Actualidad

Omar Vizquel o lo posible como guía, por Willy Mckey

Por Willy McKey | 19 de septiembre, 2012

A Mari Montes

Exclusivo Prodavinci.com/ Babe Ruth fue un huérfano que aprendió a batear gracias a un cura que le hacía 900 picheos diarios. Babe Ruth es una leyenda.

Omar Vizquel es un beisbolista con una carrera a color y televisada. Es un archivo audiovisual de jugadas imposibles. Es un tipo que aprendió a volar. Soy de quienes lo vimos levitar boquiabiertos con su 23 al dorso antes de que Michael Jordan sacara su lengua retando la gravedad. Es un pelotero que ha cumplido 45 años jugando en la posición más veloz de todo el diamante y divirtiéndose como el primer día. Puede parecer un mutante, un invento de Stan Lee y Jack Kirby, un X-Men, pero no es un león ajeno a este planeta.

Omar Vizquel no es una leyenda (no todavía): es un hombre que lleva años enamorando a esa pelota cosida que corre sola hasta su mano desnuda y transforma lo imposible en una jugada de rutina.

Mis héroes eran los poderosos Antonio Armas y Baudilio Díaz, hasta que con una sed saciada a punta de malta pude ver los doble-plays perfectos en complicidad con “El Chino” Cáceres y la torpeza mágica del mascotín de “El Gato” Galarraga en la primera base del Estadio Universitario. Su magia era tanta que no importaba la pereza de su bate. Era otro béisbol, uno más noble y sin tantos pinchazos que desmeritaran los titulares de la prensa. Los gatos cazaban ratones: cada quien estaba en su lugar cumpliendo una tarea estratégica, una función específica, algo que sólo él podía hacer. Sólo destacaban aquellos que se esforzaban más que el resto.

Vizquel es de esos. Vizquel es de aquí.

El mundo se fue preparando poco a poco para entender que el mejor campocorto del mundo saldría del béisbol venezolano. Chico Carrasquel, luego Luis Aparicio y David Concepción. Un aviso final llamado Oswaldo Guillén sirvió de antesala a la magia. En abril de 1989, cuando aún estaba cruda la tristeza del Caracazo y necesitábamos una alegría suprema, llegó a Seattle el verdadero rey del campocorto: Omar Vizquel.

“No bateaba… pero eso no importa: nadie será mejor que él”. Lo decíamos sin pudor, intercambiando barajitas en La Tortuga del Centro Único de Chacaíto, destino de unas jubiladas escolares que cruzaban en Metro toda la ciudad para llegar a los sobrecitos plateados que escondían fotos de los héroes y chiclets del Imperio. Todos queríamos tener a Vizquel con el mismo uniforme que hacía suspirar a nuestras primas en los avisos de Aqua Velva. Sí: el tipo también era el galán del Universitario.

Con esas barajitas en las manos vimos cómo el béisbol empezó a cambiar, a llenarse de héroes inflados que se espicharían luego con las verdades que suele esgrimir el tiempo. Empezó a ganar el chiclet. Cuando las Grandes Ligas padecieron los mismos males que antes vivió el boxeo de peso pesado y todo empezó a resolverse con un batazo, Vizquel decidió aprender a batear. En 1996, ya con los Indios de Cleveland, casi alcanzó los 300 puntos de average, casi alcanzó los diez jonrones, casi bateó cuarenta dobles, casi alcanzó las cien carreras…

Digo “casi” porque esos avances en la ofensiva palidecieron con la magia que seguía logrando en el Short Stop. Sólo un tal Roberto Alomar, con la camiseta de los Orioles, levantaba algunos rollings con algo de elegancia digna de compararlo con nuestro X-Men, con nuestra leyenda avisada, con el muchacho del Caracas.

Los dioses los juntaron y en 1998 pudimos ver en el in-field de los Indios de Cleveland algo que hasta ahora sólo habían mostrado unos Chicago Bulls de un baloncesto que estaba a punto de quedarse sin Jordan. Vizquel y Alomar sólo cometieron tres errores en la temporada del 2000. El resto del in-field no fue suficientemente cuidadoso, así que pasaron apenas por un error el récord de menos pecados cometidos en una temporada (debo decirlo: logrado por mis Mets de Nueva York justo el año anterior). Ambos (y el antesalista Travis Fryman) se ganaron el Guante de Oro de ese año. La dupla latina se ganó este premio durante tres años seguidos.

Nuestros héroes ya no eran sólo leyendas americanas y felinos venidos de Thundera hasta este desolado Tercer Planeta. Había un venezolano capaz de darse cuenta de que lo necesario para ser mejores no era batear fuerte sino equivocarse lo menos posible. Y si hay que batear, se batea.

Hoy Omar Vizquel superó en hits de por vida a George Herman Ruth y con cinco “bambinazos” más pasará a Mel Ott. Así son los virajes del tiempo. Fue su bate y no su pivote, elegante y limpio, lo que ahora lo eleva a la altura de leyendas como Babe Ruth. Bastó prepararse, bastó aprender.

Muchos de quienes hoy nos alegramos con esta noticia estuvimos esperando otro tipo de alegría en 2002. Ese año Vizquel sólo cometió siete errores en 150 juegos, una cifra que [si el béisbol mantuviera la nobleza y evitara las agujas] le hubiese permitido ganar diez Guantes de Oro en fila. Se lo dieron a Alex Rodríguez. Bateaba más.

Han pasado diez años de entonces. La injusticia y la torpeza de 2002 ha quedado en evidencia y ningún otro campocorto ha aprendido a volar como él. Sin embargo, muchos pudimos aprender que hay errores que se pueden evitar.

Cuando la historia nos sorprende gratamente aparece la oportunidad de ver que el tiempo ha pasado y que es posible conjugar los verbos de frases aprendidas de una nueva manera con la misma convicción. Decir algo como “No bateaba… pero eso no importa: nadie será mejor que él”. Ponernos en el futuro con una verdad por delante.

Omar Vizquel es nuestro mutante, el felino mágico, el nicho en el Hall de la Fama que nadie podrá robarnos y que reparará esa ausencia de David Concepción en Cooperstown, esos pelones históricos productos de un mal baun.

Vizquel no espera por la historia: se encarga de ella con la mano pelada si es necesario.

Es imposible no imaginarlo a metro y medio del suelo con una pelota dando vueltas en la mano desnuda, su jugada clásica. Esa pirueta merece algo más que estos párrafos: es una metáfora de que no hay tiempo que perder, de que cuando se tiene el talento basta con esforzarse para ser los mejores, de que acertar depende más de evitar errores que de golpear con fuerza.

Una jugada convertida en la alegoría de que algo que hoy parece imposible se nos puede volver rutina.

Y a mí me gustan las alegorías.

Willy McKey  Poeta, escritor y editor. Puedes leer más textos de Willy McKey en Prodavinci aquí y seguirlo en twitter en @willymckey y visitar su web personal.

Comentarios (14)

Francisco Tamayo
19 de septiembre, 2012

Hermoso artículo, reconoce en Omar al paladín del béisbol, que definitivamente es.

Carolina Iribarren
20 de septiembre, 2012

Willy, yo no sé nada de beísbol, pero tu escrito me emocionó. Mi padre solía decir que Vizquel era el mejor jugador venezolano en las grandes ligas. Y sí, necesitamos más “vizqueles” y en muchos campos.

@manuhel
20 de septiembre, 2012

Perfecto el artículo, tan perfecto como Vizquel!

Oswaldo Aiffil
20 de septiembre, 2012

Soy de los que dicen que deberían filmar un documental con las mil y un jugadas de feria de Omar Vizquel, incluyendo aquellas que, como bien resaltas, las hace “con la mano limpia”, es decir, sin necesidad de usar el guante, y que de tanta magia parecen rutinarias (cosa que están lejos de ser). Vizquel es la magia. El Salón de la Fama lo espera con los brazos abiertos. Yo quiero que juegue una temporada más. El dice que no sabe porque jugar así, y a esa edad requiere de mucho sacrificio y preparación. Entonces se que soy mezquino con el, pero quiero verlo una más. Sólo una más…gracias señor McKey por hacernos soñar con sus palabras.

Odart
20 de septiembre, 2012

Excelente artículo y merecido homenaje. No por nada se ganó el calificativo de “El Perfecto”…realmente uno de mis ídolos del Baseball de todos los tiempos! Disciplinado, nunca “recostado” de la fama, ni mucho menos inmerso en escándalos…Ser humano y jugador a carta cabal…Y lo mejor de todo tenía que ser de mi equipo: Los Leones del Caracas!!!) :)

Carolina
21 de septiembre, 2012

Estupendo articulo. Se siente la emoción con que lo escribiste. Felicidades.

ALIRIO
23 de septiembre, 2012

Excelente, nada en tu articulo esta demás, desde niño, Idolatraba a Antonio Armas, luego fue Andres Galarraga, pero confieso que lo que ha hecho Omar Vizquel en el Baseball y sobre todo en el Campo Corto, para mi no tiene comparación, ni Ozzie Smith ni Carl Ripken Jr, fueron buenos campocortos de la época valga la comparación ya que no pude ver jugar a Luis Aparicio. Sin duda Vizquel y Alomar fue y sera por muchísimo tiempo la mejor dupla SS – 2B. Nostalgia por su inminente retiro pero que seguro nos seguirá dando alegrías por su carisma y sobre todo cuando lo veamos exaltado al Salón de la Fama que sin duda sera por Votación Unánime en su primera aparición en las papeles

Pois
23 de septiembre, 2012

Me quedo con “Vizquel no espera por la historia: se encarga de ella con la mano pelada si es necesario”. Dignas lineas para la placa de la estatua que merece.

José Alberto Medina Molero
23 de septiembre, 2012

En lenguaje sobrio y elegante, cónsono con la magia relumbrante del guante del caraqueño universal que es Omar Vizquel, McKey nos pinta a un virtuoso atleta hecho de las más pura combinación de talento sobresaliente, entusiasmo, voluntad y muchos “moles” ( unidades con que se mide la cantidad de sustancia) de disciplina: una Oda en prosa,un poema como la forma ambidiestra de su bateo.

Miguel Angel Campos Torres
23 de septiembre, 2012

Willy se muestra aquí como un virtuoso también, este texto tiene un sabor clásico, no creo haber leido antes una valoración como esta, tratándose de un pelotero, pero además este pelotero no sólo es una leyenda viviente, sí lo creo, sino un modelo de constancia y virtudes para cualquier oficio, profesión o arte. Te la comiste Wil.

Juan Vieira
24 de septiembre, 2012

La verdad, el solo articulo que escribiste es un homenaje al mejor campocorto de la era Moderna, y como escribio un panelista:tenia que ser del Glorioso Leones del Caracas

lisbeth Jones
26 de septiembre, 2012

Bella nota que grafica la vida de uno de los mejores de todos los tiempos. En estos dias comentabamos que a pesar de tener mas tiempo que otro solo luego es que su bateo mejoro. Nuestro Vizquel no lo necesito por que su poderio estriba como bien dice es su volar ligero y sus jugadas perfectas, pero como Dios es tan divino hoy complementa con su bateo. Asi que simplmente Nadie le quita el puesto que bien ganado tiene desde que comenzo su carrera. A ti Omar, un besote inmenso y al autor del articulo un aplauso mundial…

Oswaldo Aiffil
27 de septiembre, 2012

Al señor Alirio, no se puede ser mezquino con los jugadores que nos hacen soñar. Cal Ripken Jr. tiene el record de más juegos consecutivos defendiendo el campocorto con 2216 (una temporada tiene 162 partidos). Es uno de los ocho jugadores en la historia con 400 HR y 3000 hits. Jugó 21 temporadas con el mismo equipo. ¿Te dice eso algo? Por su parte Ozzie Smith tiene en su vitrina 13 guantes de oro obtenidos de manera consecutiva. Nada de eso se logra con la casualidad sino con disciplina y trabajo constante. No se puede andar por la vida menospreciando el trabajo de los demás, así como así…

Nasly
8 de octubre, 2012

Willy, gracias! Hoy, este 8 de octubre, decidí hacerle un guiño al luto generalizado y leer este artículo tuyo, que me había autoenviado por correo, para cuando tuviera el tiempo de disfrutarlo. Me alegro de ello, porque me permitió, por los minutos que duró la lectura, meterme en un mundo donde Vizquel sigue siendo tan buena noticia…y porque a mi me siguen gustando mucho las alegorías:

Envíenos su comentario

Política de comentarios

Usted es el único responsable del comentario que realice en esta página. No se permitirán comentarios que contengan ofensas, insultos, ataques a terceros, lenguaje inapropiado o con contenido discriminatorio. Tampoco se permitirán comentarios que no estén relacionados con el tema del artículo. La intención de Prodavinci es promover el diálogo constructivo.