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Una metáfora para Obama, por Robert J. Shiller

Por Prodavinci | 17 de Enero, 2013
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NEW HAVEN – Cuando el Presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, comienza su segundo mandato, necesita una forma sencilla de expresar su concepción y sus políticas para la economía: una metáfora en torno a la cual se pueda cristalizar el apoyo a sus políticas y con ello impulsar la eficacia política de su gobierno. Entonces, ¿a qué se debe el éxito de una metáfora que funcione?

En la campaña de 2008, Obama utilizó el lema “Un cambio en el que podamos creer”, pero “cambio” no es una metáfora para un nuevo gobierno: no representa políticas determinadas. Como tampoco “esperanza” o “¡Sí, podemos!”

En la campaña de 2012, Obama utilizó el lema de una sola palabra: “¡Adelante!”. Una vez más, nada significa sobre políticas determinadas ni su concepción subyacente. Todo político, ya sea izquierdista o conservador, quiere avanzar, no retroceder.

Los lemas de Obama son ejemplos de “metáforas muertas”: no forman parte de una concepción general.

En cambio, en el decenio de 1930 el Presidente Franklin Roosevelt utilizó una metáfora que actualmente sigue viva en gran medida. La idea de un “nuevo trato” fue concebida durante su primera campaña electoral de 1932, si bien en aquel momento aún se mostró muy impreciso sobre lo que significaba ese término.

Al parecer, Roosevelt o los redactores de sus discursos la tomaron de A New Deal (“Un nuevo trato”), libro de Stuart Chase que se publicó en 1932 y se adaptó el mismo año en un tema de portada para la revista The New Republic. Chase describió su nuevo trato en términos generales como “una drástica revisión progresista de la estructura económica, evitando una ruptura total con el pasado”. Y, si bien las propuestas de políticas concretas del libro presentan poca semejanza con las medidas adoptadas posteriormente por Roosevelt, el título tenía un atractivo intrínseco que éste debió de reconocer.

El Nuevo Trato daba la idea de una transacción comercial, como la adquisición de una empresa o un plan de incentivos para ejecutivos, algo que las partes contratantes negocian y acuerdan. No es algo impuesto. Al llamarlo “trato”, Roosevelt dejó claro que no era un plan contra las empresas: parecía un ofrecimiento para trabajar, para participar, para aprovechar una oportunidad. Y, como los tratos pueden ser buenos o malos, justos o explotadores, la palabra “nuevo” aportó una profundidad metafórica, con la sugerencia de que el trato ofrecido por Roosevelt era mejor, más justo y más atractivo.

La metáfora, abrumadoramente respaldada por los votantes, significaba que el mandato de Roosevelt arreglaría la economía enferma con criterios innovadores, pero esencialmente capitalistas. Algunas de las iniciativas de su gobierno, como, por ejemplo, la creación de la Comisión del Mercado de Valores, parecieron entonces a algunos contrarias a las empresas, pero después se las aceptó como una bendición para la competencia y el dinamismo, al poner coto a las conductas injustas o manipuladoras.

Resulta que las metáforas no son simples palabras. La neurociencia moderna está revelando que las metáforas son inherentes a la creatividad, pues su utilización activa diversas regiones del cerebro relacionadas con sus múltiples significados. Las metáforas logradas son las que desencadenan las conexiones intuitivas apropiadas en nuestro cerebro. Por ejemplo, cuando los científicos imaginaron el sonido y la luz como las olas del mar, se avanzó mucho en su comprensión.

La de formular una metáfora lograda para el segundo mandato de Obama es, a su vez, una tarea para el pensamiento creativo intuitivo que entraña un replanteamiento de lo que propondrá en su segundo mandato. Una metáfora lograda podría encarnar la idea de una “economía no excluyente”. La expresión “no excluyente” resuena con fuerza: los americanos no quieren un mayor gobierno per se, sino que el gobierno consiga una mayor participación de los ciudadanos en la economía de mercado. Las encuestas de opinión muestran que, por encima de todo, lo que los americanos quieren son puestos de trabajo: el comienzo de la participación.

En la actualidad, el paralelismo con el libro de Chase lo representa Why Nations Fail (“Por qué fracasan las naciones”), uno de los más vendidos de 2012, del economista Daron Acemoglu y del especialista en ciencia política James Robinson. Acemoglu y Robinson sostienen que a lo largo de la Historia los órdenes políticos que han incluido a todos en el proceso económico han tenido más probabilidades de éxito a largo plazo.

Parece haber llegado el momento para esa idea, que cuadra con el triunfo del rechazo de la exclusión simbolizado por el propio Obama, pero es necesario otro paso en la creación de metáforas para sintetizar la idea de la inclusión económica.

Los mayores éxitos del primer mandato de Obama tuvieron que ver con la inclusión económica. La Ley de Atención de Salud Asequible (“Obamacare”) está brindando a más personas el acceso a la atención de salud –y aumentando el número de personas protegidas por seguros privados– que nunca en los Estados Unidos. Con las reformas financieras Dodd-Frank se creó la Oficina de Protección Financiera del Consumidor, para que los productos financieros privados prestaran mejor servicio al público, y se brindaron incentivos para que se hicieran transacciones sobre derivados en los mercados públicos. Y Obama firmó la Ley de Puestos de Trabajo, propuesta por sus oponentes republicanos y encaminada a crear sitios web de financiación colectiva que permiten a pequeños inversores participar en empresas incipientes.

No hemos alcanzado el pináculo de la inclusión económica. Hay centenares de otras posibilidades, incluida la mejora de la instrucción y la asesoría en materia financiera de los inversores, unas hipotecas más flexibles, tipos mejores de titulización, más seguros para una gama más amplia de riesgos vitales y mejor gestión de los riesgos profesionales. Harían falta muchos más avances hacia unos amplios mercados públicos de futuros y derivados, como también políticas que fomenten una mayor participación de los países en ascenso en la economía de los EE.UU. (De hecho, la metáfora de la inclusión es de carácter esencialmente mundial; si la hubiera utilizado Obama en el pasado, sus políticas económicas habrían sido menos proteccionistas.)

La metáfora apropiada aportaría alguna de estas ideas y otras parecidas a una concepción del futuro para los Estados Unidos que, como el Nuevo Trato, ganara en coherencia al hacerse realidad. El 29 de enero, Obama pronunciará el primer discurso sobre el Estado de la Unión de su nuevo mandato. Debería pensar en cómo expresar –vívida y convincentemente– los principios que han guiado sus opciones hasta ahora y que abren una senda para el futuro de los Estados Unidos.

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Project Syndicate

Prodavinci 

Comentarios (1)

Thays Adrián
17 de Enero, 2013

En Venezuela hay estudios sobre el tema. Entre ellos el libro titulado El uso de la metáfora en Rómulo Betancourt y Hugo Chávez.

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