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Artes

Los best sellers malditos, por Antonio Ortuño

Por Antonio Ortuño | 6 de Enero, 2013
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bestseller textoMe gustan las historias de romanos y las de caballeros armados. Lo que no me gusta son los best sellers. Y ya sea por culpa de la alineación de planetas o la ineptitud de nuestros libreros más comerciales, las únicas obras visibles de tales materias en nuestras principales librerías han sido escritas por sujetos llamados Valerio Valierini o Hortsvadt Mikaininentag, llevan títulos como Las legiones malditas de César, Las malditas legiones de César o, por qué no, Las cesáreas malditas del legionario y son best sellers clavados.

En la portada de tales volúmenes aparece un centurión rubio y con claveles en el casco, como imaginado por el sujeto que le compone las canciones a Enrique Iglesias. En la contraportada, el Heraldo de Winchester o la inapelable revista Libros y librazos nos aseguran que la novela que tenemos entre manos es “¡Apasionante!” y “¡Más romana que la pizza!”. Se nos informa también, en la nota del editor, que el libro aborda las aventuras y desventuras de la familia Pepitorius, compuesta por un senador, un cónsul, tres matronas, una heredera bella y romántica, cinco perros, un gladiador, varios esclavos nubios y un secreto. El secreto, desde luego, es que el libro es horroroso y el senador, los esclavos, la heredera y hasta los perros se comportan como personajes de la serie pseudomédica de televisión Grey’s Anatomy. Es decir, se acuestan unos con los otros (y de vuelta con los unos) y sufren mucho en busca del querer.

También hay historias artúricas de esa calaña. Se llaman El dragón y la doncella, La doncella del dragón o El caballero con yelmo de dragón y una vecina doncella y el Heraldo de Winchester no duda en describirlas como “¡Apasionantes!”. En ellas, en todas ellas, conocemos al joven Ictus, humilde campesino con ganas de ser paladín y más ganas de dormir entre los brazos de la bella Ylswerewara, noble heredera del rumbo. A todo esto, el dragón no es el bicho con aspecto de iguana que hubiéramos querido sino el apodo del conde Ylswerewaro, guerrero bruto y esforzado que, pese a deslomar a latigazos a Ictus, tiene un corazón de oro. Con el que no contábamos era con el envidioso de Wilsbaberto, noble arruinado y servil que no dudará en recurrir a las peores mañas para hacerse con los encantos de Ylswerewara.

¿Por qué medran estas bazofias, aplaudidas en medios risibles por reseñistas pagados e indignos de la menor confianza? Sencillamente porque la industria editorial está más interesada en hacernos comulgar con las ruedas de molino de una ralea infinita de best sellers que en ofrecernos textos arriesgados. Y porque nuestra abulia como lectores nos lleva a aceptar historias manidas que nos distraen y nos tranquilizan a la vez. Total, la revista Libros y Librazos ya declaró que las andanzas del buen Ictus son “Más britanas que el ceviche”. Qué más podemos pedir.

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Texto publicado en El Informador

Antonio Ortuño Narrador y periodista mexicano. Entre sus obras más resaltantes están "El buscador de cabezas (2006) y "Recursos Humanos" (finalista Premio Herralde de Novela, 2007). Es colaborador frecuente de la publicación Letras Libres y del diario El Informador. Puedes seguirlo en Twitter en @AntonioOrtugno

Comentarios (6)

Daniel
6 de Enero, 2013

“como imaginado por el sujeto que le compone las canciones a Enrique Iglesias”. hay más ingenio en esta frase que en todos los best seller publicados en el 2012.

David
6 de Enero, 2013

Coincido totalmente. Lo más ingenioso es la frase que hace referencia a la Enrique Iglesias. Siempre he sido reticente a comprar best sellers, prefiero la opinión de amigos que la recomendación de reseñistas vendidos. Aunque a veces uno no puede evitar arriesgarse.

Julio Bolivar-Jaurregui
7 de Enero, 2013

Hay libros para todos los lectores posibles. Lectores que no buscan brillo ni frases que los iluminen, solo libros que los entretengan.Lo demás es “pedir peras al olmo” y la intolerancia.

Melina
8 de Enero, 2013

Hey!!! me encanta Enrique Iglesias!!! jaja pero si, muy ingeniosa la frase!! jaja!

Oswaldo Aiffil
8 de Enero, 2013

La verdad es que en la librería, frente a los libros, la última palabra es la del comprador.

Nixon Piñango
8 de Enero, 2013

No creo que deba seguirse usando el término “best seller” para designar libros que no nos gustan por ser fáciles y con historias estúpidas. Si me dijeran que La Trilogía Millenium de Larsson o El Legendarium de Tolkien son libros malos por ser best sellers (es decir, por venderse mucho) diría con, rotundidad, que es una afirmación errada. Que Crepúsculo no sirva, no significa que Harry Potter tampoco sirva. Y además, hay libros muy malos que no han vendido ni mil ejemplares. Repito, creo que debemos darle al término “best seller” su significado real. Un ejemplo: en estos días compre un libro de Vargas Llosa, Conversación en la Catedral, y la edición tenía el sello “best seller”. ¿Cómo interpreto eso? Nada, con su significado real, es un best seller, se vende mucho, y es una novela extraordinaria. No le creo a las reseñas, a veces el libro termina siendo lo contrario a lo que dicen. Me arriesgo a comprarlos y si es malo es malo o si no me gusta no me gusta. Pasa lo mismo con los premios, que tenga un premio no significa que sea bueno, a veces son las peores novelas del autor las que ganan los premios, así como Lituma en Los Andes de Vargas Llosa (Premio Planeta) o Blanco Nocturno de Piglia (Premio Rómulo Gallegos). Las cosas por su nombre, por favor.

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