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¿Por qué la salud en Estados Unidos es peor que en otros países?; por Gary Becker

Por Gary Becker | 16 de enero, 2013

Stethoscope on American Flag with Selective Focus.

Un reciente informe de más de 400 páginas del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y el Instituto de Medicina de la Academia Nacional de Ciencias (“La salud de EE.UU. bajo perspectiva Internacional: Vidas cortas, peor salud”) encuentra que los niños, hombres y mujeres tienen una expectativa de vida más corta en los Estados Unidos que en Japón, Canadá, Australia y 13 países europeos. Algunos comentarios de los medios de comunicación sobre el informe acusan a lo que consideran un sistema costoso e ineficiente de atención médica estadounidense. Sin embargo, el informe muestra que muchas, quizás la mayoría, de las razones de por qué la esperanza de vida americana es tan baja se a refieren a decisiones de estilo de vida personales, y no a la atención médica.

A EE.UU. le fue peor que a estos 16 países en nueve categorías de salud:

1. Mortalidad infantil y supervivencia hasta los 5 años.
2. Muerte por accidente automovilístico y suicidio.
3. Embarazo adolescente e infecciones de transmisión sexual.
4. Prevalencia de infección de VIH y Sida
5. Muerte por ingesta de alcohol y uso de drogas ilegales.
6. Enfermedad pulmonar crónica.
7. Obesidad y diabetes.
8. Discapacidad por artritis y otros factores
9. Enfermedad cardiovascular

La mayoría de estas categorías se relacionan a decisiones de estilo de vida en lugar de a la atención médica. Por ejemplo, las muertes en Estados Unidos por accidentes de tráfico son mayores, principalmente porque los estadounidenses conducen más, ya que el informe muestra que las muertes por milla recorrida no son mayores en Estados Unidos. Las armas de fuego son mucho más comunes y la violencia es mucho mayor en Estados Unidos que en estos otros países. Las muertes por enfermedades pulmonares son más regulares porque el tabaquismo era un vicio más común aquí en el pasado. Los estadounidenses tienen muchas más probabilidades de consumir cocaína y otras drogas. Que los estadounidenses sean mucho más gordos que los individuos en estos otros países contribuye a la mayor incidencia de diabetes y enfermedades cardiovasculares.

La mayor incidencia de mortalidad infantil puede deberse en parte a la pobre atención médica para madres embarazadas con problemas económicos. Sin embargo, esta diferencia de mortalidad es también probable tomando en cuenta principalmente la conducta personal de estas madres embarazadas, que pueden ser más relevantes que cualquier acceso limitado a una buena atención médica.

La estructura por edades de las tasas de mortalidad estadounidenses también implica que gran parte de estos altos índices no se deben a una atención sanitaria de calidad baja. Los ancianos son los destinatarios de una notoria fracción de los gastos de salud en todos los países ricos. Particularmente más del 35% del gasto sanitario en los Estados Unidos se dedica a personas mayores de 65 años. Un estudio del Consejo Nacional de Investigaciones muestra que las tasas de mortalidad de América se encuentran entre las más altas en edades inferiores a los 55 años, pero dichos índices de mortalidad comienzan a cambiar rápidamente pasada esa edad. La mortalidad estadounidense se encuentra en el promedio entre los países encuestados en gente mayor a los setenta años, y es relativamente inferior a la edad de 60.

Sin embargo, debe decirse que aunque los EE.UU. gasten mucho más per cápita en atención médica que lo hace cualquier otro país, el hecho de que la esperanza de vida norteamericana se vea bien en las edades mayores no implica que estos gastos se asignen sabia o eficientemente. Las formas de mejorar la eficiencia del gasto de Estados Unidos en la atención de la salud son tratadas en varias de nuestras publicaciones de blog anteriores (la más reciente es el 6 de enero).

A pesar de que la mayor parte de la diferencia en la esperanza de vida entre los EE.UU. y estos 16 países se debe a la diferencia en el comportamiento personal, las políticas públicas deben tratar de cambiar algo de este comportamiento. Por ejemplo, sanciones más rígidas por conducir en estado de ebriedad podría reducir la incidencia de conductores intoxicados, una de las principales causas de accidentes de tráfico mortales en el país. Mayores castigos por posesión ilegal de armas de fuego y por el uso de armas de fuego para cometer crímenes, al igual que controles de armas más juiciosos y estrictos, pueden reducir las muertes por armas de fuego, aunque habría algunos aumentos en apuñalamientos y otros tipos de violencia en compensación. La despenalización del consumo de drogas reduciría la tasa de adicción y, posiblemente, incluso el número de adictos a las drogas, mientras que aumentarían las visitas a clínicas de rehabilitación y disminuiría la incidencia de SIDA por el uso de agujas contaminadas (véase el ensayo coescrito por mí y Kevin Murphy, “¿Hemos perdido la guerra contra las drogas?” Wall Street Journal, 5 de enero de 2013).

Es más difícil decidir qué hacer con el hecho de que muchos estadounidenses tengan sobrepeso y sean obesos. Una reciente revisión de la evidencia encontrada en varios países demuestra que el exceso de peso, medido por el índice de masa corporal (peso dividido por la altura al cuadrado), no da lugar a mayores tasas de mortalidad, excepto en casos de valores de IMC muy altos y muy bajos (una tesis de la Universidad de Chicago bajo la supervisión de Robert Fogel ya había demostrado esto). Estos estudios expresan implícitamente que añadir impuestos y regulaciones a la comida rápida para desalentar su consumo afectaría principalmente a personas cuyos patrones de alimentación no reducen su esperanza de vida, a pesar de que las personas con sobrepeso hagan demandas modestamente mayores al sistema de salud subsidiado.

La esperanza de vida inferior en los estadounidenses jóvenes y de mediana edad en comparación con los demás países es un asunto de interés para la política pública, pero políticas sabias requieren un conocimiento preciso acerca de sus causas. El amplio estudio del Consejo Nacional de Investigación sugiere que las principales causas radican en las diferencias en los estilos de vida entre los americanos y personas de otros países. El menor acceso de algunos estadounidenses a la atención médica adecuada parece ser de poca importancia.

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Texto publicado en inglés en Becker-Posner blog

Gary Becker  es Premio Nobel de economía

Comentarios (2)

anika
16 de enero, 2013

Casi todas las causas están relacionadas con la posibilidad de acceder a los servicios médicos. Los médicos no solo curan sino que ademas ayudan a prevenir enfermedades con la información y educación de los pacientes. No se hagan eco de puntos de vista políticos, USA necesita mejorar el sistema de salud. La salud NO puede ser un negocio, debe ser un derecho, especialmente en un país que se considera así mismo una potencia mundial. Sabían ustedes que si van a un hospital el USA con un dolor y les dan Acetaminofen (Tylenol) para disminuir ese dolor, una simple pastilla les puede costar $80 ? Eso NO puede seguir pasando, mucha gente no se cuida porque no tiene con que, y no hablemos de los gastos odontológicos.

Belkis
18 de enero, 2013

Ciertamente, las estadísticas de salud de EUA no se corresponden con el nivel de desarrollo en otros órdenes, de un país que lo tiene todo para ser el primero en todas las estadísticas que reflejen el bienestar de sus ciudadanos. Eso parece reflejar un desbalance significativo y de impacto importante en la distribución de la riqueza, y una inadmisible desatención a los sectores sociales más vulnerables, que probablemente no representen un porcentaje muy elevado de su población. Un sistema de salud integralmente concebido tendría un efecto positivo importante en esas cifras de mortalidad y expectativa de vida, obviamente alineado y en estrecha concordancia con planes, programas y políticas públicas diseñados para mejorar todos los índices de calidad de vida. Especialmente importante -me atrevería a decir “sine qua non”- es el nivel educativo, como lo es para todos los índices de desarrollo humano. De cualquier modo, el articulista tiene derecho a expresar sus opiniones, y es conveniente conocerlas aunque reflejen una posición política. Son elementos de conocimiento, de alguna forma. Que Prodavinci las publique no significa que las comparta o que se haga eco de las mismas.

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