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Una conversación con Jon Lee Anderson, por Angel Alayón

Reseña de la Conversación Prodavinci realizada el pasado 21 de noviembre en la Sala Eugenio Montejo de la Biblioteca Los Palos Grandes y moderada por Angel Alayón y Albinson Linares.

Por Angel Alayón | 2 de Diciembre, 2012

 

Jon Lee Anderson no es hombre de quejarse, sin embargo, cuando lo busco en su hotel para dirigirnos a la Biblioteca Los Palos Grandes, me dice: “el tráfico en Caracas es peor que en Teherán”. Esa tarde había intentado llegar a la UCV para conversar con un grupo de estudiantes, pero luego de cuarenta minutos en cola y de avanzar pocas cuadras, le pidió al taxi que se devolviera al hotel. De haber mantenido su intento de llegar a la UCV, no habría llegado a tiempo para la Conversación Prodavinci. No tengo argumentos para contradecir su comparación de la congestión en Caracas con la de Teherán. Solo sé que según cálculos del Instituto Metropolitano de Transporte, el caraqueño, en promedio, pasa dos horas diarias en el tráfico: el equivalente de un mes al año. La vida es una sola, pero varias son las formas de perderla. Y Jon Lee Anderson lo sabe.

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A Jon Lee le gusta contar historias. Es su manera de exorcizar la violencia. No es fácil ser testigo de la muerte y menos de forma voluntaria. Pero Anderson pertenece a esa cofradía de hombres y mujeres que se arriesgan para desnudar el poder detrás de los conflictos y darle voz y rostro a los invisibles. Los piratas se reunían en bares a contar, orgullosos y exagerados, las historias de sus cicatrices. Jon Lee nos muestra, a través de sus historias, las heridas de nuestro tiempo y no necesita exagerar para impresionar. Solo contar lo que ha visto.

Comenzamos la conversación con el tema de la polarización. Le pedimos que nos cuente sobre sus señales y consecuencias. Jon Lee Anderson ha aprendido a oler la sangre antes de que sea derramada. “Cuando en la calle se escuchan leyendas urbanas respecto al otro, sabemos que la sociedad ha alcanzado un grado de polarización preocupante. Lo que se dice del otro en forma de  rumor, termina siendo determinante para entender las percepciones de diferentes sectores de la sociedad.” Es la “demonización del otro”, son “los cuentos apócrifos” sobre los que no están contigo, lo que termina fracturando a una sociedad de forma irreconciliable. Lo que se dice tiene consecuencias. Lo que se inventa, y lo que se cree, también.

Su intervención gira hacia nuestro país: “Venezuela es una sociedad muy polarizada. Aquí se dicen cosas muy lapidarias respecto al otro, de lado y lado. Hay posiciones muy encontradas. Lo que preocupa en este tipo de situación es la inexistencia de puentes entre las partes, la inexistencia de interlocutores, gente que comprenda que la polarización es una tendencia con consecuencias negativas”.

Anderson advierte sobre otras señales de peligro que deben atenderse cuando se analiza a una sociedad con potencial de conflicto. “Cuando se llega al grado en que líderes religiosos o políticos hablan de los demás como insectos, ya sabes que puede venir un genocidio. Cada vez que calificas a los otros de insecto, estás diciendo que son exterminables. Cuando comienzas a denigrar de todo un sector de la población, quieres decir que son matables, en caso de que el conflicto llegue a las balas. Por eso es que la polarización es tan peligrosa: te puede llevar a la matadera. Los sectarios llevan, casi siempre, un genocida por dentro.”

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Alguien del público pregunta sobre la técnica para realizar perfiles a gente con poder. El periodista que ha perfilado a hombres como Castro, Ahmadinejad, Pinochet y Chávez, ofrece varios consejos, aunque advierte no ser un teórico. El hombre poderoso intenta transmitir una imagen. Quizás vender una imagen sea más preciso. El periodista no debe quedarse con eso. “Tienes que ver al poderoso interactuando con otras personas. Esa es tu oportunidad de saber quién es y cómo se comporta realmente. Tienes que salirte de la sombra del poder.” Ante esta frase es inevitable pensar que hace poco más de dos mil años, cuando Diógenes le pidió a Alejandro Magno, rey de Macedonia, que se apartara del sol para que lo dejara ver la luz, el filósofo estaba haciendo periodismo del bueno. ¿Acaso el periodismo no es buscar la luz detrás del poder? ¿Iluminar los mecanismos que algunos pretenden se mantengan ocultos?  Me pregunto si en las escuelas de periodismo enseñan sobre Diógenes y los cínicos. Deberían.

Anderson sugiere investigar si las promesas del poderoso han sido cumplidas, investigar los efectos de sus políticas. “Hay que ver cuáles son las consecuencias de la existencia del que ejerce el poder. Tratar de no quedarte en la retórica del poderoso.” Escucho y pienso que el consejo no es útil solo para el periodista que lanzó la interrogante. Un ciudadano crítico debe comprender que las intenciones y el discurso son insuficientes para evaluar la acción de los que ejercen el gobierno. Son las consecuencias del ejercicio del poder sobre cada individuo lo que nos ofrece la medida para realizar una evaluación. Son los resultados y no las intenciones lo que debe contar. El camino al infierno está empedrado de buenos discursos.

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La conversación pasó por temas como la tortura y muerte de unos adolescentes como inicio de la guerra en Siria, sobre las pretensiones nucleares de Irán, sobre Castro y el futuro de Cuba, sobre la dificultad de analizar a los regímenes híbridos y sobre la intencionalmente alta tasa de mortalidad de los periodistas en Rusia -cosas del poder-.  Seis compañeros de Anderson han muerto en acción durante diferentes conflictos en los últimos dos años. Son muchos. Seis de una tribu de treinta que anda persiguiendo historias en los sitios más peligrosos del mundo, donde tantos quisieran no estar, pero no pueden evitarlo. Otros de sus compañeros han perdido sus piernas. La búsqueda de la verdad tiene consecuencias. Jon Lee recuerda a los caídos con dolor. Repasa entre el público alguno de esos episodios finales, definitivos. Pero no se amedrenta, promete seguir haciendo su trabajo.

Los temas de la conversación han sido duros. Temas que a veces estamos tentados a olvidar o que preferimos ignorar, pero justamente de eso se trata el trabajo del periodista, de quitarnos la venda y de intentar que no se olvide ni se ignore el presente, si queremos preservar un futuro de paz, allí donde sea posible. Jon Lee Anderson termina la conversación con una confesión: “No soy pesimista, soy realista. Algunas cosas cambian, para mejor, en algunos lugares, de vez en cuando.” Quizás en esa posibilidad resida su motivación y, en el fondo, nuestro optimismo.

Angel Alayón es economista. Puedes leer más textos de Angel en Prodavinci aquí y seguirlo en twitter en @angelalayon

Comentarios (2)

omar rojas
2 de Diciembre, 2012

Admirable,cuando alguien ha vivido de verdad y es sabio en su quehacer trasmite y enseña,ha sido valiosa para mi este lectura,gracias Prodavinci y srAlayón.Espero que los periodistas y estudiantes que asistieron o lean esto aprendan¡¡¡

GPM
4 de Diciembre, 2012

Cuando alguien nos ve de afuera, no inmerso en el problema, debemos tomar en cuenta su opinión, y, si además tiene la experiencia como el entrevistado, tenemos que hacer los correctivos. Si seguimos no sabes hasta donde podemos llegar…

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