Artes

La historia detrás de “Love Me Do” de The Beatles, por José Ignacio Hernández

Por José Ignacio Hernández G. | 4 de Noviembre, 2012
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El camino al éxito no siempre es en línea recta. Hay, por el contrario, desvíos, retrasos y paradas, que pueden hacer del trayecto un paseo largo,  y en muchas ocasiones, desolador. Varias historias se han escrito sobre el valor de la perseverancia, y  sobre la importancia de seguir adelante a pesar de todos los obstáculos, día a día, para alcanzar nuestras metas. Dentro de esos relatos, contados y por contarse, la historia de cómo The Beatles lograron grabar su primer sencillo, “Love Me Do”, hace cincuenta años, merece ser recordada.

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Desde finales de la década de los cincuenta, The Beatlestenían el firme propósito de grabar un sencillo que les abriese las puertas al éxito. El fin de la segunda guerra mundial había marcado una nueva etapa de esperanza, en la cual la música representaba, cada vez más, una muestra de rebeldía y, al mismo tiempo, de libertad. Pero habían demasiados grupos de rock interesados en llegar a la misma meta, en especial, en Liverpool. La banda, que luego sería conocida como The Beatles, pasó por numerosos problemas: continuos rechazos para grabar comercialmente algún sencillo, la prematura muerte de uno de sus miembros y la expulsión del grupo de Alemania, pues su guitarrista principal era menor de edad. En una ciudad como Liverpool, en la cual el éxito se alcanzaba trabajando doce o más horas diarias en algún puerto, esos cuatro muchachos estuvieron tentados, en más de una ocasión, a desistir de su sueño.

De esa accidentada manera lograron sobrevivir hasta aquella fría mañana del 1º de enero de 1962. Hacía algún tiempo, un joven e inexperto empresario, Brian Epstein, los había escuchado en la famosa bodega en la que solían tocar, y quedó simplemente prendado de aquel grupo. Lo que en principio parecía una tarea sencilla –lograr un contrato con alguna disquera- se convirtió en una meta inalcanzable. Una y otra vez el grupo era rechazado. Ningún empresario de la industria musical veía nada destacable en esos cuatro muchachos de corte de pelo extraño. Era, simplemente, una banda más de las decenas y decenas de grupos que diariamente trataban de subsistir.

Por ello, fueron a aquella grabación sin mucho entusiasmo, pues estaban acostumbrados al rechazo. De hecho, les extrañaba que la sucursal Decca  en Londres hubiese aceptado hacer aquella grabación en sus estudios, en especial, un primero de enero. Lo que no sabían es que Brian había pagado de su propio bolsillo los costos de la audición, pues fue la única manera que encontró para convencer a la compañía disquera de hacer una audición.

El día anterior se habían acostado muy tarde, festejando el fin del año 1961. No había sido un mal año, después de todo, pero ya estaban un poco cansados de la rutina de tocar todas las noches, por seis, ocho y hasta diez horas, a una audiencia más interesada en emborracharse y pelear que en escuchar su música. Y en especial, a pesar de los intentos de John por animarles, estaban convencidos, en el fondo, que nunca lo lograrían. Que su destino era permanecer en cualquiera de esos locales entreteniendo a una turba inconsciente.

Las cosas no fueron muy bien durante el viaje de Liverpool a Londres. La resaca de la noche anterior hizo que no tuvieran tiempo de planear las canciones que tocarían y mucho menos de ensayarlas. Además de un fuerte dolor de cabeza, John estaba un poco ronco debido a la fiesta en la que había estado la noche anterior. Ese día el frio era intenso, mucho más en el interior de la vieja camioneta en la que hicieron el recorrido. Para colmo, Neil, su buen amigo que hacía de conductor, se perdió durante el viaje, argumentando que la neblina era muy fuerte.

Llegaron tarde en la noche de ese 1º de enero a los estudios de Decca en Londres. Tony Meehan los estaba esperando con una taza de té en la mano y de muy mal humor, pues en vez de estar durmiendo a esa hora debía estar en el frio estudio de grabación. En una silla dormía Mike Smith, el ingeniero de la sesión.  Si bien habían ya estado en estudios de grabación, era la primera vez que John, Paul, George y Pete entraban a un estudio profesional de esa manera.

No es de extrañar que la sesión se desarrollase bastante mal. El cansancio, el largo viaje, los nervios de estar en aquel estudio y los ásperos comentarios de Meehan, hicieron que los muchachos tocaran demasiado rápido, gritando en vez de cantar. Pete, en la batería, estuvo especialmente fuera de ritmo. Brian había propuesto que grabaran piezas conocidas (como “Crying, Waiting, Hoping”), pero los muchachos insistieron en grabar tres canciones de John y Paul. Brian accedió únicamente para convencerles de grabar la versión de “Bésame mucho”, con lo cual no se sentían nada cómodos. Mucho menos Paul, teniendo que cantar en español. Incluso, cuando oímos hoy aquella cinta, cuesta asimilar ese extraño sonido a las melodías que luego harían célebres a The Beatles.

Al final de la audición Brian los felicitó, asegurándoles que esta vez sí tendrían éxito. Los muchachos sabían que Brian exageraba como siempre, pero a pesar de ello le creyeron. Pensaron que al final, después de todo, sí lo lograrían. Se dirigieron muy cansados al Royal Hotel de Londres, un modesto establecimiento accesible a los bolsillos de Brian. Allí festejaron el “éxito de la audición” con ron, scotch y coca-cola, que ya para entonces era la bebida oficial de The Beatles

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Dick Rowe debió escuchar sin mayor interés la cinta de la grabación efectuada pocos días antes, la noche del 1º de enero. La música sonaba lejana y, a decir verdad, algo monótona. A Rowe le parecía que incluso las guitarras estaban desafinadas. Las voces de los músicos –unos muchachos sin mayor experiencia de Liverpool- sonaban gastadas. Mientras sonaba “Searchin”, con un falsetto que retumbaba en los oídos, Rowe ha debido tomar la decisión de rechazar al grupo.

Esa decisión de Rowe, sobre la cual hoy se sigue escribiendo, podía ser entendida. Ni el grupo tenía un especial talento apreciable, ni aquella cinta reflejaba algo memorable. No se trataba, ciertamente, de canciones como las de Jimmy Young, que en su momento le dieron algo de fama a Rowe. Al comunicar su rechazo a Epstein, Dick Rowe pronunciaría una frase que hoy suena poco menos que irónica: “los grupos de guitarra –sostuvo- no tienen futuro”.

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Para Brian Epstein, se trataba de un rechazo más. Sólo que ya sus finanzas no le permitían seguir asumiendo los costos de las sesiones de grabación. Además, temía que de comunicar esta noticia, los muchachos decidirían desistir en el camino que habían emprendido hacía ya años. Todas las disqueras, por otro lado, habían sido contactadas y ninguna tenía interés.

O casi todas. Quedaba todavía una pequeña posibilidad: Parlophone, el pequeño sello que EMI estaba tratando de posicionar, estaba interesado en la contratación de nuevos talentos.  Fue de esa manera que Brian Epstein decidió darse una última oportunidad y un plazo final: si en 24 horas no lograba concertar una audición con Parlophone, renunciaría a su condición de manager de The Beatles, lo que probablemente llevase a la disolución de la banda.

De haber desistido entonces, The Beatles nunca habrían sido lo que fueron, y el mundo tampoco. Pues como dijo Gabriel García Márquez, con The Beatles, el mundo cambió para siempre.

Pero Brian Epstein no se rindió. Creía en aquel grupo y decidió, por ello, hacer lo único que podemos hacer luego de caernos en el camino a nuestra meta: levantarnos y seguir adelante. Así, arregló una cita con George Martin.

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Años después George Martin recordaría su primer encuentro con Brian Epstein. Martin era un conocido productor de música clásica, sin ninguna experiencia en el naciente mundo del rock n’ roll. Pero EMI insistía en la necesidad de grabar un popular disco con artistas jóvenes, y confiaba en el talento de George Martin para sacar adelante ese proyecto.

Cuando escuchó la grabación de Decca, Martin quedó decepcionado. La banda sonaba realmente mal. Por un momento pensó decirle a Brian que no tenía sentido intentar una audición. Sin embargo, decidió darle una oportunidad a ese grupo, al menos, para adquirir experiencia en ese nuevo tipo de música, que no terminaba de entender. Además, la insistencia de Epstein en lograr una audición demostraba la gran confianza que tenía hacia el grupo.

Luego de varios intentos fallidos, cancelaciones y retrasos, el 6 de junio de 1962 The Beatles volvió a un estudio de grabación, esta vez, en los estudios de EMI en el número 3 de Abbey Road, en Londres. Martin no atendió personalmente toda la sesión, lo que Brian consideró un mal presagio. Durante tres horas de aquella noche grabaron algunas versiones y varias composiciones originales de John y Paul, entre ellas, “Love Me Do”, una canción más bien lenta con un riff de harmónica, muy al estilo de The Everly Brothers. Al final, Ron Richards y Norman Smith, quienes estuvieron a cargo de la sesión, y decepcionados por el resultado, destruyeron casi todo el material.

George Martin debió haber escuchado varias veces aquella cinta. El grupo seguía sonando muy mal, en especial la batería, totalmente fuera de ritmo. Pensó que de seguro existirían otras bandas con más talento, además, dispuestas en hacer versiones de clásicos ya conocidos, y no como aquellos chicos empecinados en grabar sus propias canciones. Fue así como, por un instante, George Martín se inclinó por rechazar el grupo. Pero al final decidió darles una oportunidad con aquella canción “Love Me Do”. El tiempo tenía que acelerarse, John y Paul debían armonizar mejor sus voces y, sobre todo, debían salir del baterista, Pete Best, que no llenaba las expectativas de Martin.

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A petición de George Martin, Brian Epstein despidió a Pete Best como baterista, pese a que había formado parte del grupo desde un comienzo. En su lugar contrataron a un popular baterista de Liverpool, llamado Richard Starkey, pero que todos conocían como Ringo Starr.

Ahora con Ringo, The Beatlesvolvieron a ensayar en los estudios de Abbey Road el 4 septiembre de 1962, y regresaron pocos días después, el 11, para grabar el que sería su primer sencillo, “Love Me Do”. Pero esa vez Ringo no pudo tocar la batería, pues Martín quería asegurar un ritmo adecuado para la canción, para lo cual contrató a Andy White, baterista profesional. La grabación fue mucho mejor que las anteriores, y el resultado final satisfizo los altos estándares de Martin.

“Love Me Do”, el primer sencillo de The Beatles, salió a la venta en Inglaterra el 5 de octubre de 1962 alcanzando un modesto puesto 17 en las listas. Luego aparecería en el primer disco de la banda, Please Please Me, de 1963. El grupo veía así coronado el esfuerzo y perseverancia de tantos años. Mal podían imaginar, sin embargo, que con ese sencillo comenzaría una vertiginosa carrera musical que todavía hoy, medio siglo después, sigue en pleno apogeo.

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Quien no ha debido pasarla muy bien con el éxito de The Beatles fue Dick Rowe. De haber contratado a The Beatles en enero de 1962, hubiese sido Decca –y no EMI- el sello destinado a producir un éxito tras otro. Por ello, seguramente Rowe de sintió incómodo cuando en 1963 coincidió con George Harrison en el programa Beat Group. Seguramente Harrison bromeó con Rowe: no en vano era el hombre que un año antes había decidido no contratar con The Beatles. Harrison no dejaría pasar en todo caso la oportunidad para recomendarle a Rowe un grupo de rock inglés, que consideraba muy talentoso. Rowe anotó el extraño nombre de aquel grupo en un papel, decidido a no dejar pasar esta nueva oportunidad, y ofrecerles un contrato, para quizás tener un grupo con el cual competir con The Beatles.

El nombre que Rowe anotó en aquel papel era The Rolling Stones.

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Este relato ha sido narrado por muchos autores. Ninguna narración es tan fidedigna, sin embargo, como la que The Beatles hicieron para el Proyecto Anthology, en la década de los noventa, consistente en un documental, un libro y tres CD dobles. En el primer CD puede escucharse la grabación de Decca de aquel 1º de enero de 1962, y las distintas versiones de Love Me Do. Para Pete Best fue la oportunidad por la que siempre esperó. Se estima que los ingresos de Best derivados de ese Proyecto superaron el millón de libras esterlinas.

José Ignacio Hernández G.  José Ignacio Hernández es abogado venezolano, Doctor en Derecho de la Universidad Complutense de Madrid y Profesor de la UCV y UCAB. Puedes seguirlo en Twitter en @ignandez

Comentarios (5)

Félix López García
4 de Noviembre, 2012

Excelente historia !!, para compartir con los hijo, lo bueno no es fácil. Saludos

María Carnicero
5 de Noviembre, 2012

Debo estar medio loca ya que ultimamente todo lo que leo siempre significa para mí “No te rindas”

Nasly
9 de Noviembre, 2012

José Ignacio! Que bueno verte por aquí, en mi página favorita, y escribiendo de uno de tus “temas bandera”, The Beatles. Me encantó el tono con el que vas desgranando la historia que no por muy contada deja de tener tanto interés. Y como la Sra. María el tono de “no te rindas” penetra cada línea y está subyacente en todo el relato. Muchas gracias y enhorabuena a Prodavinci por tenerte!

Nelson Suniaga
11 de Marzo, 2013

Como muchos fanáticos de los Beatles, conocia la historia, pero a éste nivel de detalle. Por ejemplo, sabía que Decca Records había rechazado a la banda y que luego contraron a los Rolling Stones, como una manera de “sacarse el clavo”, pero no sabía que el mismo George Harrison había recomendado a la banda.

Otro detalle fue el despido de Pete Best, siempre pensé que fué la misma banda la que tomó la decisión, de hecho hay un película para televisión que deja plasmado ese momento. Lennon, apoyado por McCartney y Harrison, le dice muy molesto a Epstein que no quieren a Best por considerarlo “un lastre que no deja que evolucionar al grupo”.

Me extraña que no se mencione el sencillo “My Bonnie”, primer éxito y tema por la cual Epstein descubre a los Beatles, creo que entonces eran conocidos como The Beat Brothers.

Gracias por el artículo, muy entretenido, sobre todo para los beatlemaniacos.

Ofelia
12 de Junio, 2014

¡Excelente reseña! había leído diferentes relatos de las experiencias de The Beatles, siendo admiradora de la banda, pero este está muy completo, producto, seguramente, de una investigación de alto índole. Felicitaciones y éxitos.

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