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La moneda del billón, por Héctor Abad Faciolince

Por Héctor Abad Faciolince | 14 de enero, 2013

moneda billon

Quizá por mi misma ignorancia es por lo que tanto me fascina que haya ahora tantos expertos que le estén pidiendo al presidente Obama que acuñe una única moneda de platino y le asigne el inmenso valor de un millón de millones de dólares (es decir un billón en castellano y un trillion en lengua inglesa), de tal manera que con esa simple medida se sacuda de la amenaza de no poder superar el techo de la deuda —como pretenden los republicanos— y así seguir pagando los gastos aprobados por el mismo Congreso, y cumpliendo, al menos nominalmente, con dos leyes contradictorias: honrar las deudas y no superar cierto techo de endeudamiento para pagarlas.

La cosa funcionaría así, según el premio Nobel de Economía Paul Krugman, que apoya la medida: “El Tesoro acuñaría una moneda de platino con un valor nominal de un billón de dólares. Esta moneda sería depositada inmediatamente en la Reserva Federal, la cual acreditaría esa suma a las cuentas del Gobierno. Y el Gobierno podría entonces hacer cheques contra esa cuenta, operando normalmente y sin tener que tomar ningún préstamo adicional”. Parece un truco de magia, pero hay muchos economistas serios que piensan que la cosa funcionaría sin disparar la inflación y que así Obama se quitaría de una vez por todas el chantaje de los republicanos que exigen que el Gobierno disminuya el gasto social, sin tocar, por supuesto, los gastos militares.

Antes de volver a esta monedita milagrosa quisiera preguntarme, y preguntarles, qué es el dinero. Si uno piensa en el oro, por ejemplo, que es quizá la moneda más apetecida y antigua, la respuesta no es fácil. ¿Por qué vale tanto un metal que es casi inútil? Es verdad que no se degrada, que sirve para los puentes dentales y para algunos contactos en aparatos electrónicos, pero su verdadero valor no reside en sus cualidades intrínsecas sino en su escasez. Si un gran meteorito de oro cayera sobre la tierra y se pudiera explotar, el oro sería tan barato como el hierro. El cobre o el petróleo son cosas útiles que se producen y se gastan; el oro, en cambio, es tan inútil que se extrae y se guarda. Y sin embargo la “sed del oro” podría destruir todas nuestras montañas.

Nunca he podido saber si el dinero es una cosa real (antes los pesos estaban respaldados por oro, ya no) o una cosa simbólica. Sé que llega a nuestras manos y se esfuma en cuentas, en comidas, en remedios, en regalos; sé que si trabajamos todo el mes nos entregan algunos papeles con caras de próceres con los que volvemos a pagar el agua. Pero los gobiernos pueden imprimir esos papeles mágicos, usted y yo no podemos. Por supuesto que un gobierno serio no puede imprimir sin parar porque entonces se llegaría a lo que pasaba en Alemania en los años 30, que para pagar el mercado había que llevar una carretillada de billetes, y la moneda se devaluaba cientos de veces de la noche a la mañana, con lo que nadie sabía cuánto valían las cosas. Pero algunos dicen que acuñar esta moneda no sería inflacionario (ni sería hacer riqueza a partir de aire), sino algo sano para evitar que la economía más grande de la Tierra se declare en bancarrota y tenga que dejar de pagar, por ejemplo, los bonos del tesoro, cosa que ocurriría en un par de meses. Con esta monedita mágica el gobierno gringo no tendría problema de gasto durante un año.

Otra opción, que según otros tampoco es inflacionaria, sería acuñar monedas de 50 millones de dólares, las cuales serían compradas como medida de seguridad (y guardadas en cajas fuertes) por grandes empresarios y compañías, que al no entrar en circulación, no producirían efectos indeseados. Apenas entiendo esta magia; hay quienes dicen que es serio y quienes dicen que es una locura crear riqueza de la nada. ¿Pero no es el oro, en sí mismo, una riqueza que tampoco se basa en nada? El oro no se come ni se bebe ni se usa ni sirve para nada, y sin embargo vale.

Héctor Abad Faciolince 

Comentarios (2)

Jose Luis Rivas
14 de enero, 2013

Te faltó agregar la demanda a la combinación. Es como la historia de los tulipanes en Holanda, todos los querían e hicieron elevar el valor porque eran compras a semillas de tulipanes, crearon una burbuja y estallaron porque la gente no sabía para qué los necesitaba o si quiera para qué los querrían otras personas y a qué precio lo comprarían.

El oro, sin embargo, lo desean de manera constante como forma de ahorro/inversión y otros como estatus social.

Pero esa no es la cuestión en el tema de la moneda propuesta en EUA como solución al techo de la deuda. Es específica la necesidad que sea de platino no por el valor del metal mismo, que está apenas por debajo del valor de la onza de oro (que debido a todo el revuelo ultimamente al respecto ha hecho que tontos novatos inviertan en platino pensando que pueden hacer monedas que valgan un billón de dólares con unas pocas onzas).

Toda la propuesta de esta moneda está basada en lo siguiente: 88

Es decir, el secretario de la casa de la moneda puede sacar monedas acuñadas en platino en variedades, cantidades, denominaciones (esta es la parte importante) e inscripciones como el secretario, a total discresión de él, desee, de tiempo en tiempo.

Este secretario es el jefe de la casa de la moneda de los EUA.

El problema de esto es que si bien la mayoría de la gente no sabe de donde viene el dinero ni por qué tienen el valor que tienen, quienes poseen las mayores riqueza sí lo saben y estos se acercan al 20% de la población con un manejo del 80% del dinero.

Lo que significa para ellos una medida como esta es que no pueden confiar en el dólar, pues su valor es irreal. Resulta que ese 20% cuando se les debe ellos no aceptan cualquier cosa como pago, sino que se aseguran que esa cosa tenga el valor que ellos esperan recibir a cambio. ¿Sabes qué va a pasar cuando a quienes se les debe un billón de dólares intenten ser pagados con una moneda insignificante de platino? Algo peor que la burbuja inmobiliaria. De hecho, la burbuja inmobiliaria es una analogía en pequeñas dimensiones de qué pasaría con la moneda gringa si hubiesen llegado a emitir esta moneda.

Digo si hubiesen porque ya el secretario de la casa de la moneda dijo que no la emitiría, pues a consideración de él y de la Reserva no había una razón real económica para emitirla, sino una razón política.

Luis Fraga Lo Curto
27 de febrero, 2013

Estas preguntas sobre el valor del oro son las misma que se planteó Adam Smith, dando nacimiento a lo que en economía se denomina “la paradoja del valor”, es decir, ¿por qué el oro vale más que el agua o el pan?

Y esta es una respuesta que contestó el escolástico español Jaime Balmes, y que luego desarrollarían los economistas de la Escuela Austriaca. Para ellos el valor es subjetivo, y depende del ordenamiento mental que haga una persona de sus fines. Así, la comparación entre oro y agua es incompleta, porque en la realidad, casi nunca nos topamos con una situación en la que, en medio de un desierto y muertos de sed, se nos pregunte si preferimos todo el oro del mundo, o los vasos de agua suficientes como para no fallecer. Obviamente en esta situación, a pesar de la tentación, creo que casi todos elegirían el agua.

Pero esa no es la situación común, la realidad es que cotidianamente podemos elegir entre una onza de oro o un litro de agua, sabiendo que el litro de agua sale del grifo del baño sin que tengamos que pagar mucho por él, el agua es abundante, y es la escasez y la necesidad de un bien lo que determina su valor.

Ahora bien, con respecto a la propuesta de Krugman, un señor que debo decir me parece desquiciado y terrorífico, estoy de acuerdo con Jose Luis Rivas, habría un problema grave de confianza en la moneda.

Pero además, yo sí creo que generaría inflación, es decir, no se está imprimiendo, pero es dinero que se creó, y que ahora se utilizará para pagar deudas, por lo que pasará a los apuntes contables de muchísimas personas, que a su vez lo utilizarán a pagar bienes y servicios, para garantizar deudas, para emitir préstamos. Esto ocasionaría una burbuja indetenible.

No que deberíamos tomar en serio a Krugman, el problema es que los gobiernos lo oyen demasiado. Krugman recomendó a Greenspan la creación de una burbuja inmobiliaria en 2001 y miren las consecuencias.

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