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Joselo, el cómico sintomático; por Willy Mckey

Por Willy McKey | 7 de Enero, 2013
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joselo texto

“Yo lo conocí, Horacio. Un hombre de infinita
gracia y gran fantasía. Me llevó a cuestas un
millar de veces, y ahora aparece horrible en mi
imaginación” Hamlet

“Es que la gente critica por criticar” Joselo

0. Los amnésicos no se ríen sino del otro. Este extravío idiosincrático que ahora somos nos ha atornillado al presente, dejándonos incapacitados para la memoria. La amnesia es un truco del poder en estos tiempos. Y si algunos pretenden olvidarse de sí mismos, sólo podemos ayudar recordándolos.

Joselo fue una de las figuras más influyentes del espectáculo nacional. Esto le valió tanto para ser identificado con factores de poder, para ejercer una crítica política y social rampante o para levantar una leyenda urbana que aseguraba que era uno de los poquísimos venezolanos con cuenta abierta en el Estudio 54. El mismo que cada navidad era retransmitido como un enamorado ratón en el moralizante “El Ratón Pérez y la Cucarachita Martínez” y tenía los LP más esperados con gaitas de doble sentido y crítica social que llenaban la radio nacional.

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Fundador de su propio arquetipo y de su propia caricatura, Joselo fue más que un comediante del prime-time: pudo ser un famoso con todas las de la ley, el discípulo aventajado de esa Radio Rochela que lo formó, la estrella eclipsada por sí mismo y un capricho de la cultura popular. Todo en la misma biografía.

1. Humor arquetipado. La tradición del humor televisivo venezolano está basada en el arquetipo. Es eso que llamamos “los personajes” y resumen muchas características para armar una farsa risible, capaz de mover a la evasión o a la reflexión según se quiera. Y según se pueda.

Esos arquetipos funcionan si son reconocidos por el espectador. Así que cuando acontece la risa, como las cortes delante de los bufones, es porque nos estamos riendo de nosotros mismos. Por eso, cuando el humor funciona, se inmortaliza en la acera opuesta al poder, así las biografías insistan en ponerse en el terreno contrario. Es inevitable.

Joselo fue una fábrica de arquetipos delirantes, a veces cercanos al absurdo y siempre con frases de rápida pegada en el público masivo de la TV. Incluso, trascendiendo al referente mismo, hay frases que sobreviven a la ausencia de José Díaz como personaje mediático, instalándose en el habla coloquial, como “Billete mata galán”, “Critican por criticar” o “Señores: Canuto está mal”.

La viveza criolla y el talento inesperado resumidos en los excesos de El recogidito. La ocasión para la crítica descarnada y el repaso por las noticias más incómodas en el kiosco de los argentinos, junto a Norah Suárez. La inocencia convertida en farsa y la puesta en evidencia de la torpeza de los adultos en Joselito. La absurda idealización del espectáculo en El Chamo de Otoño. La nostalgia convertida en evasión de la realidad por El Pavo Lucas. Nuestra interminable capacidad para preferir el azar que trabajar por las certezas en El Brujo. Joselo y su humor arquetipado podría ser visto, cuando sepamos guardar distancias, como una tesis feroz de lo que nunca vimos, de las consecuencias que insistimos en ver como causas para quitarnos la culpa.

Cuando se equivoca el bufón en un mal chiste, el bufón va a la picota. Pero si la corte no entiende los chistes acertados del mismo bufón, es la picota la que tarde o temprano se mete en la corte. O se transforma en la corte misma.

2. Don’t worry. Be happy. Uno de los arquetipos creados por Joselo que recuerdo con mayor fidelidad es el de El Mendigo, a veces acompañado por Napoleón Deffit y Manolo “Semillita” Malpica. En un país donde aún no era visible el fenómeno sociológico de los recogelatas –que luego trabajaron con tanto tino Emilio Lovera y Norah Suárez, en Perolito y Escarlata–, el harapiento mendigo interpretado por Joselo tenía un talento musical y una picardía económica que permitía el delirio, eso siniestro que despierta la risa desde la pobreza más extrema, siempre a cambio de una “colaboración obligada”.

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La comedia no advierte con la piedad de la literatura o el cine: el humor grita. Con la eficacia de lo imperecedero, la manera en la que este personaje veía asuntos como la escasez, la inflación y las promesas gobierneras mantienen una triste vigencia. Tanta como la pasividad con la cual reacciona el común ante las situaciones económicamente comprometidas, lo que le permitió al mendigo de Joselo apropiarse de aquella máxima pop: “Don’t worry. Be happy”.

3. Licenciados, profesores y doctores: risibles todos. Uno de los más exitosos entremeses televisivos de Joselo fue “El Funcionario”, que luego migrara hacia “El cuadrito”. Un burócrata era advertido por su secretaria sobre la visita que recibiría en su despacho, con el fin de que aprovechara los segundos disponibles para voltear un cuadro que tenía en cada cara un retrato a conveniencia –Rómulo Betancourt para los adecos y Rafael Caldera para recibir a los copeyanos, por ejemplo–, a la vez que escondía y exponía banderitas, afiches y quincallería partidista.

La sola situación, sin el remate natural de los chistes, era hilarante y feroz. Lo que hacía que las amas de casa, el hombre trabajador y la familia común venezolana se riera de estas situaciones no era sólo el desnudo del poderoso, del acomodaticio, del que se sacrificaba a sí mismo a cambio de fortuna obtenida a partir de jaladas de bola de factura nacional, sino lo irremediablemente real del asunto. La afiliación política fingida señalada por un aventajado bufón. Señalada. El humor no necesita más. Su trabajo es sintomático y de catarsis colectiva: la risa señalando algún camino en mitad del extravío.

Eso también fue el Doctor Pensamos, un personaje que logró subrayar cómo la posibilidad del buen gobierno en nuestro país esconde un chiste antes que una verdad. Era el chiste del remate. Luego de un discurso éticamente correcto, bien pensado y lógico basado en la primera persona del plural del verbo pensar [frases como “Pensamos que invertir en la educación es lo que nos asegurará un futuro promisorio”, o “Pensamos que es importante controlar la inflación para que las personas puedan ahorrar”, todas dichas en un tono rimbombante y propio de una rueda de prensa], algún periodista se le acercaba a preguntarle cuándo tomarían esas acciones. Y ahí el remate, la frase que revelaba la verdad: “Dije que pensamos… pero no lo vamos a hacer”. Usar el sentido del humor para denunciar lo lejos que han estado nuestros líderes del sentido común. El lugar común de reír para no llorar, pero reírnos al menos de la aún perseguida (y fingida) búsqueda de la eficiencia.

El Licenciado Esparragoza, aquel respetable caballero que se transformaba en un miserable al emborracharse apenas permitía que sus labios tocaran el licor, luego de insistir en que no quería beber, fue una fórmula exitosa. Tal como sucedía con otro personaje, Madame Cosmetic, la mampara de la alta sociedad se caía siempre a favor de la inadmisible franqueza.

Pero quizás el más recordado, a tanto tiempo de ser televisado, sea el Doctor Chimbín. Era el leguleyo de medio pelo, capaz de sorprender a sus colegas al poner en evidencia los vericuetos con los que muchos son capaces de sortear los caminos de la Ley y el peligro que representa en nuestro Caribe la falta de viveza. “Con la frente en alto, pero el maletín vacío”, la honestidad ya había sido etiquetada claramente como el método seguro para la pobreza.

El humor también evoluciona y la tradición arquetipal de nuestro humor es heredable, como todas las tradiciones. Creo que estos personajes de Joselo han tenido su evolución en el contemporáneo “Carrillo, Súper Héroe Criollo”, interpretado por Alejandro Noguera. Lo señalo porque es posible que hoy nos sigamos riendo a medias del humor que se está haciendo. La otra mitad del chiste radica en tomárselo en serio.

4. Cuando el reconcomio tira del mantel. El director Alfredo Lugo eligió a Joselo como protagonista de El reconcomio. No es una gran película, pero sí es una pieza importante para comprender la historia de la comedia nacional. El protagonista es un anti-Joselo de la clase trabajadora, que fabula con un ascenso y una vida retratada en la publicidad masiva. La gran estrella de la TV versus el universo de la publicidad y Martínez, su personaje, convertido en la víctima del reconcomio como una fuerza movilizadora y degradante a la vez.

Junto al también fallecido Napoleón Deffit, Joselo tuvo en uno de sus programas un divertimento en el cual ambos actores estaban en alguna reunión, casi siempre muy elegante, y todos a coro le pedían a Joselo “¡Que tire del mantel! ¡Que tire del mantel!”. El gag es harto conocido: el cómico toma dos esquinas de un mantel que tiene encima candelabros, copas, cubertería… y de un golpe seco retira la tela recibiendo el aplauso de los presentes y la envidia del otro actor, que nunca logra repetir el truco. No lo logra porque se niega a aprender, se niega a escuchar al que sabe hacerlo, menospreciándolo. Es de nuevo el reconcomio, que no es otra cosa que la impaciencia mezclada con el deseo por lo ajeno, convocando al desastre. Se comprende mejor al saber que el personaje de Deffit siempre fungía como jefe o superior del de Joselo.

El humor, nunca está de más aclararlo, sólo es eficaz cuando punza al poderoso. Ese lugar de enunciación es lo que diferencia un buen chiste de una broma pesada. Y el humor ejercido desde el poder no suele tener un producto más fino que ése: la broma pesada. Joselo se pronunció políticamente más de una vez y por más de un partido. Además, también fue el primero en dejar que el humor venezolano del prime-time abandonara la crítica y reposara su cabeza cansada en los senos enormes o las caderas de una vedette, dependiendo del talento del momento.

¿Pero importa lo que pase con el bufón después del chiste? Según el son, la risa se inmortaliza en las calaveras. Quizás debamos preguntarnos si hicimos lo que debíamos con los aciertos del saltimbanqui, al menos antes del chiste malo que hizo que muchos le desprendieran la sonrisa del cuello.

5. A MODO DE CODA SHAKESPERIANA. Hamlet, un sábado por la mañana. El 2.0 a veces hace que las noticias lleguen demasiado rápido a nuestras respuestas. Puede que usted nunca haya leído o visto Hamlet, pero sabe que al príncipe le da por hablar con fantasmas y calaveras.

Tras conocer la muerte de Joselo, leí muchos comentarios que me hicieron recordar al Primer Bufón de la escena en la que desentierran al payaso de la infancia de Hamlet. No es una línea simpática: “¡Que la pestilencia se lleve a ese loco sinvergüenza! Una vez me tiró un jarro de vino del Rin en la cabeza. Esta misma calavera, señor, fue la calavera de Yorick, bufón del rey”.

Luego me vino la única línea de Hamlet que pude aprenderme de memoria cuando intenté, infructuosamente, estudiar teatro: “¡A qué usos tan viles regresamos, Horacio! ¿Por qué la imaginación no puede rastrear las nobles cenizas de Alejandro, hasta encontrarlo haciendo las veces de un tapón de barril?”. Y todo mi 2.0 convirtió en Horacio: “Sería considerar las cosas de un modo muy extraño considerarlas así”. Y no les faltaba razón, pero a veces es bueno extrañarse.

Yorick muerto, apestando.

Dinamarca viendo juramentaciones de fantasmas en la TV.

Hubo algo podrido en nuestra memoria ese sábado tan Hamlet por la mañana.

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Willy McKey  Poeta, escritor y editor. Puedes leer más textos de Willy McKey en Prodavinci aquí y seguirlo en twitter en @willymckey y visitar su web personal.

Comentarios (11)

Salvador Fleján
7 de Enero, 2013

Joselo tenía frases geniales que se han perdido en el olvido pero de las que me acuerdo insistentemente: “¿Y el perraje? Pal autobús”, “Eh, uh”, “Eldá, e no eldá”, por citar algunas clásicas. También personajes que caracterizaba junto a sus entrañables Napo Defitt o Víctor Rentroya, como “Los concañeros” o el inolvidable “Jaleti”. Otros personajes “menores” pero grabados con fuego en mi corazón: era la pareja de viejitos que mojaba a la gente en Carnaval (era un sketch de temporada)o cuando se puso de moda Pedro Navaja, Joselo y su gran libretista Menéndez Bardón le sacaron el jugo a al personaje con varios sketchs. Joselo fue un grande y para mí una gran influencia.

Jeanette León
8 de Enero, 2013

“Caracha negro”, excelente artículo Willy. Mis mejores risas se las debo a Joselo

Nixon Piñango
8 de Enero, 2013

Nunca me gustaron esas gaitas de Joselo, a veces caía en el vicio de burlarse, para mí muy indebidamente, de algunos personajes y de algunos estereotipos de personas. Recuerdo una gaita para mí muy aberrante burlándose de los gays: “La gaita de las locas”. No sé, me parece que es de ese tipo de humor poco inteligente, por eso nunca me gustó Radio Rochela, ni ninguno de esos programas.

María del Rosario
9 de Enero, 2013

La muerte en su versión más seria nos alcanza. Desde su visita a Joselo muchas cosas he recordado. Era otra Venezuela la de ese Primer Joselo, era otra la televisión donde las redes eran totalmente incipientes, inesperadas, pero sí muy buscadas. Era la primera etapa de la televisión donde las casas recibían ese aparato que cambió la vida de todos. Joselo encarnaba en esa Primera fase el cómico genuino que hacía en un tiempo junto a los libretos de Graterolacho unos chistes, desde los cuales cualquiera por muy pintado se reía. Hacía honor al chiste extraído a los sucesos políticos y es que una de las vetas, esencia pura de la comicidad es roer en lo interno del poder. Del otro tiempo sólo tengo un silencio que me marca el respeto. Sin embargo, su artículo me hizo recordar esa televisión en la cual había horario para el programa que te agradaba y día! era una cita semanal cordada entre todos para esperar las locuras y las ocurrencias de Joselo. El mendigo es mi clásico de Joselo, luego vinieron otros personajes, pero confieso que en mi caso, ya no le seguía. No obstante, lo tenía de referente por mis familiares, amigos vecinos. Es decir, era un referente venezolano citado semanalmente. Me gusta su artículo porque hace un estudio serio de lo que es el humor y le rinde honor a quien honor se merece. Punto necesario era la famosa Gaita de las locas. Confieso que en lo personal a mi Padre no le gustaba, pero de tanta penetración en las vidas de los venezolanos se oía en cualquier sitio y se hizo una costumbre esperarla en noviembre- diciembre. Junto a esa gaita las otras de chistes y ocurrencias donde siempre la chispa del venezolano salía a flote. Joselo también formó parte en esa inmediatez mediática de aquellos instantes familiares donde nos reuníamos en torno al televisor a reírnos -ejercicio en los últimos tiempos perdido_. Gracias por referirlo y Gracias a ese Primer Joselo que recreó la niñez de muchos de nosotros con su chispa, esa mirada que decía tanto y esa sonrisa estilo Monalisa que expresaba tanto.

Willy McKey
9 de Enero, 2013

Muchísimas gracias por sus lecturas y comentarios. Prestemos atención juntos a lo que el humor nos anda gritando.

Nicolás Baselice W.
12 de Enero, 2013

Joselo en la cima nos regaló un mendigo genial. Un personaje que evidenciaba un excelente trabajo de observación por parte del actor para interpretarlo. Era genuino cuando hablaba consigo mismo y rezongaba entre dientes. De la misma manera nos demostró en sus apariciones escasas desde su retiro, que el humor desde el poder, sólo es burla. Gracias Joselo. PS. Por ciert que la expresión “ponte mosca” fue una de sus frases que aún hoy se escucha cotidianamente.

Rocío
14 de Enero, 2013

Para mi si fue un Icono del humor en su momento. Analizar si la influencia fue positiva o negativa es innecesario en este momento. Y también un ser humano y ciudadano venezolano como cualquierea de nosotros con color y posicion politica conocida. Pero si debo decir que a mi, él jamas me gustó… era cuestion de empatía. Y en los ultimos años obviamente por oficialista

José Gregorio
15 de Enero, 2013

Willy McKey, muchas gracias por este ensayo tan serio referente a Joselo, ese gran cómico que supo sacarnos una carcajada con su ingenio y bien logrados personajes. Como dice María del Rosario en su comentario, él perteneció a esa época donde la familia se sentaba en torno al televisor para disfrutar del programa favorito, entre ellos, “El Show de Joselo”. Yo recuerdo bien, aunque no entendía el significado de la representación por ser un niño, el personaje de los presos que junto al Toco Gómez nos hacía reir bastante, cuando Joselo fisgoneaba tirando de la pretina del pantalón de listas negras del Toco y luego miraba a la cámara y sacaba la lengua.

Independientemente de sus inclinaciones políticas, recordando que, era un ser humano con aciertos y desaciertos, quien merece respeto por ser un venezolano más, ícono de nuestra comicidad, siempre lo recordaré como lo que fue el Gran Cómico que me hizo reir con su capacidad histriónica y frases hechas acertadas, aunque para el momento no entendía sus mensajes y sus trasfondos.

¡José Díaz, descansa en Paz! Joselo, siempre vivirás en nuestros corazones por hacernos reir a carcajada batiente.

Jose Moreno Molina
16 de Enero, 2013

Creo que el poder hacer reir a los demas es un Don muy especial. Agradezco a Joselo, los muchos momentos de risas que nos regalo. Que su alma descance en Paz.

Sandra Suarez
23 de Enero, 2013

Que gusto descubrir esta publicacion,que honorables comentarios,que Venezolanidad tan inesperada. Narro mi historia: llegue desde Colombia a la frontera tachirence en 1984,lo 1ero q descubri las arepas rellenas con jamon,si,aunque uds no lo crean posible en mi region no las conociamos en aquel entonces,2do las gaitas de las locas me divertian tanto que con mis escasos 8anos crei era la musica del folclor venezolano porque era diciembre y no se oia nada mas en la radio,convencida estaba que toda mi vida escucharia estos chistes y no pararia de ver a todos reir en las calles,3ro llego la senal de RCTV y mi abuela enemiga de la television y sus influencias cayo rendida al Show de Joselo cada martes si mal no me acuerdo.Lejos puedo imaginar que sus frases tan presentes en mi vocabulario casi 30 anos despues surgieron de su ingenio y que afortunada que conoci a los talentosos hermanos Diaz porque Simon y Joselo son grandes referencias del amor por Venezuela que ha crecido en mi.

Luis Ángel
12 de Marzo, 2013

Todo un gusto, Willy. Gracias.

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