Artes

El Manolete, la película

Por Prodavinci | 24 de Agosto, 2012
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Artículo de Elsa Fernández Flroes, publicado en El País (España). A continuación un extracto:

El estreno el próximo viernes en 51 salas de España de Manolete cierra uno de los episodios más sangrantes y largos de la historia del cine español. Una película que nació para la gloria, con estrellas internacionales en su reparto y un presupuesto de 11 millones de euros, pero acabó tachada de maldita, costando más del doble y con una suerte parecida a la de su legendario personaje. Para su productor, Andrés Vicente Gómez, se cierra “el mayor fracaso” de su carrera: “Estoy hasta el gorro de esta película. Pero me alegro de que se estrene: al menos mi madre dejará de preguntarme que cuando se estrena Manolete”.

Con el actor estadounidense Adrien Brody en el papel del malogrado torero cordobés y Penélope Cruz en el de su amante, Lupe Sino, Manolete se perfiló como una superproducción internacional, una de las más caras de la historia del cine español. Una película de época ambientada hasta el detalle en los años cuarenta españoles, con una historia de amor, celos y mujeres castradoras de fondo. La escena inicial planta a un Manolete en pijama que se desayuna con una copa y una raya de cocaína y dispuesto a pegarle un tiro a su amante, que le ha escrito con carmín en un espejo: “Follas como un niño”. Es la mañana fatídica de su viaje a Linares, donde Islero, un miura de 500 kilos, le quitará la vida. A partir de ahí el filme se sucede entre ese viaje final, con un Manolete aferrado a su perro salchicha y a su fatal melancolía, y los recuerdos de una historia de amor que arranca una noche en Madrid en la que la bella y mundana Lupe le dice al inseguro torero: “Aquí nada es real hasta que no sangra: santos, toros y mujeres”.

“Al principio insinuamos la posibilidad de hacer un estreno al uso, pero no ha podido ser por compromiso de los actores. Es complicado vincularles después de tantos años y tantas vueltas”, explica Félix Velázquez, cuya pequeña distribuidora, Premium Cine, estrena por fin la película. “Nos la ofrecieron los productores en mayo, justo antes del verano. Al principio fuimos reticentes porque todo el mundo en el gremio sabe que es una película maldita, pero al final aceptamos. Elegimos la fecha pensando que queda cerca del aniversario de la muerte de Manolete, un 28 de agosto”. “No vamos a hacer estreno ni nada”, añade Andrés Vicente Gómez. “Solo la estrenamos para cumplir con los requisitos y para que nadie siga con lo de ‘película maldita’. No estoy orgulloso ni feliz, pero creo que pese a todo el resultado está bien”.

Manolete se rodó en 2006 en localizaciones de Salamanca, Madrid, Sevilla, Córdoba, Guadalajara, Cádiz y Alicante. La primera fecha prevista para su estreno fue en 2007, coincidiendo con el 60º aniversario de la muerte del diestro. Los problemas habían surgido ya durante el rodaje, sobre todo por el choque de planteamientos entre el productor y el director, el holandés Menno Meyjes, impulsor del proyecto. Las escenas de toros (se rodaron 13 horas de corridas y se usaron 14 isleros) fueron el principal obstáculo. El uso de reses reales complicó en extremo el rodaje, cuyos retrasos suponían más y más gastos. Manolete empezó a desangrase y los pagos a parte del equipo empezaron a ser poco puntuales. La tensión no se hizo esperar.

Pero fue la deuda contraída con Construcciones Escénicas Moya, encargados de los decorados del filme, lo que supuso el principal escollo para el estreno de la película en estos últimos años. Construcciones Moya logró embargarla hasta 2011. Ese año, el Ministerio de Cultura califica la película para su exhibición en salas. “Con lo cual entendemos que está libre de cargas, de otro modo no hubiese sido posible esa calificación”, explica el distribuidor Félix Velázquez.

“El problema no se ha resuelto”, explica José Luis Moya, gerente de la empresa de decorados, hoy en periodo de liquidación. “La productora nos sigue debiendo 500.000 euros, es una deuda que tenemos reconocida. Solo pagó en parte, en uno de los juzgados, hace dos años. Lo justo para poder estrenar ahora. Pero seguimos teniendo dos demandas interpuestas por lo penal desde hace año y medio. Una admitida a trámite y la otra pendiente de admisión. En uno de los juzgados está embargada la taquilla, así que por lo que a nosotros respecta, mejor estrenarla de una vez, a lo mejor así cobramos”.

Es difícil ver Manolete descargado de prejuicios, olvidar que se trata de una película fallida con la que nadie ha acabado contento. El parecido entre Adrien Brody y el torero puede ser asombroso, pero vale de poco para explicar por qué su estilo contenía, en palabras del crítico taurino Joaquín Vidal, “ese dramatismo que provocaba el entusiasmo de las multitudes”. O solo a través de una relación de amor en la que él se muestra inseguro y pequeño, con la sombra de una madre tirana (que se intuye pero no se explica) y de un miedo a la vida mucho peor que el miedo a la muerte. El mal fario, irónicamente, aparece como tema recurrente. Y Manolete, al final, también pronuncia su “Rosebud” particular, como Charles Foster Kane, una palabra enigmática que encierra todo íntimo secreto.

Las críticas fuera de España han rozado el desastre, pero hasta eso le añade cierto morbo al filme. En 2010, Variety apuntaba, entre otros problemas de guion, que Manolete pasa por alto el paisaje político de aquellos años: “La película retrata a Lupe Sino como la Yoko Ono del toreo, responsable en términos generales de la caída del diestro. Pero deja de lado la que quizá fue la principal razón para ser tan odiada en el entorno del matador: sus simpatías por la izquierda mientras en su ambiente eran fervientes seguidores del franquismo. Sin explicar el trasfondo político a lo más que llegamos es a pensar que Lupe es una ‘puta’, como todo el mundo abiertamente la llama a lo largo de toda la película”.

“Nunca volveré a hacer una película de toros”, asegura Andrés Vicente Gómez. “Cuando empezaba en el cine, trabajé en El espontáneo, de Jorge Grau, y luego en Más cornadas da el hambre, y siempre con problemas. Tendría que haber recordado lo que decía Orson Welles. Sencillamente, los toros y el cine no son un buen matrimonio”.

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Prodavinci 

Comentarios (1)

Lucho
26 de Agosto, 2012

No comentaré sobre el artículo, que me parece informado (y lamento si son verdad las cosas que dice de esa película: de las cuestiones vulgares y Manolete drogadicto, etc. …). Solo una acotación sobre esa última cita: “los toros y el cine no son un buen matrimonio”. Con todo lo que admiro a Orson Welles, polifacético y genial, no estoy muy de acuerdo. Solo citaré tres ejemplos de, si no un “buen matrimonio”, al menos uno convencional y que se ha mantenido durante décadas en el amor del público (cosa que no muchos matrimonios logran…).

1. Sangre y arena. Basada en la novela homónima de Vicente Blasco Ibañez. Se hicieron tres versiones de la obra: una muda (1922) que ya es bastante clásica, siquiera para los cuatro pelagatos de los cineclubs; una más actual (1989, con la incursión de Sharon Stone), que creo era de bajo presupuesto, porque la señorita Stone a veces no tiene mucha ropa que ponerse en algunas escenas, y la para mi gusto más curiosa, con Tyrone Power, Linda Darnell, Rita Hayworth, Alla Nazimova, Anthony Quinn, J. Carrol Naish, y John Carradine (el papá de “Kung-Fu”, de los 70s), en los papeles principales, hecha en 1941. Una nota: un tema pesado y que “no da para más”, difícilmente da para remakes. Pero este dio, y sigue teniendo audiencia. 2. “El niño y el Toro” (ing. “The Brave one”), de 1956. Es verdad que no tiene actores muy conocidos, y en sí es una historia sentimental, pero nos hizo enamorarnos de las corridas en los años que se estrenó (en esos cines con sillas al aire libre, que cuando llovía, nos emparamábamos, pero si la película era buena, no nos movíamos. ¡¡Cinefilia!!) Sigue siendo una película con demanda y amada por el público, y con muy buenas escenas de toreo (una pregunta: ¿Será que alguien sepa quien hizo las escenas en el ruedo?). 3. Para terminar, el toreo ha dado inclusive, como todo buen humor, para reírse de sí mismo (sí, del toreo mismo) con al menos dos cintas famosas: “Ni sangre ni arena”, de Cantinflas, una de sus obras maestras, de 1941 (justo el año en que se estrenó la de Tyrone Power y Rita Hayworth), “The Bullfighters” con Stan Laurel y Oliver Hardy (1945), más cómica que de humor, y por último, que a pesar de lo cursi y lo tonto, tiene detalles simpáticos (como el toro bailando) la de Abbott y Costello, “Sangre y harina” (“Mexican Hayride”) de 1948.

Aparte de eso, hay varias otras películas sobre toreo y hasta cómics famosos de distintos realizadores sobre el mismo tema (“El toro Ferdinando” de Walt Disney, de 1938 es mi favorito y es un clásico, que por cierto ganó el Oscar del año de estreno).

De modo que no creo ser completa y exageradamente embustero en decir que puede empezar a pensar la consideración de dudar un mínimo aunque sea una parte de esa afirmación un tanto tajante de Orson Welles de que “los toros y el cine no son un buen matrimonio”. Con todo respeto, creo que ya sobrepasan el santo matrimonio y son familia honorable de rancia estirpe contemporánea, y Olé; he dicho.

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