres se creen libres porque ignoran la causa que los determina”. Asi resumiria este debate! gracias.

Sonia Abreu
20 de Agosto, 2013

Tremenda lectura sobre la triste y desagradable realidad caraqueña-venezolana. Pobres de nosotros, en vez de progreso, esto es lo que tenemos. Todos somos responsables, pero la mayoría de los venezolanos no manejamos las cantidades de dinero exorbitantes que maneja el gobierno y que no ha sabido utilizar, sino dilapidar, sobre todo el gobierno actual. Q pena, todo para ser un país de progreso y bienestar y en cambio somos lo que somos. El que tenga ojos que vea.

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