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El consumo tecnológico se parece a lo criticado, por Luis Carlos Díaz

Por Luis Carlos Díaz | 22 de Diciembre, 2012

Una de las analistas de Wall Street que hay que seguir para entender hacia dónde se mueve el mundo tecnológico en los campos de la inversión, producción y consumo es Mary Meeker. En 1995 la inversionista y socia de firmas de capital de riesgo en Silicon Valley realizó “The Internet Report” y desde entonces ha sido clave en la elaboración de informes sobre el mundo digital. El más reciente, realizado para KPBC y publicado por el Bussines Insider, incluye una presentación de 88 láminas sobre el estado de la web y las tendencias en camino (http://read.bi/YBDBuR).

Entre los elementos mostrados por el estudio, Meeker expone las cifras de conectividad global y evalúa cómo el entorno está próximo a otra explosión. Se trata de la movilidad. Internet sigue creciendo en usuarios, pero muchos llegan por la puerta del teléfono celular.

En este momento se calculan que hay unos 1.142 millones de celulares inteligentes activos en el mundo, eso es el 17% del mercado móvil mundial. En China apenas es el 24% de sus teléfonos, en Brasil el 20%, mientras que en India es el 4% y en Rusia e Indonesia llega al 9%. Eso indica que los próximos millones de usuarios de teléfonos con conectividad vendrán desde esas economías emergentes, y vendrán de forma masiva.

Asimismo, la adopción de teléfonos Android ha sido 6 veces más rápida en su crecimiento que la plataforma iPhone. Por supuesto, hablamos de 5 teléfonos de Apple frente a decenas de teléfonos de diversas marcas que usan el sistema operativo Android. Si las apuestas empresariales dependen de los indicadores de mercado, está claro que el mercado Android será atractivo para futuras inversiones y desarrollos tecnológicos. Todavía quedan 5 mil millones de usuarios de teléfonos sencillos a los cuales convencer.

Al cierre de 2012, uno de cada 3 adultos estadounidenses se ha comprado una tableta o un Kindle para consumir contenidos digitales, pero lo más sorprendente es que el iPad es el producto que más desean la mitad de los niños entre 6 y 12 años para esta navidad. No es gratuito que Apple anunciara que los textos escolares serían adaptados a tabletas (mientras otros países apenas presentan las laptops infantiles como “el futuro”).

En mayo de este año, por ejemplo, los inversores norteamericanos tomaron nota de que en India la navegación desde móviles superó a la navegación desde computadoras en su tráfico total. Se calcula que para junio de 2013 ocurra lo mismo con las cifras globales: la mayor cantidad de conexiones a Internet vendrán de dispositivos móviles.

Mientras tanto, en Estados Unidos la monetización de las aplicaciones para teléfonos más la publicidad móvil ya superó los 19 millardos de dólares anuales, pero para sostener eso necesitas compañías que produzcan y desarrollen en este nuevo espacio.

Se puede acusar que el informe esté adaptado al entorno estadounidense, cuyo mercado de consumidores es distinto, sin embargo no deja de ser importante que esas tendencias en los centro de poder, termina afectando a otros ejes del supuesto mundo pluripolar en el que vivimos.

Los patrones de consumo en muchas ocasiones se globalizan o se replican, y por eso, aunque se vendan en las calles tabletas chinas baratas y consolas de videojuegos piratas para estas navidades, no deja de ser la emulación del “American way of life made in Taiwan”. Así que además de risible en términos políticos, es real en término pragmáticos.

Ni verdes ni coherentes

Muchas de estas cifras, junto a las que presentó hace algunos meses Tendencias Digitales sobre Venezuela, nos hablan también de un modelo de desarrollo tecnológico y social, porque se han venido transformando aceleradamente algunas relaciones tradicionales y maneras de intercambio.

Ni siquiera el modelo discursivamente socialista que manifiesta el gobierno oculta las contradicciones de la práctica para camuflarse como uno más: promueve el consumo de tecnología importada, sus principales representantes mediáticos y políticos no se privan de ostentar artefactos de última generación en cámaras, y en paralelo han empujado la venta de aparatos electrónicos a los que sólo se le suma la pátina del “hecho en socialismo” o “sólo en socialismo es posible”, con peaje Cadivi en el medio. De hecho se promociona la venta de equipos electrónicos a más bajo costo para empleados públicos. Los mismos que se ponen una franela del Ché y acarician los placeres del HD.

Los televisores pantalla plana marca Haier, por ejemplo, no hacen más que enriquecer aún más a una de las principales empresas productoras de electrodomésticos del mundo. Se hacen colas en los mercados subvencionados que mantiene el gobierno para llevar su campaña a otros espacios, pero el trasfondo es que se asocie el consumismo con el bienestar. El bienestar de una patria con empaque nuevo. Somos consumidores, hace años, de la franquicia McChávez, como dice el músico Daniel Esparza. El petróleo compra un nivel de vida. Compra tecnología, pero no conocimiento ni desarrollo.

Este tipo de discusiones se dan en pocos espacios en Venezuela porque terminan apuntando, no a la polarización, sino a focos donde ambos bandos en conflicto salen perdiendo: la ecología y la sostenibilidad.

Los modelos políticos en pugna dentro de nuestras fronteras cifran su discurso en el reparto, inversión y transformación de la renta petrolera, una renta que pueda inflar las aspiraciones de modernidad de un aparato que no es sustentable.

Recientemente, voceros oficiales criticaron la desobediencia de Estados Unidos al protocolo de Kioto sobre el cambio climático; sin embargo, también Venezuela, a menor escala, vive su propia contradicción al seguir extrayendo hidrocarburos contaminantes y al regalarle la gasolina a los venezolanos para que la derrochen en los grandes atascos de sus calles y avenidas. En materia tecnológica, siguen pendientes las plantas recicladoras de aparatos obsoletos y hacer más eficiente el consumo de recursos energéticos.

Por lo tanto, aunque el celular diga “vergatario” o la línea blanca venga con una calcomanía de campaña, el modelo que se está reforzando es el que también se perfila en países con mercados capitalistas. Quizás no a la misma velocidad, quizás con muchos peajes, papeleos y desviación de recursos en el camino, pero el parque tecnológico venezolano tenderá en los próximos años al mismo eje que apuntan otras economías basadas en el consumo.

Aunque el discurso intente ser comunal y promueva la idea nada inocente de revertir algunos patrones, en realidad se sigue importando cerdo para el pernil navideño y se asegura la subvención de bienes de consumo que no son de primera necesidad pero entretienen y anestesian. Si eso no es lo que critican, se parece bastante.

Luis Carlos Díaz Periodista y bloguero

Comentarios (1)

VST
2 de Enero, 2013

A mi tambien me gusta el lanborgini de justin bieber

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