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Actualidad

Las armas y los límites de la vergüenza, por Jon Lee Anderson

Por Jon Lee Anderson | 17 de Diciembre, 2012
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¿Qué se necesita para que una sociedad se disguste con su propio comportamiento y cambie sus actitudes? Uno puede hacer esta pregunta respecto a cuestiones de poder y represión política-y también sobre distintivas patologías nacionales. ¿Cuándo fue que una mayoría de Boers sudafricanos se dieron cuenta de que el apartheid era condenable? ¿Qué hay de los blancos del Sur de los Estados Unidos? ¿Cuándo será que los japoneses obliguen a sus balleneros a parar, dándose cuenta finalmente de que su persistencia ha causado rechazo general y el oprobio internacional? ¿Cuando se darán cuenta los británicos de que la embriaguez en público —una práctica ahora internacionalmente asociado a ellos como nación—es algo de lo cual hay que avergonzarse? ¿Cuándo nosotros, los estadounidenses, nos daremos cuenta de que nuestra sociedad es inaceptablemente violenta, que así es como el resto del mundo nos ve, y que gran parte de esa violencia está asociada con las armas? ¿Será la masacre de la Escuela Primaria Sandy Hook la que nos haga despertar? ¿Dónde está el umbral para que seamos conscientes de nosotros mismos?

Hace unos años, los británicos encontraron su propio umbral —con las armas de fuego— después de un evento no muy diferente a la desgarradora tragedia en Newtown, Connecticut. El 13 de marzo de 1995, en la pequeña localidad escocesa de Dunblane, Thomas Hamilton, un hombre de cuarenta y tres años de edad, entró en una escuela primaria con cuatro pistolas y abrió fuego, matando metódicamente a dieciséis niños y a una profesora adulta, antes de suicidarse. La inaudita masacre de niños llevó, en dos años, a una legislación que impuso la prohibición total de la posesión privada de armas de fuego en el Reino Unido. Hoy en día, nadie en el Reino Unido puede poseer privadamente un arma de fuego o un arma semiautomática. (Hay excepciones para algunas armas históricas y antiguas, y la prohibición no abarca a Irlanda del Norte.) No hubo mucha lucha ni acalorados debates sobre esta legislación. Fue discutida, y aprobada, con un abrumador apoyo público, en respuesta al estado de ánimo nacional de vergüenza y dolor por los asesinatos.

Todavía hay violencia en Gran Bretaña. En los últimos años, ha habido un recrudecimiento inquietante de violencia entre los adolescentes en grandes ciudades británicas. Mucho de esto está relacionado con pandillas, y casi toda esta violencia involucra armas blancas. Los cuchillos no son difíciles de conseguir, pero matan a mucha menos gente que las pistolas. Después de la matanza en el cine de Aurora, Colorado, The Guardian comparó los homicidios con armas de fuego que se producen en EE.UU. con los ocurridos en Inglaterra y Gales en un año: 9.146 frente a cuarenta y uno. Incluso teniendo en cuenta las diferencias por el tamaño de la población, las tasas de homicidios por armas de fuego por cada cien mil habitantes son de 2,97 frente a 0,07.

En China, donde la propiedad privada de armas también está prohibida, pero donde la alienación social se está convirtiendo claramente en un problema serio, ha habido un número preocupante de ataques cometidos recientemente por hombres desquiciados y armados con cuchillo sobre niños en edad escolar. El viernes, de hecho, como Evan Osnos escribe, en un incidente con asombrosas similitudes con la masacre de Newtown, un joven entró en la escuela primaria de la aldea Chenpeng cerca de la ciudad de Xinyang, al sur de Beijing, y atacó a los alumnos con un cuchillo mientras llegaban a la escuela. Veintidós niños resultaron heridos antes de que el agresor, supuestamente un hombre de treinta y cuatro años, fuera sometido y arrestado por la policía, pero no hubo muertes. Si él hubiera estado usando un arma de fuego, lo más probable es que la mayoría de estos niños estuviesen hoy muertos.

Un acalorado debate sobre la nueva legislación de control de armas ha sido provocado por la masacre de Sandy Hook. Pero si los patrones del pasado nos dan alguna tipo de indicación, las probabilidades de que algo vaya a cambiar aún en los Estados Unidos son pocas. ¿Qué se requeriría para hacer entender a la mayoría de los estadounidenses que tienen un problema nacional que debe ser abordado con urgencia? Hemos perdido cuatro presidentes a manos de hombres armados durante la corta historia de nuestra nación, y estuvimos a punto de perder varios más. El año pasado, la prometedora carrera política de la congresista de Arizona Gabrielle Gifford se vio interrumpida por un hombre armado que le disparó en la cabeza, mató a seis personas e hirió a trece más. Gifford pasa ahora sus días en terapia intentando recuperar habilidades básicas como el habla y la vista, gravemente afectadas por las heridas.

Pero los estadounidenses parecen tomar el asesinato de sus líderes políticos con calma. ¿Será que otra masacre escolar de mayor escala sea la que provoque el cambio? Si los números están en una verdadera escala épica —una escala norteamericana— tal vez haya suficiente gente que por fin diga “suficiente.” Si alguien asesinara a un centenar de niños en un solo día con armas de fuego, ¿estaría la mayoría de los estadounidenses de acuerdo con poner restricciones reales sobre las armas? ¿Cuál es nuestro umbral nacional para la vergüenza?

***

Texto original en inglés en The New Yorker

Jon Lee Anderson 

Comentarios (5)

Armando Coll
17 de Diciembre, 2012

Puede resultar inconcebible para muchos, pero antes que poner siquiera en duda o asomar un remoto entredicho a la segunda enmienda, ante una tragedia como ésta y la de Aurora, Colorado, la primera reacción de muchos estadounidenses es ir a comprar armas para estar mejor pertrechados la próxima vez. Así lo cuenta en esta misma página la periodista Leila Macor http://prodavinci.com/2012/07/31/actualidad/el-guason-de-colorado-y-su-aneja-constitucion-por-leila-macor/

Los rebeldes sirios, en otra otra escala de un mismo instinto letal, no desean mediación para lograr la paz, sino antes, más armas, más poder de fuego. Del otro lado, también les contraponen más poder de fuego. Y no faltará quien le encuentre genuina lógica al círculo armamentista que se padece en formas muy varias por todas partes del planeta.

Juan C. Carmona
18 de Diciembre, 2012

Me preocupa profundamente que se hable solo de las armas como causa del problema. Las armas son solo parte del problema, pero hay otros componentes que son mas determinantes en el modo de actuar de estos individuos (drogas,falta de valores familiares, etc.) Las armas son solo el instrumento, si persisten las causas, se buscaran otros instrumentos. Claro está que las armas de fuego aumentan el tamaño de la tragedia, pero la tragedia seguirá allí aún despues del retiro de las armas.

enrique costa
21 de Diciembre, 2012

Muy cierto lo del Sr.Carmona pero insisto ! La EDUCACIÓN es el camino. Mientras no se entienda ésto no habrá solución a la vista.

Javier Pérez
21 de Diciembre, 2012

La locura en cualquira de sus variantes no se resuelve con educación y transmisión de valores. Considerando que no es posible erradicar la locura en la humanidad entonces de lo que se trata, como muy bien lo trata el autor, es restringir la capacidad de causar daño que entrañan las armas en las manos de los orates. Aquí, en esta clase de desmadrados eventos, el Estado debe intervenir en la sociedad para protegerla con leyes y no con armas.

Javier Pérez
21 de Diciembre, 2012

La locura en cualquiera de sus variantes no se resuelve con educación y transmisión de valores. Considerando que no es posible erradicar la locura en la humanidad entonces de lo que se trata, como muy bien lo enfoca el autor, es restringir la capacidad de causar daño que entrañan las armas en las manos de los orates. Aquí, en esta clase de desmadrados eventos, el Estado debe intervenir en la sociedad para protegerla con leyes y no con armas.

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