Artes

Razones para escribir, por Patricio Pron

Por Patricio Pron | 5 de Enero, 2013

larkin pron

En su irregular Flores en las grietas. Autobiografia y literatura, publicado recientemente por Anagrama, Richard Ford recuerda unas palabras de Philip Larkin, que alguna vez escribió que “una de las razones para escribir es que todos los libros que existen son de alguna manera insatisfactorios”. No es una observación inocente (propongo leerla dos veces para captar la totalidad de su significado), y, como sucede en ocasiones, es correcta al tiempo que singularmente errónea; en este último caso, por supuesto, porque es evidente que ciertos libros (y cada lector puede pensar aquí en los que prefiera) sí son completamente satisfactorios y están en condiciones de convencer incluso al mas escéptico de sus lectores de que la literatura puede consolar a los que sufren, fortalecer a los que flaquean, ver mas allá a los que no pueden hacerlo.

Claro que la frase de Larkin también es acertada, y esto en la medida en que da cuenta de un cierto tipo de experiencia que está en el origen de la vocación de algunos de nosotros. Esa experiencia, que todos hemos tenido en un momento u otro, generalmente al comienzo de nuestra vida como escritores, es la de que los libros que leíamos podrían haber sido escritos mejor si los hubiésemos escrito nosotros. Mera pretensión juvenil, por supuesto, pero una pretensión de cierta forma necesaria para permitir el desarrollo de una vocación incipiente como la nuestra sin que esta se viese paralizada por la magnitud y la belleza de textos que (en realidad) no podían ser mejorados: Viaje al fondo de la noche, Ulises, Trampa 22, La metamorfosis, Tristram Shandy y tantos otros. Con el tiempo aprendimos que textos como esos eran monumentos de un pasado y que no podían ser juzgados en términos de la satisfacción o la insatisfacción que nos provocaran sino como el testimonio de unas circunstancias que, por su propia naturaleza, eran irrepetibles. También comprendimos que era imposible escribirlos mejor y que fingir que no existían era una pérdida considerable, así como que los textos que escribíamos podían potencialmente corregir nuestras carencias como lectores (la verdadera razón de que esos libros nos parecieran deficientes), hacernos mejores a nosotros y, con nosotros, mejorar los libros que leíamos.

Al leer la frase de Larkin me pregunté si ése era mi caso, pero preferí no arriesgar ninguna respuesta: por entonces, al comenzar a escribir (pero también ahora), tenía una voluntad y una resolución, y eso fue (y es) suficiente para mí. Que tengan ustedes un gran 2013.

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Publicado en El Boomerang

Patricio Pron 

Comentarios (1)

dariela
5 de Enero, 2013

La primera lectura nos abría las ganas de escribir….

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