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Segundo desencuentro internacional de narradores, por Ana Teresa Torres

Por Ana Teresa Torres | 12 de noviembre, 2012

Todavía recuerdo un encuentro de literatura venezolana en Eichstätt a principios de 1996. A nadie le hubiera creído si me hubiese vaticinado entonces estos desenlaces. Veo allí, a vuela pluma, a Verónica, a Stefania, a los Rafaeles, probablemente tomándonos una “grappa”; a Beatriz, a Laura, a Milagros, mientras jugábamos a “las cambistas” pagándonos y dándonos el vuelto de marcos a bolívares a dólares. A Denzil perdiendo un autobús que partía en un amanecer helado, a Salvador deslumbrándonos siempre. A los Luises; a Carlos no porque le nacía un hijo por esos días y no pudo viajar. A Ednodio con una bufanda roja. A Yolanda, a Javier, ilusionados con una extensión a Praga. A Cristina que sufrió un accidente precisamente el día antes del regreso. A Eugenio, por supuesto, y a Antonio. José tampoco vino, no recuerdo ahora por qué.

La fractura del país cruzó entre nosotros. Era previsible, probablemente inevitable. Ya en 1999 en un artículo de la extinta Verbigracia yo hablaba de acusaciones que unos escritores hacían a otros. En aquel momento el asunto me parecía fuerte. Hoy  me parece inocente. Y asusta pensar que dentro de un tiempo, a lo mejor breve, lo que ocurre ahora sea trivial. En fin, no éramos ángeles. Nunca nadie pensó que lo fuéramos. No tenemos por qué serlo. Somos venezolanos que a veces escribimos, de vez en cuando publicamos, y estamos aquí, en la fractura. Unos de un lado y otros enfrente. No existe una fractura en la que todos queden del mismo lado del barranco. Una fractura es eso, algo se rompe en partes. Si no fuera así, no sería fractura. Fuera otra cosa. Aceptemos la fractura. Somos la fractura. En fin, no éramos una hermandad. Nunca nadie pensó que lo fuéramos. No teníamos por qué serlo. Nos queríamos más o menos. Nos respetábamos más o menos. Nos denigrábamos más o menos. Los escritores son así en todas partes, no hay nada de extraño en ello.

He escuchado que en estos días nos llamaron al diálogo para limar asperezas. Un diálogo en serio no pasaría de la primera ronda. La fractura nos impediría compartir nuestras percepciones y concepciones. Lo otro, pastorear nubes, parece sencillo, pero tiene coña, como dicen los españoles. Diga usted lo que quiera, que ya en la Agencia Venezolana de Noticias se encargarán de la caricatura. La fractura, por si alguien lo olvida, a los de este lado nos declara de derecha, de fascistas, golpistas, magnicidas. Aunque hemos mejorado. Ahora somos la nada. Y me pregunto yo ¿cómo se puede intercambiar ideas sobre la tradición literaria venezolana o sobre el boom siendo la nada? Un problema metafísico, sin duda. Y otro problema más concreto: ¿en que ferretería venden las limas de limar asperezas? ¿En Minsk?, porque las limas chinas no son tan buenas.

Sostengamos el sufrimiento de la fractura. Luchemos activamente cada quien desde el lado que le toca, con toda la convicción del caso porque es el destino del país, y no hay ninguna duda de que nuestras posiciones son irreconciliables políticamente. Se me olvidaban los “ni ni”. No sé de qué lado de la fractura ponerlos pero estoy segura de que también los atraviesa. Nadie es intocable, y la verdad es que yo prefiero a los tocados. Hagamos de nuestra fractura una herida limpia. Quiero decir, no revolquemos la herida en el barro. Para que no se infecte, esto es.

Ana Teresa Torres es narradora y ensayista venezolana.

Comentarios (10)

gisela.kozak
13 de noviembre, 2012

Tendré que contestar este artículo.

Milagros Mata Gil
13 de noviembre, 2012

Estoy fatigada y triste. Los médicos llaman a esta sensación de abandono “astenia”. Lo cierto es que se trata de algo más profundo, al inevitable momento en que nos sentimos como intelectualmente se nos vulnera y nos dividimos como cortados por una enorme espada. Es cierto lo que plantea Torres. Y es fácil caer en trampas como la que tendieran a Gisela Kosak, una distinguida escritora. Yo misma me sentí tentada de acudir al Encuentro de Narradores de Porlamar, que se hará en homenaje a Carlos Noguera, pero el instinto de conservación ética me hizo negarme al final, con ponencia hecha y todo.

maría alvarez
14 de noviembre, 2012

divide y vencerás…..el emperador de sabaneta jura y perjura que esa oración es suya!!! a los ni ni que alude ana teresa torres, se les llama así pues su infantil (sí, infantil) aptitud no les ha permitido mejorar sus ejercicios de lectura y para gisela k. rovero, por favor, no tarde en contestar..agradecida

Pedro Manuel Arcilas
14 de noviembre, 2012

Se está haciendo una alaraca innecesaria de una discusión importante. El punto que señala Ana Teresa Torres es relevante, y no veo que esté cuestionando a la profesora Kozak, sino más bien a la organización del Congreso y la manera como se participa en él. Me da mucha pena cómo se personaliza y se usa todo esto como un debate de principios, cuando lo importante es entender cómo estamos siendo usados por el gobierno, y cómo podemos intervenir de manera más asertiva. Una vez más gana el gobierno, al pelearnos entre nosotros y no reflexionar con más cuidado sobre estos temas.

Diego Arroyo Gil
14 de noviembre, 2012

Comparto la opinión de Pedro Manuel Arcilas. E invoco para mí el instinto de conservación ética al que se refiere Milagros Mata Gil.

Michelle Roche R.
14 de noviembre, 2012

Creo que esto es lo más lúiciodo que se ha escrito sobre este particular. No creo que esto sea para atacar a nadie ni tampoco veo que se esté cuestionando directamente a Gisela Kozak. Creo que no debemos olvidar qué nos han dicho ni tampoco qué henmos dicho nosotros, pero creo que sí son necesarios estos acercamientos. Los encuentros literarios son eso, encuentros. Nada más, solo que me hubiese gustado que este generara ideas, de cualqeuira de los dos bandos, más que polémicas sobre los actos de unos o de otros.

Libia Kancev
14 de noviembre, 2012

Espero que la polémica que se puede (y debe) generar a partir del texto de Ana T. Torres, pique y se extienda y así, se suelten y vuelen las ideas sobre el Segundo Encuentro Internacional de Narradores que acaba de finalizar en nuestro país. Particularmente supe (no del evento) sino de una conversa que habría en relación al tema del género negro(que me interesa actualmente) y por eso me fui hasta el CELARG a escucharla. Para mi sorpresa se trataba de dicho encuentro. En verdad, me incomodó no haberlo sabido antes. Más temprano que tarde olí que “algo extraño” ocurría. Al revisar la programación me dije “aquí falta gente”. Precisar que uno de los temas se realizaría en la Escuela de Letras de nuestra UCV trajo a mi mente la imagen de dos bandos ubicados en aceras contrarias a punto de “caerse a golpes”. Como lectora, quiero poder ver en un mismo panel, a nuestros escritores y escritoras a los más reconocidos, a los no tanto, a los noveles. También a escritores internacionales. No quiero que las diferencias políticas hagan mella irreparable.

Fernando Pereira
14 de noviembre, 2012

Et pourtant, la vie doit continuer, elle est pleine d’espoir…

Norberto Valbuena
15 de noviembre, 2012

Buenas noches ! No soy escritor, sin embargo, me permito intervenir por lo que me toca como ciudadano de éste país … La Sra. Ana T. Torres ha hecho referencia a esa profunda herida en el tejido social venezolano, lo que ella llama fractura, resultado de la innsensata locura de amor que muchos venezolanos sienten por Chávez … mi opinión se inclina a su favor, es mejor llamar las cosas por su nombre, reconocerlo y trabajar a partir de la aceptación de la división, de la falta …. No puede exisitir reconciliación sino existe el respeto para reconocer el valor del otro, y eso no se logra cuando el chavismo llama al otro lado la nada

Moisés
21 de noviembre, 2012

Oye me iba a releer “El exilio del tiempo” pero ya no puedo porque estoy del lado de la fractura que no es… Me tocará leer Rapsodia, ya que al menos la profesora Gisela, quien esta de aquel lado de la “fractura” me propone lanzarme el libro desde allá…

Realmente lo siento por aquellos que siguen creyendo que su fractura individual es generalizada. Lo siento por aquellos que siguen creyendo que el venezolano de a pie anda fracturado… La verdad es que la inmensa mayoría de los venezolanos se sienta donde sea a decir lo que quiere decir, sea opositor o chavista. La realidad es que más alla de ese grupito que parece caminar con un radar antichavista o antiopositor, la enorme mayoría podemos incluso hasta ser felices en medio de la diatriba.

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