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Obama, Obama (bis), por Héctor Abad Faciolince

Por Héctor Abad Faciolince | 5 de Noviembre, 2012
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Así como uno no escoge a la persona que ama con la cabeza, sino con las vísceras, asimismo la primera intuición sobre un político (o sobre cualquier persona) es mucho más visceral que racional. La cara, la sonrisa, la seriedad, el tono de voz, la forma de las manos, la mirada —de inmediato— nos disparan la mente y nos obligan, querámoslo o no, a formarnos una opinión, una primera impresión anterior al pensamiento. Por eso, si bien es infame que muchos norteamericanos no se aguanten a Obama simplemente por el color de su piel, si fuéramos sinceros tendríamos que reconocer que quizás a nosotros nos cae bien por el mismo motivo. La simpatía espontánea que uno siente por Obama tiene el mismo origen que la antipatía intuitiva que sienten por él los derechistas estadounidenses del ala más extrema: nos gusta o les disgusta, en primer lugar, porque es negro. Tengo sobre él un prejuicio a favor, así como ellos tienen un prejuicio en contra, simplemente por su apariencia. Y los prejuicios en contra o a favor son igual de irracionales.

Una vez dicho esto también hay que decir que después del pre-juicio (del que todos somos víctimas), hay que hacer lo posible por justificar nuestra intuición inicial con un posjuicio que nos confirme en la intuición o que nos saque del error. Suponiendo que dos presidentes de Estados Unidos, uno blanco y uno negro, llevaran a cabo políticas idénticas (pongamos por ejemplo que las opciones fueran Obama o Biden), ¿qué motivo racional podría haber para que, en este momento, sea más conveniente que un negro ocupe uno de los cargos más importantes de la Tierra? Propongo una razón: los cambios en las actitudes mentales y culturales de la gente ocurren de un modo imperceptible y gracias a una muda pedagogía no deliberada. Haber elegido a un negro como presidente de la mayor potencia política, económica y militar del planeta, es ejercer una influencia benéfica sobre el resto del mundo, un mundo en el que —en general— los negros han sido casi siempre discriminados para mal. Seguramente esa influencia no modificará la mentalidad y los cerebros ya fraguados (rígidos, inmodificables) de los adultos; pero sí tiene un efecto positivo sobre la maleable mente de los niños y de los jóvenes.

Sin decirles ni una sola palabra, sin echarles un sermón sobre lo conveniente de no ser racistas, los menores entienden que un negro —que en sociedades como las nuestras tienden a estar ocupados en los oficios más humildes y peor pagados— puede ocupar dignamente y con eficiencia la posición más influyente del planeta.

En muchos sentidos Barack Obama nos decepcionó a quienes recibimos con alegría su elección de hace cuatro años: Guantánamo no ha sido desmontada del todo; civiles y niños inocentes han seguido muriendo en supuestos ataques antiterroristas en Oriente Medio; israelíes y palestinos no han avanzado ni un paso en su tragedia; la insensata guerra contra las drogas sigue su curso… Pero al mismo tiempo la sola presencia serena y moderada de Obama, su lucha por salvar una economía que recibió en añicos y algunas reformas justas que ha emprendido con los límites del Congreso, nos hacen pensar que su gobierno ha sido mucho menos malo de lo que podría haber sido uno de John McCain. Y algo más: por intervención directa de Estados Unidos, en estos cuatro años, no se ha emprendido ninguna invasión ni ninguna guerra.

Lo que suceda en Estados Unidos este martes no tiene consecuencias solamente en ese gran país, sino en todos los rincones de la Tierra. No cabe duda de que en manos de Obama el mundo ha estado más seguro y menos crispado que cuando lo gobernó W. Bush, el petrolero de Texas. Obama no habrá sido el presidente que nos esperábamos —brillante, inspirador—, sino una víctima más del pragmatismo y el realismo político. La política suele ser eso: el reino de lo posible. Lo cual no quita que para un segundo período nos esperemos que Obama sea más valiente y arriesgado en la persecución de sus sueños.

Héctor Abad Faciolince 

Comentarios (2)

R. Vivas
5 de Noviembre, 2012

Obama tiene aspecto de negro pero voz y modos de blanco culto , si lo oimos con los ojos cerrados oimos las palabras elocuentes de un inspirado profesor de derecho constitucional que facilmente podemos imaginar como de tez blanca, su madre fue blanca como lo fueron los abuelos con los cuales se crio , el africano padre negrisimo lo abandono siendo todavia un bebe y apenas represento una lejana influencia en su vida . En cierta forma Obama tuvo que abrazar su negritud como un acto existencial obedeciendo el ciego dictado genetico de su anatomia . La escogencia de una zona negra de chicago para lanzar su carrera politica , de una brillante esposa negra oriunda del barrio mas negro de chicago , fueron todos actos deliberados con miras a definirse como un negro americano cuando todo lo mas fundamental de su persona lo alejaba del negro esteriotipico. Esto doto de un atractivo especial a su imagen publica , era como engullir una vianda con sabor a torta pero sin una sola caloria.

GUILLERMO GUZMÁN
6 de Noviembre, 2012

Excelente artículo de Héctor Abad, impecable en todos sus escritos. Y excelente comentario del Sr R. Vivas…. Gracias por ser la excepción y darle contenido a éste portal de noticias que muy a menudo se va por las formas y no los fondos…

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