;

Actualidad

La pelota también se la robaron, por Francisco Suniaga

Por Francisco Suniaga | 7 de Noviembre, 2012
3

Afirmar que el tiempo pasado fue mejor es algo de lo que se cuidan quienes se definen a sí mismos como progresistas. En un momento –en la juventud, cuando si no– se entiende que el futuro, aunque incierto, es preferible como referente para una sociedad que la añoranza de la historia. Esa conclusión ha sido una de esas verdades que he compartido y me he empeñado, además, en mantener como una suerte de barrera de protección contra las percepciones casuísticas del presente. El futuro siempre será mejor para todos, me repito como un mantra, como si tratara de persuadirme de ello, aun cuando la realidad del momento que se vive empuja a creer lo contrario y a buscar refugio en la nostalgia.

Lo cierto es que en Venezuela cada vez son menos las ratificaciones empíricas de ese principio; el futuro no se proyecta tan bueno o, peor aun, pareciera que envejeció sin haber ocurrido. La vieja pauta progresista empieza a tener las características de un dogma de fe. Si me preguntaran si estamos mejor ahora que hace veinte o treinta años, mi respuesta inmediata y automática sería que sí –las creencias, se sabe, son muy resistentes a los hechos que las desacreditan–, ¿pero de verdad estamos mejor?

A los venezolanos progresistas no les queda más remedio que –probablemente después de una larga argumentación interior– transarse y aceptar que la verdad absoluta de otrora ya no es tal, que está minada por una creciente relatividad. Que en Venezuela, y el juicio no puede ser más absurdo, da la impresión de que el pasado se ha puesto por delante del presente y hay que ser mentalmente muy disciplinado y estar muy alertas para no confundirlo con el futuro.

Dos situaciones de muy distinta importancia sustentan esta afirmación. La primera tiene que ver con nuestro entorno institucional. Hace veinte años éramos una república con poderes autónomos, tanto lo eran que un presidente fue destituido y encarcelado por una decisión del Poder Judicial. Los partidos eran fuertes, democráticamente perfectibles y, con las dificultades propias de cualquier país, realizaban su trabajo de ser los actores de la política. Las fuerzas armadas eran no deliberantes (como lo demandaba y demanda nuestra historia) y no estaban adscritas a una parcialidad política. El poder legislativo aparte de legislar vigilaba la actividad del gobierno y, la guinda del pastel, las elecciones las organizaba un poder electoral balanceado y  controlado por los actores políticos democráticos, sin exclusiones.

¿Qué pasó con nuestras instituciones? Pues la respuesta más inmediata es que hemos sido despojados de ellas. Un arrebatón en el que todos fuimos actores o cómplices, por acción u omisión, nos puso en la precaria situación actual. Basta dar una vuelta por Caracas para llegar a la conclusión de que algo muy malo nos pasó. Tanta anomia, tanta anarquía, tanto deterioro no es otra cosa que la prueba del descalabro.

La otra situación, de naturaleza lúdica pero en modo alguno banal, es la planteada con el beisbol, nuestro pasatiempo nacional. La pelota de antes no era mejor que la de ahora, eso es claro, pero los fanáticos del juego, los que van al estadio, tienen elementos de juicio suficientes para entender que han sido despojados de parte de su patrimonio.

Para comenzar, desaparecieron los juegos de los domingos a las once de la mañana que hacían de Caracas una ciudad más grata. Aquella sabrosura de ir al estadio justo después del desayuno dominguero y salir del juego con tiempo para que los muchachos hicieran la tarea y los adultos se prepararan para acometer el lunes, pasó a la historia sacrificada por intereses corporativos.

Esos mismos intereses corporativos son determinantes para que en el interior del estadio el público no sea ya el protagonista del espectáculo en la tribuna. En los Caracas-Magallanes, el clásico nacional, el actor hegemónico, el dueño del juego (por mampuesto, porque se trata de un asalariado de los propietarios) es el locutor interno del Universitario. Un energúmeno fastidioso que dispone a su antojo del sistema de sonido y a punta de gritos y música estridente le amarga la vida incluso a los fanáticos del equipo homeclub.

Lo peor, como ocurre en el resto del ámbito nacional, es esa pasividad que nos embarga y facilita el despojo. No se trata de que los asistentes al Universitario protesten violentamente y le caigan a tomatazos a quien tanto molesta (que es lo que provoca), pero por lo menos se podría producir una cartica a la Liga Venezolana de Beisbol Profesional, a ver si nos devuelven el juego.

***

Artículo publicado en El Nacional y en Prodavinci bajo autorización del autor.

Francisco Suniaga 

Comentarios (3)

maría alvarez
8 de Noviembre, 2012

la peor diligencia es la que no se lleva a cabo así que, aparte de que todos tenemos algo, un ápice, de responsabilidad en lo que acontece que es innegable lo expuesto por el señor suniaga, usted a lo mejor conoce al señor ramón guillermo aveledo quien debe de seguro mantener excelsas relaciones con la actual directiva de la LVBP..converse con él o a lo mejor ya ha leído su escrito y se le ocurre realizar una diligencia que verdaderamente valga más la pena..y que nadie se ofenda!!

Renny Calderín
8 de Noviembre, 2012

Me voy a permitir comentar algunos de los puntos tratados en su escrito. En primer término debo concordar con usted, que para el fanático “familiar” dominguero del béisbol es preferible un juego a las 11 de mañana que a alguna otra hora, recuerdo de niño que a esa hora daba oportunidad para disfrutar completamente de ese día. Le puedo decir que los aspectos logísticos actuales harían prácticamente imposible realizar un juego a esa hora, amén de los “intereses” corporativos que prefiere un juego despertino-nocturno con mayor cantidad de adultos y mayor venta de la espumosa (que es un interés legítimo), hay otros factores que no tocaré. En cuanto a la “animación” del locutor interno debo confesarle que estoy 100% de acuerdo con usted, más aún hay locutores internos que INSULTAN a los fanáticos del equipo RIVAL, me tocó vivirlo con el señor (?) del Estado Lara, sin comentarios. Los dirigentes de este espectáculo deben tener presente que sin público sería imposible mantener el mismo por lo que deben mejorar la participación del público y restarle “PROTAGONISMO” al sonido interno; que se convierte, ocasionalmente, en parte del juego e interfieren en el desarrollo del mismo cuestión que no debería ser.

Ignacio Arias Vincentelli
8 de Noviembre, 2012

Teniendo en cuenta además, que, como decía el filósofo de la pelota, “el futuro ya no suele ser como antes”.

Envíenos su comentario

Política de comentarios

Usted es el único responsable del comentario que realice en esta página. No se permitirán comentarios que contengan ofensas, insultos, ataques a terceros, lenguaje inapropiado o con contenido discriminatorio. Tampoco se permitirán comentarios que no estén relacionados con el tema del artículo. La intención de Prodavinci es promover el diálogo constructivo.