Artes

Los filósofos de la Alemania nazi

Por Prodavinci | 13 de Enero, 2013

Heidegger

Puede parecer sorprendente el hecho de que estuviesen vinculadas al régimen nazi de Hitler algunas de las más brillantes mentes filosóficas de Alemania, pero lo innegable es que sucedió, y no sin falta de razones. Martin Heidegger se unió al partido en 1933, y estuvo cercanamente comprometido con la ideología del partido hasta el fin de la guerra, justificando incondicionalmente las acciones del mandatario y su gobierno. Este caso y otros conforman el notable libro de Yvonne Sherratt titulado Los filósofos de Hitler, publicado en inglés por la Universidad de Yale.

Uno de los puntos de mayor relevancia en el estudio de Sherratt es que las conductas demostradas por estos pensadores no surgieron del miedo o la opresión sino de la ambición de poder. Heidegger, por ejemplo, no se limitó a usar el uniforme del partido en conferencias y actos públicos, sino que ejerció la mentalidad del nazismo al descartar colaboradores judíos y traicionar a su mentor, Edmund Husserl, en su búsqueda de supremacía de poder académico.

El ensayo hace pensar al lector en los aportes de estos filósofos, notables pensadores pero incapaces de percibir y compadecer el horror del régimen, a la cultura alemana y mundial, y cómo sus legados son cuestionado, en vista de las observaciones hechas por Sherratt.

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La fuente de información de este artículo pueden verla aquí.

Prodavinci 

Comentarios (6)

G.C.
13 de Enero, 2013

Y despues se quejan de Winston!!!

Ugo Biheller
14 de Enero, 2013

Debería también el Presidente Chávez, cuya propuesta politica comparto personalmente ser más prudente cuando cita Heidegger y Nietsche, cuyos delirio filosofico es más bien conocido por todos los intelectuales europeos.

Omar
14 de Enero, 2013

Un punto mas para Simón Bolívar, quien expreso: La inteligencia sin probidad es un azote… Emplear el conocimiento y los talentos propios con fines inmorales o deshonestos, tal como para alcanzar el poder sin importar los medios para beneficio propio, es capaz de dar los frutos mas amargos para la sociedad.

Robert Rodríguez Ibarra
14 de Enero, 2013

Interesantes observaciones, vale la pena leer el libro citado. Comparto con los señalamientos de los otros comentarios. La búsqueda inescrupulosa del poder es una de las persistentes ENFERMEDADES de los seres humanos. Se dice que el poder es el mayor afrodisíaco…afecta a los ignorantes y también a los hombres cultos. En VEN podemos citar nombres de ilustres ciudadanos que han sido cautivados por una LOCURA RETRÓGRADA y se sienten honrados de representarla, además la justifican.

Lucho
15 de Enero, 2013

Del tema sobre Heidegger y el nazismo se ha hablado mucho en los últimos veinte o más años, inclusive aquí en Venezuela, donde hubo hace varios años una discusión bien intensa entre varios pensadores, entre ellos Juan Nuño, Oswaldo Barreto, Abel Posse y otros.

Habría que diferenciar cosas: filósofos del nazismo, filósofos bajo el nazismo, filósofos con el nazismo. En filosofía se trabaja un poco como en una orquesta sinfónica (y por cierto que la metáfora sirve un poco a las artes, las ciencias, las técnicas, los curas, los militares, etc., etc., o sea: todos). Cada quien toca su instrumento. Algunos, si no pueden ir en “concierto”, o se quedan en silencio, o tocan bajito otra cosa, o se van, o si el director de orquesta es muy severo, toma un revólver y los mata. Algunos tocan muy entusiásticamente a tono y ritmo con la música general. Otros desafinan y hacen estridencia a propósito, y depende de la paciencia del director (y de los colegas músicos) tolerarlos o no.

Heidegger quiso poner su “música” a tono con el nazismo. O aún más, quiso -según unos cuantos, entre ellos, creo que Mark Lilla y Thomas Sheehan- poner a Hitler a seguir su música. Desde luego, Hitler y los nazis tenían otras ideas, y SÍ quisieron poner a bailar a Heidegger a su son. Heidegger no lo toleró: una cosa era simpatizar y solidarizarse con el nacionalsocialismo, y otra servirlo ciegamente. Otros lo hicieron. Él, prefirió quedarse a un lado. Pero, para que no malpensaran de su fidelidad, siguió pagando sus cuotas fielmente al partido hasta que éste dejó de existir, creo que en marzo o abril de 1945.

¿Otros filósofos que sí iban a todo dar con la “música” nazi? Hubo varios: Ernst Krieck, que reprochó en textos la actitud de Heidegger, recriminándole que en el fondo conservaba escrúpulos cristianos. Carl Schmidt, que escribió libros y desarrolló ideas que apoyaban la gobernabilidad nazi (singularmente, Carl Schmidt no tuvo la mala prensa ni condenación que tuvo Heidegger tras la guerra. Al contrario: contó con gran prestigio, aunque su labor con los nazis fue, políticamente, mucho más significativa y comprometida). Y desde luego, Alfred Rosenberg, descendiente de uno de los firmantes del acta de independencia norteamericana, pero uno de los más fieles nazis, al punto que fue condenado y ahorcado en Nuremberg tras la guerra. Luego están otros como Alfred Baeumler, Hans Heyse, Erich Rothacker, Arnold Gehlen, etc. Muchos “compañeros de ruta”, más o menos entusiastas con el nazismo. ¿Hace falta decir que Heidegger no era de estos? Sin embargo, por su alta categoría como uno de los principales pensadores de la filosofía de su tiempo, su relieve era mucho mayor. Se hace mucho de su rol a favor del nazismo, pero se calla también su desvanecimiento del mismo, rechazando cargos y responsabilidades y siendo amonestado y criticado por los mismos nazis. Por otro lado, eso muestra que, a pesar de que eran todos nazis, no todo era armonía dentro del nazismo ¿Pero, acaso en alguna parte existe esa condición monolítica que tanto ven los enemigos de algunos sistemas? ¿Piensan igual todos los católicos? ¿Todos los chavistas? ¿Todos los judíos? ¿Todos los musulmanes? ¿Todos los ateos? ¿Todos los opositores? En el nazismo también había sus grupos, capillitas, envidias y méritos. Y heroísmos. Ha habido tres nazis de partido y todo que han merecido el respeto y honra de la posteridad. Como lo que acabo de decir puede hacer trueno a algunos, nombraré quienes son: Kurt Gerstein, oficial de la SS, John Rabe, director de la Siemens en Nanjing, China, y Oskar Schindler, dueño de fábricas de objetos metálicos en los territorios ocupados por el Reich durante la guerra. Si quieren pueden investigarlos: hay varia información en la red sobre ellos. Pero también: fueron “buenos” nazis, porque en algún momento se distanciaron de la locura nazi, en algún momento dejaron de ser esa cosa. ¿Lo dejó de ser así tan radicalmente Heidegger? (¿Y cómo?). Dios lo sabrá.

Desde niño oía y leía libros y testimonios sobre la II Guerra Mundial y los nazis, y siempre la misma pregunta: ¿Cómo puede/Cómo pudo una gente hacer a otra gente todo eso? ¿Qué pasa por la cabeza de una persona que piensa así y asá, para no ver en los demás a otros seres humanos y decidir tratarlos, excluirlo, matarlos como insectos? ¿Cómo los más inteligentes no ven, no se dan cuenta, no piensan?

Por eso, agradezco al presente proceso bolivariano en Venezuela. Él ha sido la mejor lección y experiencia para entender como cosas tales como el comunismo y el nazismo pudieron ser lo que fueron: dividiendo, aprovechando el resentimiento, la envidia, la pequeñez, los sueños de justicia, la ambición, la mediocridad, la delincuencia encausada por el Estado, etc. etc. etc. Vivir el presente me ha ayudado a comprender cómo fue posible esa cuestión en Alemania. Y sobre todo: me ha ayudado a estar alerta a buscar la sombra del silencio, e inclusive el regocijo de cierta estridencia visceral reactiva (o reaccionaria) ante la i-rreacción de muchos frente a lo que pasa. Eso es preferible a mi juicio, a la alegría postiza de una complicidad o, peor, una ‘neutralidad’ con cosas así.

rvivas
20 de Enero, 2013

De la filiacion nazi de Heidegger recuerdo dos anecdotas, una de un amigo de Heidegger que asombrado en los anos 30 de sus simpatias nazis le reprochara como podia en su condicion de intelectual admirar un ideario tan mostrenco como el de Hitler a lo que este le respondio ‘eso no tiene importancia , has visto sus manos maravillosas’,la otra es de Hannah Arendt que hablo con Heidegger durante los anos de la postguerra y al preguntarle por que no habia abjurado de su pasado nazi , recibio de respuesta que ‘no queria que me oonfundieran con todos esos nazis que despues de la guerra se golpeaban el pecho invocando su espureo anti nazimo’ . Sospecho que pasa a los intelectuales lo que a muchos que incurren en lo que hoy se denomina ‘disonancia cognitiva’, la mente se compartimentaliza para profesar dos ideas incongruentes sin hacerse cuenta de esa incongruencia , en parte por que cada idea le ofrece goces o satisfacciones animicas que no quiere renunciar y entonces el inconsciente obra para que pueda disfrutar de ambas sin intima incomodidad. A los intelectuales a veces los hechiza la magnificencia del Poderio absoluto encarnado en una idea , causa o personaje que se pretende soberbiamente mesianica y encarnizadamente pugnaz.

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