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Por Prodavinci | 31 de Agosto, 2012
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Artículo de Inés Santauelalia, publicado en El País (España).  A continuación un extracto:

Solo cuatro días (dos de ellos para viajar). Esa fue la única exigencia que puso el escritor argentino Jorge Luis Borges en su primera visita a México en 1973 para recoger el premio internacional Alfonso Reyes. El fugaz viaje causó una gran impresión al escritor, que volvería al país en otras dos ocasiones más: 1978 y 1981.

Los recuerdos de aquellos días han vuelto a cobrar vida este agosto en la Ciudad de México, no sin cierta polémica. El libro Borges y México, que reúne los cuentos, poemas y ensayos en los que el país azteca es el centro de su obra y los textos de una veintena de escritores mexicanos sobre el genial escritor, está llegando estos días a las librerías después de una retirada de la edición in extremis.

El día de la presentación, a la que acudió la viuda del escritor, María Kodama, apenas se habló del texto. Sí salieron las anécdotas, los recuerdos y las fotos, pero ni rastro de la publicación. Luego se supo que todo fue un problema por culpa de Instantes…

La escritora mexicana Elena Poniatowska atribuyó en su texto el poema apócrifo Instantes a Borges. “Un error verdaderamente imposible de imaginar”, dijo Kodama al diario mexicano El Universal. La editorial Random House Mondadori retiró la edición completa para subsanar el fallo, que sin el texto de Poniatowska llega al fin estos días, tres semanas después de presentarse, a las librerías.

Ahora ya sí, Borges y México bucea sin mácula en la búsqueda del lado charro del escritor argentino. Miguel Capistrán, historiador de las letras mexicanas y editor de la publicación, fue el responsable de las dos primeras visitas de Borges a México. En 1973, el escritor recogió el premio internacional Alfonso Reyes, que le fue concedido en su primera edición. Una ocasión especial para quien tuvo en Reyes a su mejor amigo mexicano y a su “maestro”. Entonces juró estar solo cuatro días, pero volvió. En 1978 lo hizo para grabar un programa con Octavio Paz y en 1981 para recoger el Premio Ollin Yoliztli.

Como dijo el escritor el 1973 al recibir el premio Alfonso Reyes: “Tenía preparadas unas palabras para este momento, pero las he olvidado. No soy memorioso”. Pues así, haciendo uso de la desmemoria y con la falsa atribución de Instantes olvidada, Borges vuelve estos días a pasear su memoria por el país azteca.

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