Artículo de Eduardo Suárez, publicado en El Mundo (España). A continuación un extracto:
Homer Simpson no votará por Barack Obama en las elecciones de noviembre. Así lo han aclarado los creadores de la serie en el vídeo promocional de su enésima temporada, que se empezará a emitir dentro de unos días en Estados Unidos. El sketch dura un minuto y medio y se mofa de los dos candidatos por igual. Pero los guionistas empujan al protagonista a votar por el republicano Mitt Romney. Una decisión que le ofrece la posibilidad de conocer las declaraciones de la renta que lleva meses ocultando y que le relega a trabajar en una fábrica china en un guiño a las inversiones de la firma financiera que fundó el candidato en los años 80.
El momento decisivo del vídeo muestra a Homer sopesando qué hacer en la cabina electoral. “Barack Obama”, se dice a sí mismo. “No lo sé. Ya tengo una mujer que me dice que coma cosas sanas. Además, prometió que crearía comisiones de la muerte en los hospitales y el abuelo sigue vivo. ¿Mitt Romney? He oído que lleva calzoncillos mágicos y yo quiero que el líder del mundo libre vaya sin ropa interior. Además, su caballo lo hizo fatal en los Juegos Olímpicos. Aunque por otra parte fue él quien inventó Obamacare…”.
Es precisamente eso lo que convence a Homer: que Romney aprobó como gobernador de Massachusetts una reforma sanitaria muy similar a la aprobada por el presidente Obama. Pero su decisión de votar republicano no le beneficia. La máquina electoral le muestra las declaraciones de IRPF que el candidato no quiere enseñar a la prensa y éstas desvelan que es el Estado quien ha estado pagando impuestos a Romney en concepto de compensación por su “implante de personalidad”. Una referencia a la condición de político cambiante del aspirante, que ha estado a favor y en contra del aborto, los anticonceptivos y el matrimonio homosexual. Homer amaga con contar el hallazgo a la prensa. Pero un tubo lo succiona y aparece en una fábrica china, donde le acompaña su vecino Flanders y donde se arroja al vacío en una parodia macabra de los suicidios de la empresa electrónica FoxConn.
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