Actualidad

Políticas de inmortalidad y lenguaje nacional, por Juan Cristóbal Castro

Por Prodavinci | 22 de Diciembre, 2012

El concepto de política está, (…) totalmente consumido
en una guerra de espíritus

F. Nietszche

Paul Valéry hablaba de dos tipos de obras. Estaban, por un lado, las que seguían a su público y, por otro lado, las que lo creaban. Las primeras eran sumisas, condescendientes, demagógicas, pero muy populares: las que produce Paulo Coelho sería un ejemplo. Las segundas, en cambio, eran atrevidas, arriesgadas, poco complacientes, pero a la vez eran las que actualizan la literatura misma, las que revivían el pasado y la tradición literaria con nuevas formas y propuestas: las que ha hecho en este caso el gran y querido Borges.

Lo mismo puede decirse del lenguaje político. Por un lado, están los políticos que hablan de lo mismo y ven al ciudadano como alguien pasivo, acrítico, marginal; y, por otro lado, están los que proponen ideales, arman imaginarios, crean nuevas posibilidades de pensarse y relacionarse, y con ello restituyen el valor de la política, que es el arte de vivir en común.

La MUD ha logrado muchísimas cosas. Hay un camino, hay una unidad, una voluntad democrática y pacífica, y sobre todo un “político” que tiene una visión de país: Ramón Guillermo Aveledo. Pero pareciera que los estragos de la anti-política que es una herencia neoliberal y populista, aunque haya muchos lectores de Mirtha Rivero al acecho que dirán lo contrario, tienen todavía presencia en el discurso político de varios dignos representantes.

No me refiero obviamente a los abstencionistas, que siguen haciendo de las suyas,  ni los histéricos opinadores de oficio. Me refiero, por el contrario, a una concepción de la “política” como algo meramente “técnico”, administrativo, o también “electoral”, sin entender que detrás de eso tiene que haber un lenguaje, una pedagogía, una identidad, que la soporte, la articule y la explique, más allá de las fórmulas de marketing o los intereses de partido.

Ya lo han dicho varios antes. Pensar en política es pensar en una “comunidad imaginada”. Es volver a armar un pacto nacional que rescate el pasado con lecturas más provechosas y creativas, para tener un marco referencial compartido que nos motive a salir a votar contra neveras gratis, o contra el miedo o la presión. Para eso se requiere conocer no sólo las aspiraciones de nuestros electores, sino nuestros imaginarios, tradiciones, formas culturales, y sobre todo nuestros referentes del ayer que bien puedan orientarnos hacia una alternativa viable.

El mundo ha cambiado, el país ha cambiado, pero hablamos con un lenguaje político estéril, seco, demagógico y acartonado, que para adquirir vivacidad imita al del gobierno.

El problema es serio y seguimos arrastrándolo desde hace años. ¿Es que no nos damos cuenta que en el margen de unos años, antes de la llegada de Chávez, cambiamos de ser presidencialistas a ser regionalistas, de imponer reformas económicas, e incluir fórmulas de democracia directa, sin tener imaginarios comunes, vocabularios culturales de pertenencia que vayan más del consabido folklore, o de las referencias al beisbol y otros elementos anecdóticos?

Los seguidores de Negri tienen razón: con la globalización y las políticas neoliberales hubo una crisis de las soberanías; Pierre Rosanvallon, por su parte, habla más bien de una “desnacionalización de la democracia”. Sólo países que tenían vínculos fuertes con su pasado y tradición, pudieron sobrevivir y lograr alzar nuevas formas de legitimidad: Inglaterra y la monarquía, Francia y su legado republicano, o Estados Unidos y su vínculo religioso con la constitución.

Otro países con menos ataduras fracasaron. Por eso Kirchner llegó al poder en Argentina valiéndose del discurso victimario de los desaparecidos; Morales llegó a Bolivia con la reivindicación de los indígenas; y Chávez, usando a Bolívar y a los pobres. El poder soberano para legitimarse en esas condiciones decidió buscar una simbología impoluta, y así pudieron instaurar una nueva autoridad de origen.

¿Piensan las nuevas generaciones instaurar su legitimidad diciendo que van a arreglar mejor una casa, con un gobierno que maneja la caja chica de PDVSA? ¿Piensan los representantes de los viejos partidos que van a llegar a ganar representatividad, creyendo que tienen el monopolio de Betancourt, y en una realidad muy distinta? Yo creo que no, porque ni se lo plantean como tema.

La política se distanció de las ideas, de sus intelectuales, de su cultura. Acción Democrática se sostuvo antes que nada en un imaginario nacional armado por Andrés Eloy Blanco, o Rómulo Gallegos, entre tantos otros, que no nos dicen mucho en un mundo global si no sabemos como actualizarlos. En una carta a Betancourt, Picón Salas le decía que se olvidara del marxismo que es sectario, que lo importante es un relato nacional que uniera a obreros y burgueses por igual. ¿No valdría eso para soliviantar el sectarismo de catorce años?

Recorrer toda Venezuela para ganarse el respeto de muchos fue algo muy bueno. Eso lo hicieron Caldera, Betancourt, Leoni, Luis Herrera, pero además muchos de ellos escribieron, y pensaron la nación en los tiempos que les tocó vivir. ¿Quién piensa en un nuevo contrato imaginario que dignifique la alternabilidad del poder, la autonomía de los poderes, la libertad sin clientelismo, considerando también las nuevas luchas sociales: derechos a la diversidad sexual, a las comunidades marginadas como las indígenas, a formas de participación más justas?

Nuestros “liberales” piensan en la buena fe del pueblo para que despierten solos, hablan de que el mundo está cambiando y es cuestión de esperar para que todos voten por la oposición. Mientras que los socialdemócratas y los demócratas cristianos se callan, sin sabe qué decir, sin discurso novedoso, porque el monopolio de la izquierda es del gobierno, y porque al parecer la libertad está sólo en el mercado.

El célebre Ernest Renan hablaba de una nación como un “plebiscito cotidiano”, constituido por “los sacrificios que se han hecho”, donde el pasado cumple un rol importante. Pues bien, ese contrato o plebiscito cambió en los noventa y nadie fue capaz de rearmarlo, actualizarlo, hacerlo vigente; igual pasó con la democracia. “La democracia es frágil y no es algo ganado -nos advierte Pierre Rosanvallon-, hay que adquirirla, reinventarla siempre, dedicarse a fabricar una historia común que pueda hacer convivir en la igualdad a gente distinta entre sí”. En eso también fallamos. Chávez apareció por eso proponiendo una vía, y secuestró nuestros impulsos de reinvención, pero lo curioso es que todavía no tenemos alternativa. Hablamos su lenguaje.

Obama y Clinton en la convención democrática hablaban de sus padres: Franklin, Washington, Lincoln. Son varios y distintos ideológicamente, algunos de los cuales cometieron errores garrafales incluso en sus gestiones, pero tuvieron el fin común de actualizar el destino nacional. ¿Alguien ha escuchado a nuestros candidatos hablar de Gallegos, de Caldera, o Pinto Salinas, o Rafael Vegas, por mencionar algunos? Qué va: todavía Caldera es el culpable de la venida de Chávez, Gallegos es fastidioso, Pinto Salinas nadie lo conoce, y Vegas insignificante.

Así no llegaremos a ningún lado. No hay alternativa sin un horizonte común, y sin un lenguaje que logre valorar la democracia representativa. El trabajo electoral es sólo uno de los espacios que hay que trabajar. Es verdad: aprendimos finalmente a jugar en ese endeble terreno que nos dejó el gobierno, pero ahora estamos ante una nueva realidad que nos obliga a retomar las calle y el discurso de los valores, ya no desde una mirada superficial, reactiva o maniquea, sino desde un lenguaje concreto y preciso que muestre ganas de luchar.

El pasado se construye y nos da las bases para un verdadero camino. A menudo Obama incluye de manera estratégica a Martin Luther King entre sus “padres”, mostrando que una tradición se arma retrospectivamente. La técnica del Jiu Jitsu con que Boris Muñoz definió el arte del ex candidato Henrique no llegó a tanto: acaso al final se atrevió a criticar el uso del bolivarianismo, pero eso no es nada todavía. Seguimos preso en lo electoral, y la política no es cuestión de elecciones solamente, o de conservar los espacios, sino de pensar una sociedad. Nada fácil.

Una comunidad imaginada espera silenciosa en debates y congresos de ideas que no se hacen, en revistas que no se leen y en programas que no se miran porque no tienen rating. Por eso a los profesores, que a diario pelean en contra de este régimen (los únicos que siguen en pie por cierto), nadie los defiende, ni los protege. Horror en un país de Karlas Osunas.

Entre tanto, seguirán descansando en las sombras del averno Juan Germán Roscio, Lorenzo Fernández, Rómulo Gallegos, quienes dieron sus vidas por tener lo que ya no tenemos: una democracia representativa, marco a partir del cual se deben dar las mejorías de las democracias directas o participativas.

¡Y creer que así íbamos a salir de Chávez! Claro, puede que por suerte ganemos una elección, o dos. No lo dudo. Pero su ideario quedará impoluto, como ha sucedido con Perón en Argentina, a menos que veamos que ser alternativa pasa también por proponer un contrato simbólico, imaginario, que eleve nuestro lenguaje a una visión incluyente, que logre unir valores con necesidades, principios con demandas de ciudadanía y deseos de mejoramiento.

También los muertos hacen política. Lo sabe el gobierno que cita a Cristo, a Bolívar, a Castro. Nosotros, que tenemos muchos más venezolanos en el más allá, no los invocamos, ¡y eso que no son abstencionistas y tienen muchas ganas de participar! Empezarlos a convocar es una manera de ir creando nuestros futuros electores, ciudadanos dignos y críticos, amantes de la justicia y la libertad, y no simples rastacueros, dependientes del clientelismo estatal.

Es cuestión de atreverse. Nada más. Lo decía Valery de la obra literaria: hay unas que buscan complacer al lector, pero hay otras que buscan crearlo. ¿Quién se atreve a hacer lo segundo en la política?

Prodavinci 

Comentarios (11)

Boris Muñoz
22 de Diciembre, 2012

Es muy interesante el argumento elocuentemente sintetizado aquí por Juan Cristóbal Castro. Me alegra encontrar un ensayo con esta mirada y esta propuesta que recoge un planteamiento intelectual y político formulado por diversas voces en muchos momentos distintos. Coincido con que las posibilidades de remontar el poder chavista son muy escasas no se entiende la política nacional como una narrativa que va mucho más allá de la operación técnica y programática de ganar elecciones. A la oposición le ha faltado vuelo y capacidad de representar el sueño de un país diferente. Por eso, es importante aprovechar las coyunturas como la crisis y transformarlas creativamente, desechando los viejos esquemas ya inservibles -las rémoras del bipartidismo y el radicalismo y el sectarismo de una derecha que es incapaz de articularse más allá del neoliberalismo- aunque sea pagando un precio que hoy parece relativamente alto, pero que el futuro será proporcionalmente muy pequeño. Sin esa narrativa que pueda despertar despertar y dar nuevo sentido a la tradición civilista y democrática construida con muchos sacrificios -y también con serios defectos- la oposición no se repondrá de sus últimas derrotas. Desde luego, eso no es todo. La política tampoco es solo discurso. Para hacerla exitosa hacen falta realizaciones.

Pd. La técnica con que definí el estilo de combate de HCR no fue Jiu Jitsu, sino Ai Kido. En todo caso, se refería específicamente a usar la energía del oponente en su propia prejuicio en vez de enfrentarlo directamente. Obviamente eso no es suficiente, pero creo que lo ayudó a llegar a un nada despreciable 45% de los votos.

Antonio Lopez Ortega
22 de Diciembre, 2012

Excelente pieza. De lo mejor que he leído sobre el tema. Me ha interesado sobre todo la estrategia de reapropiación cultural para diseñar respuestas políticas. Lo digo porque históricamente, salvo algunos ejemplos citados (Gallegos, Andrés Eloy), el divorcio entre discurso político y sustrato cultural ha sido permanente. Un ejemplo a la mano: hace unos años un grupo de trabajo al que pertenecí se puso a estudiar las letras de piezas folklóricas venezolanas para descubrir que valores democráticos modernos como participación, sentido de pertenencia o solidaridad estaban muy enraizados en nuestra prehistoria cultural. ¿No es ese un puente entre tradición y Modernidad? Ese es el tipo de ejercicio o enfoque que se requiere para la reinvención política de la que habla el artículo. Me parece que el trabajo es arduo pero, políticamente hablando, la Oposición tiene una legitimidad tremenda para reconstruir o recuperar los discursos culturales olvidados. Lo digo porque el Oficialismo ha jugado a negar todo pasado, a sembrar la desmemoria, cuando lo que nos toca es todo lo contrario: recuperar la memoria, recuperar todo nuestro patrimonio de reflexiones e ideas, como parte de un tronco común que finalmente nos da el sostén para reconcernos como Nación. Este es un momento en el cual nuestros escritores y artistas pueden decir más que los políticos. Carlos Fuentes decía que la Cultura era la fuente genésica en donde los otros discursos de nuestra peculiar Modernidad –llámese político, económico o social– debían abrevar su sed.

Juan Cristóbal Castro
22 de Diciembre, 2012

Cierto Boris: es el Ai Kido. Y es cierto también que fue importante en el discurso de Henrique. Creo que es bueno pensar esa operación o táctica discursiva, porque aunque en el artículo revelo cierto escepticismo, me parece fundamental en el giro de la campaña de Henrique a partir de comienzos de agosto, donde tengo entendido que hubo una presión por parte de la MUD para que cambiara en ciertos aspectos su discurso. Y él lo hizo, y lo hizo muy bien. Por ahí van los tiros… No fue suficiente para ganar, pero hay que seguir, y llevarlo más lejos.

saludos, Juan Cristóbal Castro

Carmen García Vilar
22 de Diciembre, 2012

Excelente reflexión. Ya hacía falta que se les “comentara” a los políticos de oposición que los jingles pegajosos y las caras bonitas no hacen la verdadera patria. Tenemos que ser fundamentales. No es lo mismo, ante la pérdida de las elecciones, responderle al esfuerzo colectivo de la oposición que “los tiempos de Dios son perfectos”… que recordárles que a Gual y España, que a Miranda, que a Bolívar, entre muchos desconocidos patriotas…les costaron muchas batallas y derrotas lograr la independencia. Se debió reconocer a los votantes de la oposición como héroes anónimos en pelea desigual, pero necesarios para seguir intentando otra nueva independencia… Hace falta valor, llamar a las cosas por su nombre… !Avergonzar a los que quieren cambiar la libertad por espejitos/lavadoras chinas! Necesitamos contundencia en el discurso, refrescamiento de la historia, apropiación legítima de la gloria de nuestros libertadores. No hacerlo es cobardía, comodidad, cinismo… o simple ignorancia de lo que fundamentó (y costó) la gesta de nuestra democracia…. y, por supuesto, del país.

Libia Kancev
23 de Diciembre, 2012

¡Qué buen artículo!. Ideas y argumentos como los aquí planteados por el profesor Castro son los que los intelectuales del país deben exponer para iniciar debates y construir discursos y esa “comunidad imaginada” que define a una nación. Efectivamente las realizaciones son muy importantes. Hay que aunar los dos elementos: discurso y realización pero creo que hay que empezar por el primero.

Hernando HERRERA
23 de Diciembre, 2012

Excelente reflexión sobre la necesidad de la cultura en política. Es un lugar comun decir que el venezolano es desmemoriado pero lo cierto es que en toda sociedad como decía André Gide “Todo esta dicho, pero como nadie escucha, es necesario repetirlo sin cesar”. En Venezuela permanentemente se ha glorificado un patriotismo exacerbado con la figura de Bolivar olvidando a otros contemporáneos suyo y quizas mas importante que Bolivar mismo como el civilista José Maria Vargas, Miranda o Sucre, para no extenderme tanto. Nadie ha hablado del antipartidismo solapado en el discurso de Capriles, Lopez y Borges en contra de los viejos partidos y sus lideres que bastante hicieron por la educación, la defensa del petróleo y la descentralización que por haber sido mal digerida ha estado creando caciquitos por todas partes. El clientelismo politico ligado por el solo interés electoralista de mantenerse en el poder sin crear ese imaginario politico tan necesario que describe Juan Cristobal Castro ha llevado a Venezuela al lugar donde se encuentra. Mientras en Venezuela se continúe idolatrando a Bolivar, a Dios y a Jesucristo y poniendo el himno nacional tres veces diarias y antes y después de ese abuso de cadenas creo que el pais no saldrá del foso.

Julio
23 de Diciembre, 2012

Interesante reflexión; al parecer coincidimos con Chávez buscando crear el hombre nuevo; evidentemente con 180 grados ambos destinos!!! Nos está ganando la partida? Entiendo que Para dirigir nuestra nave hacia un mejor destino, siguiendo a Valery o mejor dicho a JCC, necesitamos de políticos y estimo que por ahora solo tenemos buenos Gerentes

Jacinto Fombona
23 de Diciembre, 2012

Juan Cristóbal, ¡bueno leerte! Tu discusión remite a la falta de ciudadanos de la que (a pesar de no ser santo de mi devoción) Úslar hablaba, y que han identificado Ana Teresa Torres, Manuel Caballero y todos los sospechosos de siempre en nuestro quehacer intelectual. Reconozco un esfuerzo de Sísifo en ese intento de labrar una nación a partir del estacionamiento que tenemos, intentando recordar a nuestros héroes civiles. Y la verdad es que uso “nuestros” con toda la precaución debida, pues no me sería extraña la estólida ignorancia de nuestro ciudadano de a pie. Desde el primer liberalismo se intentó crear una comunidad imaginada, el culto a Bolívar tiene mal que bien esa faceta, y muchos de los textos que armaron el culto pueden leerse como la gesta de un grupo, de caudillos al fin, pero de un grupo (pienso en Venezuela heroica, por ejemplo, pero también en la Patria boba de Tosta). Pero volviendo a nuestra brutal modernidad (si no “bruta” modernidad), hablas del imaginario estadounidese, del imaginario de una sociedad donde es cada vez más evidente que el esfuerzo intelectual por examinar el pasado, el pensamiento humanístico si se quiere, es un pensar derrotado por Moloch y sus finanzas. Basta pensar en las reformas curriculares que circulan por las universidades para darse cuenta de la victoria de los MBA’s. Ni siquiera la de los economistas a quienes esta recesión les ha mostrado que de ciencia tienen poco y de retórico mucho. ¿Qué nos queda para el pobre país que nos tocó? tal vez ponerle música de gaita al quevediano “Poderoso caballero”.

Saludos

Daniel Chavez Bello
23 de Diciembre, 2012

Lúcido como siempre y esperanzador el discurso de mi gran amigo Juan Cristobal , el problema para muchos venezolanaos es que no confiamos en los nuevos líderes aún cuando los tenemos por nuestras únicas opciones , muchos nos conocemos , imaginemos que hay millones de venezolanos que han vivido en la oscuridad durante mucho tiempo, por eso han sido fácilmente manejados , el discurso desde mi punto de vista debería ser como dice J.C.C. de unión y educativo , pero un poco más directo y más amigable , creo que así se despertaría más la curiosidad del imaginario y otros creerían en un País sin Chávez , el que muchos queremos

gisela kozak
25 de Diciembre, 2012

Excelente trabajo, lo comparto punto por punto. Quizás el constante reto electoral hace olvidar que el norte de la política es cambiar la vida y que para lograr este fin hace falta esperar incluso décadas.

R. Vivas
26 de Diciembre, 2012

En Venezuela no se puede hacer politica por que manda un regimen que no practica la politica sino como una forma de hacer la guerra . No hay compromisos , ni dialogos ,ni pactos , ni discucion de ideas o programas, solo insultos , por que el regimen se sostiene hegemonicamente y su meta es destruir a sus enemigos a travez de maniobras y tacticas que crecientemente colonizan todos los espacios publicos y sociales excluyendo sistematicamente de ellos a sus opositores . Fukuyama sentencia que para que pueda funcionar una democracia liberal en la que floresca la politica es necesario que exista ‘un balance de fuerzas politicas’ algo que no hay en Venezuela donde el regimen monopoliza el poder y apenas mantiene una fachada, un hilo dental de legalidad para evitarse escandalos . El trabajo ofrecido es excelente pero mas relevante en el largo plazo que en el momento presente y lamentablemente , como decia Keynes ‘en el largo plazo todos estamos muertos’.

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